Todos deseamos un pronto y feliz desenlace del secuestro de Madeleine· Pero también deberíamos desear y exigir públicamente que 300 millones de niños dejen de pasar hambre en el mundo
se proyectó durante dos minutos un video de Madeleine con la música de fondo de un conocido grupo musical escocés.
Unos 65 millones de personas han visitado ya el sitio web abierto con tal motivo, y han expresado su solidaridad y apoyo a la familia de Madeleine.
CONTRASTA este terremoto social con otras realidades, sin duda menos mediáticamente presentables. Por ejemplo, UNICEF nos recuerda que alrededor de 246 millones de niños y niñas sufren explotación laboral en el planeta, y que 171 millones de ellos trabajan en condiciones de grave riesgo para su salud y su vida.
Muchos de esos niños no son rubios ni seguramente tienen una sola foto de sí mismos, pues están demasiado exhaustos diariamente, y la suciedad y las legañas favorecen poco su imagen. Por otro lado, Amnistía Internacional nos informa de que actualmente hay en el mundo 300.000 niños-soldados reclutados con el único objetivo de matar, pero a nadie se le ha ocurrido dedicarles antes de un gran evento deportivo una canción famosa, como hicieron con la dulce Madeleine, que en todas las fotos parece una delicada muñequita.
Todos deseamos un pronto y feliz desenlace del secuestro de Madeleine, pero también deberíamos desear y exigir públicamente que 300 millones de menores dejen de pasar diariamente hambre en el mundo. De hecho, ya nos ha repetido muchas veces la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que 25.000 personas mueren todos los días en el mundo como consecuencia del hambre y la pobreza y que unos 6 millones de niños mueren anualmente de hambre y desnutrición. Sin embargo, no tienen una web visitada en unos pocos días por millones de personas bien nutridas y bien pensantes, ni ningún famoso dedica unos minutos a su oscura y precaria existencia.
Nos estamos habituando a sensibilizarnos primordialmente con lo políticamente correcto, con los estándares socialmente aceptables. Si una niña rubia, de ojos claros, origen occidental (a ser posible, anglosajón) y familia algo acomodada sufre alguna agresión o desgracia importante, todos los medios de comunicación, toda la parafernalia mediática y publicitaria se pondrán en pie de guerra y llamarán al mundo para que contribuya a su divulgación y solución.
Sin embargo, si millones de niños no tienen otro remedio desde que han nacido que soportar día a día una vida que parece una maldición, no entrarán en nuestras casas y nuestros televisores, o, de hacerlo, alguien nos advertirá de que las imágenes pueden herir nuestra sensibilidad, así que podemos antes apagar el televisor o cambiar de cadena.
Las 3.000 víctimas por los atentados del 11-S han saturado y siguen saturando nuestros medios de información y nuestras memorias, pero llevan muriendo desde hace mucho tiempo cerca de 40.000 personas al mes en el conflicto armado de la República del Congo, la guerra que más muertos ha dejado tras la Segunda Guerra Mundial, y no son pocos los que apenas sabrán localizar ese país en el mapa. Todos los muertos son seres humanos, pero --ateniéndonos a los hechos y datos puros y duros-- al parecer unos son menos humanos que otros.
ESPAÑA Y Europa avanzan imparables por las triunfales vías de un progreso que garantiza el frigorífico lleno, el televisor de plasma y las vacaciones en la playa, pero exige al mismo tiempo que nuestra corteza cerebral vaya adquiriendo el grosor y la textura de la piel del elefante. A un alumno se le podrá suspender en Geografía por ignorar la capital de República del Congo (por cierto, Brazzaville), pero quizá se le hable poco o nada de la tragedia humana que allí acontece a diario desde hace años.
Eso sí, raro será el alumno que desconozca quién es Madeleine, la niña inglesa de cuatro años desaparecida en el Algarve, tantas veces ya aparecida en la tele de su casa. eP
* ANTONIO Aramayona es Profesor de Filosofía
¿Ha visto Vd a esta niña? icnetwork | 23/05/2007 ANTONIO Aramayona
Andan Europa y medio mundo revueltos y conmovidos por el secuestro de Madeleine McCaan, una niña británica de cuatro años desaparecida hace dos semanas en el Algarve portugués. Su rostro inocente, su melenita rubia parecen haber revolucionado el mundo. J.K. Rowlig, la exitosa creadora de las aventuras de Harry Potter ha ofrecido una importante suma de dinero a quien proporcione una pista que lleve a la liberación de Madeleine. El rutilante David Beckham, así como otros muchos famosos, han abogado públicamente por la solución del caso,e incluso antes de la Copa inglesa de futbol, con una audiencia televisiva de 500 millones de personas, |
Unos 65 millones de personas han visitado ya el sitio web abierto con tal motivo, y han expresado su solidaridad y apoyo a la familia de Madeleine.
CONTRASTA este terremoto social con otras realidades, sin duda menos mediáticamente presentables. Por ejemplo, UNICEF nos recuerda que alrededor de 246 millones de niños y niñas sufren explotación laboral en el planeta, y que 171 millones de ellos trabajan en condiciones de grave riesgo para su salud y su vida.
Muchos de esos niños no son rubios ni seguramente tienen una sola foto de sí mismos, pues están demasiado exhaustos diariamente, y la suciedad y las legañas favorecen poco su imagen. Por otro lado, Amnistía Internacional nos informa de que actualmente hay en el mundo 300.000 niños-soldados reclutados con el único objetivo de matar, pero a nadie se le ha ocurrido dedicarles antes de un gran evento deportivo una canción famosa, como hicieron con la dulce Madeleine, que en todas las fotos parece una delicada muñequita.
Todos deseamos un pronto y feliz desenlace del secuestro de Madeleine, pero también deberíamos desear y exigir públicamente que 300 millones de menores dejen de pasar diariamente hambre en el mundo. De hecho, ya nos ha repetido muchas veces la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que 25.000 personas mueren todos los días en el mundo como consecuencia del hambre y la pobreza y que unos 6 millones de niños mueren anualmente de hambre y desnutrición. Sin embargo, no tienen una web visitada en unos pocos días por millones de personas bien nutridas y bien pensantes, ni ningún famoso dedica unos minutos a su oscura y precaria existencia.
Nos estamos habituando a sensibilizarnos primordialmente con lo políticamente correcto, con los estándares socialmente aceptables. Si una niña rubia, de ojos claros, origen occidental (a ser posible, anglosajón) y familia algo acomodada sufre alguna agresión o desgracia importante, todos los medios de comunicación, toda la parafernalia mediática y publicitaria se pondrán en pie de guerra y llamarán al mundo para que contribuya a su divulgación y solución.
Sin embargo, si millones de niños no tienen otro remedio desde que han nacido que soportar día a día una vida que parece una maldición, no entrarán en nuestras casas y nuestros televisores, o, de hacerlo, alguien nos advertirá de que las imágenes pueden herir nuestra sensibilidad, así que podemos antes apagar el televisor o cambiar de cadena.
Las 3.000 víctimas por los atentados del 11-S han saturado y siguen saturando nuestros medios de información y nuestras memorias, pero llevan muriendo desde hace mucho tiempo cerca de 40.000 personas al mes en el conflicto armado de la República del Congo, la guerra que más muertos ha dejado tras la Segunda Guerra Mundial, y no son pocos los que apenas sabrán localizar ese país en el mapa. Todos los muertos son seres humanos, pero --ateniéndonos a los hechos y datos puros y duros-- al parecer unos son menos humanos que otros.
ESPAÑA Y Europa avanzan imparables por las triunfales vías de un progreso que garantiza el frigorífico lleno, el televisor de plasma y las vacaciones en la playa, pero exige al mismo tiempo que nuestra corteza cerebral vaya adquiriendo el grosor y la textura de la piel del elefante. A un alumno se le podrá suspender en Geografía por ignorar la capital de República del Congo (por cierto, Brazzaville), pero quizá se le hable poco o nada de la tragedia humana que allí acontece a diario desde hace años.
Eso sí, raro será el alumno que desconozca quién es Madeleine, la niña inglesa de cuatro años desaparecida en el Algarve, tantas veces ya aparecida en la tele de su casa. eP
* ANTONIO Aramayona es Profesor de Filosofía






