Editorial LAVOZ.com.ar · Domingo 22 de abril de 2007
El joven y la violencia
Los estudiantes, por su edad y su relación con el saber, pueden ser protagonistas y víctimas de una violencia cada vez más inquietante y que requiere de respuestas en todas las instancias.
En 1968 -al ser preguntado sobre el sentido de la revuelta estudiantil que se estaba desplegando entonces en París- Jean Paul Sartre respondió que antes había que preguntarse quiénes eran los jóvenes que habían ganado las calles y pedían "lo imposible". Son estudiantes, respondió el entrevistador, a lo que el filósofo dijo que lo que caracterizaba a un estudiante era "una cierta edad de la vida y una cierta relación con el saber", y que esta mezcla a veces podía resultar explosiva, por el alto potencial revolucionario que contenía.
El Mayo Francés de aquel año fue ante todo una revolución de las ideas -al igual que la Reforma Universitaria cordobesa de 1918- que revelaba un cambio de posición de los jóvenes frente al orden social, político y cultural establecido y un rechazo a los valores en que se sustentaba ese orden. Fue, en todo caso, una revolución pacífica, que se manifestó ante todo en el plano simbólico, de las palabras, de la gestualidad.
Pero fue en esa misma época que se estaban gestando en diversas partes del mundo movimientos que adosaban esa revolución de las ideas a una acción revolucionaria, que se proponía nada menos que la toma del poder por vía de las armas y la construcción de una sociedad "socialista", término genérico y ambiguo que se inspiraba en el maoísmo, el trotskismo o el guevarismo y que pretendía apuntar a una instancia superadora del comunismo de cuño soviético y de la socialdemocracia tradicional.
Fue un sueño de verano, pero que en su momento tuvo en vilo a las democracias. En la República Federal Alemana surgió un grupo armado denominado Fracción del Ejército Rojo, más conocido como "banda Baader-Meinhof", y en Italia las Brigadas Rojas, cuya acción armada más descollante fue el secuestro y posterior asesinato del líder demócrata cristiano Aldo Moro. Y detrás de ambos grupos estaba la figura del joven estudiante, de esa mezcla de una edad de la vida y una relación con el saber de la que hablaba Sartre.
La Argentina no fue ajena a la eclosión de esa violencia armada juvenil, que se corporizó en organizaciones como Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, que llegaron a tener una cierta inserción en las universidades, fábricas y barriadas populares y -en el caso de Montoneros- en el movimiento peronista. La diferencia fue que mientras en Alemania e Italia esa violencia fue combatida y erradicada con las armas de la ley y el Estado de derecho, en nuestro país se apeló a la metodología del terrorismo de Estado para liquidar a la guerrilla, tal vez porque el Estado había desaparecido como sociedad jurídicamente organizada. Pero esta es otra historia.
Hoy la violencia juvenil reconoce otros orígenes y causas. Surge en la periferia de las grandes ciudades europeas habitadas en gran parte por descendientes de inmigrantes afroasiáticos, que en su mayoría siguen la religión del Islam y se sienten discriminados por el resto de la sociedad. Pero también hay una violencia que se asienta en bandas y carteles mafiosos, tanto en Europa como América latina, o esa otra violencia más elemental, más primaria si se quiere, que practican las barras bravas futboleras o barriales, o que aparece cada vez con mayor frecuencia a la salida de los boliches y los recitales.
Y está, en fin, la violencia escolar y familiar. El mundo entero ha sido conmocionado por la masacre perpetrada en una universidad de Virginia, Estados Unidos, en la que murieron más de 30 estudiantes, que hizo recordar a esa otra masacre perpetrada en la escuela secundaria Columbine, estado de Colorado, que provocó la muerte de 12 adolescentes. También en la Argentina hubo un hecho similar en 2004, en una escuela de Carmen de Patagones, en la que un joven de 15 años mató a balazos a tres compañeros e hirió a otros cinco.
Un experto en violencia escolar dijo que los estudiantes son un blanco preferido para quienes odian a la sociedad, pero el problema es que en los tres casos citados las agresiones no vienen de afuera sino desde adentro de las escuelas o universidades. Se trata, evidentemente, de una nueva patología del mundo moderno, que debe ser abordada en todas sus instancias y desde un campo interdisciplinario. www.lavoz.com.ar
El joven y la violencia
Los estudiantes, por su edad y su relación con el saber, pueden ser protagonistas y víctimas de una violencia cada vez más inquietante y que requiere de respuestas en todas las instancias.
En 1968 -al ser preguntado sobre el sentido de la revuelta estudiantil que se estaba desplegando entonces en París- Jean Paul Sartre respondió que antes había que preguntarse quiénes eran los jóvenes que habían ganado las calles y pedían "lo imposible". Son estudiantes, respondió el entrevistador, a lo que el filósofo dijo que lo que caracterizaba a un estudiante era "una cierta edad de la vida y una cierta relación con el saber", y que esta mezcla a veces podía resultar explosiva, por el alto potencial revolucionario que contenía.
El Mayo Francés de aquel año fue ante todo una revolución de las ideas -al igual que la Reforma Universitaria cordobesa de 1918- que revelaba un cambio de posición de los jóvenes frente al orden social, político y cultural establecido y un rechazo a los valores en que se sustentaba ese orden. Fue, en todo caso, una revolución pacífica, que se manifestó ante todo en el plano simbólico, de las palabras, de la gestualidad.
Pero fue en esa misma época que se estaban gestando en diversas partes del mundo movimientos que adosaban esa revolución de las ideas a una acción revolucionaria, que se proponía nada menos que la toma del poder por vía de las armas y la construcción de una sociedad "socialista", término genérico y ambiguo que se inspiraba en el maoísmo, el trotskismo o el guevarismo y que pretendía apuntar a una instancia superadora del comunismo de cuño soviético y de la socialdemocracia tradicional.
Fue un sueño de verano, pero que en su momento tuvo en vilo a las democracias. En la República Federal Alemana surgió un grupo armado denominado Fracción del Ejército Rojo, más conocido como "banda Baader-Meinhof", y en Italia las Brigadas Rojas, cuya acción armada más descollante fue el secuestro y posterior asesinato del líder demócrata cristiano Aldo Moro. Y detrás de ambos grupos estaba la figura del joven estudiante, de esa mezcla de una edad de la vida y una relación con el saber de la que hablaba Sartre.
La Argentina no fue ajena a la eclosión de esa violencia armada juvenil, que se corporizó en organizaciones como Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, que llegaron a tener una cierta inserción en las universidades, fábricas y barriadas populares y -en el caso de Montoneros- en el movimiento peronista. La diferencia fue que mientras en Alemania e Italia esa violencia fue combatida y erradicada con las armas de la ley y el Estado de derecho, en nuestro país se apeló a la metodología del terrorismo de Estado para liquidar a la guerrilla, tal vez porque el Estado había desaparecido como sociedad jurídicamente organizada. Pero esta es otra historia.
Hoy la violencia juvenil reconoce otros orígenes y causas. Surge en la periferia de las grandes ciudades europeas habitadas en gran parte por descendientes de inmigrantes afroasiáticos, que en su mayoría siguen la religión del Islam y se sienten discriminados por el resto de la sociedad. Pero también hay una violencia que se asienta en bandas y carteles mafiosos, tanto en Europa como América latina, o esa otra violencia más elemental, más primaria si se quiere, que practican las barras bravas futboleras o barriales, o que aparece cada vez con mayor frecuencia a la salida de los boliches y los recitales.
Y está, en fin, la violencia escolar y familiar. El mundo entero ha sido conmocionado por la masacre perpetrada en una universidad de Virginia, Estados Unidos, en la que murieron más de 30 estudiantes, que hizo recordar a esa otra masacre perpetrada en la escuela secundaria Columbine, estado de Colorado, que provocó la muerte de 12 adolescentes. También en la Argentina hubo un hecho similar en 2004, en una escuela de Carmen de Patagones, en la que un joven de 15 años mató a balazos a tres compañeros e hirió a otros cinco.
Un experto en violencia escolar dijo que los estudiantes son un blanco preferido para quienes odian a la sociedad, pero el problema es que en los tres casos citados las agresiones no vienen de afuera sino desde adentro de las escuelas o universidades. Se trata, evidentemente, de una nueva patología del mundo moderno, que debe ser abordada en todas sus instancias y desde un campo interdisciplinario. www.lavoz.com.ar







