FORO INTERNACIONAL EN VALENCIA · Expertos de 50 países analizan los problemas que afectan a los niños, tanto de explotación sexual y laboral como de desprotección y exclusión social
. El presidente de la Generalitat valenciana pide a padres y profesores que refuercen la autoridad para recuperar valores
El caso de Laura pone de manifiesto con bastante claridad el perfil común de la víctima, que suele ser más frecuentemente una niña entre 6 y 12 años. Normalmente, el agresor se aprovecha de menores con poca capacidad para resistirse o poder contarlo, "como es el caso de los niños que todavía no hablan, padecen algún retraso en el desarrollo o son discapacitados", asegura Echeburúa, quien lleva 25 años investigando y tratando directamente a víctimas y agresores.
Otros factores de riesgo para convertirse en víctimas los asumen aquellos menores que son objeto de malos tratos con familias desestructuradas, los que carecen de afecto en la familia y que, de repente, se sienten halagados por la atención que les muestra el agresor.
El abuso se produce en la intimidad, sin testigos, y en el 65% de los casos provocado por familiares o personas relacionadas con la víctima. Estas características del delito generan que el abusador pueda prolongar su comportamiento en el tiempo. El padre de Laura aprovechaba los momentos de ausencia de la madre. Cuando ésta se marchaba a comprar o tenía que visitar a algún familiar comenzaba la pesadilla de la niña. Como la mayoría de los menores que han sufrido abusos sexuales, Laura tenía miedo, se sentía culpable y avergonzada. Cuando descubrió que el comportamiento de su progenitor no era normal, ella pensó que estaba traicionando a su madre.
El niño queda paralizado por estos sentimientos y se produce un cambio de conducta brusco. Según Echeburúa, las víctimas pueden presentar pérdida de apetito, miedo a estar solas o a los hombres, rechazo repetido al padre o a la madre, resistencia a desnudarse y bañarse e, incluso, el maltrato puede llevar al menor a autolesionarse o a intentar suicidarse.
Reacciones de las víctimas
También en la forma de enfrentarse al problema hay diferencias de género. El profesor Enrique Echeburúa declara que las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas, y los niños, por su parte, fracaso escolar, dificultades de socialización, comportamientos sexuales agresivos o consumo de alcohol y drogas. Laura cayó en una depresión a los 14 años.
Los niños que han sufrido abusos sexuales pueden llegar ellos mismos a convertirse en abusadores cuando llegan a ser adultos. De este modo, la agresión se convierte en un círculo vicioso en un 25% de los casos.
"El equilibrio emocional del menor y el trauma de la revelación son determinantes para la recuperación", afirma el experto Echeburúa. Borrar estas secuelas es posible en un 90% de las víctimas que reciben tratamiento psicológico adecuado. El momento en el que el niño cuenta lo que le está ocurriendo es determinante para él. Echeburúa ha visto que "cuando el niño revela el abuso, si los padres no le creen por lo que el delito supone -familias rotas o encarcelar a un familiar-, la víctima termina sintiéndose como una muñeca rota".
Llevaba ocho años sufriendo abusos sexuales, cuando Laura denunció a su padre. Su madre no supo enfrentarse al problema y Laura se marchó de su hogar con 15 años, desacreditada por la mayor parte de su familia y con dos intentos de suicidio en su historial médico. Una década después, tras recibir tratamiento psicológico, intenta recomponer los pedazos de su vida para dejar atrás la sensación de ser una muñeca rota. elmundo
Autoridad y Valores
El presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, reclamó hoy que padres y profesores refuercen su autoridad, 'en el sentido más noble de esta palabra', para recuperar modelos de educación y respeto de valores entre la población infantil y juvenil, junto a ideales de una sociedad 'justa y libre'.
Camps hizo estas declaraciones en su intervención durante la inauguración del Foro Internacional 'Infancia y Violencia' que ha presidido la Reina y donde, entre hoy y mañana, expertos de 50 países analizan los problemas que afectan a los niños, tanto de explotación sexual y laboral como de desprotección y exclusión social.
Según el presidente, la protección a la infancia y la juventud frente a la violencia es 'uno de los retos más importantes que debemos afrontar para garantizar el bienestar futuro de la sociedad', y en este Foro se abordarán asuntos problemáticos ante los cuales se debe ofrecer 'una vida libre de miedos, amenazas y agresiones'.
A su juicio, la violencia 'no conoce fronteras', pero no puede 'hacer caer en la resignación o en una aceptación pasiva', sino que la educación 'en la familia, en la escuela y en cualquier contexto social puede luchar con éxito contra esa lacra'.
Camps reclamó que se ofrezcan a los jóvenes 'unos modelos válidos, en los que el esfuerzo, el trabajo y la entrega a los demás sean un valor positivo a imitar'.
Recordó que la Comunidad Valenciana contará con una Carta de derechos del niño dentro de la futura Ley de protección integral de la infancia y la adolescencia -actualmente en trámite parlamentario-, y dispone ya de planes específicos para atajar la violencia escolar.
Terra Actualidad - EFE
El abuso (casi) invisible
El abuso sexual infantil puede alcanzar el 4%, sobre todo niñas de 6-10 años, y un 20% de los agresores son menores de 18
. Más peligroso que el 'hombre del saco'
MANU MEDIAVILLA/COLPISA. VALENCIA
El abuso sexual puede afectar al 4% de la población infantil española y la mayoría de las víctimas son niñas de 6 y 10 años, más vulnerables por sus discapacidades físicas o psíquicas, por sufrir además malos tratos, o por tener un padre maltratador o de comportamientos violentos. Tan estremecedora radiografía era formulada ayer por el psicólogo clínico Enrique Echeburúa , uno de los asistentes al Foro Internacional 'Infancia y violencia' que se inauguró ayer en Valencia.
El presidente de la Sociedad Vasca de Victimología añadió otro dato para completar el escenario de este «fenómeno invisible hasta hace poco»: el 20% de los agresores son menores de 18 años. Pero, más que en las cifras, puso el énfasis en dos aspectos: uno, la extensión de un abuso que se da en todas las clases sociales; y dos, sus «consecuencias psicopatológicas a corto y largo plazo», porque «tiende a ser crónico e interfiere en el desarrollo emocional», hasta manifestarse en cambios bruscos de conducta, aislamiento, fracaso escolar y sexualidad atípica. En los chavales son más típicos los problemas de conducta; en las chicas, las dificultades de socialización y las tendencias ansioso-depresivas.
«Muñecas rotas»
Son pistas para detectar y hacer cada vez más visible esa realidad que, pese a todo, puede verse con cierta esperanza. La esperanza, en palabras de Echeburúa, de los «programas de tratamiento para abordar las dificultades para las relaciones sociales y de pareja» derivadas de los abusos. «A largo plazo los efectos no son tan devastadores», aclaró el experto al cifrar en el 20% las personas profundamente afectadas y en el 70-80% las que «logran recuperarse con apoyo» familiar, social y de especialistas.
En cuanto a los factores que pueden atenuar o agravar las consecuencias, influyen favorablemente el equilibrio emocional durante el abuso, el respaldo que reciban de sus familiares tras la «revelación» del caso, porque «hay personas que tienden a no creerles». Esto les hace sentirse «muñecas rotas» abandonadas por todo el mundo.
Romper el silencio
La británica Mary Marsh, directora de la ONG bicentenaria Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños, recordó la necesidad de apoyarse en los propios jóvenes para, en casos de maltrato a la infancia en general, «entender cómo protegerse». Muchos cuentan que no tuvieron conciencia de víctimas cuando eran pequeños, porque «pensaban que sucedía en muchas familias», e incluso tenían un sentimiento de culpa, como si hubieran sido cómplices, cuando en realidad sufrían un férreo control por parte de su maltratador.
Para romper ese muro de silencio, hay que «trabajar en educación con los jóvenes», ya que la primera persona que recibirá la confidencia del abuso sufrido será precisamente un amigo, antes incluso que la madre, que suele ser la segunda. Para enmarcar el problema, la propia Marsh aportó un dato: «Al menos el 10% de los niños sufren en casa alguna forma de maltrato».
Más peligroso que el 'hombre del saco'
Para estar alerta ante los abusos sexuales en la infancia «no hay que buscar al 'hombre del saco', sino más bien en la propia casa y el círculo próximo al niño»; algunos estudios estiman que el 65% los casos de abusos los cometen familiares y conocidos. Aquí entran profesores, formadores religiosos, monitores deportivos o cualquiera que, por su cercanía o su trabajo educativo, tenga «fácil acceso y capacidad de influencia e incluso admire el menor». Por supuesto, aclara el experto, eso no significa que haya que generalizar la desconfianza.
También existe el riesgo de que se produzca una «cadena de violencia», que el niño víctima se convierta en agresor adulto. Para Echeburúa, «el 25% de los pequeños que han sufrido abusos sexuales puede convertirse en abusador. Es un factor condicionante, pero no determinante». eCD
. El presidente de la Generalitat valenciana pide a padres y profesores que refuercen la autoridad para recuperar valores
El caso de Laura pone de manifiesto con bastante claridad el perfil común de la víctima, que suele ser más frecuentemente una niña entre 6 y 12 años. Normalmente, el agresor se aprovecha de menores con poca capacidad para resistirse o poder contarlo, "como es el caso de los niños que todavía no hablan, padecen algún retraso en el desarrollo o son discapacitados", asegura Echeburúa, quien lleva 25 años investigando y tratando directamente a víctimas y agresores.
Otros factores de riesgo para convertirse en víctimas los asumen aquellos menores que son objeto de malos tratos con familias desestructuradas, los que carecen de afecto en la familia y que, de repente, se sienten halagados por la atención que les muestra el agresor.
El abuso se produce en la intimidad, sin testigos, y en el 65% de los casos provocado por familiares o personas relacionadas con la víctima. Estas características del delito generan que el abusador pueda prolongar su comportamiento en el tiempo. El padre de Laura aprovechaba los momentos de ausencia de la madre. Cuando ésta se marchaba a comprar o tenía que visitar a algún familiar comenzaba la pesadilla de la niña. Como la mayoría de los menores que han sufrido abusos sexuales, Laura tenía miedo, se sentía culpable y avergonzada. Cuando descubrió que el comportamiento de su progenitor no era normal, ella pensó que estaba traicionando a su madre.
El niño queda paralizado por estos sentimientos y se produce un cambio de conducta brusco. Según Echeburúa, las víctimas pueden presentar pérdida de apetito, miedo a estar solas o a los hombres, rechazo repetido al padre o a la madre, resistencia a desnudarse y bañarse e, incluso, el maltrato puede llevar al menor a autolesionarse o a intentar suicidarse.
Reacciones de las víctimas
También en la forma de enfrentarse al problema hay diferencias de género. El profesor Enrique Echeburúa declara que las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas, y los niños, por su parte, fracaso escolar, dificultades de socialización, comportamientos sexuales agresivos o consumo de alcohol y drogas. Laura cayó en una depresión a los 14 años.
Los niños que han sufrido abusos sexuales pueden llegar ellos mismos a convertirse en abusadores cuando llegan a ser adultos. De este modo, la agresión se convierte en un círculo vicioso en un 25% de los casos.
"El equilibrio emocional del menor y el trauma de la revelación son determinantes para la recuperación", afirma el experto Echeburúa. Borrar estas secuelas es posible en un 90% de las víctimas que reciben tratamiento psicológico adecuado. El momento en el que el niño cuenta lo que le está ocurriendo es determinante para él. Echeburúa ha visto que "cuando el niño revela el abuso, si los padres no le creen por lo que el delito supone -familias rotas o encarcelar a un familiar-, la víctima termina sintiéndose como una muñeca rota".
Llevaba ocho años sufriendo abusos sexuales, cuando Laura denunció a su padre. Su madre no supo enfrentarse al problema y Laura se marchó de su hogar con 15 años, desacreditada por la mayor parte de su familia y con dos intentos de suicidio en su historial médico. Una década después, tras recibir tratamiento psicológico, intenta recomponer los pedazos de su vida para dejar atrás la sensación de ser una muñeca rota. elmundo
Autoridad y Valores
El presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, reclamó hoy que padres y profesores refuercen su autoridad, 'en el sentido más noble de esta palabra', para recuperar modelos de educación y respeto de valores entre la población infantil y juvenil, junto a ideales de una sociedad 'justa y libre'.
Camps hizo estas declaraciones en su intervención durante la inauguración del Foro Internacional 'Infancia y Violencia' que ha presidido la Reina y donde, entre hoy y mañana, expertos de 50 países analizan los problemas que afectan a los niños, tanto de explotación sexual y laboral como de desprotección y exclusión social.
Según el presidente, la protección a la infancia y la juventud frente a la violencia es 'uno de los retos más importantes que debemos afrontar para garantizar el bienestar futuro de la sociedad', y en este Foro se abordarán asuntos problemáticos ante los cuales se debe ofrecer 'una vida libre de miedos, amenazas y agresiones'.
A su juicio, la violencia 'no conoce fronteras', pero no puede 'hacer caer en la resignación o en una aceptación pasiva', sino que la educación 'en la familia, en la escuela y en cualquier contexto social puede luchar con éxito contra esa lacra'.
Camps reclamó que se ofrezcan a los jóvenes 'unos modelos válidos, en los que el esfuerzo, el trabajo y la entrega a los demás sean un valor positivo a imitar'.
Recordó que la Comunidad Valenciana contará con una Carta de derechos del niño dentro de la futura Ley de protección integral de la infancia y la adolescencia -actualmente en trámite parlamentario-, y dispone ya de planes específicos para atajar la violencia escolar.
Terra Actualidad - EFE
El abuso sexual infantil puede alcanzar el 4%, sobre todo niñas de 6-10 años, y un 20% de los agresores son menores de 18
. Más peligroso que el 'hombre del saco'
MANU MEDIAVILLA/COLPISA. VALENCIA
El abuso sexual puede afectar al 4% de la población infantil española y la mayoría de las víctimas son niñas de 6 y 10 años, más vulnerables por sus discapacidades físicas o psíquicas, por sufrir además malos tratos, o por tener un padre maltratador o de comportamientos violentos. Tan estremecedora radiografía era formulada ayer por el psicólogo clínico Enrique Echeburúa , uno de los asistentes al Foro Internacional 'Infancia y violencia' que se inauguró ayer en Valencia.
El presidente de la Sociedad Vasca de Victimología añadió otro dato para completar el escenario de este «fenómeno invisible hasta hace poco»: el 20% de los agresores son menores de 18 años. Pero, más que en las cifras, puso el énfasis en dos aspectos: uno, la extensión de un abuso que se da en todas las clases sociales; y dos, sus «consecuencias psicopatológicas a corto y largo plazo», porque «tiende a ser crónico e interfiere en el desarrollo emocional», hasta manifestarse en cambios bruscos de conducta, aislamiento, fracaso escolar y sexualidad atípica. En los chavales son más típicos los problemas de conducta; en las chicas, las dificultades de socialización y las tendencias ansioso-depresivas.
«Muñecas rotas»
Son pistas para detectar y hacer cada vez más visible esa realidad que, pese a todo, puede verse con cierta esperanza. La esperanza, en palabras de Echeburúa, de los «programas de tratamiento para abordar las dificultades para las relaciones sociales y de pareja» derivadas de los abusos. «A largo plazo los efectos no son tan devastadores», aclaró el experto al cifrar en el 20% las personas profundamente afectadas y en el 70-80% las que «logran recuperarse con apoyo» familiar, social y de especialistas.
En cuanto a los factores que pueden atenuar o agravar las consecuencias, influyen favorablemente el equilibrio emocional durante el abuso, el respaldo que reciban de sus familiares tras la «revelación» del caso, porque «hay personas que tienden a no creerles». Esto les hace sentirse «muñecas rotas» abandonadas por todo el mundo.
Romper el silencio
La británica Mary Marsh, directora de la ONG bicentenaria Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños, recordó la necesidad de apoyarse en los propios jóvenes para, en casos de maltrato a la infancia en general, «entender cómo protegerse». Muchos cuentan que no tuvieron conciencia de víctimas cuando eran pequeños, porque «pensaban que sucedía en muchas familias», e incluso tenían un sentimiento de culpa, como si hubieran sido cómplices, cuando en realidad sufrían un férreo control por parte de su maltratador.
Para romper ese muro de silencio, hay que «trabajar en educación con los jóvenes», ya que la primera persona que recibirá la confidencia del abuso sufrido será precisamente un amigo, antes incluso que la madre, que suele ser la segunda. Para enmarcar el problema, la propia Marsh aportó un dato: «Al menos el 10% de los niños sufren en casa alguna forma de maltrato».
Más peligroso que el 'hombre del saco'
Para estar alerta ante los abusos sexuales en la infancia «no hay que buscar al 'hombre del saco', sino más bien en la propia casa y el círculo próximo al niño»; algunos estudios estiman que el 65% los casos de abusos los cometen familiares y conocidos. Aquí entran profesores, formadores religiosos, monitores deportivos o cualquiera que, por su cercanía o su trabajo educativo, tenga «fácil acceso y capacidad de influencia e incluso admire el menor». Por supuesto, aclara el experto, eso no significa que haya que generalizar la desconfianza.
También existe el riesgo de que se produzca una «cadena de violencia», que el niño víctima se convierta en agresor adulto. Para Echeburúa, «el 25% de los pequeños que han sufrido abusos sexuales puede convertirse en abusador. Es un factor condicionante, pero no determinante». eCD







