EDITORIAL EL PAIS· 18 FEB· Vino, alcohol, menores
La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha presentado un nuevo borrador al anteproyecto de la futura y polémica ley antialcohol bastante menos riguroso que el anterior, que prácticamente prohibía la publicidad de las bebidas alcohólicas, incluido el vino, en los medios de comunicación y extendía excesivamente la restricción de su venta. Tiene bastante más cordura que el primero, pues centra toda la atención reguladora en la prevención del consumo en los menores y deja, lógicamente, libertad a la población adulta. Sin embargo, el sector vitivinícola sigue considerándolo lesivo para sus intereses. La ministra tendrá que continuar limando algún otro punto conflictivo de la norma en aras de un deseable mayor consenso social, condición para el éxito de las medidas.
Insistir en la necesidad de diferenciar el vino de otras bebidas alcohólicas de elevada graduación parece a estas alturas un debate superfluo. Son reconocidas las cualidades del vino (lo que representa como cultura del deleite) y también la pujanza de los caldos españoles en el mundo y su aportación notable al desarrollo de nuestra economía. Sería por ello criticable una legislación que no tuviera en cuenta los intereses de productores y bodegueros. ¿Es ésa, acaso, la intención de la ministra? Hay que creer que no. El borrador recoge un preámbulo que ensalza precisamente las peculiaridades beneficiosas del vino frente a las bebidas alcohólicas de mayor graduación.
Lo que la futura ley pretende, y es digno de aplauso que lo pretenda, a través de la regulación restrictiva de la publicidad y venta, es imponer la tolerancia cero en el consumo de bebidas alcohólicas a niños y adolescentes. Y en ese sentido, el proyecto de Salgado incide en un problema real y acierta en el tratamiento al incidir en la prevención del consumo de menores. Se puede hacer retórica censurando el carácter represivo que implica cualquier regulación restrictiva en hábitos de consumo potencialmente peligrosos como es el del alcohol. Pero lo que la experiencia demuestra es que la formación del carácter del niño y del adolescente requiere que existan límites claramente marcados. Una publicidad que suprima esos límites estimulará la irresponsabilidad y no el autocontrol.
En España, el consumo de bebidas alcohólicas comienza a edades cada vez más tempranas. Los menores se inician en el alcohol con el vino a través del calimocho o mezclas parecidas. Más del 60% de niños de 13 y 14 años bebe regularmente alcohol los fines de semana y más de un 35% confiesa haberse emborrachado al menos una vez al mes, según datos del Ministerio de Sanidad. Es ésa y no otra la realidad que hay que considerar a la hora de discutir una ley antialcohol. elpais

Las medidas educativas y preventivas son la eficaces
Aprovechamos para reiterar, tal y como señala la Comisión Europea, que son las medidas educativas y preventivas y la autorregulación, y no las medidas prohibitivas, las realmente eficaces para hacer frente al consumo indebido en menores.
Jacobo Olalla Marañón, director general de Cerveceros de España, y Miguel Hevia, secretario general de la Asociación Española de Sidras
21/02/2007 Agravio comparativo
Leímos este fin de semana en EL PAÍS el editorial titulado Vino, alcohol, menores y queremos manifestar, en primer lugar, nuestro apoyo al objeto de la ley que pretende, como plantean ustedes en el texto publicado, "tolerancia cero en el consumo de bebidas alcohólicas a niños y adolescentes". Mantenemos un claro compromiso en ese sentido, demostrable desde hace más de una década, a través de campañas de prevención y promoción de consumo responsable en adultos. Pero no podemos dejar de expresar nuestro malestar por el hecho de que se reconozcan las cualidades del vino y se ensalcen sus peculiaridades beneficiosas y no se tengan en cuenta las de la cerveza y la sidra, similares al tratarse de bebidas fermentadas, de origen agrario y uso alimentario, y que se consumen desde hace miles de años en la península Ibérica. Para las tres bebidas pedimos el mismo tratamiento normativo, sin excepciones.
Sería un agravio comparativo imposible de justificar que se le otorgara un trato diferente al vino de la cerveza y la sidra en dicha Ley, no sólo por tratarse del mismo tipo de bebidas con pautas de consumo similares, sino también por tener hasta una tercera parte de contenido alcohólico estas últimas frente a la primera. Todo ello, teniendo en cuenta que a pesar del bajo contenido alcohólico de estas bebidas, tratándose de menores, el consumo debería ser cero. Pero la protección de los menores no tiene por qué afectar a la promoción en adultos de pautas de consumo saludables de bebidas fermentadas de baja graduación (ya sea vino, cerveza o sidra).
Aprovechamos para reiterar, tal y como señala la Comisión Europea, que son las medidas educativas y preventivas y la autorregulación, y no las medidas prohibitivas, las realmente eficaces para hacer frente al consumo indebido en menores. elpais
La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha presentado un nuevo borrador al anteproyecto de la futura y polémica ley antialcohol bastante menos riguroso que el anterior, que prácticamente prohibía la publicidad de las bebidas alcohólicas, incluido el vino, en los medios de comunicación y extendía excesivamente la restricción de su venta. Tiene bastante más cordura que el primero, pues centra toda la atención reguladora en la prevención del consumo en los menores y deja, lógicamente, libertad a la población adulta. Sin embargo, el sector vitivinícola sigue considerándolo lesivo para sus intereses. La ministra tendrá que continuar limando algún otro punto conflictivo de la norma en aras de un deseable mayor consenso social, condición para el éxito de las medidas.
Insistir en la necesidad de diferenciar el vino de otras bebidas alcohólicas de elevada graduación parece a estas alturas un debate superfluo. Son reconocidas las cualidades del vino (lo que representa como cultura del deleite) y también la pujanza de los caldos españoles en el mundo y su aportación notable al desarrollo de nuestra economía. Sería por ello criticable una legislación que no tuviera en cuenta los intereses de productores y bodegueros. ¿Es ésa, acaso, la intención de la ministra? Hay que creer que no. El borrador recoge un preámbulo que ensalza precisamente las peculiaridades beneficiosas del vino frente a las bebidas alcohólicas de mayor graduación.
Lo que la futura ley pretende, y es digno de aplauso que lo pretenda, a través de la regulación restrictiva de la publicidad y venta, es imponer la tolerancia cero en el consumo de bebidas alcohólicas a niños y adolescentes. Y en ese sentido, el proyecto de Salgado incide en un problema real y acierta en el tratamiento al incidir en la prevención del consumo de menores. Se puede hacer retórica censurando el carácter represivo que implica cualquier regulación restrictiva en hábitos de consumo potencialmente peligrosos como es el del alcohol. Pero lo que la experiencia demuestra es que la formación del carácter del niño y del adolescente requiere que existan límites claramente marcados. Una publicidad que suprima esos límites estimulará la irresponsabilidad y no el autocontrol.
En España, el consumo de bebidas alcohólicas comienza a edades cada vez más tempranas. Los menores se inician en el alcohol con el vino a través del calimocho o mezclas parecidas. Más del 60% de niños de 13 y 14 años bebe regularmente alcohol los fines de semana y más de un 35% confiesa haberse emborrachado al menos una vez al mes, según datos del Ministerio de Sanidad. Es ésa y no otra la realidad que hay que considerar a la hora de discutir una ley antialcohol. elpais

Aprovechamos para reiterar, tal y como señala la Comisión Europea, que son las medidas educativas y preventivas y la autorregulación, y no las medidas prohibitivas, las realmente eficaces para hacer frente al consumo indebido en menores.
Jacobo Olalla Marañón, director general de Cerveceros de España, y Miguel Hevia, secretario general de la Asociación Española de Sidras
21/02/2007 Agravio comparativo
Leímos este fin de semana en EL PAÍS el editorial titulado Vino, alcohol, menores y queremos manifestar, en primer lugar, nuestro apoyo al objeto de la ley que pretende, como plantean ustedes en el texto publicado, "tolerancia cero en el consumo de bebidas alcohólicas a niños y adolescentes". Mantenemos un claro compromiso en ese sentido, demostrable desde hace más de una década, a través de campañas de prevención y promoción de consumo responsable en adultos. Pero no podemos dejar de expresar nuestro malestar por el hecho de que se reconozcan las cualidades del vino y se ensalcen sus peculiaridades beneficiosas y no se tengan en cuenta las de la cerveza y la sidra, similares al tratarse de bebidas fermentadas, de origen agrario y uso alimentario, y que se consumen desde hace miles de años en la península Ibérica. Para las tres bebidas pedimos el mismo tratamiento normativo, sin excepciones.
Sería un agravio comparativo imposible de justificar que se le otorgara un trato diferente al vino de la cerveza y la sidra en dicha Ley, no sólo por tratarse del mismo tipo de bebidas con pautas de consumo similares, sino también por tener hasta una tercera parte de contenido alcohólico estas últimas frente a la primera. Todo ello, teniendo en cuenta que a pesar del bajo contenido alcohólico de estas bebidas, tratándose de menores, el consumo debería ser cero. Pero la protección de los menores no tiene por qué afectar a la promoción en adultos de pautas de consumo saludables de bebidas fermentadas de baja graduación (ya sea vino, cerveza o sidra).
Aprovechamos para reiterar, tal y como señala la Comisión Europea, que son las medidas educativas y preventivas y la autorregulación, y no las medidas prohibitivas, las realmente eficaces para hacer frente al consumo indebido en menores. elpais

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