La discordia familiar, las tendencias sociales actuales o el abuso de drogas por parte de los jóvenes son algunas causas·
El diagnóstico a edades tempranas es difícil, pero cada vez está más ajustado
LARA COTERA 2 ABR. Zaragoza
No es nuevo que los niños sufran miedo o angustia, ni tampoco que padezcan depresiones. Sin embargo, sí que lo es el hecho de que cada vez se diagnostiquen más estos problemas. La unidad infanto-juvenil del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa ha visto cómo en sólo 10 años, los casos de depresiones, tanto graves como leves, han pasado de afectar a un 5% de los pacientes a un 10%. En total, hay estudios que estiman que sufren el problema el 2% de los niños y hasta un 6% de los adolescentes.
El incremento se debe a varios factores. Para empezar, se diagnostica cada vez más y mejor. Por otra parte, no toda la tristeza responde a una depresión. A veces, lo que ocurre es que el menor se siente incapaz de afrontar algunos momentos difíciles. Además, en el caso de los niños, hay que tener en cuenta que encuentran más dificultades para verbalizar el humor triste o la desesperanza.
"Por eso, con los niños y los adolescentes, hay que estar pendiente", asegura Mariano Velilla, jefe de la Unidad del Clínico. Por ejemplo, suelen ser reveladores los cambios de conducta o la irritabilidad. Además, cobran peso, sobre todo entre los adolescentes, las conductas al límite. "Son actuaciones que implican riesgo, castigo o una atención especial del entorno", insiste Velilla. A veces, un bajón en el rendimiento escolar o la tendencia a inhibirse, a estar aislado, pueden ser reveladores.
"Es cierto que estos episodios tienen mucho que ver con la discordia familiar", recalca Velilla. Es decir, cuando los cónyuges se llevan mal o no llegan a acuerdos sobre la educación de los hijos (sobre todo en casos de separación o divorcio) y cuando los padres se llevan mal.
"La depresión en niños pequeños siempre ha existido, pero antes no se diagnosticaba tan bien", sentencia Mariano Velilla. "El ambiente influye, y lo cierto es que los menores necesitan un entorno familiar y educativo mejor", dice.
A partir de los 14 años
Por otra parte, llegan muchos casos de adolescentes. Si bien algunos síntomas son parecidos, lo cierto es que las causas son diferentes. En jóvenes de 14 a 17 años se están observando más trastornos relacionados con la dificultad para adaptarse al entorno.
"Las nuevas generaciones son emocionalmente más débiles o inmaduras, tienen mucha menos tolerancia a la frustración", explica este médico. Muchos estudios indican que lo han tenido tan fácil para conseguirlo casi todo, que se vienen abajo antes de ponerse a resolver algunos problemas.
"Viven en la cultura del todo o nada. Se han acostumbrado a conseguir respuestas rápidas y gratificantes", explica Velilla. "Eso propicia cierto malestar emocional y una infelicidad que a veces raya con la depresión", dice.
Sobre esto, los especialistas también piden cautela y destacan que en los tiempos actuales se tiende a "psiquiatrizar" todos los problemas y a buscar una receta para ellos. Sin embargo, muchas veces el problema está en el núcleo familiar, y lo mejor que se puede hacer, incluso antes de acudir a un profesional, es que los cabezas de familia se paren a pensar en lo que está ocurriendo.
Por otra parte, y sobre todo en el caso de los adolescentes, la depresión aparece combinada con otros problemas de salud (comorbilidad). En la Unidad del Clínico es corriente ver casos de depresión combinados con episodios de bulimia, ansiedad, psicosis...
Consumo de tóxicos
Precisamente, si hay algo con lo que esta tristeza extrema se combina en ocasiones, es con el consumo de drogas.
Para empezar, los jóvenes que padecen una depresión están más predispuestos para tomar unas sustancias que les harán evadirse. A su vez, la ingesta de las mismas somete a la persona que se está formando a una pseudorrealidad que acabará afectándole, y que podrá desembocar en la enfermedad. Además, los tóxicos están muchas veces detrás de algunos trastornos (el 63,7% de los jóvenes en tratamiento por consumo de drogas tienen comorbilidad psiquiátrica) e incluso de lo que se conoce como la conducta suicida del adolescente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de este aumento de trastornos psiquiátricos entre jóvenes y adolescentes en los últimos 10 años, y da prioridad al problema de la depresión y el suicidio. Concretamente, éste se ha convertido en la tercera causa de muerte entre los adolescentes, y la primera entre los jóvenes.
Numerosas investigaciones constatan que algo está pasando y entre las causas de estas tentativas determinan varias. Por ejemplo, las características psicoló- gicas del adolescente de hoy (desinhibición, conductas agresivas y búsqueda del riesgo), el entorno sociocultural y las relaciones en el núcleo familiar.
La prevención, clave
Los trastornos de este tipo no son ninguna tontería. La población trata de simplificarlos muchas veces considerándolos sólo formas de llamar la atención. Pero lo cierto es que detrás de este afán de protagonismo pueden esconderse problemas que se pueden agravar de manera drástica cuando los menores crezcan.
Por eso, Mariano Velilla pide a los padres que estén alerta. "Aunque sean sólo intentos leves de suicidio, aunque parezca que no van en serio... estos son síntomas de que algo pasa, y aquí también juega su papel la prevención precoz", explica.
De hecho, hay personas que padecen cierta vulnerabilidad biológica. "Los adultos depresivos que responden peor al tratamiento son los que en su adolescencia sufrieron ya los primeros episodios del problema", destaca este especialista. heraldo
El diagnóstico a edades tempranas es difícil, pero cada vez está más ajustado
LARA COTERA 2 ABR. Zaragoza
No es nuevo que los niños sufran miedo o angustia, ni tampoco que padezcan depresiones. Sin embargo, sí que lo es el hecho de que cada vez se diagnostiquen más estos problemas. La unidad infanto-juvenil del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa ha visto cómo en sólo 10 años, los casos de depresiones, tanto graves como leves, han pasado de afectar a un 5% de los pacientes a un 10%. En total, hay estudios que estiman que sufren el problema el 2% de los niños y hasta un 6% de los adolescentes.
El incremento se debe a varios factores. Para empezar, se diagnostica cada vez más y mejor. Por otra parte, no toda la tristeza responde a una depresión. A veces, lo que ocurre es que el menor se siente incapaz de afrontar algunos momentos difíciles. Además, en el caso de los niños, hay que tener en cuenta que encuentran más dificultades para verbalizar el humor triste o la desesperanza.
"Por eso, con los niños y los adolescentes, hay que estar pendiente", asegura Mariano Velilla, jefe de la Unidad del Clínico. Por ejemplo, suelen ser reveladores los cambios de conducta o la irritabilidad. Además, cobran peso, sobre todo entre los adolescentes, las conductas al límite. "Son actuaciones que implican riesgo, castigo o una atención especial del entorno", insiste Velilla. A veces, un bajón en el rendimiento escolar o la tendencia a inhibirse, a estar aislado, pueden ser reveladores.
"Es cierto que estos episodios tienen mucho que ver con la discordia familiar", recalca Velilla. Es decir, cuando los cónyuges se llevan mal o no llegan a acuerdos sobre la educación de los hijos (sobre todo en casos de separación o divorcio) y cuando los padres se llevan mal.
"La depresión en niños pequeños siempre ha existido, pero antes no se diagnosticaba tan bien", sentencia Mariano Velilla. "El ambiente influye, y lo cierto es que los menores necesitan un entorno familiar y educativo mejor", dice.
A partir de los 14 años
Por otra parte, llegan muchos casos de adolescentes. Si bien algunos síntomas son parecidos, lo cierto es que las causas son diferentes. En jóvenes de 14 a 17 años se están observando más trastornos relacionados con la dificultad para adaptarse al entorno.
"Las nuevas generaciones son emocionalmente más débiles o inmaduras, tienen mucha menos tolerancia a la frustración", explica este médico. Muchos estudios indican que lo han tenido tan fácil para conseguirlo casi todo, que se vienen abajo antes de ponerse a resolver algunos problemas.
"Viven en la cultura del todo o nada. Se han acostumbrado a conseguir respuestas rápidas y gratificantes", explica Velilla. "Eso propicia cierto malestar emocional y una infelicidad que a veces raya con la depresión", dice.
Sobre esto, los especialistas también piden cautela y destacan que en los tiempos actuales se tiende a "psiquiatrizar" todos los problemas y a buscar una receta para ellos. Sin embargo, muchas veces el problema está en el núcleo familiar, y lo mejor que se puede hacer, incluso antes de acudir a un profesional, es que los cabezas de familia se paren a pensar en lo que está ocurriendo.
Por otra parte, y sobre todo en el caso de los adolescentes, la depresión aparece combinada con otros problemas de salud (comorbilidad). En la Unidad del Clínico es corriente ver casos de depresión combinados con episodios de bulimia, ansiedad, psicosis...
Consumo de tóxicos
Precisamente, si hay algo con lo que esta tristeza extrema se combina en ocasiones, es con el consumo de drogas.
Para empezar, los jóvenes que padecen una depresión están más predispuestos para tomar unas sustancias que les harán evadirse. A su vez, la ingesta de las mismas somete a la persona que se está formando a una pseudorrealidad que acabará afectándole, y que podrá desembocar en la enfermedad. Además, los tóxicos están muchas veces detrás de algunos trastornos (el 63,7% de los jóvenes en tratamiento por consumo de drogas tienen comorbilidad psiquiátrica) e incluso de lo que se conoce como la conducta suicida del adolescente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de este aumento de trastornos psiquiátricos entre jóvenes y adolescentes en los últimos 10 años, y da prioridad al problema de la depresión y el suicidio. Concretamente, éste se ha convertido en la tercera causa de muerte entre los adolescentes, y la primera entre los jóvenes.
Numerosas investigaciones constatan que algo está pasando y entre las causas de estas tentativas determinan varias. Por ejemplo, las características psicoló- gicas del adolescente de hoy (desinhibición, conductas agresivas y búsqueda del riesgo), el entorno sociocultural y las relaciones en el núcleo familiar.
La prevención, clave
Los trastornos de este tipo no son ninguna tontería. La población trata de simplificarlos muchas veces considerándolos sólo formas de llamar la atención. Pero lo cierto es que detrás de este afán de protagonismo pueden esconderse problemas que se pueden agravar de manera drástica cuando los menores crezcan.
Por eso, Mariano Velilla pide a los padres que estén alerta. "Aunque sean sólo intentos leves de suicidio, aunque parezca que no van en serio... estos son síntomas de que algo pasa, y aquí también juega su papel la prevención precoz", explica.
De hecho, hay personas que padecen cierta vulnerabilidad biológica. "Los adultos depresivos que responden peor al tratamiento son los que en su adolescencia sufrieron ya los primeros episodios del problema", destaca este especialista. heraldo






