Después de varias sesiones, comprenden sus respectivos puntos de vista· En la mayoría de los casos es la madre la que acude al servicio de mediación municipal, que en 2006 consiguió 38 acuerdos
BEATRIZ CORRAL/ 19 MAR. VITORIA
¿Qué padres e hijos no han discutido alguna vez por la hora a la que se regresa a casa un sábado? ¿Cuándo los deberes no han generado más de una disputa familiar? También las tareas del hogar, el uso del ordenador o la factura del teléfono no son motivo habitual de enfrentamiento entre padres y adolescentes. A menudo, el desencuentro es pasajero, pero otras veces es la gota que colma el vaso de una relación a punto de romperse. Este deterioro de la convivencia llevó el año pasado a 78 familias vitorianas hasta las puertas del servicio de Mediación Familiar del Ayuntamiento de Vitoria, situado en la calle Mateo de Moraza.
En sólo doce meses, sus profesionales han visto cómo las consultas de padres desesperados aumentan de manera desorbitada. Acuden al mediador en busca de una persona que les ayude a poner un poco de paz en casa y les oriente para resolver las diferencias con sus vástagos. En 2006, apaciguaron los ánimos en 38 hogares y atendieron un 73% más de peticiones de amparo que el ejercicio anterior. Así, un año antes, fueron 45 las consultas realizadas y 21 los acuerdos obtenidos.
«En Vitoria no entendemos que se puede sacar el conflicto fuera de casa. Pero al fin y al cabo, sólo se trata de una familia con un problema que se beneficia de un servicio, por lo que poco a poco, con el boca a boca, nos vamos dando a conocer y la gente se anima a venir», recalca la directora del servicio de Infancia y Familia, Boni Cantero.
El equipo mediador lo integran un psicólogo, un trabajador social y un abogado. A lo largo de diez sesiones y durante un tiempo máximo de tres meses intentan «trabajar desde lo positivo, que las dos partes hablen, porque a menudo tienen el mismo objetivo pero lo expresan con palabras diferentes y no se entienden», reflexiona la responsable. Cantero también destaca que, en el 80% de los casos son las madres las primeras en dar el paso decisivo. Una decisión meditada y tomada «tras intentar otras opciones y ver que no funcionan, por lo que las familias están bastante desmoralizadas cuando llegan a nosotros», añade.
La experta lamenta, eso sí, que en más de la mitad de los casos «la persona que pidió la intervención no consiga que la otra parte acuda».
Saber escuchar
La segunda tarea del quipo se centra en trabajar el diálogo en busca de un acuerdo de mínimos. «Los chavales son divertidos, tienen ideas alocadas, pero no saben negociar. Lo que sí saben es escuchar, lo que pasa es que están creciendo, es un momento de rebelarse, de separarse de los padres», constata la experta.
Una vez firmado el pacto, el mejor síntoma de que la sintonía funciona es «que ese acuerdo cambie con el tiempo, es normal, los adolescentes crecen y hay que adaptarlo. Supone una señal de que se comunican», confirma Cantero.
Pero su labor no acaba ahí. A los seis meses y al año, mantienen un seguimiento y, si la tensión se recrudece, siempre pueden volver a pasar por la consulta. «No es lo habitual, en ocho de cada diez casos, los pactos se mantienen», constata Cantero. Aunque también hay ocasiones en que se ven en la obligación de derivar los casos hacia otras terapias familias o incluso los juzgados.
El equipo trata asimismo de resolver conflictos entre los miembros de una pareja que se halla en trámite de separación o divorcio y que tiene hijos pequeños en común, ya que el bienestar de los menores es el principal objetivo. Por lo general, se intenta lograr un acuerdo amistoso sobre la guardia y custodia, con especial hincapié en la posibilidad de compartirla, una opción que la ley abrió en 2005. Sin embargo, el año pasado sólo se logró esto en el 22% de los casos. En el resto, la responsabilidad mayor recayó en la madre.
Otros aspectos relevantes tienen que ver con el régimen de visitas, reparto de bienes, las pensiones compensatorias o aspectos de la educación de los niños.
Daño entre parejas
A lo largo de 2006, 214 parejas se apoyaron en el equipo, que sólo logró 22 reconciliaciones. «Son más duras las mediaciones, es increíble el daño que se pueden hacer, y a veces no ven el sufrimiento de los hijos», revela Cantero. En estas ocasiones, también son ellas, con casi el 55%, las más interesadas en utilizar el servicio.
La media de edad de estos usuarios oscila entre los 36 y los 40 años; las parejas llevan una década de vida en común y tienen una media de dos hijos en edad escolar. «Intentamos decirles que lo importante no es el acuerdo, sino trabajar la relación y la comunicación. Que dejarán de ser amantes, pero no padres, por lo que pedimos que escuchen a sus hijos», recalca Cantero.
Para facilitar el trámite, el Ayuntamiento tiene un programa de encuentro, destinado a niños entre 0 y 18 años que por diferentes circunstancias necesiten de un espacio neutral para encontrarse con uno de sus padres. El último año, pasaron por allí de 52 menores y sus progenitores. eCD
.../... «Conseguimos poder hablar» [artículo siguiente]
BEATRIZ CORRAL/ 19 MAR. VITORIA
¿Qué padres e hijos no han discutido alguna vez por la hora a la que se regresa a casa un sábado? ¿Cuándo los deberes no han generado más de una disputa familiar? También las tareas del hogar, el uso del ordenador o la factura del teléfono no son motivo habitual de enfrentamiento entre padres y adolescentes. A menudo, el desencuentro es pasajero, pero otras veces es la gota que colma el vaso de una relación a punto de romperse. Este deterioro de la convivencia llevó el año pasado a 78 familias vitorianas hasta las puertas del servicio de Mediación Familiar del Ayuntamiento de Vitoria, situado en la calle Mateo de Moraza.
En sólo doce meses, sus profesionales han visto cómo las consultas de padres desesperados aumentan de manera desorbitada. Acuden al mediador en busca de una persona que les ayude a poner un poco de paz en casa y les oriente para resolver las diferencias con sus vástagos. En 2006, apaciguaron los ánimos en 38 hogares y atendieron un 73% más de peticiones de amparo que el ejercicio anterior. Así, un año antes, fueron 45 las consultas realizadas y 21 los acuerdos obtenidos.
EL SERVICIO
Nombre: Servicio de Mediación Familiar, depende del Consistorio.
Inicios: Comenzó en 2001 y en 2003 añadió la atención a los adolescentes. En este tiempo, han atendido a más de 1.000 familias.
Dónde: C/ Mateo Moraza, s/n. ViTORiA
Teléfono: 945 16 26 84.
¿Qué hace?: Ayuda a matrimonios y parejas en fase de separación, o ya separadas, a encontrar un acuerdo que evite problemas a los hijos. También colabora con padres y adolescentes a resolver problemas de convivencia.
Consultas 2006: 292 consultas. 214 de parejas y 78 de padres de adolescentes.
Acuerdos 2006: 38 intergeneracionales y 22 de pareja.
En 2005: 178 solicitudes de ayuda, 45 para adolescentes. Hubo 15 pactos de pareja y 21 de jóvenes.
«En Vitoria no entendemos que se puede sacar el conflicto fuera de casa. Pero al fin y al cabo, sólo se trata de una familia con un problema que se beneficia de un servicio, por lo que poco a poco, con el boca a boca, nos vamos dando a conocer y la gente se anima a venir», recalca la directora del servicio de Infancia y Familia, Boni Cantero.
El equipo mediador lo integran un psicólogo, un trabajador social y un abogado. A lo largo de diez sesiones y durante un tiempo máximo de tres meses intentan «trabajar desde lo positivo, que las dos partes hablen, porque a menudo tienen el mismo objetivo pero lo expresan con palabras diferentes y no se entienden», reflexiona la responsable. Cantero también destaca que, en el 80% de los casos son las madres las primeras en dar el paso decisivo. Una decisión meditada y tomada «tras intentar otras opciones y ver que no funcionan, por lo que las familias están bastante desmoralizadas cuando llegan a nosotros», añade.
La experta lamenta, eso sí, que en más de la mitad de los casos «la persona que pidió la intervención no consiga que la otra parte acuda».
Saber escuchar
La segunda tarea del quipo se centra en trabajar el diálogo en busca de un acuerdo de mínimos. «Los chavales son divertidos, tienen ideas alocadas, pero no saben negociar. Lo que sí saben es escuchar, lo que pasa es que están creciendo, es un momento de rebelarse, de separarse de los padres», constata la experta.
Una vez firmado el pacto, el mejor síntoma de que la sintonía funciona es «que ese acuerdo cambie con el tiempo, es normal, los adolescentes crecen y hay que adaptarlo. Supone una señal de que se comunican», confirma Cantero.
Pero su labor no acaba ahí. A los seis meses y al año, mantienen un seguimiento y, si la tensión se recrudece, siempre pueden volver a pasar por la consulta. «No es lo habitual, en ocho de cada diez casos, los pactos se mantienen», constata Cantero. Aunque también hay ocasiones en que se ven en la obligación de derivar los casos hacia otras terapias familias o incluso los juzgados.
El equipo trata asimismo de resolver conflictos entre los miembros de una pareja que se halla en trámite de separación o divorcio y que tiene hijos pequeños en común, ya que el bienestar de los menores es el principal objetivo. Por lo general, se intenta lograr un acuerdo amistoso sobre la guardia y custodia, con especial hincapié en la posibilidad de compartirla, una opción que la ley abrió en 2005. Sin embargo, el año pasado sólo se logró esto en el 22% de los casos. En el resto, la responsabilidad mayor recayó en la madre.
Otros aspectos relevantes tienen que ver con el régimen de visitas, reparto de bienes, las pensiones compensatorias o aspectos de la educación de los niños.
Daño entre parejas
A lo largo de 2006, 214 parejas se apoyaron en el equipo, que sólo logró 22 reconciliaciones. «Son más duras las mediaciones, es increíble el daño que se pueden hacer, y a veces no ven el sufrimiento de los hijos», revela Cantero. En estas ocasiones, también son ellas, con casi el 55%, las más interesadas en utilizar el servicio.
La media de edad de estos usuarios oscila entre los 36 y los 40 años; las parejas llevan una década de vida en común y tienen una media de dos hijos en edad escolar. «Intentamos decirles que lo importante no es el acuerdo, sino trabajar la relación y la comunicación. Que dejarán de ser amantes, pero no padres, por lo que pedimos que escuchen a sus hijos», recalca Cantero.
Para facilitar el trámite, el Ayuntamiento tiene un programa de encuentro, destinado a niños entre 0 y 18 años que por diferentes circunstancias necesiten de un espacio neutral para encontrarse con uno de sus padres. El último año, pasaron por allí de 52 menores y sus progenitores. eCD
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