MESA REDONDA 'Maras en El Salvador' La peligrosidad de las “maras” en El Salvador a debate y análisis· Participaron Pepe Moratalla y Miguel Azucena (encargados de la rehabilitación de mareros en el polígono Don Bosco de San Salvador), Rosa María Fortín (Magistrada de la Corte Suprema de El Salvador), José Luis Tobar, (Subdirector Policía de El Salvador), Isabel Muñoz, (Fotógrafa). Moderó el acto Inés Alberdi, socióloga
MADRID, 18 Abr. (EUROPA PRESS)
El fenómeno de las maras o pandillas juveniles delictivas no es originario de los países de Centroamérica sino que su raíz se encuentra en los emigrantes de estos países a los países del Primer Mundo donde estos se enfrentan a la exclusión social. Así lo afirmaron los ponentes de la mesa redonda 'Maras en El Salvador' que se celebró este miércoles en Casa de América en Madrid.
"Pandillero no es el joven rebelde ante una sociedad desestructurada; no es quien busca la riqueza o el placer al estilo del crimen organizado; no es alguien que realice terrorismo político; pareciera que el fenómeno de las maras ese un nuevo tipo de mafia, lo cual es mucho peor que todo lo anterior", sostuvo el sacerdote español José María Moratalla, encargado del proyecto de rehabilitación de 'mareros' 'Polígono Don Bosco' en El Salvador.
"La pandilla surge a raíz de la acumulación de marginación en el Primer Mundo hacia el Tercer Mundo", añadió Moratalla quien recordó que el fenómeno se inició en ciudades estadounidenses como Los Ángeles o San Francisco a lo largo del siglo XX.
El sacerdote explicó que a pesar de que las maras comenzaron en la década de los '70, el problema se agravó tras los acuerdos de Paz en El Salvador en 1992, cuando Estados Unidos comenzó una campaña de deportaciones por las que algunos salvadoreños, excluidos de la sociedad norteamericana, volvieron a su país con nuevas vivencias, otra forma de ver la vida, diferente forma de vestir y se convirtieron en líderes en su ámbito y así los adolescentes de los barrios marginales comenzaron a imitarles y a agruparse en torno a ellos.
Cada día más de 700 salvadoreños salen de su país en busca de oportunidades porque en El Salvador "no hay posibilidad de vivir una vida con dignidad".
"La raíz de esta violencia está en la falta de empleo. Un pandillero llega a ganar unos 3.000 dólares diarios sólo con la venta de cocaína", puntualizó Moratalla.
Por su parte, la magistrada de la Corte Suprema de El Salvador, Rosa María Fortín indicó que los mareros menores de edad pueden cumplir una pena máxima de siete años, de acuerdo a la normativa legal vigente. "Nuestro país no había terminado de salir de la guerra cuando de repente nos enfrentamos a este fenómeno extraño", indicó.
"Al principio no supimos ver la dimensión del problema, que ahora, no sabemos cómo manejar. Es un monstruo ante el que no sabemos luchar. No podemos exterminar las maras, como algunos piden, son personas. Lo que tenemos que hacer es revertir el proceso a través de la educación", consideró la magistrada.
En ese sentido el Subdirector de la Policía de El Salvador, José Luis Tobar, expuso que el país necesita una solución integral para erradicar el problema "de difícil dimensión" que pasaría entre otros aspectos por programas de prevención del delito, por una mayor presencia de la policía comunitaria o de proximidad, por disminuir los factores de riesgo, por programas que eviten que los jóvenes se metan en las pandillas y en la drogas y, por programas de reinserción social.
"Cuando hablamos de pandillas hay que diferenciar las juveniles que hay en todo el mundo y que no tienen por qué ser delictivas, con las que hay en Centroamérica. Hay que ubicarse en Honduras, Guatemala y El Salvador", indicó.
Tobar acotó que cada semana Estados Unidos deporta a 300 salvadoreños, lo que al cabo del año supone 14.000 personas. "Muchos de estos son traídos directamente desde las cárceles. Los deportados creaban sus propias pandillas y así iban creciendo. Ahora desde las cárceles salvadoreñas, los cabecillas de los mareros ordenan asesinatos", añadió.
"Creo en el ser humano; hay que luchar para que todos puedan vivir libremente y dignamente, con un trabajo honesto. Se pueden salvar y se puede vivir con ellos", sostuvo por su parte la fotógrafa Isabel Muñoz, quien este jueves en Casa de América inaugura una exposición sobre los mareros en El Salvador.
En ese sentido el también encargado del programa de rehabilitación de mareros 'Polígono Don Bosco', Miguel Azucena, indicó que "el Gobierno salvadoreño debería ser el gran coordinador para dar respuestas reales".
Azucena acusó a organizaciones sociales, investigadores sociológicos y técnicos de hablar y debatir en exceso sobre las maras y propuso "no gastar tanto en técnico e investigaciones y emplear esos recursos en aplicar soluciones concretas".
Azucena expuso el programa de reinserción social que co-dirige junto a Moratalla y destacó que en el 'Polígono' tiene 150 jóvenes internos, unos 500 externos y que gracias al programa, los ex pandilleros rehabilitados han logrado crear 10 empresas con las que se autogestionan y con las que dan "trabajo digno" a ex mareros.
"Nosotros les ponemos a estudiar, les enseñamos un oficio, les damos trabajo, les hacemos empresarios de mecánica, calzado, carpintería, entre otros", añadió.
"Somos una gota de agua en un lago, porque en El Salvador tenemos entre 15.000 y 20.000 pandilleros, pero detrás de ellos hay familias desectruturadas", manifestó.
"El Primer Mundo se olvida de este problema, pero les puede llegar a todos, les puede llegar a ustedes. Se puede ayudar a contrarrestar esta fenómeno quitándoles la posible justificación futura de que no se les dio una oportunidad. Este es un problema de responsabilidad social", advirtió.
Finalmente Moratalla destacó que "los pandilleros dejan de ser alguien y se convierte en algo". "La mayoría de los mareros no saben donde se meten, pero llega un punto en que en ellos el mal es más fuerte que el bien y, entonces solo tienen dos opciones o la cárcel o la muerte", indicó.
Además, el sacerdote aclaró en el debate el papel de la mujer en las maras. "La mujer perdió identidad y aparece como objeto sexual relegada al 'descanso del guerrero'. Es siempre un objeto", sostuvo.
"La enorme importancia de la familia para el latino queda relegada para los mareros; incluso algunos matan a su propia familia porque se lo pide el mal. En ese sentido usan los objetos y cultos religiosos como una burla. Cuanto mejor conozcamos el problema, mejores soluciones podremos hallar", concluyó Moratalla. ep
Maras y pandillas juveniles en América Latina: Mesa redonda
Maras en El Salvador
Con la participación de Pepe Moratalla y Miguel Azucena (encargados de la rehabilitación de mareros en el polígono Don Bosco de San Salvador), Rosa María Fortín (Magistrada de la Corte Suprema de El Salvador), José Luis Tobar, (Subdirector Policía de El Salvador), Isabel Muñoz, (Fotógrafa).
Modera: Inés Alberdi, socióloga.
18/04/2007 La peligrosidad de las “maras” en El Salvador será analizada en Casa de América, el día 18 de abril, a las 19:30 horas, por las autoridades salvadoreñas: Rosa María Fortín, magistrada de la Corte Suprema, y por José Luis Tobar, subdirector de la Policía Nacional Civil.
El debate será moderado por la socióloga Inés Alberdi y contará con la participación de Pepe Moratalla y Miguel Azucena, encargados de rehabilitar pandilleros en El Salvador, así como con Isabel Muñoz, reconocida fotógrafa catalana que inaugurará al día siguiente en Casa de América una exposición sobre el tema.
Un aspecto a destacar es la peligrosa “Mara Salvatrucha”, una pandilla que en opinión de Héctor Sánchez Beltrán, investigador de la mexicana Universidad de Guadalajara, constituye una de las “mafias más coordinadas del mundo”, y suma unos 180 mil miembros en Centroamérica y EE UU.
Con 6.9 millones de habitantes, El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica. Quince años después de la guerra que dejó 75.000 muertos y miles de desplazados, se suman las secuelas de la desintegración familiar y de la pobreza, que según el Centro Centroamericano de Población afecta al 58 por ciento de los ciudadanos.
De acuerdo al informe “Violencia juvenil en Centroamérica: respuestas desde la sociedad civil”, elaborado en 2005 por el Centro de Estudios Penales de El Salvador, gran parte de la juventud enfrenta las condiciones de precariedad emigrando a EE UU o bien insertándose en las “maras”.
Las autoridades norteamericanas califican a estos pandilleros como un eslabón del narcotráfico y del terrorismo internacional. Y es tal la preocupación sobre las pandillas que Alberto Gonzales, Fiscal General de EE UU, visitó El Salvador en febrero de 2007. El presidente Antonio Saca aseguró que González fue a su país para suscribir “planes integrales de rehabilitación, sobre todo de prevención, y tener un centro logístico de información”.
Precisamente, el gobierno salvadoreño emprendió desde agosto de 2004 el “Plan Súper Mano Dura”, que dio continuidad al “Plan Mano Dura” que había desplegado en 2003 su antecesor Francisco Flores. No obstante, numerosos organismos de derechos humanos critican que se hayan potenciado medidas de represión y no de prevención y rehabilitación de los jóvenes. Amnistía Internacional criticó estas leyes por “criminalizar la simple apariencia de los jóvenes”.
Esta mesa redonda es el preámbulo a la exposición Maras: la cultura de la violencia, de Isabel Muñoz, que se inaugurará en Casa de América el jueves 19 de abril a las 20:30 horas. La muestra fotográfica indaga a fondo la subcultura urbana que se apoya en los lenguajes corporales del tatuaje, un laberinto de símbolos que registran en la piel de los pandilleros una identidad agresiva.
Isabel Muñoz nació en Barcelona en 1951. Vive en Madrid y su obra fotográfica ha ganado el reconocimiento internacional. Sean imágenes de hombres de Etiopía, mujeres de Camboya, o bailarinas españolas, siempre llega al espectador la hondura de una mirada a la vez sensible e implacable.
Su trabajo, elaborado en riguroso blanco y negro, está expuesto, entre otras galerías, en el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Arte de Nueva York, o en la Maison Ruropéenne de la Photographie de París. En su trayectoria destacan premios, como el World Press Photo, y las publicaciones en editoriales de primera fila. www.isabelmunoz.com CasaAmerica
MADRID, 18 Abr. (EUROPA PRESS)
El fenómeno de las maras o pandillas juveniles delictivas no es originario de los países de Centroamérica sino que su raíz se encuentra en los emigrantes de estos países a los países del Primer Mundo donde estos se enfrentan a la exclusión social. Así lo afirmaron los ponentes de la mesa redonda 'Maras en El Salvador' que se celebró este miércoles en Casa de América en Madrid.
"Pandillero no es el joven rebelde ante una sociedad desestructurada; no es quien busca la riqueza o el placer al estilo del crimen organizado; no es alguien que realice terrorismo político; pareciera que el fenómeno de las maras ese un nuevo tipo de mafia, lo cual es mucho peor que todo lo anterior", sostuvo el sacerdote español José María Moratalla, encargado del proyecto de rehabilitación de 'mareros' 'Polígono Don Bosco' en El Salvador.
"La pandilla surge a raíz de la acumulación de marginación en el Primer Mundo hacia el Tercer Mundo", añadió Moratalla quien recordó que el fenómeno se inició en ciudades estadounidenses como Los Ángeles o San Francisco a lo largo del siglo XX.
El sacerdote explicó que a pesar de que las maras comenzaron en la década de los '70, el problema se agravó tras los acuerdos de Paz en El Salvador en 1992, cuando Estados Unidos comenzó una campaña de deportaciones por las que algunos salvadoreños, excluidos de la sociedad norteamericana, volvieron a su país con nuevas vivencias, otra forma de ver la vida, diferente forma de vestir y se convirtieron en líderes en su ámbito y así los adolescentes de los barrios marginales comenzaron a imitarles y a agruparse en torno a ellos.
Cada día más de 700 salvadoreños salen de su país en busca de oportunidades porque en El Salvador "no hay posibilidad de vivir una vida con dignidad".
"La raíz de esta violencia está en la falta de empleo. Un pandillero llega a ganar unos 3.000 dólares diarios sólo con la venta de cocaína", puntualizó Moratalla.
Por su parte, la magistrada de la Corte Suprema de El Salvador, Rosa María Fortín indicó que los mareros menores de edad pueden cumplir una pena máxima de siete años, de acuerdo a la normativa legal vigente. "Nuestro país no había terminado de salir de la guerra cuando de repente nos enfrentamos a este fenómeno extraño", indicó.
"Al principio no supimos ver la dimensión del problema, que ahora, no sabemos cómo manejar. Es un monstruo ante el que no sabemos luchar. No podemos exterminar las maras, como algunos piden, son personas. Lo que tenemos que hacer es revertir el proceso a través de la educación", consideró la magistrada.
En ese sentido el Subdirector de la Policía de El Salvador, José Luis Tobar, expuso que el país necesita una solución integral para erradicar el problema "de difícil dimensión" que pasaría entre otros aspectos por programas de prevención del delito, por una mayor presencia de la policía comunitaria o de proximidad, por disminuir los factores de riesgo, por programas que eviten que los jóvenes se metan en las pandillas y en la drogas y, por programas de reinserción social.
"Cuando hablamos de pandillas hay que diferenciar las juveniles que hay en todo el mundo y que no tienen por qué ser delictivas, con las que hay en Centroamérica. Hay que ubicarse en Honduras, Guatemala y El Salvador", indicó.
Tobar acotó que cada semana Estados Unidos deporta a 300 salvadoreños, lo que al cabo del año supone 14.000 personas. "Muchos de estos son traídos directamente desde las cárceles. Los deportados creaban sus propias pandillas y así iban creciendo. Ahora desde las cárceles salvadoreñas, los cabecillas de los mareros ordenan asesinatos", añadió.
"Creo en el ser humano; hay que luchar para que todos puedan vivir libremente y dignamente, con un trabajo honesto. Se pueden salvar y se puede vivir con ellos", sostuvo por su parte la fotógrafa Isabel Muñoz, quien este jueves en Casa de América inaugura una exposición sobre los mareros en El Salvador.
En ese sentido el también encargado del programa de rehabilitación de mareros 'Polígono Don Bosco', Miguel Azucena, indicó que "el Gobierno salvadoreño debería ser el gran coordinador para dar respuestas reales".
Azucena acusó a organizaciones sociales, investigadores sociológicos y técnicos de hablar y debatir en exceso sobre las maras y propuso "no gastar tanto en técnico e investigaciones y emplear esos recursos en aplicar soluciones concretas".
Azucena expuso el programa de reinserción social que co-dirige junto a Moratalla y destacó que en el 'Polígono' tiene 150 jóvenes internos, unos 500 externos y que gracias al programa, los ex pandilleros rehabilitados han logrado crear 10 empresas con las que se autogestionan y con las que dan "trabajo digno" a ex mareros.
"Nosotros les ponemos a estudiar, les enseñamos un oficio, les damos trabajo, les hacemos empresarios de mecánica, calzado, carpintería, entre otros", añadió.
"Somos una gota de agua en un lago, porque en El Salvador tenemos entre 15.000 y 20.000 pandilleros, pero detrás de ellos hay familias desectruturadas", manifestó.
"El Primer Mundo se olvida de este problema, pero les puede llegar a todos, les puede llegar a ustedes. Se puede ayudar a contrarrestar esta fenómeno quitándoles la posible justificación futura de que no se les dio una oportunidad. Este es un problema de responsabilidad social", advirtió.
Finalmente Moratalla destacó que "los pandilleros dejan de ser alguien y se convierte en algo". "La mayoría de los mareros no saben donde se meten, pero llega un punto en que en ellos el mal es más fuerte que el bien y, entonces solo tienen dos opciones o la cárcel o la muerte", indicó.
Además, el sacerdote aclaró en el debate el papel de la mujer en las maras. "La mujer perdió identidad y aparece como objeto sexual relegada al 'descanso del guerrero'. Es siempre un objeto", sostuvo.
"La enorme importancia de la familia para el latino queda relegada para los mareros; incluso algunos matan a su propia familia porque se lo pide el mal. En ese sentido usan los objetos y cultos religiosos como una burla. Cuanto mejor conozcamos el problema, mejores soluciones podremos hallar", concluyó Moratalla. ep
Maras y pandillas juveniles en América Latina: Mesa redonda
Maras en El Salvador
Con la participación de Pepe Moratalla y Miguel Azucena (encargados de la rehabilitación de mareros en el polígono Don Bosco de San Salvador), Rosa María Fortín (Magistrada de la Corte Suprema de El Salvador), José Luis Tobar, (Subdirector Policía de El Salvador), Isabel Muñoz, (Fotógrafa).
Modera: Inés Alberdi, socióloga.
18/04/2007 La peligrosidad de las “maras” en El Salvador será analizada en Casa de América, el día 18 de abril, a las 19:30 horas, por las autoridades salvadoreñas: Rosa María Fortín, magistrada de la Corte Suprema, y por José Luis Tobar, subdirector de la Policía Nacional Civil.
El debate será moderado por la socióloga Inés Alberdi y contará con la participación de Pepe Moratalla y Miguel Azucena, encargados de rehabilitar pandilleros en El Salvador, así como con Isabel Muñoz, reconocida fotógrafa catalana que inaugurará al día siguiente en Casa de América una exposición sobre el tema.
Un aspecto a destacar es la peligrosa “Mara Salvatrucha”, una pandilla que en opinión de Héctor Sánchez Beltrán, investigador de la mexicana Universidad de Guadalajara, constituye una de las “mafias más coordinadas del mundo”, y suma unos 180 mil miembros en Centroamérica y EE UU.
Con 6.9 millones de habitantes, El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica. Quince años después de la guerra que dejó 75.000 muertos y miles de desplazados, se suman las secuelas de la desintegración familiar y de la pobreza, que según el Centro Centroamericano de Población afecta al 58 por ciento de los ciudadanos.
De acuerdo al informe “Violencia juvenil en Centroamérica: respuestas desde la sociedad civil”, elaborado en 2005 por el Centro de Estudios Penales de El Salvador, gran parte de la juventud enfrenta las condiciones de precariedad emigrando a EE UU o bien insertándose en las “maras”.
Las autoridades norteamericanas califican a estos pandilleros como un eslabón del narcotráfico y del terrorismo internacional. Y es tal la preocupación sobre las pandillas que Alberto Gonzales, Fiscal General de EE UU, visitó El Salvador en febrero de 2007. El presidente Antonio Saca aseguró que González fue a su país para suscribir “planes integrales de rehabilitación, sobre todo de prevención, y tener un centro logístico de información”.
Precisamente, el gobierno salvadoreño emprendió desde agosto de 2004 el “Plan Súper Mano Dura”, que dio continuidad al “Plan Mano Dura” que había desplegado en 2003 su antecesor Francisco Flores. No obstante, numerosos organismos de derechos humanos critican que se hayan potenciado medidas de represión y no de prevención y rehabilitación de los jóvenes. Amnistía Internacional criticó estas leyes por “criminalizar la simple apariencia de los jóvenes”.
Esta mesa redonda es el preámbulo a la exposición Maras: la cultura de la violencia, de Isabel Muñoz, que se inaugurará en Casa de América el jueves 19 de abril a las 20:30 horas. La muestra fotográfica indaga a fondo la subcultura urbana que se apoya en los lenguajes corporales del tatuaje, un laberinto de símbolos que registran en la piel de los pandilleros una identidad agresiva.
Isabel Muñoz nació en Barcelona en 1951. Vive en Madrid y su obra fotográfica ha ganado el reconocimiento internacional. Sean imágenes de hombres de Etiopía, mujeres de Camboya, o bailarinas españolas, siempre llega al espectador la hondura de una mirada a la vez sensible e implacable.
Su trabajo, elaborado en riguroso blanco y negro, está expuesto, entre otras galerías, en el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Arte de Nueva York, o en la Maison Ruropéenne de la Photographie de París. En su trayectoria destacan premios, como el World Press Photo, y las publicaciones en editoriales de primera fila. www.isabelmunoz.com CasaAmerica







