ENTREVISTA · MIGUEL OLMEDA · ACTOR y DIRECTOR TEATRAL
El humor es una de las maneras más serias de tratar temas dramáticos
· Los chavales tienen algo más que dar, más allá de lo que son unas notas
VITORIA 11 FEB. Carlos GonzálezEn los últimos montajes, 'Pikor Teatro' ha tratado diversos problemas sociales que, por desgracia, ocupan mucho espacio en los medios de comunicación. Es el caso también de 'QTMeto'.
- Las drogas, el sida, el acoso escolar... ¿difíciles temas para tocar sin caer en la demagogia?
- Ahí está parte de la gracia, del interés y del reto. A eso se le añade la intención, nada fácil, de hacer un teatro pensado de forma específica para los jóvenes, un público abandonado porque siempre se dice que son muy difíciles, que son muy raros, que pasan de todo y que no les gusta nada. En nuestra experiencia hemos constatado que a los chavales hay que hablarles de cosas que tienen que ver con su realidad, sabiendo que están en ese momento de construcción de la personalidad, es decir, que tienen un cristo de hormonas de importancia. Empezamos con el sexo y el sida y nuestra sorpresa fue el interés de los espectadores. De ahí pasamos a las drogas, porque siempre es un tema polémico, sobre todo ahora con el botellón. Este último paso por la violencia escolar ha venido dado, en gran parte, por la demanda de los técnicos en prevención y de juventud.
- ¿Es más complicado hablar del acoso que de otras temáticas?
- Un tanto. En el tema de las drogas hay muchos puntos de arranque. Es decir, puedes hablar sobre la legalidad o ilegalidad; de la hipocresía de la separación entre sustancias permitidas y prohibidas; del consumo como una forma de desinhibición; o de cómo reaccionar ante una situación de intoxicación. Son momentos límite que te dan mucho juego. En el caso de la violencia, es más complejo. Lo importante para hablar de este tema es encontrar un tono que no sea moralista pero sí directo. Pero el gran problema aquí, como pasa siempre, son los adultos.
- ¿Por qué?
- Porque somos muy timoratos. Queremos hablar de las cosas pero sin profundizar demasiado ya que, quizás, si nos metemos mucho parece que estamos haciendo apología o dando ideas. Somos así. Pero hace falta coger el toro por los cuernos. En el caso de QTMeto , afrontar la cuestión ha sido también difícil por muchos de los clichés que existen: que si la violencia ha existido siempre, que forma parte del instinto de supervivencia del ser humano y que es importante para la vida. Además, la historia de la humanidad está tan llena de hechos violentos. El problema de la violencia es cuando somos incapaces de ponernos en el lugar del otro. Vivimos en un mundo lleno de adultos violentos, en el que a través de los medios de comunicación se vende la agresividad cada dos segundos. Estamos rodeados de violencia contra la mujer, contra los pueblos, contra las personas... Claro, empezar a reflexionar de esto y de unos valores que estén a favor de la convivencia es muy arduo. Pero el teatro puede ser un buen vehículo para hablar.
- ¿En qué sentido?
- Porque puede servir no sólo para decir que la violencia es mala sino también para ver más en detalle las causas de los problemas y las formas alternativas de resolución de los conflictos. A nivel de la escuela, se está teorizando mucho sobre la mediación que, en definitiva, tiene que ver con la negociación, con una manera diferente de resolver los problemas, con hablar y escuchar al otro. Lo que pasa es que en eso no tenemos nada de práctica ni los jóvenes ni, por supuesto, los adultos.
- Tal vez es muy fácil hablar y un poco más dificultoso hacer.
- Es que los jóvenes se sienten un poco estigmatizados. Tienen la sensación de que el adulto piensa que ellos, por ser jóvenes, ya son sospechosos, unos drogadictos en potencia, unos alcohólicos que dejan toda la porquería por el suelo, unos agresores... En el espectáculo hemos intentado evitar la moralina y hacer guiños a esos jóvenes que, sin comerlo ni beberlo, se ven inmersos en este boom del acoso escolar. Es cierto que lo hay pero también es cierto que los medios de comunicación, por supuesto los periódicos, se han encargado especialmente de dar sensación de que este tema es más grande de lo que realmente es. Incluso han servido de pólvora para que el fenómeno se extienda. Tú haces algo que grabas con el móvil, lo cuelgas en el Youtube y, con un poco de suerte, sales en los telediarios.
- No sólo hay violencia en la escuela.
- Por eso hemos tratado también la de fuera y hemos intentado dar algunas pistas, aunque sea difícil hablar de tantas cosas en una hora, de esa sociedad violenta que creamos los adultos y en la que se crían los jóvenes. Además, no hay un perfil del acosador y de la víctima. Aquí no importan las clases sociales o las ideologías, sino el desarraigo de los jóvenes, su desapego de ciertos valores. De todas formas, lo más importante del espectáculo, a lo que contribuye, es a abrir todo este debate. A partir de la reflexión es mucho más fácil ver que hay que cambiar determinadas cosas para intentar encontrar una solución.
- ¿Quién tiene la culpa de esa situación?
- Es que ¿quién cambia el mundo de los adultos? La familia tiene gran parte de culpa porque delega mucho en la escuela, pero también ella se lleva su trozo del pastel. Si los colegios fueran más democráticos, si los jóvenes tuvieran más participación, determinados hábitos disminuirían. Los jóvenes tienen algo que dar más allá de unas notas.
- Y Miguel Olmeda es un adulto o se siente un adolescente.
- Es un adulto como una casa, con todos los vicios.
- ¿Eso es una dificultad para establecer el lenguaje necesario para conectar con los jóvenes?
- Sí, inevitablemente. A la hora de montar este espectáculo ha hecho falta un esfuerzo importante a la hora de buscar documentación, ver qué se ha hecho en otras artes, ya sea en el cine o en la literatura, y escuchar a los jóvenes, que es algo que no se hace mucho. Además, en la elaboración de los textos han participado personas con menos edad que yo. Y también ayuda el contar con actores más jóvenes. La gran clave es intentar hacer una obra sin moralinas, en un lenguaje cercano y con un ritmo ágil.
- En los montajes sobre el sida y las drogas, Pikor siempre ha intentado jugar con el humor. ¿Resulta un poco raro reírse en ciertos momentos?
- Pero los teatreros sabemos que el humor es una de las maneras más serias de tratar temas dramáticos. El humor no es banalidad, no es superficialidad. A veces es la manera más cruda y amorosa de acercarse a temas serios. Es cierto que en ocasiones da un poco de miedo hablar de ciertas cuestiones con humor porque hay adultos que creen que es frívolo, cuando no es verdad. Eso sí, en esta obra estábamos abocados a hacer escenas un tanto crudas, sin caer en la sordidez. NDA
* MIGUEL OLMEDA FREIRE (Madrid, 1959) es Licenciado en Ciencias Económicas, especialidad Planificación y Desarrollo por la Universidad de Valencia. Cofundador de Pikor Teatro, compañía de Teatro profesional de Álava
‘QTMeto’ aborda la violencia y, en particular, el ‘bullying’
Pikor recurre al tono desenfadado y elude la moralina
La obra completa una trilogía dirigida a los jóvenes ... +
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El humor es una de las maneras más serias de tratar temas dramáticos
· Los chavales tienen algo más que dar, más allá de lo que son unas notas
VITORIA 11 FEB. Carlos GonzálezEn los últimos montajes, 'Pikor Teatro' ha tratado diversos problemas sociales que, por desgracia, ocupan mucho espacio en los medios de comunicación. Es el caso también de 'QTMeto'.
- Las drogas, el sida, el acoso escolar... ¿difíciles temas para tocar sin caer en la demagogia?
- Ahí está parte de la gracia, del interés y del reto. A eso se le añade la intención, nada fácil, de hacer un teatro pensado de forma específica para los jóvenes, un público abandonado porque siempre se dice que son muy difíciles, que son muy raros, que pasan de todo y que no les gusta nada. En nuestra experiencia hemos constatado que a los chavales hay que hablarles de cosas que tienen que ver con su realidad, sabiendo que están en ese momento de construcción de la personalidad, es decir, que tienen un cristo de hormonas de importancia. Empezamos con el sexo y el sida y nuestra sorpresa fue el interés de los espectadores. De ahí pasamos a las drogas, porque siempre es un tema polémico, sobre todo ahora con el botellón. Este último paso por la violencia escolar ha venido dado, en gran parte, por la demanda de los técnicos en prevención y de juventud.
- ¿Es más complicado hablar del acoso que de otras temáticas?
- Un tanto. En el tema de las drogas hay muchos puntos de arranque. Es decir, puedes hablar sobre la legalidad o ilegalidad; de la hipocresía de la separación entre sustancias permitidas y prohibidas; del consumo como una forma de desinhibición; o de cómo reaccionar ante una situación de intoxicación. Son momentos límite que te dan mucho juego. En el caso de la violencia, es más complejo. Lo importante para hablar de este tema es encontrar un tono que no sea moralista pero sí directo. Pero el gran problema aquí, como pasa siempre, son los adultos.
- ¿Por qué?
- Porque somos muy timoratos. Queremos hablar de las cosas pero sin profundizar demasiado ya que, quizás, si nos metemos mucho parece que estamos haciendo apología o dando ideas. Somos así. Pero hace falta coger el toro por los cuernos. En el caso de QTMeto , afrontar la cuestión ha sido también difícil por muchos de los clichés que existen: que si la violencia ha existido siempre, que forma parte del instinto de supervivencia del ser humano y que es importante para la vida. Además, la historia de la humanidad está tan llena de hechos violentos. El problema de la violencia es cuando somos incapaces de ponernos en el lugar del otro. Vivimos en un mundo lleno de adultos violentos, en el que a través de los medios de comunicación se vende la agresividad cada dos segundos. Estamos rodeados de violencia contra la mujer, contra los pueblos, contra las personas... Claro, empezar a reflexionar de esto y de unos valores que estén a favor de la convivencia es muy arduo. Pero el teatro puede ser un buen vehículo para hablar.
- ¿En qué sentido?
- Porque puede servir no sólo para decir que la violencia es mala sino también para ver más en detalle las causas de los problemas y las formas alternativas de resolución de los conflictos. A nivel de la escuela, se está teorizando mucho sobre la mediación que, en definitiva, tiene que ver con la negociación, con una manera diferente de resolver los problemas, con hablar y escuchar al otro. Lo que pasa es que en eso no tenemos nada de práctica ni los jóvenes ni, por supuesto, los adultos.
- Tal vez es muy fácil hablar y un poco más dificultoso hacer.
- Es que los jóvenes se sienten un poco estigmatizados. Tienen la sensación de que el adulto piensa que ellos, por ser jóvenes, ya son sospechosos, unos drogadictos en potencia, unos alcohólicos que dejan toda la porquería por el suelo, unos agresores... En el espectáculo hemos intentado evitar la moralina y hacer guiños a esos jóvenes que, sin comerlo ni beberlo, se ven inmersos en este boom del acoso escolar. Es cierto que lo hay pero también es cierto que los medios de comunicación, por supuesto los periódicos, se han encargado especialmente de dar sensación de que este tema es más grande de lo que realmente es. Incluso han servido de pólvora para que el fenómeno se extienda. Tú haces algo que grabas con el móvil, lo cuelgas en el Youtube y, con un poco de suerte, sales en los telediarios.
- No sólo hay violencia en la escuela.
- Por eso hemos tratado también la de fuera y hemos intentado dar algunas pistas, aunque sea difícil hablar de tantas cosas en una hora, de esa sociedad violenta que creamos los adultos y en la que se crían los jóvenes. Además, no hay un perfil del acosador y de la víctima. Aquí no importan las clases sociales o las ideologías, sino el desarraigo de los jóvenes, su desapego de ciertos valores. De todas formas, lo más importante del espectáculo, a lo que contribuye, es a abrir todo este debate. A partir de la reflexión es mucho más fácil ver que hay que cambiar determinadas cosas para intentar encontrar una solución.
- ¿Quién tiene la culpa de esa situación?
- Es que ¿quién cambia el mundo de los adultos? La familia tiene gran parte de culpa porque delega mucho en la escuela, pero también ella se lleva su trozo del pastel. Si los colegios fueran más democráticos, si los jóvenes tuvieran más participación, determinados hábitos disminuirían. Los jóvenes tienen algo que dar más allá de unas notas.
- Y Miguel Olmeda es un adulto o se siente un adolescente.
- Es un adulto como una casa, con todos los vicios.
- ¿Eso es una dificultad para establecer el lenguaje necesario para conectar con los jóvenes?
- Sí, inevitablemente. A la hora de montar este espectáculo ha hecho falta un esfuerzo importante a la hora de buscar documentación, ver qué se ha hecho en otras artes, ya sea en el cine o en la literatura, y escuchar a los jóvenes, que es algo que no se hace mucho. Además, en la elaboración de los textos han participado personas con menos edad que yo. Y también ayuda el contar con actores más jóvenes. La gran clave es intentar hacer una obra sin moralinas, en un lenguaje cercano y con un ritmo ágil.
- En los montajes sobre el sida y las drogas, Pikor siempre ha intentado jugar con el humor. ¿Resulta un poco raro reírse en ciertos momentos?
- Pero los teatreros sabemos que el humor es una de las maneras más serias de tratar temas dramáticos. El humor no es banalidad, no es superficialidad. A veces es la manera más cruda y amorosa de acercarse a temas serios. Es cierto que en ocasiones da un poco de miedo hablar de ciertas cuestiones con humor porque hay adultos que creen que es frívolo, cuando no es verdad. Eso sí, en esta obra estábamos abocados a hacer escenas un tanto crudas, sin caer en la sordidez. NDA
* MIGUEL OLMEDA FREIRE (Madrid, 1959) es Licenciado en Ciencias Económicas, especialidad Planificación y Desarrollo por la Universidad de Valencia. Cofundador de Pikor Teatro, compañía de Teatro profesional de Álava
‘QTMeto’ aborda la violencia y, en particular, el ‘bullying’
Pikor recurre al tono desenfadado y elude la moralina
La obra completa una trilogía dirigida a los jóvenes ... +
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