La mayor diferencia se establece según el nivel cultural: cuanto más alto, trabajen o no fuera del hogar, más atención a los niños· Dos estudios recientes derriban tópicos sobre la relación en el seno familiar
· «Los hijos te hacen renunciar al 95% de lo que hacías antes»
· Cuestión de horarios
CÉSAR COCA 18/JUN/07 BILBAO
Los padres y madres que trabajan dedican prácticamente el mismo tiempo a la atención de sus hijos que los que no tienen ocupación fuera de casa. Ello se debe en parte a que los varones con hijos pequeños están asumiendo de forma creciente su nuevo rol y realizan tareas que sus padres nunca hicieron. Dos informes difundidos en los últimos días ('Los hombres jóvenes y la paternidad', de Inés Alberdi y Pilar Escario. Fundación BBVA; y 'El tiempo con los hijos y la actividad laboral de los padres', de María Gutiérrez-Domènech. Servicio de Estudios de La Caixa) echan por tierra el tópico de que los niños cuyos padres trabajan ambos fuera de casa están menos o peor atendidos que quienes tienen al menos a uno de sus progenitores en el hogar. Los datos demuestran que a mayor nivel educativo de los padres, trabajen o no, más tiempo de atención -y de mejor calidad- de los hijos. Las cosas están cambiando en el interior de las familias y algunos cambios son para bien.
El estudio de Gutiérrez-Domènech cuantifica el tiempo que padres y madres dedican a sus hijos, considerando tres categorías diferentes: tiempo secundario, aquel que es el simple acompañamiento de los niños (cuando éstos juegan junto a un padre o una madre que hace otra cosa, como cocinar o trabajar en el ordenador); tiempo primario básico (el dedicado a satisfacer las necesidades elementales de los pequeños, como bañarlos o darles la comida) y primario de calidad (ayudar en los deberes, ver juntos la televisión para explicar algunas cosas, ir a un museo, charlar, etc.).
Más del doble de minutos
La primera conclusión es que las mujeres (con 72 minutos diarios) dedican más del doble de tiempo que los varones (31 minutos) a estar con sus hijos, trabajen o no. Pero a partir de ahí, se comprueba que las diferencias entre quienes trabajan fuera del hogar y quienes no lo hacen son relativamente pequeñas: algo más de 10 minutos diarios en el caso de las madres y de un minuto en el de los padres. Toda esa diferencia, además, se da en el tiempo primario básico, para el que los padres con tarea fuera de casa buscan una ayuda profesional o recurren a familiares. Por otra parte, los padres y madres que están poco en el hogar de lunes a viernes tienden a compensar esa ausencia con una dedicación intensiva a sus hijos los fines de semana.
El elemento claramente diferenciador no es el trabajo fuera del hogar, sino el nivel cultural. A mayor formación, más tiempo -sobre todo primario de calidad- dedicado a los hijos. La razón es que esos padres son conscientes del papel de la educación y de la trascendencia de los valores transmitidos a sus niños. Estos, a su vez, estarán más preocupados en el futuro por la educación de los suyos.
El trabajo de Inés Alberdi y Pilar Escario, que mantuvieron largas entrevistas con un total de 44 parejas de diferente condición, aporta otra explicación: la menor dedicación de las mujeres a sus hijos, por razones laborales, se ve compensada por un aumento de la atención de los varones, que empiezan a asumir su nuevo rol social. Un estudio detenido del funcionamiento de una familia hace medio siglo revela que hay mucho de mito en cuanto a la atención directa de sus padres que recibían los niños. Uno de los varones entrevistados por Alberdi y Escario lo explica con toda claridad: «La diferencia es estar más rato con ellos. Yo cuando llego de trabajar me los llevo al parque. Y entre semana, mi padre llegaba y se iba a jugar la partida. Mi padre entre semana casi ni me veía».
Mayor conciencia
Pero es que, además, existe una conciencia mucho más clara de que es necesario estar con los hijos, aunque quizá no sea en el mismo horario que antes. Alberdi y Escario explican que uno de los argumentos más utilizados por las parejas que han decidido no tener hijos es que no podrían dedicarles un tiempo suficiente. Eso nunca habría sido un argumento hace bien poco.
Otras cifras echan por tierra algunos prejuicios: pese a la mayor presencia de la mujer en el mundo laboral, dos de cada tres madres con hijos menores de 17 años están en casa cuando éstos vuelven del colegio, frente a sólo tres de cada diez padres. Ello revela que, pese al cambio de roles en marcha, el cuidado de los niños aún recae de forma primordial sobre las mujeres. Inés Alberdi cree que ese proceso de cambio se acelerará cuando se acepte socialmente con toda normalidad que un hombre pida un permiso de paternidad. «Eso es así -continúa la catedrática de Sociología- pese a que luego, cuando termina el permiso, el varón tiene siempre más fácil una incorporación 'normal' a su carrera profesional, que sigue su progresión sin alteraciones, mientras que a la mujer le cuesta mucho volver a recuperar su nivel anterior de responsabilidad».
«Los hijos te hacen renunciar al 95% de lo que hacías antes»
Con el trabajo, la casa y los chicos, el día a día de Juantxu y Cristina es una «carrera constante»
SERGIO EGUÍA/LLODIO La rutina de Juantxu Contreras y Cristina Camacho se parece más a un plan de vuelo que a un horario normal. Compaginar sus trabajos con las tareas del hogar y cuidar de Sashel, de 8 años, y de Ibai, de nueve meses, «hace que cosas tan normales como tomar un café con los amigos, ir a comprar ropa o al gimnasio resulten prácticamente imposibles», comenta Cristina.
Juantxu asiente. «Cuando te dice uno de la cuadrilla que quiere tener un hijo, pienso: 'No sabe lo que dice'. Por supuesto que merece la pena, pero vas a tener que renunciar al 95% de las cosas que hacías antes. La ecuación es sencilla: si tienes que darle el biberón y bañar al pequeño, mientras ayudas a la mayor con los deberes y cuelgas la ropa, no puedes estar en el monte paseando», explica.
Esta pareja laudioarra se complementa a la perfección, «aunque tiene lo suyo compaginar horarios», reconocen. Sus turnos son sencillos, los marcan sus respectivas jornadas laborales. Cristina se ocupa de todo por las mañanas y Juantxu por las tardes. «Después de comer recojo a Sashel en el colegio, dejo a Ibai en casa de la amama y para las cinco entro a trabajar en el bar. A las seis y media, cuando llega Juantxu lo recoge».
«Lo que falte por hacer»
Es el momento de sustituir el mono por el delantal. «Las tareas que me tocan están claras: lo que falte por hacer. Por la mañana Cris ha hecho la compra, la cocina, los cuartos y puesto la lavadora. Pues a mí me toca colgar la ropa o planchar, darle el biberón a Ibai y bañarlo, hacer los deberes con Sashel, preparar la cena y acostarlos».
Las chapucillas pendientes quedan para el fin de semana, como las 'brigadas de limpieza'. Indistintamente, uno sale de paseo con los niños y el otro se pelea con la aspiradora. Es la única tarea que deja espacio a la improvisación, el resto del itinerario está perfectamente delimitado. Si se despierta Ibai por la noche se encarga Cris; a cambio, Juantxu es el primero en levantarse, preparar el desayuno y vestir a Sashel para que el abuelo la lleve a la ikastola. «Sin su ayuda tendríamos que recurrir a una guardería. Podríamos dejarlos más con lo abuelos, ya que en los últimos doce meses hemos salido sólo dos veces a cenar fuera, pero preferimos estar con ellos todo lo posible. Si no trabajáramos los dos, estaríamos aún más». Juantxu, de 31 años, y Cris, de 32, se casaron hace tres. Él trabaja en una empresa de reformas y ella regenta una hamburguesería en Llodio.
Cuestión de horarios
Hace unos meses, un niño de tres años esperaba en la puerta a que abrieran su guardería con un cartel escrito por su padre: 'Tengo que irme porque pierdo el puente aéreo'. Los hábitos laborales están cambiando, pero aún no lo suficiente. La socióloga María Gutiérrez-Domènech destaca que los padres que salen de trabajar después de las seis de la tarde ven menos a sus hijos.
Inés Alberdi reclama que termine de una vez por todas la práctica de considerar que el mejor empleado de una empresa es el que sistemáticamente prolonga su horario. «Fuera de aquí, eso no se valora en absoluto», insiste. Unos horarios más racionales y un mejor aprovechamiento de la jornada (en España es muy larga, pese a lo cual la productividad es baja) permitiría una mayor implicación de los varones en la atención de sus hijos.
ecd
>>http://obrasocial.lacaixa.es/estudiossociales/coleccion_es.html
· «Los hijos te hacen renunciar al 95% de lo que hacías antes»
· Cuestión de horarios
CÉSAR COCA 18/JUN/07 BILBAO
Los padres y madres que trabajan dedican prácticamente el mismo tiempo a la atención de sus hijos que los que no tienen ocupación fuera de casa. Ello se debe en parte a que los varones con hijos pequeños están asumiendo de forma creciente su nuevo rol y realizan tareas que sus padres nunca hicieron. Dos informes difundidos en los últimos días ('Los hombres jóvenes y la paternidad', de Inés Alberdi y Pilar Escario. Fundación BBVA; y 'El tiempo con los hijos y la actividad laboral de los padres', de María Gutiérrez-Domènech. Servicio de Estudios de La Caixa) echan por tierra el tópico de que los niños cuyos padres trabajan ambos fuera de casa están menos o peor atendidos que quienes tienen al menos a uno de sus progenitores en el hogar. Los datos demuestran que a mayor nivel educativo de los padres, trabajen o no, más tiempo de atención -y de mejor calidad- de los hijos. Las cosas están cambiando en el interior de las familias y algunos cambios son para bien.
El estudio de Gutiérrez-Domènech cuantifica el tiempo que padres y madres dedican a sus hijos, considerando tres categorías diferentes: tiempo secundario, aquel que es el simple acompañamiento de los niños (cuando éstos juegan junto a un padre o una madre que hace otra cosa, como cocinar o trabajar en el ordenador); tiempo primario básico (el dedicado a satisfacer las necesidades elementales de los pequeños, como bañarlos o darles la comida) y primario de calidad (ayudar en los deberes, ver juntos la televisión para explicar algunas cosas, ir a un museo, charlar, etc.).
Más del doble de minutos
La primera conclusión es que las mujeres (con 72 minutos diarios) dedican más del doble de tiempo que los varones (31 minutos) a estar con sus hijos, trabajen o no. Pero a partir de ahí, se comprueba que las diferencias entre quienes trabajan fuera del hogar y quienes no lo hacen son relativamente pequeñas: algo más de 10 minutos diarios en el caso de las madres y de un minuto en el de los padres. Toda esa diferencia, además, se da en el tiempo primario básico, para el que los padres con tarea fuera de casa buscan una ayuda profesional o recurren a familiares. Por otra parte, los padres y madres que están poco en el hogar de lunes a viernes tienden a compensar esa ausencia con una dedicación intensiva a sus hijos los fines de semana.
El elemento claramente diferenciador no es el trabajo fuera del hogar, sino el nivel cultural. A mayor formación, más tiempo -sobre todo primario de calidad- dedicado a los hijos. La razón es que esos padres son conscientes del papel de la educación y de la trascendencia de los valores transmitidos a sus niños. Estos, a su vez, estarán más preocupados en el futuro por la educación de los suyos.
El trabajo de Inés Alberdi y Pilar Escario, que mantuvieron largas entrevistas con un total de 44 parejas de diferente condición, aporta otra explicación: la menor dedicación de las mujeres a sus hijos, por razones laborales, se ve compensada por un aumento de la atención de los varones, que empiezan a asumir su nuevo rol social. Un estudio detenido del funcionamiento de una familia hace medio siglo revela que hay mucho de mito en cuanto a la atención directa de sus padres que recibían los niños. Uno de los varones entrevistados por Alberdi y Escario lo explica con toda claridad: «La diferencia es estar más rato con ellos. Yo cuando llego de trabajar me los llevo al parque. Y entre semana, mi padre llegaba y se iba a jugar la partida. Mi padre entre semana casi ni me veía».
Mayor conciencia
Pero es que, además, existe una conciencia mucho más clara de que es necesario estar con los hijos, aunque quizá no sea en el mismo horario que antes. Alberdi y Escario explican que uno de los argumentos más utilizados por las parejas que han decidido no tener hijos es que no podrían dedicarles un tiempo suficiente. Eso nunca habría sido un argumento hace bien poco.
Otras cifras echan por tierra algunos prejuicios: pese a la mayor presencia de la mujer en el mundo laboral, dos de cada tres madres con hijos menores de 17 años están en casa cuando éstos vuelven del colegio, frente a sólo tres de cada diez padres. Ello revela que, pese al cambio de roles en marcha, el cuidado de los niños aún recae de forma primordial sobre las mujeres. Inés Alberdi cree que ese proceso de cambio se acelerará cuando se acepte socialmente con toda normalidad que un hombre pida un permiso de paternidad. «Eso es así -continúa la catedrática de Sociología- pese a que luego, cuando termina el permiso, el varón tiene siempre más fácil una incorporación 'normal' a su carrera profesional, que sigue su progresión sin alteraciones, mientras que a la mujer le cuesta mucho volver a recuperar su nivel anterior de responsabilidad».
«Los hijos te hacen renunciar al 95% de lo que hacías antes»
Con el trabajo, la casa y los chicos, el día a día de Juantxu y Cristina es una «carrera constante»
SERGIO EGUÍA/LLODIO La rutina de Juantxu Contreras y Cristina Camacho se parece más a un plan de vuelo que a un horario normal. Compaginar sus trabajos con las tareas del hogar y cuidar de Sashel, de 8 años, y de Ibai, de nueve meses, «hace que cosas tan normales como tomar un café con los amigos, ir a comprar ropa o al gimnasio resulten prácticamente imposibles», comenta Cristina.
Juantxu asiente. «Cuando te dice uno de la cuadrilla que quiere tener un hijo, pienso: 'No sabe lo que dice'. Por supuesto que merece la pena, pero vas a tener que renunciar al 95% de las cosas que hacías antes. La ecuación es sencilla: si tienes que darle el biberón y bañar al pequeño, mientras ayudas a la mayor con los deberes y cuelgas la ropa, no puedes estar en el monte paseando», explica.
Esta pareja laudioarra se complementa a la perfección, «aunque tiene lo suyo compaginar horarios», reconocen. Sus turnos son sencillos, los marcan sus respectivas jornadas laborales. Cristina se ocupa de todo por las mañanas y Juantxu por las tardes. «Después de comer recojo a Sashel en el colegio, dejo a Ibai en casa de la amama y para las cinco entro a trabajar en el bar. A las seis y media, cuando llega Juantxu lo recoge».
«Lo que falte por hacer»
Es el momento de sustituir el mono por el delantal. «Las tareas que me tocan están claras: lo que falte por hacer. Por la mañana Cris ha hecho la compra, la cocina, los cuartos y puesto la lavadora. Pues a mí me toca colgar la ropa o planchar, darle el biberón a Ibai y bañarlo, hacer los deberes con Sashel, preparar la cena y acostarlos».
Las chapucillas pendientes quedan para el fin de semana, como las 'brigadas de limpieza'. Indistintamente, uno sale de paseo con los niños y el otro se pelea con la aspiradora. Es la única tarea que deja espacio a la improvisación, el resto del itinerario está perfectamente delimitado. Si se despierta Ibai por la noche se encarga Cris; a cambio, Juantxu es el primero en levantarse, preparar el desayuno y vestir a Sashel para que el abuelo la lleve a la ikastola. «Sin su ayuda tendríamos que recurrir a una guardería. Podríamos dejarlos más con lo abuelos, ya que en los últimos doce meses hemos salido sólo dos veces a cenar fuera, pero preferimos estar con ellos todo lo posible. Si no trabajáramos los dos, estaríamos aún más». Juantxu, de 31 años, y Cris, de 32, se casaron hace tres. Él trabaja en una empresa de reformas y ella regenta una hamburguesería en Llodio.
Cuestión de horarios
Hace unos meses, un niño de tres años esperaba en la puerta a que abrieran su guardería con un cartel escrito por su padre: 'Tengo que irme porque pierdo el puente aéreo'. Los hábitos laborales están cambiando, pero aún no lo suficiente. La socióloga María Gutiérrez-Domènech destaca que los padres que salen de trabajar después de las seis de la tarde ven menos a sus hijos.
Inés Alberdi reclama que termine de una vez por todas la práctica de considerar que el mejor empleado de una empresa es el que sistemáticamente prolonga su horario. «Fuera de aquí, eso no se valora en absoluto», insiste. Unos horarios más racionales y un mejor aprovechamiento de la jornada (en España es muy larga, pese a lo cual la productividad es baja) permitiría una mayor implicación de los varones en la atención de sus hijos.
ecd
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