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martes, 08 de mayo de 2007
El fiscal pide diez años para el presunto agresor, que ayer no fue reconocido ante el tribunal por la hermana de una de las víctimas
MURCIA 8 MAY.
Hace tres años, la localidad de Totana quedó conmocionada por la detención de un vecino, Ignacio C.E., a quien se acusaba de haber abusado, al menos, de siete niñas menores de edad y de una joven de 21 años. Ayer, este presunto violador en serie que se hacía pasar por electricista para colarse en casa de sus víctimas se enfrentó al tribunal por una de estas presuntas agresiones.

Era la primera vez que Ignacio se sentaba en el banquillo por una de las acusaciones que permanecen abiertas -algunas de las causas han sido archivadas en el juzgado de instrucción por falta de pruebas-, Ye Ignacio se presentó en la sala cubierto con una gorra roja y unas gafas de sol. Ya en su declaración, el procesado dijo que la confesión que hizo tras ser detenido, en agosto del año 2004, fue por las amenazas "de un sargento de la Guardia Civil".

Según su testimonio, la Guardia Civil le hizo firmar una declaración en la que admitía haberse llevado a la menor, que tenía entonces ocho años, a un acantilado y haberle levantado la camiseta "para verle los pechos". "Me pegaron y me dijeron que si no hacía caso no iba a llegar vivo a Sangonera", declaró ayer Ignacio ante el tribunal.

La agresión a la que fue sometida la menor, sin embargo, fue más grave. Según el fiscal, Ignacio llamó a la puerta de una vivienda en Mazarrón. Dentro sólo había dos niñas, de catorce y ocho años y nacionalidad ecuatoriana. Era el 10 de diciembre del año 2002.

El agresor dijo a las pequeñas que era el electricista y entró en la vivienda. Tras comprobar que no había nadie más, convenció a la mayor de las niñas, N.N.O., para que le acompañase "a recoger unos cables". Ayer, sin embargo, N.N.O. no pudo reconocer con seguridad a Ignacio como el hombre con el que se subió a una motocicleta roja.

En el camino, el falso electricista paró en una farmacia de la localidad para, según el fiscal, comprar preservativos. Allí, casualmente, estaba la madre de las niñas. La mujer se quedó con su hija y fueron a hablar con la dueña del piso para comprobar si ella había llamado al electricista. Fue entonces cuando, según el ministerio público, Ignacio volvió a la vivienda y se llevó a la hermana pequeña, de sólo ocho años.

Cuando la madre regresaba a su casa, se encontró a su hija pequeña llorando en la calle. "Me dijo que el electricista le había hecho daño. Cuando llegamos a casa le quité la ropa y vi que tenía las braguitas llenas de sangre", recordó ayer la madre.

Ignacio C.E., que permanece ingresado en prisión, tiene pendiente otro juicio por agresión sexual en la Audiencia Provincial de Murcia y, según fuentes judiciales, varias causas en fase de instrucción. Las agresiones, todas a niñas sudamericanas, se cometieron entre octubre de 2002 y junio de 2004 en Lorca, Totana, Fuente Álamo y Mazarrón. Ayer, el fiscal elevó la petición de pena hasta los diez años de prisión por un delito de agresión sexual. laopiniondemurcia

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