'Mon fils à moi'· Trata los castigos corporales, «el acoso escolar» y el poco respaldo a la autoridad docente·
Martial Fougeron considera que "Mi hijo" es "una película de amor · Concha de Oro y de Plata en el último Festival de San Sebastián
EFE 2 MAY.
El doble juego que una madre mantiene con su hijo adolescente, entre la tortura psicológica y el cariño, centra la trama de "Mi hijo", con la que el cineasta galo Martial Fougeron logró la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, y su protagonista, Nathalie Baye, consiguió la de Plata.
"Para mí, ésta es una película de amor, de amor torpe, desafortunado, y terriblemente destructor; pero el motor que mueve a esa mujer es el amor hacia su hijo. Ella cree hacer lo correcto; cuando lo que hace es ir encerrándolo en un universo claustrofóbico", explica Fougeron ante un reducido grupo de periodistas en París.
"Lo que pasa es que cuando digo esto, la gente se enfada, porque al ver la película sale subyugada por el choque de la violencia psíquica, y no por el del amor", añade el cineasta, quien recogió con "sorpresa" la Concha de Oro del certamen donostiarra, concedido a este filme, que se estrena el viernes, y que dividió a la crítica y al público.
"Hubo gente que vio la película, sobre todo mujeres, que reaccionaron de forma violenta hacia mí; sin embargo, al terminar la proyección del filme, el público aplaudió. Y, en cuanto a la crítica fue muy dura", señala el realizador, quien compartió la Concha de Oro con "Half Moon", del cineasta kurdo iraní Bahman Ghobadi.
Aquel día, la sala de prensa, que había aplaudido la lectura del palmarés, se dividió ante la concesión del máximo premio del festival, pues "Mi hijo" es una película árida y donde quedan muchas puertas abiertas, sin explicación, o que provocó una gran división de opiniones. Algo que no sucedió con el premio a Nathalie Baye, clara favorita para la Concha de Plata.
"Mi hijo" se adentra en una familia disfuncional, con una madre omnipresente que juega con su hijo adolescente a repartirle dosis de cariño mientras ejerce una presión psicológica que va en aumento, una tortura que destroza y anula al adolescente. Un padre que no reacciona lo más mínimo ante el cataclismo que observa; y una hermana cómplice en la que el chico encuentra refugio, hasta que se va de casa, y le deja a él en absoluta soledad frente al terror.
"No es una película autobiográfica, pero yo tuve una madre posesiva, quizás porque no tuvo hijas; y de todos es sabido la diferencia entre la relación materno filial que se establece con los hijos y con las hijas. En el caso de los hijos varones, hay una fascinación que va en ambos sentidos, de la madre al hijo y del hijo a la madre", explica el director.
Y añade: "En mi caso, mi madre no franqueó el límite, como lo hace la protagonista del filme; y al sobrepasar esa frontera, la relación da un vuelco, pasando de algo constructivo a un fenómeno destructivo".
Fougeron, hombre que viene del teatro, rodó dos finales y confiesa que muchos le reprochan la elección que tomó, pues, como él mismo admite, "ésta iba a ser la historia de un matricidio".
Y es que el origen del guión fue un documental televisivo que vio a mediados de los años ochenta, y que narraba el maltrato físico que ejercía una madre con su hijo adolescente, al que exigía el máximo rendimiento escolar.
Finalmente, en una escena que reproduce, a medias, el final de "Mi hijo", el chico al llegar a casa con unas notas que a su madre no satisficieron, comenzó a golpearle, mientras el joven, que tenía un cuchillo en la mano para partir una manzana, le propinó 17 cuchilladas. Ella murió y él pasó 15 años en la cárcel.
"Al tomar la decisión de sustituir en la película la violencia física por la psicológica, ese final ya no encajaba", cuenta Fougeron, quien recalca la importancia de la figura del padre, "que cede todo el poder a la madre, haciéndola omnipotente".
"Me acusan de haber creado una caricatura, pero conozco hombres así, igual que en otros casos sucede lo contrario. Realmente, el caso de una familia totalmente equilibrada es muy raro", señala Fougeron, quien entiende que es "la suma de pequeñas cobardías del padre y la hermana" lo que deja sin aire al chico.
No existiría el filme sin esa figura paterna pasiva ni si el hijo no estuviera en plena adolescencia, pues "la madre -cuenta- siempre actuó así, pero el problema surge cuando él crece y ella no soporta que él se distancie".
Fougeron sólo tiene elogios hacia Nathalie Baye, capaz de mostrar toda una gama de sutiles matices para hacer creíble un personaje tan odioso: "No sólo aceptó el guión rápidamente, sino que se involucró totalmente en la búsqueda de financiación del proyecto", concluye. periodistadigital
SEPTIEMBRE 2006 El Film «Mi hijo» sobre castigos corporales impacta en el Festival de San Sebastian
Martial Fougeron considera que "Mi hijo" es "una película de amor · Concha de Oro y de Plata en el último Festival de San Sebastián
EFE 2 MAY.
El doble juego que una madre mantiene con su hijo adolescente, entre la tortura psicológica y el cariño, centra la trama de "Mi hijo", con la que el cineasta galo Martial Fougeron logró la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, y su protagonista, Nathalie Baye, consiguió la de Plata.
"Para mí, ésta es una película de amor, de amor torpe, desafortunado, y terriblemente destructor; pero el motor que mueve a esa mujer es el amor hacia su hijo. Ella cree hacer lo correcto; cuando lo que hace es ir encerrándolo en un universo claustrofóbico", explica Fougeron ante un reducido grupo de periodistas en París.
"Lo que pasa es que cuando digo esto, la gente se enfada, porque al ver la película sale subyugada por el choque de la violencia psíquica, y no por el del amor", añade el cineasta, quien recogió con "sorpresa" la Concha de Oro del certamen donostiarra, concedido a este filme, que se estrena el viernes, y que dividió a la crítica y al público.
"Hubo gente que vio la película, sobre todo mujeres, que reaccionaron de forma violenta hacia mí; sin embargo, al terminar la proyección del filme, el público aplaudió. Y, en cuanto a la crítica fue muy dura", señala el realizador, quien compartió la Concha de Oro con "Half Moon", del cineasta kurdo iraní Bahman Ghobadi.
Aquel día, la sala de prensa, que había aplaudido la lectura del palmarés, se dividió ante la concesión del máximo premio del festival, pues "Mi hijo" es una película árida y donde quedan muchas puertas abiertas, sin explicación, o que provocó una gran división de opiniones. Algo que no sucedió con el premio a Nathalie Baye, clara favorita para la Concha de Plata.
"Mi hijo" se adentra en una familia disfuncional, con una madre omnipresente que juega con su hijo adolescente a repartirle dosis de cariño mientras ejerce una presión psicológica que va en aumento, una tortura que destroza y anula al adolescente. Un padre que no reacciona lo más mínimo ante el cataclismo que observa; y una hermana cómplice en la que el chico encuentra refugio, hasta que se va de casa, y le deja a él en absoluta soledad frente al terror.
"No es una película autobiográfica, pero yo tuve una madre posesiva, quizás porque no tuvo hijas; y de todos es sabido la diferencia entre la relación materno filial que se establece con los hijos y con las hijas. En el caso de los hijos varones, hay una fascinación que va en ambos sentidos, de la madre al hijo y del hijo a la madre", explica el director.
Y añade: "En mi caso, mi madre no franqueó el límite, como lo hace la protagonista del filme; y al sobrepasar esa frontera, la relación da un vuelco, pasando de algo constructivo a un fenómeno destructivo".
Fougeron, hombre que viene del teatro, rodó dos finales y confiesa que muchos le reprochan la elección que tomó, pues, como él mismo admite, "ésta iba a ser la historia de un matricidio".
Y es que el origen del guión fue un documental televisivo que vio a mediados de los años ochenta, y que narraba el maltrato físico que ejercía una madre con su hijo adolescente, al que exigía el máximo rendimiento escolar.
Finalmente, en una escena que reproduce, a medias, el final de "Mi hijo", el chico al llegar a casa con unas notas que a su madre no satisficieron, comenzó a golpearle, mientras el joven, que tenía un cuchillo en la mano para partir una manzana, le propinó 17 cuchilladas. Ella murió y él pasó 15 años en la cárcel.
"Al tomar la decisión de sustituir en la película la violencia física por la psicológica, ese final ya no encajaba", cuenta Fougeron, quien recalca la importancia de la figura del padre, "que cede todo el poder a la madre, haciéndola omnipotente".
"Me acusan de haber creado una caricatura, pero conozco hombres así, igual que en otros casos sucede lo contrario. Realmente, el caso de una familia totalmente equilibrada es muy raro", señala Fougeron, quien entiende que es "la suma de pequeñas cobardías del padre y la hermana" lo que deja sin aire al chico.
No existiría el filme sin esa figura paterna pasiva ni si el hijo no estuviera en plena adolescencia, pues "la madre -cuenta- siempre actuó así, pero el problema surge cuando él crece y ella no soporta que él se distancie".
Fougeron sólo tiene elogios hacia Nathalie Baye, capaz de mostrar toda una gama de sutiles matices para hacer creíble un personaje tan odioso: "No sólo aceptó el guión rápidamente, sino que se involucró totalmente en la búsqueda de financiación del proyecto", concluye. periodistadigital
SEPTIEMBRE 2006 El Film «Mi hijo» sobre castigos corporales impacta en el Festival de San Sebastian| San Sebastián 26 Sep. 2006 -
«Quien no le da palos a su hijo es porque no lo quiere». Semejante frase no corresponde a ninguna película del festival, ni a ningún personaje célebre. La decían nuestros abuelos, que así se criaron, y viene a cuento porque acaba de presentarse en competencia un drama francés bien movilizador, «Mon fils a moi» («Mi hijo»), del joven y macizo Martial Fougeron, sobre una madre que, al parecer, lo quiere demasiado, aunque a veces los palos sean sólo metafóricos. Buen film, muy buenos trabajos de Nathalie Baye y del chico Olivier Gourmet... + |

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