TRiBUNA· RAMÓN LOZA LENGARAN· Tú, te, ti con usted
ENTREVISTA· ASCENSIÓN RENOBALES / MARIANO LACRUZ· De tú o de usted
08.07.07 - En los últimos años, más de uno de mis alumnos/as se acordará de cuando les he dicho: pobres de vuestros hijos, les compadezco. ¿Por qué, Loza? Porque vais a ser unos fachas con ellos. ¿Por qué dices eso? Pensad un poco, ¿os veis capaces de aguantar que os traten como vosotros tratáis a vuestros padres? ¿Les vais a dejar que lleguen de madrugada, medio borrachos, o medio colocados, habiéndoos pasado la noche sin dormir? Sabéis de sobra que no hay padre/madre que duerma mientras el hijo/a no está en casa, teniendo en cuenta cómo está la calle: 'palos', peleas, coches Y los que tienen hijas, no digamos. ¿Eh!, Loza, no te pases. Eso es machista. Vale, pues lo será, pero a ti te digo, chica, mucho más si lo que tienes es una hija. Ya lo verás, ya lo veréis. Silencio. Callan porque saben que tengo razón.
Primero, saben que se lo van a pensar mucho, mucho, el tener un hijo/a. Precisamente por lo que les estoy diciendo, porque saben cómo se portan ellos de mal con sus padres y madres. Segundo, no están dispuestos mentalmente a pasar lo que saben que están pasando sus padres y les empieza a rondar por la cabeza que un cachete a tiempo tampoco viene tan mal, y que no sería mala idea que a los profesores se les tratara de usted; para ir empezando por algo.
Llevo por encima de los treinta años dando clases. Siempre en un instituto público. Yo fui de aquellos que apeamos a los alumnos/as del tratamiento por los años 70 u 80. Ahora, leo que hicimos mal y que debe volverse al ustedeo. Les voy a contar. Lo hemos hablado entre los profesores -ninguno por debajo de los veinticinco años de experiencia- y nos ha entrado a todos la risa. Hemos comentado, ¿muy bueno!, así por lo menos cuando el alumno nos vaya a insultar lo hará con educación: perdone, don tal, es un usted un cual. ¿Qué gran ventaja!
El detalle del tuteo lo adoptamos entre un conjunto de medidas tendentes a sustituir el modelo represivo del nacional-catolicismo por otro basado en la libertad y la responsabilidad. Tengo que opinar que no me ha ido mal en absoluto y que estoy muy satisfecho con la decisión. La inmensa mayoría, repito la inmensa mayoría de los alumnos/as que han pasado por mi centro han respondido perfectamente al esquema que les proponíamos. Respeto mutuo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Siempre hemos mantenido la necesidad de establecer esa relación.
Durante muchos años mi centro funcionó sin reglamento de régimen interno y sin necesidad de aplicar medida disciplinaria extraordinaria alguna. Es verdad, también, que siempre tuvimos un punto de alumnos/as que no eran capaces de entender el juego, pero también que, cuando analizábamos las circunstancias, su comportamiento, aparecían con regularidad elementos de desestructuración o de marginación en la familia de referencia.
Hoy, ¿qué tengo que decir? Evidentemente que las cosas no van así. El número de conflictos ha aumentado. Esto es innegable. No hablo de mi centro, sino de los centros en general. Y como escribo para Vitoria quiero aclarar que ésta es una ciudad en la que la responsabilidad de la educación de sus jóvenes ha recaído fundamentalmente en los centros concertados, de titulación -teórica al menos- religiosa en su mayoría. Y que es precisamente desde este tipo de centros desde donde han partido las medidas extraordinarias de orden interno, como el contratar un guardia de seguridad o el establecer un reglamento interno propio para los alumnos/as especialmente restrictivo. Quiero decir que no es un problema de uno o de otros. Sabemos que las cosas están peor en todos; lo demás son demagogias y propaganda barata.
Ahora bien, esto es así. Los centros admiten mayores tensiones entre profesores y alumnos, y entre alumnos y alumnos. Los propios estudiantes/as comprenden que ellos no consentirían a sus hijos determinados comportamientos. ¿Y qué se nos ocurre como solución? Que los muchachos vuelvan al usted. No es que lo diga el presidente derechón francés; lo ratifica un genuino representante de nuestra inteligencia de izquierdas.
Lo voy a decir una vez más y luego prometo que me callo. No quiero que me digan que soy un pelma, como hacen mis alumnos, con todo el cariño, eso sí.
El mayor esfuerzo, la mayor preocupación, los trabajos más importantes de una sociedad deben ser procurar la buena educación de sus generaciones de relevo. Para ello, y puesto que educar significa dirigir hacia, es fundamental tener claro hacia dónde se quiere llegar. Esto es, definir unos valores de comportamiento individual que sean constructores de una buena convivencia social, y dedicarse todos a dirigir a los jóvenes por ese camino. Lógicamente, y en primer lugar, los padres y madres, que son los únicos responsables de lo que ocurra con sus hijos. Y con la ayuda de la escuela, desde luego, pero sólo con la ayuda de.
Vuelvo a lo mío. Educar en la libertad y en la responsabilidad sigue siendo un método válido. En los dos valores. No, como ha ocurrido, que se nos ha perdido el segundo en el viaje. Lo que ocurre es que, para poder educar de esta manera, toda la sociedad tiene que caminar por el mismo frente. En este sentido, una sociedad liderada por el egoísmo, como la actual, no tiene más futuro que el que estamos viendo, y nos preocupa. Es inútil echar balones fuera, y mucho menos culpabilizar a la mala o buena educación en el tratamiento. Una sociedad en la que quienes practican los comportamientos más antisociales pueden tener un papel público como referencia tiene un mal destino ante sí.
Es necesario actuar con vigor y con urgencia sobre nuestros propios comportamientos, no tanto sobre los de nuestros hijos. Es la sociedad la que se tiene que armar de valores éticos y sociales positivos, para poder presentarlos como naturales a los que vienen. Es absurdo pensar que lo que no se hace en las casas, en la calle, en los medios de comunicación se vaya a conseguir en la escuela, sea pública o concertada, religiosa (¿existe tal escuela?) o laica. Y menos si lo primero que se les ocurre a los pensantes es proponernos que enseñemos a los alumnos/as conjugar los verbos con usted. ecd
De tú o de usted
ENTREVISTA Ascensión Renobales, de 55 años, nació en Bilbao, aunque lleva viviendo en Vitoria desde que se casó. Tiene una hija de 18 años. Imparte la asignatura de Francés. Sacó la carrera de Filología Francesa en Valladolid y ha pasado por distintos centros escolares desde el año 1984. El último curso ha enseñado en el Instituto Francisco de Vitoria. Casi siempre ha tenido alumnos de 14 a 18 años, a los que siempre trata de usted. «No puede haber déficit de límites entre profesor y alumno».
Mariano Lacruz, de 55 años, es natural de Zaragoza, si bien lleva tres décadas como profesor de Historia, primero, y Economía, ahora, en el Instituto Francisco de Vitoria. Está casado y tiene dos hijos de 22 y 29 años. «Tenemos que ser polivalentes, estamos un poco en manos de gente de despacho», justifica. Hasta la fecha, ha impartido clase a alumnos de 14 a 18 años. «Los alumnos son como los clientes: te cuesta ganarlos y es fácil perderlos», opina.
EXPERIENCIA. Los dos tutores coinciden en que «tanto nosotros como los alumnos agradecemos que haya normas en la escuela. De lo contrario, estarían desconcertados». / IOSU ONANDIA
ITSASO ÁLVAREZ 08/07/07
En los 80, muchos profesores de instituto, jóvenes, progresistas y animados por el espíritu de la Transición, insistieron en derribar dos clásicos símbolos de autoridad: las tarimas y el tratamiento de 'usted'. Elementos que hoy algunos docentes se plantean restaurar. El primero, por su carácter práctico, y el segundo, para ayudar a los jóvenes a diferenciar los papeles en el aula.
Hace unos días, el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, explicaba en un curso de verano que el primer paso para acabar con la violencia en la escuela consiste en restablecer el respeto por los maestros, y que ello debería comenzar por «erradicar» el tuteo y utilizar el 'usted' en la relación con el alumnado. «Sin la autoridad de los profesores coexistiendo con la libertad, es muy difícil que las cosas se enderecen como deben», aseguró. Múgica recordaba que, de niño, cuando el tutor le decía que iba a enviar a su madre una nota por lo mal que se había portado en clase, «se echaba a temblar». Y que ahora le producía extrañeza que, «a veces, los padres van a quejarse ante un profesor por lo mal que tratan a sus hijos».
Mariano Lacruz y Ascensión Renobales, profesores de Historia y Economía y Francés, respectivamente, en el Instituto Francisco de Vitoria, en la capital alavesa, coinciden en que lo importante es crear un clima de convivencia en las aulas y que para ello deben estar implicados profesores, alumnos y familias. Coinciden también en su clase ideal: aquélla en la que no se sientan continuamente retados, en la que sus directrices sean acatadas con normalidad, en la que el trato sea deferente, pero no distante, y que todo esto ocurriera de forma automática. Por el contrario, sobre el tuteo y el usted mantienen discrepancias. Se preguntan si el tratamiento debe ser sólo un signo exterior de respeto o bien si debe conllevar algo más.
El mero formalismo
-¿Les cuesta emplear el formalismo?
-Ascensión Renobales: A mí me sale instintivamente. Me implica cortesía, respeto y distanciamiento. Con mis alumnos jamás he utilizado el tú. Forma parte del respeto que una se gana día a día. Parto de la base de que me interesa la educación y que, para ello, no hay que olvidar que existen las formas. Que están por algo, no de adorno, que tienen una finalidad.
-¿Y ya saben los chavales conjugarlo?
-Renobales: Es cierto que, en ocasiones, se da algún momento de broma, pero sin ofender. Te ven con el pelo blanco, te ven mayor y dicen: 'Ésta de qué va'. Pero no todos. Ayer mismo me tropecé por la calle con una alumna, nos paramos y hablamos y las dos mantuvimos el usted. Me parece una cortesía y la demostración de que hay un respeto mutuo. Aparte de que el nivel de coleguismo no me gusta. Eso es para otro ambiente. Aquí, a nivel académico, no tiene por qué haber el 'colegui'.
-Mariano Lacruz: Yo trato a todos de tú. Casi puedo decir que no he vivido una situación de falta de respeto en los 30 años que llevo en la enseñanza. Y cuando un alumno ha perdido los papeles, me ha pedido disculpas luego. Si a lo que se refiere el Defensor del Pueblo es a la falta de distancia entre alumnos y profesores, creo que el problema no está en el formalismo. Pero es verdad que el compadreo es lo que tiene. Confianza debe haber, pero si un profesor se coloca de igual a igual con el alumno, acabará teniendo problemas, porque éste no va a entender que luego le exija un comportamiento o, sencillamente, que le suspenda. Decir 'somos iguales' sería un poco engañar, jugar a despistar a la otra parte.
-Renobales: Si el 1 de septiembre no empiezas con unas pautas, el 12 de octubre hay un problema de indisciplina y, a ver cómo lo haces después de haber sido el colegui y el majo. Pero si desde el primer momento has dicho 'hasta aquí'... Para eso está la tarima, desde la que divisas todo. A mí me parece que una asignatura que tendría que volver es la de Urbanidad, que enseñaba a saber sentarse bien, cómo dirigirse a las personas...
-Lacruz: huy, huy, huy. Ahí sí que discrepo. Yo no sé si lo he vivido, pero sí recuerdo que mi padre tenía un libro de 'Urbanidad'. Yo me refiero a que algunas formas sí son importantes. El no cortar cuando uno está hablando, el aprender a esperar a que uno termine de hablar, por ejemplo. Yo prefiero que las vivan con cada uno de nosotros, en cada clase. El resultado de los años de escuela es lo que les dará una cierta competencia en saberse relacionar, en no quedar mal... Considero que si esto fuera una asignatura, no tendría ningún éxito. A veces es verdad que les tienes que llamar la atención: siéntate bien, no comas en clase... ¿Algunos pegan mordiscos al bocadillo en mitad de clase! Pero, de entrada, yo no digo las normas, asumo que, a su edad, 15-16-17 años, las saben.
-Entonces, con los móviles, habrá también problemas.
-Renobales: Eso lo tienen muy controlado. No les quitamos el móvil, pueden tenerlo en clase, pero en silencio. A mí no me llama la atención este tema. Me llama más, por ejemplo, que se sienten mal en el pupitre. Le digo al alumno: 'Por favor, que su espalda va a sufrir, que va a tener escoliosis'. De entrada, no entiende lo que es la escoliosis, pero bueno. Ahora, yo estoy terriblemente agradecida a que sigan unas mínimas normas. Lo mismo que si vas a un restaurante y te dicen: 'Pantalón, visera y chanclas, fuera'.
-Lacruz: El primer año hubo un poco más de conflicto, por la falta de costumbre. Pero no suelen sonar los móviles en clase. A veces te avisa el alumno de que espera una llamada de trabajo y lo pasas.
-Parece que los chavales no son tan fieros como los pintan.
-Lacruz: De entrada, vienen aceptando que la norma la pone la escuela. El hecho de que cada profesor siguiera un camino les desconcertaría. Creo que en el fondo agradecen que haya normas, las que sea, aunque sea con ligeras diferencias de un profesor a otro. Eso les da seguridad. Lo mismo que tienen que aceptar el suspenso cuando no han estudiado, aceptan la pequeña bronca.
-Renobales: En el momento echan todos los exabruptos que pueden y luego, cuando les dices que se muerdan la lengua, que a lo mejor se arrepienten, recapacitan y tienen la nobleza de perdir perdón.
-Lacruz: También es verdad que todos y cada uno de los días llamamos la atención a los alumnos.
-¿Han llegado a echarles de clase?
-Lacruz: A veces les sacamos al pasillo, por lo menos diez minutos, o les cambiamos de sitio en clase. Pero si a cada alumno que molesta le dijéramos 'sal de clase', los pasillos estarían colapsados.
-Renobales: Eso es verdad. Sí, sacarles al pasillo sirve para que se relajen un poco y luego vuelvan a entrar más tranquilos. Una manzana podrida te salpica todo y conviene que recuperen la calma.
pérdida del control
-¿Cuánto tiempo, paciencia y esfuerzo dedican a ganarse la autoridad?
-Lacruz: Recuerdo que a un alumno le hice alguna alusión personal y luego le pedí disculpas porque me había pasado. El profesor nunca debe ridiculizar al alumno. Los docentes tenemos la parte más difícil: no podemos saltar en clase y tenemos que contenernos ante situaciones que, si estuviéramos en otro ámbito, saltaríamos. Pero debemos autocontrolarnos y evitar una explosión porque no podemos estar poniendo normas para luego romperlas. Y si un día te sale una frase más alta que otra, te disculpas y los chavales comprenden.
-Renobales: Es un trabajo diario. La base está en el respeto, no en ese déficit de límites entre el profesor y el alumno. Cuando entran los alumnos por la puerta, ya te das cuenta de cómo entran. Acalorados, desganados...
-Lacruz: Es como los clientes: te cuesta ganarlos, y es fácil perderlos.
-Renobales: Y como con el prestigio.
-Lacruz: Puedes perder mucho capital si un día eres arbitrario o si pierdes el control. Agradecen que seas justo. La idea de justicia la tienen clara. Justicia y, al mismo tiempo, preocupación por ellos. Realmente, como profesor, tienes un verdadero interés personal en que aprendan y cuanto más, mejor. Aunque les estés suspendiendo, tienes que tener claro que les estás poniendo los medios. Ellos lo agradecen, es la aceptación de la autoridad. Y esa atención permanente para con ellos te da más autoridad que gritar en clase, por supuesto.
-Renobales: También es verdad que cada grupo, y cada alumno, es un mundo.
-Lacruz: Hay un tanto por ciento de suerte. Hay grupos donde la convivencia es mala por el motivo que sea. Como profesor puedes tratar de cohesionar y que, por lo menos, funcione la mecánica, pero no por eso obligarles a que sean amigos. Y otras veces hay clases que son una maravilla: una relación fluida, se ayudan entre ellos, nadie se ríe del otro o se ríe en plan simpático... En ésas, miras el reloj y te preguntas cómo es posible que las agujas avancen tan rápido.
-Renobales: Nosotros también les formamos como personas, pero, al final, los alumnos son muy distintos, cada uno de un padre y una madre. Y no hay una clase homogénea. Algunos son más críos
-Lacruz: Es que los institutos han cambiado mucho porque antes no había niños. Bueno, sí los había, pero eran todos mayores de 14 años, cuando ahora son todos mayores de 12. A esta edad hay realmente problemas de comportamiento con ellos. Y qué contar con la llegada de extranjeros; que supone aprender formas de comportamiento distintas. Estaba pensando si esa preocupación del Defensor del Pueblo por restaurar la convivencia a través del usted no viene de una preocupación que de verdad existe, porque les está costando adaptarse a todos estos cambios. Y luego está la situación laboral y social. Ahora mismo, la juventud tiene un futuro un poco incierto. Aparentemente hay mucho trabajo, pero no hay buenos trabajos.
-Renobales: Hay más alternativas que las que tuvimos nosotros, pero, en general, los chavales no conocen la palabra esfuerzo. Los modelos televisivos que hablan de éxitos inmediatos sin esforzarse son una mala influencia. Todos queremos que nuestros hijos estudien. Les decimos: intenten acabar, porque esto es algo que les queda.
-Lacruz: No tienen muy claro que ese esfuerzo pueda ser rentable y está haciéndose un poco difícil hacerles trabajar. Yo creo que los resultados académicos están bajando.
-Renobales: También en la Universidad, ¿eh?
-Lacruz: Por eso me preocupa, es un problema de país. Por ejemplo, la competencia lingüística, la comprensión y la expresión están bajando. Eso puede tener que ver con que no tienen muy claro esa relación directa con el esfuerzo. Como el premio es a largo plazo, les cuesta. Se está viendo ahora que, muchas veces, no por tener un título se tiene un trabajo mejor. Eso, unido a que pueden disponer de información con rapidez -televisión, Internet, teléfono- les da la sensación engañosa de que todo es fácil. Luchamos contra eso; contra la aparente facilidad.
-Renobales: Lo que sí es cierto es que si vienen bien educados de casa no habrá ningún problema.
relación con los padres
-¿Practican ustedes lo de la notita incriminatoria para los padres, esa de la que hablaba Enrique Múgica?
-Renobales: La notita funciona. Yo, por ejemplo, si ha habido algún malentendido, hablo con el tutor y le pido permiso para poder hablar con los padres para aclararlo. Ahora bien, a ningún alumno le gusta que llames a su casa.
-Lacruz: Yo creo que eso tiene efecto con algunos alumnos, pero con otros... Ahora, también es verdad que los chavales siguen falsificando las notas, y por algo será. Y algunos te piden que no les des un papel para llevar a casa, porque saben que lo van a pasar mal.
-Renobales: ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Te asustas y falsificas. Si das las notas un viernes y pides que el lunes las traigan firmadas, sabes que ese día no van a llegar, porque hay un fin de semana por medio que les puede afectar más.
-¿Les llegan padres que se quejan de lo mal que, según ellos, ustedes tratan a sus hijos?
-Lacruz: Hay casos en que pierden los papeles con los profesores, más incluso que los chavales. A mí me ha ocurrido, me han venido a reclamar de manera insultante. Yo he vivido situaciones realmente de desprecio, de despreciar al profesor. Situaciones que he tenido que cortar. Yo, a ese nivel, no mantengo la conversación.
-Renobales: Con ese comportamiento te están pidiendo ayuda ellos también. Yo no he vivido este tipo de casos, pero sí es cierto que a algunos padres les llama la atención que les digas cómo es su chaval en clase cuando, según ellos, en casa es bueno. Y al revés, en casa igual es un demonio, y aceptable y correcto en el colegio.
-Lacruz: Yo creo que no es frecuente que la familia ponga en cuestión lo que dice la escuela. Otra cosa es que en el hogar haya problemas y el alumno se comporte de manera agresiva en las aulas por sus problemas de casa.
-¿Les afecta la reacción de los padres a nivel personal?
-Lacruz: Yo no he tenido nunca un profesor que estuviera quemado y ahora hay profesores que lo pasan fatal. Nuestros profesores lo tenían más fácil. Si no te gusta la enseñanza, esto no es lo tuyo.
-Renobales: Nosotros, por ahora no echamos humo. Si ves que el producto ha ido saliendo te das por satisfecho. Habrá días mejores y otros peores, pero te quedas con lo bueno. Yo elimino lo malo, como las malas reacciones de los padres, no te compensa.
-Son ambos padres de adolescentes. ¿Eso ayuda a la hora de asumir la docencia?
-Lacruz: Claro que hay otra libertad y otra proximidad, y tu hijo o tu hija te pueden decir lo que tus alumnos no se atreven. Pero sí creo que el haber sido padre ha sido un buen entrenamiento para ser profesor. Sobre todo, para aprender ese peloteo permanente con el adolescente, en el que no puedes decir siempre que no, sino que hay que estar todo el día negociando.
-Renobales: Como la patronal y el obrero.
-Lacruz: Además, los hijos te dan ideas para la clase, sobre cómo tratar a los alumnos.
-Renobales: A veces, también haces agravios comparativos. Cuando llegas a casa y te encuentras con una mala respuesta de tu hija, piensas que, bueno, igual esto me lo hubieran dicho en clase y no se han atrevido porque hay una tarima, una distancia relativa. Reconozco que yo soy algo madre con los chicos. Alguno me dice: 'Qué pesada, eres como mi madre, me controlas'. ecd
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Trato familiar
TRiBUNA MANUEL ALCÁNTARA
03.08.07 - Casi 3.500 padres han denunciado a sus hijos por agresión en lo que va de año. No hay que asombrarse: eso pasa en las peores familias. Los sociólogos y los psicólogos, que tienen tiempo para todo incluso en agosto, se preguntan por qué crecen últimamente los malos tratos. Ignoran la causa, que es múltiple, pero de momento han dado un gran paso descubriendo su nombre: le llaman 'síndrome del tirano'. Antes de crecer, hay adolescentes que se crecen y antes de perder la inocencia pierden la vergüenza. Se vuelven irascibles y despóticos, y a las primeras de cambio, incluso antes de cambiar unas palabras, le arrean un par de hostias a sus progenitores, para que aprendan, que ya van teniendo edad para saber lo que es bueno.
Hay que reconocer que educar a los padres siempre es una tarea ardua. Creen que siempre tienen razón y que hay que hacerles caso porque llevan más tiempo de residentes en la misma casa. Por otra parte, también hay que tener en cuenta que obedecer a quienes les han traído al mundo sin previa consulta es más difícil que obedecer a los propios instintos. Hay muchachas y muchachos que no consiguen hacer carrera de sus padres, por más pacientes que sean, y acaban dejándolos por imposibles.
Los expertos en educación aseguran que la crisis del modelo familiar se debe en buena parte a la falta de autoridad de los profesores, pero no lo creo. Me consta que algunos maestros que trabajan en barrios del extrarradio van a sus clases provistos de casco, bajo el lema de 'Enseña, pero seguro'. Nadie puede saber el motivo de la quiebra, por supuesto llena de excepciones, de una institución tan antigua y prestigiosa, de la que se deriva el clan y en ciertos grupos sociales la mafia. Por fortuna, si el desguace prosigue, todavía quedan algunas pensiones, más o menos de segunda división, donde se ofrece 'Trato familiar'.ecd
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08.07.07 - En los últimos años, más de uno de mis alumnos/as se acordará de cuando les he dicho: pobres de vuestros hijos, les compadezco. ¿Por qué, Loza? Porque vais a ser unos fachas con ellos. ¿Por qué dices eso? Pensad un poco, ¿os veis capaces de aguantar que os traten como vosotros tratáis a vuestros padres? ¿Les vais a dejar que lleguen de madrugada, medio borrachos, o medio colocados, habiéndoos pasado la noche sin dormir? Sabéis de sobra que no hay padre/madre que duerma mientras el hijo/a no está en casa, teniendo en cuenta cómo está la calle: 'palos', peleas, coches Y los que tienen hijas, no digamos. ¿Eh!, Loza, no te pases. Eso es machista. Vale, pues lo será, pero a ti te digo, chica, mucho más si lo que tienes es una hija. Ya lo verás, ya lo veréis. Silencio. Callan porque saben que tengo razón.
Primero, saben que se lo van a pensar mucho, mucho, el tener un hijo/a. Precisamente por lo que les estoy diciendo, porque saben cómo se portan ellos de mal con sus padres y madres. Segundo, no están dispuestos mentalmente a pasar lo que saben que están pasando sus padres y les empieza a rondar por la cabeza que un cachete a tiempo tampoco viene tan mal, y que no sería mala idea que a los profesores se les tratara de usted; para ir empezando por algo.
Llevo por encima de los treinta años dando clases. Siempre en un instituto público. Yo fui de aquellos que apeamos a los alumnos/as del tratamiento por los años 70 u 80. Ahora, leo que hicimos mal y que debe volverse al ustedeo. Les voy a contar. Lo hemos hablado entre los profesores -ninguno por debajo de los veinticinco años de experiencia- y nos ha entrado a todos la risa. Hemos comentado, ¿muy bueno!, así por lo menos cuando el alumno nos vaya a insultar lo hará con educación: perdone, don tal, es un usted un cual. ¿Qué gran ventaja!
El detalle del tuteo lo adoptamos entre un conjunto de medidas tendentes a sustituir el modelo represivo del nacional-catolicismo por otro basado en la libertad y la responsabilidad. Tengo que opinar que no me ha ido mal en absoluto y que estoy muy satisfecho con la decisión. La inmensa mayoría, repito la inmensa mayoría de los alumnos/as que han pasado por mi centro han respondido perfectamente al esquema que les proponíamos. Respeto mutuo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Siempre hemos mantenido la necesidad de establecer esa relación.
Durante muchos años mi centro funcionó sin reglamento de régimen interno y sin necesidad de aplicar medida disciplinaria extraordinaria alguna. Es verdad, también, que siempre tuvimos un punto de alumnos/as que no eran capaces de entender el juego, pero también que, cuando analizábamos las circunstancias, su comportamiento, aparecían con regularidad elementos de desestructuración o de marginación en la familia de referencia.
Hoy, ¿qué tengo que decir? Evidentemente que las cosas no van así. El número de conflictos ha aumentado. Esto es innegable. No hablo de mi centro, sino de los centros en general. Y como escribo para Vitoria quiero aclarar que ésta es una ciudad en la que la responsabilidad de la educación de sus jóvenes ha recaído fundamentalmente en los centros concertados, de titulación -teórica al menos- religiosa en su mayoría. Y que es precisamente desde este tipo de centros desde donde han partido las medidas extraordinarias de orden interno, como el contratar un guardia de seguridad o el establecer un reglamento interno propio para los alumnos/as especialmente restrictivo. Quiero decir que no es un problema de uno o de otros. Sabemos que las cosas están peor en todos; lo demás son demagogias y propaganda barata.
Ahora bien, esto es así. Los centros admiten mayores tensiones entre profesores y alumnos, y entre alumnos y alumnos. Los propios estudiantes/as comprenden que ellos no consentirían a sus hijos determinados comportamientos. ¿Y qué se nos ocurre como solución? Que los muchachos vuelvan al usted. No es que lo diga el presidente derechón francés; lo ratifica un genuino representante de nuestra inteligencia de izquierdas.
Lo voy a decir una vez más y luego prometo que me callo. No quiero que me digan que soy un pelma, como hacen mis alumnos, con todo el cariño, eso sí.
El mayor esfuerzo, la mayor preocupación, los trabajos más importantes de una sociedad deben ser procurar la buena educación de sus generaciones de relevo. Para ello, y puesto que educar significa dirigir hacia, es fundamental tener claro hacia dónde se quiere llegar. Esto es, definir unos valores de comportamiento individual que sean constructores de una buena convivencia social, y dedicarse todos a dirigir a los jóvenes por ese camino. Lógicamente, y en primer lugar, los padres y madres, que son los únicos responsables de lo que ocurra con sus hijos. Y con la ayuda de la escuela, desde luego, pero sólo con la ayuda de.
Vuelvo a lo mío. Educar en la libertad y en la responsabilidad sigue siendo un método válido. En los dos valores. No, como ha ocurrido, que se nos ha perdido el segundo en el viaje. Lo que ocurre es que, para poder educar de esta manera, toda la sociedad tiene que caminar por el mismo frente. En este sentido, una sociedad liderada por el egoísmo, como la actual, no tiene más futuro que el que estamos viendo, y nos preocupa. Es inútil echar balones fuera, y mucho menos culpabilizar a la mala o buena educación en el tratamiento. Una sociedad en la que quienes practican los comportamientos más antisociales pueden tener un papel público como referencia tiene un mal destino ante sí.
Es necesario actuar con vigor y con urgencia sobre nuestros propios comportamientos, no tanto sobre los de nuestros hijos. Es la sociedad la que se tiene que armar de valores éticos y sociales positivos, para poder presentarlos como naturales a los que vienen. Es absurdo pensar que lo que no se hace en las casas, en la calle, en los medios de comunicación se vaya a conseguir en la escuela, sea pública o concertada, religiosa (¿existe tal escuela?) o laica. Y menos si lo primero que se les ocurre a los pensantes es proponernos que enseñemos a los alumnos/as conjugar los verbos con usted. ecd
ENTREVISTA Ascensión Renobales, de 55 años, nació en Bilbao, aunque lleva viviendo en Vitoria desde que se casó. Tiene una hija de 18 años. Imparte la asignatura de Francés. Sacó la carrera de Filología Francesa en Valladolid y ha pasado por distintos centros escolares desde el año 1984. El último curso ha enseñado en el Instituto Francisco de Vitoria. Casi siempre ha tenido alumnos de 14 a 18 años, a los que siempre trata de usted. «No puede haber déficit de límites entre profesor y alumno».
Mariano Lacruz, de 55 años, es natural de Zaragoza, si bien lleva tres décadas como profesor de Historia, primero, y Economía, ahora, en el Instituto Francisco de Vitoria. Está casado y tiene dos hijos de 22 y 29 años. «Tenemos que ser polivalentes, estamos un poco en manos de gente de despacho», justifica. Hasta la fecha, ha impartido clase a alumnos de 14 a 18 años. «Los alumnos son como los clientes: te cuesta ganarlos y es fácil perderlos», opina.
EXPERIENCIA. Los dos tutores coinciden en que «tanto nosotros como los alumnos agradecemos que haya normas en la escuela. De lo contrario, estarían desconcertados». / IOSU ONANDIA
ITSASO ÁLVAREZ 08/07/07
En los 80, muchos profesores de instituto, jóvenes, progresistas y animados por el espíritu de la Transición, insistieron en derribar dos clásicos símbolos de autoridad: las tarimas y el tratamiento de 'usted'. Elementos que hoy algunos docentes se plantean restaurar. El primero, por su carácter práctico, y el segundo, para ayudar a los jóvenes a diferenciar los papeles en el aula.
Hace unos días, el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, explicaba en un curso de verano que el primer paso para acabar con la violencia en la escuela consiste en restablecer el respeto por los maestros, y que ello debería comenzar por «erradicar» el tuteo y utilizar el 'usted' en la relación con el alumnado. «Sin la autoridad de los profesores coexistiendo con la libertad, es muy difícil que las cosas se enderecen como deben», aseguró. Múgica recordaba que, de niño, cuando el tutor le decía que iba a enviar a su madre una nota por lo mal que se había portado en clase, «se echaba a temblar». Y que ahora le producía extrañeza que, «a veces, los padres van a quejarse ante un profesor por lo mal que tratan a sus hijos».
Mariano Lacruz y Ascensión Renobales, profesores de Historia y Economía y Francés, respectivamente, en el Instituto Francisco de Vitoria, en la capital alavesa, coinciden en que lo importante es crear un clima de convivencia en las aulas y que para ello deben estar implicados profesores, alumnos y familias. Coinciden también en su clase ideal: aquélla en la que no se sientan continuamente retados, en la que sus directrices sean acatadas con normalidad, en la que el trato sea deferente, pero no distante, y que todo esto ocurriera de forma automática. Por el contrario, sobre el tuteo y el usted mantienen discrepancias. Se preguntan si el tratamiento debe ser sólo un signo exterior de respeto o bien si debe conllevar algo más.
El mero formalismo
-¿Les cuesta emplear el formalismo?
-Ascensión Renobales: A mí me sale instintivamente. Me implica cortesía, respeto y distanciamiento. Con mis alumnos jamás he utilizado el tú. Forma parte del respeto que una se gana día a día. Parto de la base de que me interesa la educación y que, para ello, no hay que olvidar que existen las formas. Que están por algo, no de adorno, que tienen una finalidad.
-¿Y ya saben los chavales conjugarlo?
-Renobales: Es cierto que, en ocasiones, se da algún momento de broma, pero sin ofender. Te ven con el pelo blanco, te ven mayor y dicen: 'Ésta de qué va'. Pero no todos. Ayer mismo me tropecé por la calle con una alumna, nos paramos y hablamos y las dos mantuvimos el usted. Me parece una cortesía y la demostración de que hay un respeto mutuo. Aparte de que el nivel de coleguismo no me gusta. Eso es para otro ambiente. Aquí, a nivel académico, no tiene por qué haber el 'colegui'.
-Mariano Lacruz: Yo trato a todos de tú. Casi puedo decir que no he vivido una situación de falta de respeto en los 30 años que llevo en la enseñanza. Y cuando un alumno ha perdido los papeles, me ha pedido disculpas luego. Si a lo que se refiere el Defensor del Pueblo es a la falta de distancia entre alumnos y profesores, creo que el problema no está en el formalismo. Pero es verdad que el compadreo es lo que tiene. Confianza debe haber, pero si un profesor se coloca de igual a igual con el alumno, acabará teniendo problemas, porque éste no va a entender que luego le exija un comportamiento o, sencillamente, que le suspenda. Decir 'somos iguales' sería un poco engañar, jugar a despistar a la otra parte.
-Renobales: Si el 1 de septiembre no empiezas con unas pautas, el 12 de octubre hay un problema de indisciplina y, a ver cómo lo haces después de haber sido el colegui y el majo. Pero si desde el primer momento has dicho 'hasta aquí'... Para eso está la tarima, desde la que divisas todo. A mí me parece que una asignatura que tendría que volver es la de Urbanidad, que enseñaba a saber sentarse bien, cómo dirigirse a las personas...
-Lacruz: huy, huy, huy. Ahí sí que discrepo. Yo no sé si lo he vivido, pero sí recuerdo que mi padre tenía un libro de 'Urbanidad'. Yo me refiero a que algunas formas sí son importantes. El no cortar cuando uno está hablando, el aprender a esperar a que uno termine de hablar, por ejemplo. Yo prefiero que las vivan con cada uno de nosotros, en cada clase. El resultado de los años de escuela es lo que les dará una cierta competencia en saberse relacionar, en no quedar mal... Considero que si esto fuera una asignatura, no tendría ningún éxito. A veces es verdad que les tienes que llamar la atención: siéntate bien, no comas en clase... ¿Algunos pegan mordiscos al bocadillo en mitad de clase! Pero, de entrada, yo no digo las normas, asumo que, a su edad, 15-16-17 años, las saben.
-Entonces, con los móviles, habrá también problemas.
-Renobales: Eso lo tienen muy controlado. No les quitamos el móvil, pueden tenerlo en clase, pero en silencio. A mí no me llama la atención este tema. Me llama más, por ejemplo, que se sienten mal en el pupitre. Le digo al alumno: 'Por favor, que su espalda va a sufrir, que va a tener escoliosis'. De entrada, no entiende lo que es la escoliosis, pero bueno. Ahora, yo estoy terriblemente agradecida a que sigan unas mínimas normas. Lo mismo que si vas a un restaurante y te dicen: 'Pantalón, visera y chanclas, fuera'.
-Lacruz: El primer año hubo un poco más de conflicto, por la falta de costumbre. Pero no suelen sonar los móviles en clase. A veces te avisa el alumno de que espera una llamada de trabajo y lo pasas.
-Parece que los chavales no son tan fieros como los pintan.
-Lacruz: De entrada, vienen aceptando que la norma la pone la escuela. El hecho de que cada profesor siguiera un camino les desconcertaría. Creo que en el fondo agradecen que haya normas, las que sea, aunque sea con ligeras diferencias de un profesor a otro. Eso les da seguridad. Lo mismo que tienen que aceptar el suspenso cuando no han estudiado, aceptan la pequeña bronca.
-Renobales: En el momento echan todos los exabruptos que pueden y luego, cuando les dices que se muerdan la lengua, que a lo mejor se arrepienten, recapacitan y tienen la nobleza de perdir perdón.
-Lacruz: También es verdad que todos y cada uno de los días llamamos la atención a los alumnos.
-¿Han llegado a echarles de clase?
-Lacruz: A veces les sacamos al pasillo, por lo menos diez minutos, o les cambiamos de sitio en clase. Pero si a cada alumno que molesta le dijéramos 'sal de clase', los pasillos estarían colapsados.
-Renobales: Eso es verdad. Sí, sacarles al pasillo sirve para que se relajen un poco y luego vuelvan a entrar más tranquilos. Una manzana podrida te salpica todo y conviene que recuperen la calma.
pérdida del control
-¿Cuánto tiempo, paciencia y esfuerzo dedican a ganarse la autoridad?
-Lacruz: Recuerdo que a un alumno le hice alguna alusión personal y luego le pedí disculpas porque me había pasado. El profesor nunca debe ridiculizar al alumno. Los docentes tenemos la parte más difícil: no podemos saltar en clase y tenemos que contenernos ante situaciones que, si estuviéramos en otro ámbito, saltaríamos. Pero debemos autocontrolarnos y evitar una explosión porque no podemos estar poniendo normas para luego romperlas. Y si un día te sale una frase más alta que otra, te disculpas y los chavales comprenden.
-Renobales: Es un trabajo diario. La base está en el respeto, no en ese déficit de límites entre el profesor y el alumno. Cuando entran los alumnos por la puerta, ya te das cuenta de cómo entran. Acalorados, desganados...
-Lacruz: Es como los clientes: te cuesta ganarlos, y es fácil perderlos.
-Renobales: Y como con el prestigio.
-Lacruz: Puedes perder mucho capital si un día eres arbitrario o si pierdes el control. Agradecen que seas justo. La idea de justicia la tienen clara. Justicia y, al mismo tiempo, preocupación por ellos. Realmente, como profesor, tienes un verdadero interés personal en que aprendan y cuanto más, mejor. Aunque les estés suspendiendo, tienes que tener claro que les estás poniendo los medios. Ellos lo agradecen, es la aceptación de la autoridad. Y esa atención permanente para con ellos te da más autoridad que gritar en clase, por supuesto.
-Renobales: También es verdad que cada grupo, y cada alumno, es un mundo.
-Lacruz: Hay un tanto por ciento de suerte. Hay grupos donde la convivencia es mala por el motivo que sea. Como profesor puedes tratar de cohesionar y que, por lo menos, funcione la mecánica, pero no por eso obligarles a que sean amigos. Y otras veces hay clases que son una maravilla: una relación fluida, se ayudan entre ellos, nadie se ríe del otro o se ríe en plan simpático... En ésas, miras el reloj y te preguntas cómo es posible que las agujas avancen tan rápido.
-Renobales: Nosotros también les formamos como personas, pero, al final, los alumnos son muy distintos, cada uno de un padre y una madre. Y no hay una clase homogénea. Algunos son más críos
-Lacruz: Es que los institutos han cambiado mucho porque antes no había niños. Bueno, sí los había, pero eran todos mayores de 14 años, cuando ahora son todos mayores de 12. A esta edad hay realmente problemas de comportamiento con ellos. Y qué contar con la llegada de extranjeros; que supone aprender formas de comportamiento distintas. Estaba pensando si esa preocupación del Defensor del Pueblo por restaurar la convivencia a través del usted no viene de una preocupación que de verdad existe, porque les está costando adaptarse a todos estos cambios. Y luego está la situación laboral y social. Ahora mismo, la juventud tiene un futuro un poco incierto. Aparentemente hay mucho trabajo, pero no hay buenos trabajos.
-Renobales: Hay más alternativas que las que tuvimos nosotros, pero, en general, los chavales no conocen la palabra esfuerzo. Los modelos televisivos que hablan de éxitos inmediatos sin esforzarse son una mala influencia. Todos queremos que nuestros hijos estudien. Les decimos: intenten acabar, porque esto es algo que les queda.
-Lacruz: No tienen muy claro que ese esfuerzo pueda ser rentable y está haciéndose un poco difícil hacerles trabajar. Yo creo que los resultados académicos están bajando.
-Renobales: También en la Universidad, ¿eh?
-Lacruz: Por eso me preocupa, es un problema de país. Por ejemplo, la competencia lingüística, la comprensión y la expresión están bajando. Eso puede tener que ver con que no tienen muy claro esa relación directa con el esfuerzo. Como el premio es a largo plazo, les cuesta. Se está viendo ahora que, muchas veces, no por tener un título se tiene un trabajo mejor. Eso, unido a que pueden disponer de información con rapidez -televisión, Internet, teléfono- les da la sensación engañosa de que todo es fácil. Luchamos contra eso; contra la aparente facilidad.
-Renobales: Lo que sí es cierto es que si vienen bien educados de casa no habrá ningún problema.
relación con los padres
-¿Practican ustedes lo de la notita incriminatoria para los padres, esa de la que hablaba Enrique Múgica?
-Renobales: La notita funciona. Yo, por ejemplo, si ha habido algún malentendido, hablo con el tutor y le pido permiso para poder hablar con los padres para aclararlo. Ahora bien, a ningún alumno le gusta que llames a su casa.
-Lacruz: Yo creo que eso tiene efecto con algunos alumnos, pero con otros... Ahora, también es verdad que los chavales siguen falsificando las notas, y por algo será. Y algunos te piden que no les des un papel para llevar a casa, porque saben que lo van a pasar mal.
-Renobales: ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Te asustas y falsificas. Si das las notas un viernes y pides que el lunes las traigan firmadas, sabes que ese día no van a llegar, porque hay un fin de semana por medio que les puede afectar más.
-¿Les llegan padres que se quejan de lo mal que, según ellos, ustedes tratan a sus hijos?
-Lacruz: Hay casos en que pierden los papeles con los profesores, más incluso que los chavales. A mí me ha ocurrido, me han venido a reclamar de manera insultante. Yo he vivido situaciones realmente de desprecio, de despreciar al profesor. Situaciones que he tenido que cortar. Yo, a ese nivel, no mantengo la conversación.
-Renobales: Con ese comportamiento te están pidiendo ayuda ellos también. Yo no he vivido este tipo de casos, pero sí es cierto que a algunos padres les llama la atención que les digas cómo es su chaval en clase cuando, según ellos, en casa es bueno. Y al revés, en casa igual es un demonio, y aceptable y correcto en el colegio.
-Lacruz: Yo creo que no es frecuente que la familia ponga en cuestión lo que dice la escuela. Otra cosa es que en el hogar haya problemas y el alumno se comporte de manera agresiva en las aulas por sus problemas de casa.
-¿Les afecta la reacción de los padres a nivel personal?
-Lacruz: Yo no he tenido nunca un profesor que estuviera quemado y ahora hay profesores que lo pasan fatal. Nuestros profesores lo tenían más fácil. Si no te gusta la enseñanza, esto no es lo tuyo.
-Renobales: Nosotros, por ahora no echamos humo. Si ves que el producto ha ido saliendo te das por satisfecho. Habrá días mejores y otros peores, pero te quedas con lo bueno. Yo elimino lo malo, como las malas reacciones de los padres, no te compensa.
-Son ambos padres de adolescentes. ¿Eso ayuda a la hora de asumir la docencia?
-Lacruz: Claro que hay otra libertad y otra proximidad, y tu hijo o tu hija te pueden decir lo que tus alumnos no se atreven. Pero sí creo que el haber sido padre ha sido un buen entrenamiento para ser profesor. Sobre todo, para aprender ese peloteo permanente con el adolescente, en el que no puedes decir siempre que no, sino que hay que estar todo el día negociando.
-Renobales: Como la patronal y el obrero.
-Lacruz: Además, los hijos te dan ideas para la clase, sobre cómo tratar a los alumnos.
-Renobales: A veces, también haces agravios comparativos. Cuando llegas a casa y te encuentras con una mala respuesta de tu hija, piensas que, bueno, igual esto me lo hubieran dicho en clase y no se han atrevido porque hay una tarima, una distancia relativa. Reconozco que yo soy algo madre con los chicos. Alguno me dice: 'Qué pesada, eres como mi madre, me controlas'. ecd
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Trato familiar
TRiBUNA MANUEL ALCÁNTARA
03.08.07 - Casi 3.500 padres han denunciado a sus hijos por agresión en lo que va de año. No hay que asombrarse: eso pasa en las peores familias. Los sociólogos y los psicólogos, que tienen tiempo para todo incluso en agosto, se preguntan por qué crecen últimamente los malos tratos. Ignoran la causa, que es múltiple, pero de momento han dado un gran paso descubriendo su nombre: le llaman 'síndrome del tirano'. Antes de crecer, hay adolescentes que se crecen y antes de perder la inocencia pierden la vergüenza. Se vuelven irascibles y despóticos, y a las primeras de cambio, incluso antes de cambiar unas palabras, le arrean un par de hostias a sus progenitores, para que aprendan, que ya van teniendo edad para saber lo que es bueno.
Hay que reconocer que educar a los padres siempre es una tarea ardua. Creen que siempre tienen razón y que hay que hacerles caso porque llevan más tiempo de residentes en la misma casa. Por otra parte, también hay que tener en cuenta que obedecer a quienes les han traído al mundo sin previa consulta es más difícil que obedecer a los propios instintos. Hay muchachas y muchachos que no consiguen hacer carrera de sus padres, por más pacientes que sean, y acaban dejándolos por imposibles.
Los expertos en educación aseguran que la crisis del modelo familiar se debe en buena parte a la falta de autoridad de los profesores, pero no lo creo. Me consta que algunos maestros que trabajan en barrios del extrarradio van a sus clases provistos de casco, bajo el lema de 'Enseña, pero seguro'. Nadie puede saber el motivo de la quiebra, por supuesto llena de excepciones, de una institución tan antigua y prestigiosa, de la que se deriva el clan y en ciertos grupos sociales la mafia. Por fortuna, si el desguace prosigue, todavía quedan algunas pensiones, más o menos de segunda división, donde se ofrece 'Trato familiar'.ecd






