El Proyecto “Alternativa de vida para niños, niñas y adolescentes en situación de calle”, tenía previsto que en la fase inicial, se quedarían unos 15 de los 175 menores trasladados a los cinco hogares, involucrados en este desafío
Pero a nueve días de la “batida”, 48 continúan la batalla contra la adicción, motivados por el hallazgo de lo que siempre les faltó, el afecto, la paciencia y el cuidado de gente que se preocupa realmente por ellos
Darynka Sánchez A. 23/JUN/07 BOLIVIA
La noticia de que 175 niños, niñas y adolescentes, adictos al consumo de la clefa, habían sido trasladados a cinco hogares, para iniciar un proceso de rehabilitación, fue tomada con cierto escepticismo en la sociedad, no sólo porque los menores fueron llevados contra su voluntad, sino, también, porque para la gran mayoría, “los polillas son verdaderos casos perdidos”.
Más de uno pensó que, encerrarlos en hogares, iba a ser solamente una cárcel que aliviaría a la ciudadanía, por lo menos por un tiempo, de la presencia “indeseable” de estos menores que robaban y atacaban en las calles, para garantizar su propia sobrevivencia.
Sin embargo, la realidad es otra. A diferencia de decenas de batidas, planes y actividades que sólo significaron una pérdida de recursos y meros shows organizados para que algunos políticos puedan figurar, el Proyecto de , creado por la Fundación “Esperanza y Futuro” y el Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), constituye, por fin, una alternativa seria, profesional y sostenible, para batallar contra el peligro de generaciones dominadas por la adicción y extraviadas en la calle.
Una batida diferente
El 15 de junio de este año, 175 menores de entre 6 y 18 años, fueron conducidos a cinco hogares. La tarea no fue nada fácil. Las adolescentes que ya son madres, se sentaban en el piso, negándose a subir a los vehículos del Proyecto, argumentando que tenían su pareja y nadie iba a separarles. Exigían que la televisión se hiciera presente. Otros, advertían que “igualito” se iban a escapar, pues ya tenían viejas experiencias y recuerdos dolorosos de las batidas anteriores, en las que eran llevados al patio de algunas unidades policiales, donde eran requisados, maltratados y despojados de sus cosas, para luego remitirlos a centros donde los utilizaban para pedir dinero en las calles.
Esta vez, los 175 niños, niñas y adolescentes, fueron llevados al patio del Sedeges, ubicado en la calle Antezana, entre Colombia y Ecuador. Allí se sorprendieron porque en lugar del maltrato físico y el despojo, fueron recibidos por psicólogos, médicos y gente “amable”, que los alimentó y les habló de que existe una alternativa de cambio para ellos.
Con botes de clefa bajo la axila, (para que el inhalante no se seque), los menores recibieron con desconfianza la comida y la ropa de abrigo que les regalaron. Los bebés de meses ni siquiera lloraban, pues sus padres los drogaban para que no sintieran hambre ni frío. Las madres adictas los prestaban para que les cambiaran la ropa, pero luego los arrebataban de las manos de las funcionarias del Sedeges, con temor de que se los quiten.
La sorpresa
Nadie confiaba en que al llegar a los hogares, estas personas quieran quedarse y comenzar la guerra contra la adicción. Los mismos educadores, monitores y directores del Proyecto, habían previsto que sólo un porcentaje mínimo, unas 15 personas, se quedaría al principio y que tendrían que dejar partir a la mayoría, pues de acuerdo a ley y por respeto a sus derechos, no pueden ni intentan encerrarlos contra su voluntad.
Sorprendentemente, 48 permanecen aún en los hogares y están motivados para seguir adelante. De 75 varones internados en el hogar de la Iglesia Evangélica Pentecostal, “Reto Juvenil Varones” de la carretera a Sacaba, se habían ido 65, pero a los dos días volvieron 7, por su propia voluntad. Ahora existen 17 menores dispuestos a luchar contra su adicción.
En el hogar de la Fundación Esperanza y Futuro, ubicado en Uspha Uspha y denominando, “Reto Juvenil Mujeres y Niños”, de 10 personas internadas el 15 de junio, todavía permanecen 8. En el hogar “Libertad” de la misma Fundación, situado en Ivirgarzama Chapare, de 10 niños, niñas y adolescentes, han quedado 8.
En el hogar “Reencuentro” del Sedeges, los 10 menores trasladados, continúan allí. Por último, en el hogar cristiano “Remar”, ubicado en la zona de Quintanilla, quedan 5 de los 16 menores llevados hace nueve días.
No es nada fácil
El Proyecto apenas empezó la fase de “recuperación” de los niños, niñas y adolescentes. Y esta etapa significa que no sólo se trabaja con los menores que quisieron quedarse en los hogares, sino también con los que volvieron a las calles.
Cinco días a la semana, el equipo del Proyecto busca a los menores en las casuchas que tienen bajo el puente Antezana y otras zonas, en primera instancia para ganarse su confianza y mostrarles que existe otra alternativa de vida para ellos. En todas las visitas, está prevista la alimentación y el hablarles de sueños y esperanzas para sus vidas. Este último viernes, debajo del puente Antezana, el recibimiento al equipo fue distinto a otras veces.
“Hola hermano, ¿cómo estás?”, “Gracias por la comida, está muy rica”, eran las frases que repetían los habitantes del río Rocha. La agresividad va quedando atrás y hasta se animan a hablar de sus perros, a quienes son capaces de ceder su propia cama, precisamente porque son los únicos amigos que tienen y en retribución por la protección que les dan. Antes, se inventaban nombres como una forma de protección, ahora ya se animan a decir cómo se llaman en verdad. Para el equipo que lleva adelante el Proyecto, estos son pasos gigantes, pues todo proceso de cambio empieza con un elemento esencial, la confianza.
Un punto vital que agradó a los menores en situación de adicción y calle, es que los 18 educadores y 4 monitores del Proyecto, son personas rehabilitadas que vencieron a las drogas y por eso mismo, no los presionan, los entienden y los orientan para salir a flote, sin paternalismos inútiles, basados en el fortalecimiento de su autoestima y un apoyo integral.
Ansiedad
El mismo 15 de junio, una quincena de los 175, retornó a las calles. Otros abandonaron los hogares en forma paulatina, acosados por su necesidad de inhalar clefa. Cualquier estímulo foráneo, un auto, una persona pasando por la acera, los hacía recordar la facilidad de volver a las vías, entraban en crisis de ansiedad y pedían que les abran las puertas.
Las expresiones de ira, agresividad e incluso la violencia, no estuvieron ausentes estos nueve días, pero la respuesta de los educadores, monitores y profesionales que los atienden, fue opuesta a la que habían siempre habían recibido.
El monitor Miguel Muñoz, relata que estos nueve días han sido muy duros para los que decidieron quedarse, pues ante la falta de clefa, sufrieron ataques de ansiedad que fueron suplidos con la comida. “Todo el tiempo piden comida y vamos canalizando esa ansiedad, algunos no lo soportan y piensan en volver a la calle pero los apoyamos adecuadamente, sin presión, pues son ellos los que deben tomar la decisión de un cambio en sus vidas”, afirma. opinion.com.bo/PortalNota.html?CodNot=142383&CodSec=6
Muchos chicos quieren cambiar, pero se salen del programa por su dependencia a la clefa
Visitan los puentes: buscan escatar a unos 300 adictos
www.lostiempos.com
Un representante del Sedeges (der.) entrevista a chicos bajo el puente Antezana. | Noe Portugal
Katiuska Vásquez 23 de junio de 2007 Cochabamba - Bolivia Félix tiene 20 años, de los que siete lleva viviendo en la calle, y hace ocho días se convirtió en padre por primera vez. Ayer, estaba debajo del puente Antezana, donde vive una colonia de niños, adolescentes y adultos adictos a la clefa o pegamento, cuando llegó la gente del Servicio departamental de Gestión Social (Sedeges) invitando a los jóvenes a asistir a los centros de acogida.
La invitación fue parte de la campaña para rescatar a 300 niños y adolescentes que viven en la calle, bajo los puentes, a quienes se les abre el plan Alternativa de Vida, contó el director del proyecto dependiente del Sedeges, Juan Carlos Chávez.
Un plato con ají de fideo y un locoto verde ayudó a romper el hielo de los adolescentes, que se mostraban desconcertados, pero luego comenzaron a enumerar la lista de excusas que les impedían internarse en un centro de rehabilitación.
La clefa ocupó el primer lugar de obstáculos. Félix cuenta que durante su vida en la calle fue a dar a un albergue dos veces. En ambas oportunidades, se escapó por su adicción. También relata que cuando comenzó el consumo, su abuela lo amarraba con cadenas para que ya no salga a enviciarse, pero siempre lograba zafarse para ir en busca de la droga.
Félix es el mayor de seis hermanos y entró en contacto con la clefa cuando su familia lo enviaba a lavar autos cerca de la Universidad Mayor de San Simón. Ahí conoció a otro adolescente que le invitó a probar la clefa y desde entonces la consume dos veces por día.
El nacimiento de su hija le ha despertado el deseo de cambiar de vida y ahora hace maletas para irse al hogar Micaela, un espacio para las parejas que buscan dejar la calle. Él espera tener la misma suerte que otras parejas, pero aún no decide el día en que se marchará y comenzará su batalla contra la adicción.
EL PLAN
El proyecto Alternativa de Vida consta de cuatro fases y tiene el apoyo de la Prefectura, a través de Sedeges, y de la red de instituciones Reto Juvenil, Reencuentro y Libertad, este último de Ivirgarzama.
La primera fase consiste en motivar a los jóvenes para que vayan a uno de los hogares y aplicar el plan de trabajo en coordinación con la Universidad de Aquino Bolivia (Udabol). En esta fase, el Sedeges realiza un seguimiento de los adolescentes que se incorporan a los hogares voluntariamente.
El plan comenzó a ejecutarse la pasada semana con el rescate de 300 niños y adolescentes que fueron registrados y enviados a varias instituciones.
La segunda parte está orientada a brindar terapia a los adolescentes que se sumen al plan. La tercera a promover la reinserción familiar y capacitarlos en un oficio técnico.
La cuarta está abocada a insertar a los adolescentes en el mercado laboral para que tengan una fuente de ingresos. www.lostiempos.com
Pero a nueve días de la “batida”, 48 continúan la batalla contra la adicción, motivados por el hallazgo de lo que siempre les faltó, el afecto, la paciencia y el cuidado de gente que se preocupa realmente por ellos
Darynka Sánchez A. 23/JUN/07 BOLIVIA
La noticia de que 175 niños, niñas y adolescentes, adictos al consumo de la clefa, habían sido trasladados a cinco hogares, para iniciar un proceso de rehabilitación, fue tomada con cierto escepticismo en la sociedad, no sólo porque los menores fueron llevados contra su voluntad, sino, también, porque para la gran mayoría, “los polillas son verdaderos casos perdidos”.
Más de uno pensó que, encerrarlos en hogares, iba a ser solamente una cárcel que aliviaría a la ciudadanía, por lo menos por un tiempo, de la presencia “indeseable” de estos menores que robaban y atacaban en las calles, para garantizar su propia sobrevivencia.
Sin embargo, la realidad es otra. A diferencia de decenas de batidas, planes y actividades que sólo significaron una pérdida de recursos y meros shows organizados para que algunos políticos puedan figurar, el Proyecto de , creado por la Fundación “Esperanza y Futuro” y el Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), constituye, por fin, una alternativa seria, profesional y sostenible, para batallar contra el peligro de generaciones dominadas por la adicción y extraviadas en la calle.
Una batida diferente
El 15 de junio de este año, 175 menores de entre 6 y 18 años, fueron conducidos a cinco hogares. La tarea no fue nada fácil. Las adolescentes que ya son madres, se sentaban en el piso, negándose a subir a los vehículos del Proyecto, argumentando que tenían su pareja y nadie iba a separarles. Exigían que la televisión se hiciera presente. Otros, advertían que “igualito” se iban a escapar, pues ya tenían viejas experiencias y recuerdos dolorosos de las batidas anteriores, en las que eran llevados al patio de algunas unidades policiales, donde eran requisados, maltratados y despojados de sus cosas, para luego remitirlos a centros donde los utilizaban para pedir dinero en las calles.
Esta vez, los 175 niños, niñas y adolescentes, fueron llevados al patio del Sedeges, ubicado en la calle Antezana, entre Colombia y Ecuador. Allí se sorprendieron porque en lugar del maltrato físico y el despojo, fueron recibidos por psicólogos, médicos y gente “amable”, que los alimentó y les habló de que existe una alternativa de cambio para ellos.
Con botes de clefa bajo la axila, (para que el inhalante no se seque), los menores recibieron con desconfianza la comida y la ropa de abrigo que les regalaron. Los bebés de meses ni siquiera lloraban, pues sus padres los drogaban para que no sintieran hambre ni frío. Las madres adictas los prestaban para que les cambiaran la ropa, pero luego los arrebataban de las manos de las funcionarias del Sedeges, con temor de que se los quiten.
La sorpresa
Nadie confiaba en que al llegar a los hogares, estas personas quieran quedarse y comenzar la guerra contra la adicción. Los mismos educadores, monitores y directores del Proyecto, habían previsto que sólo un porcentaje mínimo, unas 15 personas, se quedaría al principio y que tendrían que dejar partir a la mayoría, pues de acuerdo a ley y por respeto a sus derechos, no pueden ni intentan encerrarlos contra su voluntad.
Sorprendentemente, 48 permanecen aún en los hogares y están motivados para seguir adelante. De 75 varones internados en el hogar de la Iglesia Evangélica Pentecostal, “Reto Juvenil Varones” de la carretera a Sacaba, se habían ido 65, pero a los dos días volvieron 7, por su propia voluntad. Ahora existen 17 menores dispuestos a luchar contra su adicción.
En el hogar de la Fundación Esperanza y Futuro, ubicado en Uspha Uspha y denominando, “Reto Juvenil Mujeres y Niños”, de 10 personas internadas el 15 de junio, todavía permanecen 8. En el hogar “Libertad” de la misma Fundación, situado en Ivirgarzama Chapare, de 10 niños, niñas y adolescentes, han quedado 8.
En el hogar “Reencuentro” del Sedeges, los 10 menores trasladados, continúan allí. Por último, en el hogar cristiano “Remar”, ubicado en la zona de Quintanilla, quedan 5 de los 16 menores llevados hace nueve días.
No es nada fácil
El Proyecto apenas empezó la fase de “recuperación” de los niños, niñas y adolescentes. Y esta etapa significa que no sólo se trabaja con los menores que quisieron quedarse en los hogares, sino también con los que volvieron a las calles.
Cinco días a la semana, el equipo del Proyecto busca a los menores en las casuchas que tienen bajo el puente Antezana y otras zonas, en primera instancia para ganarse su confianza y mostrarles que existe otra alternativa de vida para ellos. En todas las visitas, está prevista la alimentación y el hablarles de sueños y esperanzas para sus vidas. Este último viernes, debajo del puente Antezana, el recibimiento al equipo fue distinto a otras veces.
“Hola hermano, ¿cómo estás?”, “Gracias por la comida, está muy rica”, eran las frases que repetían los habitantes del río Rocha. La agresividad va quedando atrás y hasta se animan a hablar de sus perros, a quienes son capaces de ceder su propia cama, precisamente porque son los únicos amigos que tienen y en retribución por la protección que les dan. Antes, se inventaban nombres como una forma de protección, ahora ya se animan a decir cómo se llaman en verdad. Para el equipo que lleva adelante el Proyecto, estos son pasos gigantes, pues todo proceso de cambio empieza con un elemento esencial, la confianza.
Un punto vital que agradó a los menores en situación de adicción y calle, es que los 18 educadores y 4 monitores del Proyecto, son personas rehabilitadas que vencieron a las drogas y por eso mismo, no los presionan, los entienden y los orientan para salir a flote, sin paternalismos inútiles, basados en el fortalecimiento de su autoestima y un apoyo integral.
Ansiedad
El mismo 15 de junio, una quincena de los 175, retornó a las calles. Otros abandonaron los hogares en forma paulatina, acosados por su necesidad de inhalar clefa. Cualquier estímulo foráneo, un auto, una persona pasando por la acera, los hacía recordar la facilidad de volver a las vías, entraban en crisis de ansiedad y pedían que les abran las puertas.
Las expresiones de ira, agresividad e incluso la violencia, no estuvieron ausentes estos nueve días, pero la respuesta de los educadores, monitores y profesionales que los atienden, fue opuesta a la que habían siempre habían recibido.
El monitor Miguel Muñoz, relata que estos nueve días han sido muy duros para los que decidieron quedarse, pues ante la falta de clefa, sufrieron ataques de ansiedad que fueron suplidos con la comida. “Todo el tiempo piden comida y vamos canalizando esa ansiedad, algunos no lo soportan y piensan en volver a la calle pero los apoyamos adecuadamente, sin presión, pues son ellos los que deben tomar la decisión de un cambio en sus vidas”, afirma. opinion.com.bo/PortalNota.html?CodNot=142383&CodSec=6
Muchos chicos quieren cambiar, pero se salen del programa por su dependencia a la clefa
Visitan los puentes: buscan escatar a unos 300 adictos
www.lostiempos.com
Un representante del Sedeges (der.) entrevista a chicos bajo el puente Antezana. | Noe Portugal
Katiuska Vásquez 23 de junio de 2007 Cochabamba - Bolivia Félix tiene 20 años, de los que siete lleva viviendo en la calle, y hace ocho días se convirtió en padre por primera vez. Ayer, estaba debajo del puente Antezana, donde vive una colonia de niños, adolescentes y adultos adictos a la clefa o pegamento, cuando llegó la gente del Servicio departamental de Gestión Social (Sedeges) invitando a los jóvenes a asistir a los centros de acogida.
La invitación fue parte de la campaña para rescatar a 300 niños y adolescentes que viven en la calle, bajo los puentes, a quienes se les abre el plan Alternativa de Vida, contó el director del proyecto dependiente del Sedeges, Juan Carlos Chávez.
Un plato con ají de fideo y un locoto verde ayudó a romper el hielo de los adolescentes, que se mostraban desconcertados, pero luego comenzaron a enumerar la lista de excusas que les impedían internarse en un centro de rehabilitación.
La clefa ocupó el primer lugar de obstáculos. Félix cuenta que durante su vida en la calle fue a dar a un albergue dos veces. En ambas oportunidades, se escapó por su adicción. También relata que cuando comenzó el consumo, su abuela lo amarraba con cadenas para que ya no salga a enviciarse, pero siempre lograba zafarse para ir en busca de la droga.
Félix es el mayor de seis hermanos y entró en contacto con la clefa cuando su familia lo enviaba a lavar autos cerca de la Universidad Mayor de San Simón. Ahí conoció a otro adolescente que le invitó a probar la clefa y desde entonces la consume dos veces por día.
El nacimiento de su hija le ha despertado el deseo de cambiar de vida y ahora hace maletas para irse al hogar Micaela, un espacio para las parejas que buscan dejar la calle. Él espera tener la misma suerte que otras parejas, pero aún no decide el día en que se marchará y comenzará su batalla contra la adicción.
EL PLAN
El proyecto Alternativa de Vida consta de cuatro fases y tiene el apoyo de la Prefectura, a través de Sedeges, y de la red de instituciones Reto Juvenil, Reencuentro y Libertad, este último de Ivirgarzama.
La primera fase consiste en motivar a los jóvenes para que vayan a uno de los hogares y aplicar el plan de trabajo en coordinación con la Universidad de Aquino Bolivia (Udabol). En esta fase, el Sedeges realiza un seguimiento de los adolescentes que se incorporan a los hogares voluntariamente.
El plan comenzó a ejecutarse la pasada semana con el rescate de 300 niños y adolescentes que fueron registrados y enviados a varias instituciones.
La segunda parte está orientada a brindar terapia a los adolescentes que se sumen al plan. La tercera a promover la reinserción familiar y capacitarlos en un oficio técnico.
La cuarta está abocada a insertar a los adolescentes en el mercado laboral para que tengan una fuente de ingresos. www.lostiempos.com






