ESTUDIO DE LA UBA En 21 provincias sobre agresión escolar
Alertan que el Nordeste tiene las secundarias más violentas del país· El 17% de los casi 5.000 estudiantes secundarios consultados dijo haber iniciado una pelea en el último año para hostigar a otro compañero
BUENOS AIRES, AR 29/07/2007 Cecilia Draghi
Ignorar al compañero, ridiculizarlo o insultarlo son situaciones que hicieron sentir a otro o que vivieron en carne propia más de la mitad de 4971 alumnos del secundario de escuelas públicas de 21 provincias argentinas. Entre ellas las del Nordeste aparecen con los peores índices. Los colegios del conurbano bonaerense son las que menos porcentaje presentaron.
Pero la violencia empeora en el 17 por ciento de los casos. Esa cantidad de adolescentes consultados dijeron haber enfrentado riñas a golpes, ya sea como autores o víctimas. El estudio lo realizaron investigadores del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“Los mayores niveles de violencia se presentan en el Nordeste argentino, los menores se producen en el conurbano bonaerense, mientras que en la ciudad de Buenos Aires ronda el promedio general del país”. Así destacan los sociólogos Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko, autores del trabajo. También puntualizan que la pelea de golpes de puño sigue siendo una modalidad muy presente en lo que hace a la resolución de conflictos entre los adolescentes y que además esa costumbre ha crecido entre las mujeres.
El fenómeno de la violencia en la escuela dejó de ser un suceso que se veía por televisión en otros países. Pero sin llegar al extremo del ataque de un chico contra sus compañeros con un arma ocurrido en Carmen de Patagones en 2004, la violencia parece asistir a clase. Por eso, el equipo de la UBA realizó una encuesta a adolescentes de entre 15 y 19 años en ciudades del país con más de 50.000 habitantes.
Los ataques revelan distintos niveles de agresión. Algunos maltratos son sutiles, como impedirles a otros que participen de un grupo o cargarlos. De este hostigamiento fue víctima y protagonista el 52% de los chicos consultados, y un 16,6% dijo haber cometido un acto de violencia en el último año como irse a las piñas o amenazar u obligar a otro a hacer algo indeseado. Un 16,9% expresó haber sido víctima de ese maltrato.
“No son grupos excluyentes. Por momentos, algunos son víctimas, pero los mismos son agresores en otros momentos. Es un escenario generalizado de vínculos violentos”, define Adaszko. Sin hallarse en una u otra posición, tres de cada cuatro jóvenes admitió haber sido testigo de actos hostiles y un tercio, de hechos de violencia.
Datos preocupantes
¿Estos resultados colocan al país en niveles inquietantes? “Son preocupantes, pero esto no pasa sólo en la Argentina”, indica Kornblit, que también es psicóloga, médica, antropóloga e investigadora del Conicet.
“Este fenómeno tiene que ver con la identidad adolescente. Los cambios de la sociedad en su conjunto, en cuanto a la inserción laboral de los jóvenes, llevan a desarrollar en las culturas juveniles una postura crítica a la sociedad de los adultos, pero sin alternativas. La escuela no acompaña este proceso, porque sigue manteniendo patrones del modelo de socialización de 50 años atrás. Esto motiva estas manifestaciones de violencia en la escuela, aunque no sólo allí”, explicó.
Los adolescentes consultados, que dijeron tener un proyecto de vida futuro, estaban más alejados de los modos violentos en la escuela. Los varones y los que confesaron que no les gusta la escuela son los que protagonizaron más hechos violentos, sin observarse diferencias entre los niveles socioeconómicos.
Aunque sí influyó si el hogar es conflictivo, con peleas o discusiones fuertes, así como un bajo nivel de autoestima. En este caso, son más propensos tanto a agredir como a ser víctimas de la violencia, papel en el que no suelen defenderse, lo que alimenta aún más su desvalorización.
En tanto, cuando participan como agresores “lo hacen como un modo de mostrarse ante sus pares y de ocultar sus miedos e inseguridades en un contexto en que el uso de la fuerza física es altamente valorado”, señala el estudio.
Algo natural
La violencia es vista como algo natural. Un alto porcentaje de los encuestados adhirió a frases como “las peleas que se producen entre los jóvenes los fines de semana son inevitables”.
A pesar de que estos chicos nacieron en los años 90, los estereotipos expresados mostraron componentes tradicionales. El 75% de la muestra coincidió con frases como “las mujeres que sufren violencia de sus maridos o parejas algo habrán hecho o se lo habrán buscado” o “el hombre que parece más agresivo es más atractivo”.
También expresaron xenofobia, en especial contra los gitanos, los judíos y los orientales. “Los adolescentes históricamente han tenido el rol de modificar prejuicios, pero en este caso reproducen estereotipos retrógrados y conservadores”, subraya Adaszko.
Pero no todo fue malestar o agresividad en los adolescentes que participaron. “Los climas sociales escolares favorables, donde se propicia el diálogo, se valora el esfuerzo del alumno, su integración y participación y se minimizan las prácticas autoritarias, disminuyeron considerablemente la frecuencia de las situaciones violentas”, concluyen los autores.
Hostigamiento global
El avance de la tecnología y su uso masivo a lo largo y ancho del mundo no sólo generó una celeridad en las comunicaciones entre culturas y ámbitos diferentes, sino que desplegó además un sinfín de prácticas nuevas, utilizadas con diversos propósitos por quienes hicieron de la novedad una adicción. Como todo cambio, sus consecuencias se repartieron entre buenas y malas. Las primeras quedan a la vista de todos, las segundas no son más que resultado del uso desenfrenado de los progresos de la técnica. Correos electrónicos, Messenger, blogs, páginas webs, mensajes de textos: todos son parte de una generación distinta, “moderna”, fría y, a veces, peligrosa.
Varios también fueron los fenómenos que de estas prácticas surgieron. Y la atracción no sólo creció en medio de la franja adulta, sino que, cada vez con mayor frecuencia, se ensancha más y más en el circuito del niño y el adolescente. La falta de control en el manejo y la posibilidad de tener todas las opciones que ofrece el sistema al alcance del teclado y el mouse generó conflictos innovadores que ya fueron incorporados en importantes estudios psiquiátricos y sociológicos. La preocupación del momento, no sólo en Corrientes, sino en el mundo entero, radica ahora en los acosos de todo tipo que se realizan a través de estas modalidades. El celular y la Internet son las nuevas armas para atacar a los enemigos, para perseguir a los débiles y calumniar a los fuertes.
Más conocido como “cyber bullying” o acoso virtual, se convirtió en la mejor manera de atacar sin develar la identidad del provocador. De esta forma se inició una manera distinta de instrumentar la violencia, sobre todo en jóvenes y adolescentes que ya no escriben insultos en las puertas de los baños públicos, sino que envían mails o mensajes de texto a miles de destinatarios de una sola vez con el único objetivo de desprestigiar cuanto más sea posible a su rival. Desde peleas callejeras que finalizaron en salas de emergencias hasta internaciones en hospitales psiquiátricos fueron sólo algunos de los resultados de su uso exagerado y descontrolado. La autoridad y el contralor de los padres quedó aplastada por una libertad de acción sin precedente en la historia. Las víctimas y los victimarios, en la mayoría de los casos, llegan a extremos desenfrenados que pocas veces son alertados en los adultos a tiempo.
“La crueldad infantil existió siempre sólo que ahora se recrudece más por la ingenuidad misma de los chicos que no miden las consecuencias”, opinó al respecto Vicente Molina, médico especialista en psiquiatría, al recordar que se trata casi del mismo fenómeno de antes “con la gran diferencia de que ahora utilizan la tecnología”. Así, todo empieza como un simple juego en el que se retocan fotografías de compañeros o conocidos, se escriben insultos con lenguajes cada vez más agresivos, se emiten números de teléfonos de las víctimas para que los cientos de destinatarios se sumen a la ola de ataques. La situación termina transformándose en una bola de nieve que cada vez cobra más dimensión y mayor belicosidad.
“Generalmente tiene como precursores a chicos que son expertos en el manejo de Internet y que permanecen conectados largas horas al día”, agregó el especialista al advertir que son muchísimos los casos que se atienden a diario por adicción al uso de la red mundial. “Empieza como un chiste, pero no miden las consecuencias y lo peor de todo es que la mayoría de las víctimas no sabe cómo controlar la situación, tampoco quieren contar a sus padres acerca del infierno que viven por vergüenza y las consecuencias finales pueden ser muchas y graves”, detalló Molina y nombró entre ellas a la disminución del rendimiento escolar, la depresión, decaimiento, el cambio de conducta, aislamiento, sin mencionar las decisiones fatales que podrían tomar en medio de la desesperación y soledad.
El rol de los padres es fundamental para enfrentar esta modalidad que cada día cobra más víctimas, fuerza y violencia. Controlar el uso de la computadora y de los celulares es una premisa fundamental, como así también el de vigilar los estados de ánimo de los chicos y las personas con las que se relaciona. “Ahora los padres le tienen miedo a los chicos, no quieren quedar mal delante de ellos y por eso los dejan actuar a su gusto y antojo. Hace falta mano dura, es difícil, pero representa la mejor opción para prevenir estos problemas”, finalizó el médico que asegura atender, cada vez con mayor frecuencia, casos en los que mayores no saben cómo controlar a los menores o situaciones en las que los chicos y grandes reciben constantes amenazas o agresiones vía Internet o los populares mensajes de texto.
Violencia on line
Agresiones tecnológicas sistemáticas
La violencia cambia de acuerdo con las características de la época y de las nuevas culturas. Hoy, los jóvenes y adolescentes están aprendiendo a utilizar las nuevas tecnologías, lo que generó también nuevos métodos para convertir la vida de algunos niños en un verdadero martirio.
El ciberacoso escolar se considera una de las formas más comunes de violencia juvenil. Un claro ejemplo que alerta acerca de la peligrosidad de las nuevas formas de agresión es la historia de un joven canadiense, con algo de sobrepeso, que se convirtió involuntariamente en la estrella de un video que aún circula por Internet.
Este chico se llama Ghyslain y tenía 15 años en noviembre de 2002, cuando se le ocurrió grabarse con una cámara de video prestada por un amigo, en un aula de su colegio, empuñando un remo y realizando una “danza del guerrero”, imitando a uno de los personajes de la Guerra de las Galaxias. En abril de 2003 sus amigos descubrieron las imágenes y las subieron a Internet.
La difusión de Star Wars Kid, como fue bautizado el joven, fue extraordinaria y miles de sitios la incluyeron en sus archivos. Hay incluso una versión con efectos especiales de primer nivel. Sólo en los primeros meses en los que se colocó el video, se habían producido más de 1.100.000 descargas, estimándose que había sido visto por unas 50 millones de personas en todo el mundo. Esto representó el caso de ciberacoso más conocido y extendido hasta el momento, ya que las burlas continuaron durante años y toda esa situación condujeron a Ghyslain a ser internado en una institución psiquiátrica.
Dentro de la clasificación de las distintas agresiones que se producen entre niños y adolescentes, sean físicas, verbales o sociales, siempre tienen un fuerte impacto en el psiquismo de la víctima y en oportunidades, también de los testigos, que muchas veces por temor no se animan a intervenir o denunciar. Una encuesta realizada en 2005 a unos 6 mil estudiantes entre 10 y 18 años de distintas provincias argentinas, reveló que el acoso escolar, ya estudiado en los países del primer mundo, es padecido también por los alumnos. Pero, como si no fuera suficiente con esta forma de violencia, inadvertida por los adultos y muy conocida por los alumnos, los acosadores están aprendiendo a utilizar la tecnología para sus fines. Internet, MSN, celulares, correo electrónico hacen que este tipo de violencia se potencie, se prolongue y complemente el efecto del acoso cara a cara. www.diariolarepublica.com.ar - intramed.net
Alertan que el Nordeste tiene las secundarias más violentas del país· El 17% de los casi 5.000 estudiantes secundarios consultados dijo haber iniciado una pelea en el último año para hostigar a otro compañero
BUENOS AIRES, AR 29/07/2007 Cecilia Draghi
Ignorar al compañero, ridiculizarlo o insultarlo son situaciones que hicieron sentir a otro o que vivieron en carne propia más de la mitad de 4971 alumnos del secundario de escuelas públicas de 21 provincias argentinas. Entre ellas las del Nordeste aparecen con los peores índices. Los colegios del conurbano bonaerense son las que menos porcentaje presentaron.
Pero la violencia empeora en el 17 por ciento de los casos. Esa cantidad de adolescentes consultados dijeron haber enfrentado riñas a golpes, ya sea como autores o víctimas. El estudio lo realizaron investigadores del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“Los mayores niveles de violencia se presentan en el Nordeste argentino, los menores se producen en el conurbano bonaerense, mientras que en la ciudad de Buenos Aires ronda el promedio general del país”. Así destacan los sociólogos Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko, autores del trabajo. También puntualizan que la pelea de golpes de puño sigue siendo una modalidad muy presente en lo que hace a la resolución de conflictos entre los adolescentes y que además esa costumbre ha crecido entre las mujeres.
El fenómeno de la violencia en la escuela dejó de ser un suceso que se veía por televisión en otros países. Pero sin llegar al extremo del ataque de un chico contra sus compañeros con un arma ocurrido en Carmen de Patagones en 2004, la violencia parece asistir a clase. Por eso, el equipo de la UBA realizó una encuesta a adolescentes de entre 15 y 19 años en ciudades del país con más de 50.000 habitantes.
Los ataques revelan distintos niveles de agresión. Algunos maltratos son sutiles, como impedirles a otros que participen de un grupo o cargarlos. De este hostigamiento fue víctima y protagonista el 52% de los chicos consultados, y un 16,6% dijo haber cometido un acto de violencia en el último año como irse a las piñas o amenazar u obligar a otro a hacer algo indeseado. Un 16,9% expresó haber sido víctima de ese maltrato.
“No son grupos excluyentes. Por momentos, algunos son víctimas, pero los mismos son agresores en otros momentos. Es un escenario generalizado de vínculos violentos”, define Adaszko. Sin hallarse en una u otra posición, tres de cada cuatro jóvenes admitió haber sido testigo de actos hostiles y un tercio, de hechos de violencia.
Datos preocupantes
¿Estos resultados colocan al país en niveles inquietantes? “Son preocupantes, pero esto no pasa sólo en la Argentina”, indica Kornblit, que también es psicóloga, médica, antropóloga e investigadora del Conicet.
“Este fenómeno tiene que ver con la identidad adolescente. Los cambios de la sociedad en su conjunto, en cuanto a la inserción laboral de los jóvenes, llevan a desarrollar en las culturas juveniles una postura crítica a la sociedad de los adultos, pero sin alternativas. La escuela no acompaña este proceso, porque sigue manteniendo patrones del modelo de socialización de 50 años atrás. Esto motiva estas manifestaciones de violencia en la escuela, aunque no sólo allí”, explicó.
Los adolescentes consultados, que dijeron tener un proyecto de vida futuro, estaban más alejados de los modos violentos en la escuela. Los varones y los que confesaron que no les gusta la escuela son los que protagonizaron más hechos violentos, sin observarse diferencias entre los niveles socioeconómicos.
Aunque sí influyó si el hogar es conflictivo, con peleas o discusiones fuertes, así como un bajo nivel de autoestima. En este caso, son más propensos tanto a agredir como a ser víctimas de la violencia, papel en el que no suelen defenderse, lo que alimenta aún más su desvalorización.
En tanto, cuando participan como agresores “lo hacen como un modo de mostrarse ante sus pares y de ocultar sus miedos e inseguridades en un contexto en que el uso de la fuerza física es altamente valorado”, señala el estudio.
Algo natural
La violencia es vista como algo natural. Un alto porcentaje de los encuestados adhirió a frases como “las peleas que se producen entre los jóvenes los fines de semana son inevitables”.
A pesar de que estos chicos nacieron en los años 90, los estereotipos expresados mostraron componentes tradicionales. El 75% de la muestra coincidió con frases como “las mujeres que sufren violencia de sus maridos o parejas algo habrán hecho o se lo habrán buscado” o “el hombre que parece más agresivo es más atractivo”.
También expresaron xenofobia, en especial contra los gitanos, los judíos y los orientales. “Los adolescentes históricamente han tenido el rol de modificar prejuicios, pero en este caso reproducen estereotipos retrógrados y conservadores”, subraya Adaszko.
Pero no todo fue malestar o agresividad en los adolescentes que participaron. “Los climas sociales escolares favorables, donde se propicia el diálogo, se valora el esfuerzo del alumno, su integración y participación y se minimizan las prácticas autoritarias, disminuyeron considerablemente la frecuencia de las situaciones violentas”, concluyen los autores.
Hostigamiento global
El avance de la tecnología y su uso masivo a lo largo y ancho del mundo no sólo generó una celeridad en las comunicaciones entre culturas y ámbitos diferentes, sino que desplegó además un sinfín de prácticas nuevas, utilizadas con diversos propósitos por quienes hicieron de la novedad una adicción. Como todo cambio, sus consecuencias se repartieron entre buenas y malas. Las primeras quedan a la vista de todos, las segundas no son más que resultado del uso desenfrenado de los progresos de la técnica. Correos electrónicos, Messenger, blogs, páginas webs, mensajes de textos: todos son parte de una generación distinta, “moderna”, fría y, a veces, peligrosa.
Varios también fueron los fenómenos que de estas prácticas surgieron. Y la atracción no sólo creció en medio de la franja adulta, sino que, cada vez con mayor frecuencia, se ensancha más y más en el circuito del niño y el adolescente. La falta de control en el manejo y la posibilidad de tener todas las opciones que ofrece el sistema al alcance del teclado y el mouse generó conflictos innovadores que ya fueron incorporados en importantes estudios psiquiátricos y sociológicos. La preocupación del momento, no sólo en Corrientes, sino en el mundo entero, radica ahora en los acosos de todo tipo que se realizan a través de estas modalidades. El celular y la Internet son las nuevas armas para atacar a los enemigos, para perseguir a los débiles y calumniar a los fuertes.
Más conocido como “cyber bullying” o acoso virtual, se convirtió en la mejor manera de atacar sin develar la identidad del provocador. De esta forma se inició una manera distinta de instrumentar la violencia, sobre todo en jóvenes y adolescentes que ya no escriben insultos en las puertas de los baños públicos, sino que envían mails o mensajes de texto a miles de destinatarios de una sola vez con el único objetivo de desprestigiar cuanto más sea posible a su rival. Desde peleas callejeras que finalizaron en salas de emergencias hasta internaciones en hospitales psiquiátricos fueron sólo algunos de los resultados de su uso exagerado y descontrolado. La autoridad y el contralor de los padres quedó aplastada por una libertad de acción sin precedente en la historia. Las víctimas y los victimarios, en la mayoría de los casos, llegan a extremos desenfrenados que pocas veces son alertados en los adultos a tiempo.
“La crueldad infantil existió siempre sólo que ahora se recrudece más por la ingenuidad misma de los chicos que no miden las consecuencias”, opinó al respecto Vicente Molina, médico especialista en psiquiatría, al recordar que se trata casi del mismo fenómeno de antes “con la gran diferencia de que ahora utilizan la tecnología”. Así, todo empieza como un simple juego en el que se retocan fotografías de compañeros o conocidos, se escriben insultos con lenguajes cada vez más agresivos, se emiten números de teléfonos de las víctimas para que los cientos de destinatarios se sumen a la ola de ataques. La situación termina transformándose en una bola de nieve que cada vez cobra más dimensión y mayor belicosidad.
“Generalmente tiene como precursores a chicos que son expertos en el manejo de Internet y que permanecen conectados largas horas al día”, agregó el especialista al advertir que son muchísimos los casos que se atienden a diario por adicción al uso de la red mundial. “Empieza como un chiste, pero no miden las consecuencias y lo peor de todo es que la mayoría de las víctimas no sabe cómo controlar la situación, tampoco quieren contar a sus padres acerca del infierno que viven por vergüenza y las consecuencias finales pueden ser muchas y graves”, detalló Molina y nombró entre ellas a la disminución del rendimiento escolar, la depresión, decaimiento, el cambio de conducta, aislamiento, sin mencionar las decisiones fatales que podrían tomar en medio de la desesperación y soledad.
El rol de los padres es fundamental para enfrentar esta modalidad que cada día cobra más víctimas, fuerza y violencia. Controlar el uso de la computadora y de los celulares es una premisa fundamental, como así también el de vigilar los estados de ánimo de los chicos y las personas con las que se relaciona. “Ahora los padres le tienen miedo a los chicos, no quieren quedar mal delante de ellos y por eso los dejan actuar a su gusto y antojo. Hace falta mano dura, es difícil, pero representa la mejor opción para prevenir estos problemas”, finalizó el médico que asegura atender, cada vez con mayor frecuencia, casos en los que mayores no saben cómo controlar a los menores o situaciones en las que los chicos y grandes reciben constantes amenazas o agresiones vía Internet o los populares mensajes de texto.
Violencia on line
Agresiones tecnológicas sistemáticas
La violencia cambia de acuerdo con las características de la época y de las nuevas culturas. Hoy, los jóvenes y adolescentes están aprendiendo a utilizar las nuevas tecnologías, lo que generó también nuevos métodos para convertir la vida de algunos niños en un verdadero martirio.
El ciberacoso escolar se considera una de las formas más comunes de violencia juvenil. Un claro ejemplo que alerta acerca de la peligrosidad de las nuevas formas de agresión es la historia de un joven canadiense, con algo de sobrepeso, que se convirtió involuntariamente en la estrella de un video que aún circula por Internet.
Este chico se llama Ghyslain y tenía 15 años en noviembre de 2002, cuando se le ocurrió grabarse con una cámara de video prestada por un amigo, en un aula de su colegio, empuñando un remo y realizando una “danza del guerrero”, imitando a uno de los personajes de la Guerra de las Galaxias. En abril de 2003 sus amigos descubrieron las imágenes y las subieron a Internet.
La difusión de Star Wars Kid, como fue bautizado el joven, fue extraordinaria y miles de sitios la incluyeron en sus archivos. Hay incluso una versión con efectos especiales de primer nivel. Sólo en los primeros meses en los que se colocó el video, se habían producido más de 1.100.000 descargas, estimándose que había sido visto por unas 50 millones de personas en todo el mundo. Esto representó el caso de ciberacoso más conocido y extendido hasta el momento, ya que las burlas continuaron durante años y toda esa situación condujeron a Ghyslain a ser internado en una institución psiquiátrica.
Dentro de la clasificación de las distintas agresiones que se producen entre niños y adolescentes, sean físicas, verbales o sociales, siempre tienen un fuerte impacto en el psiquismo de la víctima y en oportunidades, también de los testigos, que muchas veces por temor no se animan a intervenir o denunciar. Una encuesta realizada en 2005 a unos 6 mil estudiantes entre 10 y 18 años de distintas provincias argentinas, reveló que el acoso escolar, ya estudiado en los países del primer mundo, es padecido también por los alumnos. Pero, como si no fuera suficiente con esta forma de violencia, inadvertida por los adultos y muy conocida por los alumnos, los acosadores están aprendiendo a utilizar la tecnología para sus fines. Internet, MSN, celulares, correo electrónico hacen que este tipo de violencia se potencie, se prolongue y complemente el efecto del acoso cara a cara. www.diariolarepublica.com.ar - intramed.net






