Los adolescentes, de 15 y 17 años, que se dirigían a su clase de educación física, recibieron 54 impactos de bala de AK-47 y 9 milímetros. Les dispararon desde un vehículo color beige.
Kenia Reyes 13 MAR. GUATEMALA
Faltaba un metro para que el Peugeot 206 gris, donde se conducían los hermanos Ronald y Víctor Batres Castañeda, de 17 y 15 años, respectivamente, cruzara el umbral del portón para ingresar a su colegio, el Liceo Javier. Antes de hacerlo, Ronald disminuyó la velocidad para pasar un túmulo, en ese momento, desde un sedán beige, les dispararon en 54 ocasiones.
Un balón rojo, zapatos de fútbol, libros, dulces y sus bolsones con objetos personales, acompañaban a los hermanos Batres Castañeda, ambos estudiantes de la jornada vespertina del establecimiento, ubicado al final de la Aguilar Batres, 38-51, zona 12.
Como cada lunes, los adolescentes, procedentes de Linda Vista, Villa Nueva, se dirigían a su clase de educación física y seminario, que comenzaba a las 11:00 horas. Ronald estudiaba el 5o. bachillerato y su hermano 3o. básico.
El hecho fue observado por dos agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes patrullaban a pie esa área, y al ver lo sucedido dispararon al sedan beige cuando huía, pero los tripulantes del automóvil comenzaron a repeler el ataque.
Doroteo Batres Atz, padre de los menores, llegó al lugar y se detuvo a un costado del Peugeot, donde estaban inertes los cuerpos de sus hijos que vestían su uniforme de educación física. El empresario de transporte pesado solo pudo permanecer allí unos minutos, pues fue retirado por los fiscales de Villa Nueva. Luego ingresó a las instalaciones del colegio.
“Tuvo que ser una equivocación, eran unos jóvenes que se dedicaban a estudiar. Ellos venían a hacer deporte”, dijo Danilo Díaz, tío de las víctimas.
Piden más seguridad
La Fiscalía de Villa Nueva desconoce qué motivó el asesinato de los estudiantes, pues Batres Atz aseguró que sus hijos no habían recibido amenaza alguna.
La noticia sembró pánico en los padres de familia de los estudiantes de la jornada matutina, varios solicitaron retirar a sus hijos de las instalaciones del plantel. “Esto es una muestra más de que en Guatemala no se puede vivir. Hoy, vemos que lo sucedido a muchas familias ahora lo estamos viendo aquí”, dice Franz Collier, al sacar del colegio a su hijo de 6 años.
Mario Samayoa, padre de familia, lamentó que se destinara un despliegue de seguridad para el Presidente estadounidense, no así para los niños. “Aquí han estudiado autoridades que son Presidentes, por eso creo que deberían mejorar la seguridad (pública). Lo ocurrido es algo incomprensible”, recalcó.
Tras lo sucedido, la comunidad estudiantil pidió a las autoridades del centro estudiantil que se tomen medidas de seguridad como instalar cámaras de video. Pero sobre lo ocurrido fuera del plantel, las autoridades de este lugar prefieren omitir opinión al respecto. “No podemos decir nada, si con eso lográramos revivir a los muchachos lo haríamos”, dijo la administradora del plantel, Patricia de Barrios.
Dolor
Dos horas después del hecho, a las 12:30, el personal de escena del crimen del Ministerio Público (MP) comenzó a retirar los cadáveres. El primero fue el de Ronald, quien manejaba el carro, mientras que para retirar el cuerpo de su hermano, los agentes de la PNC debieron mover el automotor, pues se encontraba apostado a la pared del plantel.
Sus cuerpos fueron colocados en una de las entradas del establecimiento y tapados primero con bolsas plásticas, luego las autoridades del colegio entregaron a los fiscales dos mantas blancas para que los cubrieran.
El velatorio de los estudiantes se desarrolla en Capillas Señoriales, zona 9. Sus cuerpos serán enterrados hoy a las 16:00, en el Cementerio La Colina.
El informe
La Oficina del Procurador de los Derechos Humanos de acuerdo a las estadísticas de la Policía, a contabilizado que en 2006 fallecieron 550 menores, entre 0 y 17 años. La mayoría de las causas de muerte es por arma de fuego, un 88 por ciento es contra varones, el resto contra niñas. www.elperiodico.com.gt
30 cascabillos fueron localizados en la escena del crimen.
Kenia Reyes 13 MAR. GUATEMALA
Faltaba un metro para que el Peugeot 206 gris, donde se conducían los hermanos Ronald y Víctor Batres Castañeda, de 17 y 15 años, respectivamente, cruzara el umbral del portón para ingresar a su colegio, el Liceo Javier. Antes de hacerlo, Ronald disminuyó la velocidad para pasar un túmulo, en ese momento, desde un sedán beige, les dispararon en 54 ocasiones.
Un balón rojo, zapatos de fútbol, libros, dulces y sus bolsones con objetos personales, acompañaban a los hermanos Batres Castañeda, ambos estudiantes de la jornada vespertina del establecimiento, ubicado al final de la Aguilar Batres, 38-51, zona 12.
Como cada lunes, los adolescentes, procedentes de Linda Vista, Villa Nueva, se dirigían a su clase de educación física y seminario, que comenzaba a las 11:00 horas. Ronald estudiaba el 5o. bachillerato y su hermano 3o. básico.
El hecho fue observado por dos agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes patrullaban a pie esa área, y al ver lo sucedido dispararon al sedan beige cuando huía, pero los tripulantes del automóvil comenzaron a repeler el ataque.
Doroteo Batres Atz, padre de los menores, llegó al lugar y se detuvo a un costado del Peugeot, donde estaban inertes los cuerpos de sus hijos que vestían su uniforme de educación física. El empresario de transporte pesado solo pudo permanecer allí unos minutos, pues fue retirado por los fiscales de Villa Nueva. Luego ingresó a las instalaciones del colegio.
“Tuvo que ser una equivocación, eran unos jóvenes que se dedicaban a estudiar. Ellos venían a hacer deporte”, dijo Danilo Díaz, tío de las víctimas.
Piden más seguridad
La Fiscalía de Villa Nueva desconoce qué motivó el asesinato de los estudiantes, pues Batres Atz aseguró que sus hijos no habían recibido amenaza alguna.
La noticia sembró pánico en los padres de familia de los estudiantes de la jornada matutina, varios solicitaron retirar a sus hijos de las instalaciones del plantel. “Esto es una muestra más de que en Guatemala no se puede vivir. Hoy, vemos que lo sucedido a muchas familias ahora lo estamos viendo aquí”, dice Franz Collier, al sacar del colegio a su hijo de 6 años.
Mario Samayoa, padre de familia, lamentó que se destinara un despliegue de seguridad para el Presidente estadounidense, no así para los niños. “Aquí han estudiado autoridades que son Presidentes, por eso creo que deberían mejorar la seguridad (pública). Lo ocurrido es algo incomprensible”, recalcó.
Tras lo sucedido, la comunidad estudiantil pidió a las autoridades del centro estudiantil que se tomen medidas de seguridad como instalar cámaras de video. Pero sobre lo ocurrido fuera del plantel, las autoridades de este lugar prefieren omitir opinión al respecto. “No podemos decir nada, si con eso lográramos revivir a los muchachos lo haríamos”, dijo la administradora del plantel, Patricia de Barrios.
Dolor
Dos horas después del hecho, a las 12:30, el personal de escena del crimen del Ministerio Público (MP) comenzó a retirar los cadáveres. El primero fue el de Ronald, quien manejaba el carro, mientras que para retirar el cuerpo de su hermano, los agentes de la PNC debieron mover el automotor, pues se encontraba apostado a la pared del plantel.
Sus cuerpos fueron colocados en una de las entradas del establecimiento y tapados primero con bolsas plásticas, luego las autoridades del colegio entregaron a los fiscales dos mantas blancas para que los cubrieran.
El velatorio de los estudiantes se desarrolla en Capillas Señoriales, zona 9. Sus cuerpos serán enterrados hoy a las 16:00, en el Cementerio La Colina.
El informe
La Oficina del Procurador de los Derechos Humanos de acuerdo a las estadísticas de la Policía, a contabilizado que en 2006 fallecieron 550 menores, entre 0 y 17 años. La mayoría de las causas de muerte es por arma de fuego, un 88 por ciento es contra varones, el resto contra niñas. www.elperiodico.com.gt

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