Los padres deben vigilarlos cuando los sanciona la escuela·
Un polémico sistema, que impera ya en Escocia
Con un promedio de 1200 sanciones por día y un alza pronunciada en crímenes y delitos cometidos en la vía pública por menores de 10 años, las autoridades británicas decidieron adoptar un polémico sistema, que impera ya en Escocia. El nuevo régimen obliga a los padres de todo alumno que haya recibido una suspensión por un máximo de cinco días a mantener a su hijo bajo estricta supervisión hogareña mientras dure la pena.
Los padres que se rehúsen a cumplir con la medida o que, al ser su hijo arrestado, no puedan ofrecer una explicación razonable por su presencia en un lugar público, recibirán una multa de 50 libras (unos 100 dólares).
Al final de la detención domiciliaria, es decir, al sexto día de la suspensión, el alumno será sometido en su escuela a una entrevista de “reintegración”, a la cual tendrá que asistir acompañado por sus padres. Al mismo tiempo, los gobiernos municipales deberán ofrecer a los estudiantes afectados clases personalizadas de adaptación social. Este requisito ya existía, pero sólo se aplicaba a alumnos suspendidos por más de 16 días.
La mayoría de las suspensiones en Inglaterra y Gales son por no más de cuatro días, pero el último año más de 13.000 sanciones, entre suspensiones y expulsiones, se extendieron a más de 15 días.
"Es hora de terminar con una situación que ha permitido que la suspensión sea interpretada como un premio, porque les da tiempo a los chicos para juntarse con sus pandillas para hacer travesuras, en el mejor de los casos, o delitos, en los peores", explicó el ministro de Educación, Ed Balls.
"No podemos esperar -agregó- que la escuela cargue con todo el peso de mantener la disciplina. Los padres tienen que asumir la responsabilidad por la conducta de sus hijos."
Mientras en 1998 se abolió en Gran Bretaña el castigo corporal en todas las escuelas, hace dos años Inglaterra y Gales establecieron un sistema voluntario de "contacto parental", por el cual los padres de niños con trastornos serios de disciplina se comprometían a colaborar con las autoridades del colegio en un programa personalizado de readaptación social.
Primeras objeciones
Dos organizaciones no gubernamentales, Parentline Plus y Advisory Centre for Education, criticaron, sin embargo, la nueva política. Advirtieron en un comunicado que puede dañar seriamente a las familias más pobres.
"La mayoría de los padres que tienen que salir a ganarse el pan se arriesgan a perder su empleo si, de pronto, son obligados a abandonar su puesto de trabajo para permanecer cinco días o más actuando como guardianes de sus hijos. Además, muchos de los chicos son físicamente más grandes y fuertes que los padres que tienen que confinarlos. Cumplir con esta norma va a ser para muchos impracticable", aseguraron.
Actualmente, todos los suspenidos son pasibles de ser enviados a aulas de educación aislada conocidas como "unidades de referencia" para impedirles que interrumpan con su indisciplina las lecciones del resto del alumnado.
Durante el último año, 15.000 estudiantes ingleses y galeses fueron enviados a 450 "unidades de referencia". Este sistema fue recientemente criticado por el líder del partido conservador, David Cameron, por considerarlo "ineficiente y caro."
A partir de este año escolar, que comenzará aquí dentro de quince días, las escuelas secundarias deberán también dictar clases de "respeto" e "inteligencia emocional".
Se trata, en realidad, de la ampliación del programa Aspectos Sociales y Emocionales del Aprendizaje ( Social and Emotional Aspects of Learning , conocido como SEAL), que ya se puso en marcha hace varios años en numerosas escuelas de nivel primario.
Susan Hallam, directora del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, asegura que los colegios donde el SEAL fue dictado se convirtieron en lugares "más tranquilos y con una atmósfera positiva".
"Los chicos aprecian mejor a sus compañeros, y también a sí mismos, al aprender a tener en cuenta el impacto de sus acciones sobre el resto de la sociedad", estimó la pedagoga.
De acuerdo con un informe del Ministerio del Interior británico, unos 2840 crímenes cometidos en 32 regiones de Inglaterra y Gales durante el último año fueron atribuidos a menores de 10 años de edad.
Estos datos incluyen 1300 casos de incendios dolosos y daños criminales, así como 66 ataques sexuales, ninguno de lo cuales pudo ser sancionado con penas de prisión por ser sus autores menores de edad.
Mientras tanto, se estima que en los últimos dos años unos 58.000 maestros fueron blanco de agresiones por parte de padres de alumnos, en otro preocupante indicador de la violencia latente en las escuelas y fuera de ellas.
lanacion
TRiBUNA
La solución no pasa por criminalizar
Inés Dussel, coordinadora del área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)
LA NACION 6 de setiembre de 2007
La noticia estremece. Impactan los números: un promedio de 1200 chicos expulsados de la escuela por día (aunque las expulsiones no sean definitivas y haya mecanismos de reingreso) no nos deja el consuelo de la anécdota. No hay duda de que algo se está yendo de las manos y que estamos frente a un problema de funcionamiento del sistema educativo y de la sociedad en su conjunto.
También impresiona en la noticia la asociación inmediata con la criminalidad infantil. Parece que hubiera un vínculo directo, que no necesita demostrarse, entre salir de la escuela y entrar en la delincuencia. Y perturba pensar que la solución es culpar a los padres, volver más estricta la carga sobre las familias, para resolver un problema que a todas luces parece más complejo.
Vayamos por partes y distingamos algunos elementos que, aunque vengan juntos, no necesariamente tienen una relación de causa-efecto.
Suele argumentarse que el problema disciplinario en las escuelas es que "los chicos ya no vienen como antes". En todo caso, antes de quedarse en el lamento nostálgico, habría que volver la pregunta sobre la propia escuela y trabajar más sobre las dificultades para incluir a los estudiantes en una propuesta basada en la confianza y en el trabajo pedagógico.
Si hay algo roto en el vínculo que propone la escuela, ¿es todo responsabilidad de las nuevas generaciones? ¿No habrá que interrogarse también sobre las respuestas adultas? La disciplina nunca es sólo el espacio de las "inconductas"; es, antes que nada, un orden pedagógico, un estilo de trabajo.
No es un tema del recreo: es un problema del aula, del docente y de la dirección. Pensar que es algo que "traen" los chicos desde sus casas, por fuera de ese vínculo, es errar en el diagnóstico, y seguramente equivocarse en las soluciones.
Esto no quiere decir que todo pueda ser solucionado dentro de la escuela o que este problema sea sólo causado por la escuela. Es indudable que hay problemas de gobierno en las sociedades contemporáneas, que prometen el "libre reinado del individuo" pero que después no pueden cumplir con esa promesa. Ninguna sociedad organizada puede hacerlo.
* * *
Hay fronteras más difusas entre el bien y el mal, hay una relación de espectadores con los semejantes. ¿Cómo se insiste en una organización escolar que exige la repetición, la memoria y la aceptación de contenidos y horarios decididos por otros, cuando buena parte de la sociedad dice que eso no sirve, no vale? Hay un problema real, candente, que no puede resolverse mirando hacia atrás ni con miradas lineales.
Que un chico se porte mal en la escuela no quiere decir que vaya a ser delincuente, ni mucho menos. Está bien convocar a las familias para compartir la responsabilidad de educar a los niños, pero no puede hacérselo sólo para cargar las tintas sobre ellas, muchas veces con padres trabajadores que no pueden asegurarse de seguir a sus hijos a toda hora.
La sociedad, y no sólo la escuela, tiene que pensar este problema y proponer soluciones que no pasen por criminalizar, excluir o marginar, sino que ayuden a encontrar formas de tramitar los conflictos de otras maneras. Para que nadie sienta que no hay lugar para él o ella en la sociedad y corte todo lazo con lo común, con lo de todos.
lanacion.com
Un polémico sistema, que impera ya en Escocia
| Sanciones
Adiós tradición: en 1998 el Reino Unido abolió el castigo corporal en las escuelas. Integración: en 2003 se crearon programas de readaptación social para chicos indisciplinados, con participación de los padres. Problemas: se estima que un maestro por día es agredido en una escuela británica. Ultimos dos años: unos 85.000 docentes fueron víctimas de agresiones por parte de sus alumnos. Licencia: en ese período, 297 maestros dejaron de ir a la escuela por tres días o más. | LA NACION/ Graciela Iglesias 6 de setiembre de 2007 LONDRES
Arresto domiciliario para los estudiantes sancionados y severas multas para sus padres son dos de las drásticas medidas puestas en marcha en Inglaterra y en Gales para lograr que la suspensión del colegio deje de ser una oportunidad para la vagancia y para llevar a la calle la violencia ya expresada en los claustros. |
Los padres que se rehúsen a cumplir con la medida o que, al ser su hijo arrestado, no puedan ofrecer una explicación razonable por su presencia en un lugar público, recibirán una multa de 50 libras (unos 100 dólares).
Al final de la detención domiciliaria, es decir, al sexto día de la suspensión, el alumno será sometido en su escuela a una entrevista de “reintegración”, a la cual tendrá que asistir acompañado por sus padres. Al mismo tiempo, los gobiernos municipales deberán ofrecer a los estudiantes afectados clases personalizadas de adaptación social. Este requisito ya existía, pero sólo se aplicaba a alumnos suspendidos por más de 16 días.
La mayoría de las suspensiones en Inglaterra y Gales son por no más de cuatro días, pero el último año más de 13.000 sanciones, entre suspensiones y expulsiones, se extendieron a más de 15 días.
"Es hora de terminar con una situación que ha permitido que la suspensión sea interpretada como un premio, porque les da tiempo a los chicos para juntarse con sus pandillas para hacer travesuras, en el mejor de los casos, o delitos, en los peores", explicó el ministro de Educación, Ed Balls.
"No podemos esperar -agregó- que la escuela cargue con todo el peso de mantener la disciplina. Los padres tienen que asumir la responsabilidad por la conducta de sus hijos."
Mientras en 1998 se abolió en Gran Bretaña el castigo corporal en todas las escuelas, hace dos años Inglaterra y Gales establecieron un sistema voluntario de "contacto parental", por el cual los padres de niños con trastornos serios de disciplina se comprometían a colaborar con las autoridades del colegio en un programa personalizado de readaptación social.
Primeras objeciones
Dos organizaciones no gubernamentales, Parentline Plus y Advisory Centre for Education, criticaron, sin embargo, la nueva política. Advirtieron en un comunicado que puede dañar seriamente a las familias más pobres.
"La mayoría de los padres que tienen que salir a ganarse el pan se arriesgan a perder su empleo si, de pronto, son obligados a abandonar su puesto de trabajo para permanecer cinco días o más actuando como guardianes de sus hijos. Además, muchos de los chicos son físicamente más grandes y fuertes que los padres que tienen que confinarlos. Cumplir con esta norma va a ser para muchos impracticable", aseguraron.
Actualmente, todos los suspenidos son pasibles de ser enviados a aulas de educación aislada conocidas como "unidades de referencia" para impedirles que interrumpan con su indisciplina las lecciones del resto del alumnado.
Durante el último año, 15.000 estudiantes ingleses y galeses fueron enviados a 450 "unidades de referencia". Este sistema fue recientemente criticado por el líder del partido conservador, David Cameron, por considerarlo "ineficiente y caro."
A partir de este año escolar, que comenzará aquí dentro de quince días, las escuelas secundarias deberán también dictar clases de "respeto" e "inteligencia emocional".
Se trata, en realidad, de la ampliación del programa Aspectos Sociales y Emocionales del Aprendizaje ( Social and Emotional Aspects of Learning , conocido como SEAL), que ya se puso en marcha hace varios años en numerosas escuelas de nivel primario.
Susan Hallam, directora del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, asegura que los colegios donde el SEAL fue dictado se convirtieron en lugares "más tranquilos y con una atmósfera positiva".
"Los chicos aprecian mejor a sus compañeros, y también a sí mismos, al aprender a tener en cuenta el impacto de sus acciones sobre el resto de la sociedad", estimó la pedagoga.
De acuerdo con un informe del Ministerio del Interior británico, unos 2840 crímenes cometidos en 32 regiones de Inglaterra y Gales durante el último año fueron atribuidos a menores de 10 años de edad.
Estos datos incluyen 1300 casos de incendios dolosos y daños criminales, así como 66 ataques sexuales, ninguno de lo cuales pudo ser sancionado con penas de prisión por ser sus autores menores de edad.
Mientras tanto, se estima que en los últimos dos años unos 58.000 maestros fueron blanco de agresiones por parte de padres de alumnos, en otro preocupante indicador de la violencia latente en las escuelas y fuera de ellas.
lanacion
TRiBUNA
Inés Dussel, coordinadora del área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)
LA NACION 6 de setiembre de 2007
La noticia estremece. Impactan los números: un promedio de 1200 chicos expulsados de la escuela por día (aunque las expulsiones no sean definitivas y haya mecanismos de reingreso) no nos deja el consuelo de la anécdota. No hay duda de que algo se está yendo de las manos y que estamos frente a un problema de funcionamiento del sistema educativo y de la sociedad en su conjunto.
También impresiona en la noticia la asociación inmediata con la criminalidad infantil. Parece que hubiera un vínculo directo, que no necesita demostrarse, entre salir de la escuela y entrar en la delincuencia. Y perturba pensar que la solución es culpar a los padres, volver más estricta la carga sobre las familias, para resolver un problema que a todas luces parece más complejo.
Vayamos por partes y distingamos algunos elementos que, aunque vengan juntos, no necesariamente tienen una relación de causa-efecto.
Suele argumentarse que el problema disciplinario en las escuelas es que "los chicos ya no vienen como antes". En todo caso, antes de quedarse en el lamento nostálgico, habría que volver la pregunta sobre la propia escuela y trabajar más sobre las dificultades para incluir a los estudiantes en una propuesta basada en la confianza y en el trabajo pedagógico.
Si hay algo roto en el vínculo que propone la escuela, ¿es todo responsabilidad de las nuevas generaciones? ¿No habrá que interrogarse también sobre las respuestas adultas? La disciplina nunca es sólo el espacio de las "inconductas"; es, antes que nada, un orden pedagógico, un estilo de trabajo.
No es un tema del recreo: es un problema del aula, del docente y de la dirección. Pensar que es algo que "traen" los chicos desde sus casas, por fuera de ese vínculo, es errar en el diagnóstico, y seguramente equivocarse en las soluciones.
Esto no quiere decir que todo pueda ser solucionado dentro de la escuela o que este problema sea sólo causado por la escuela. Es indudable que hay problemas de gobierno en las sociedades contemporáneas, que prometen el "libre reinado del individuo" pero que después no pueden cumplir con esa promesa. Ninguna sociedad organizada puede hacerlo.
* * *
Hay fronteras más difusas entre el bien y el mal, hay una relación de espectadores con los semejantes. ¿Cómo se insiste en una organización escolar que exige la repetición, la memoria y la aceptación de contenidos y horarios decididos por otros, cuando buena parte de la sociedad dice que eso no sirve, no vale? Hay un problema real, candente, que no puede resolverse mirando hacia atrás ni con miradas lineales.
Que un chico se porte mal en la escuela no quiere decir que vaya a ser delincuente, ni mucho menos. Está bien convocar a las familias para compartir la responsabilidad de educar a los niños, pero no puede hacérselo sólo para cargar las tintas sobre ellas, muchas veces con padres trabajadores que no pueden asegurarse de seguir a sus hijos a toda hora.
La sociedad, y no sólo la escuela, tiene que pensar este problema y proponer soluciones que no pasen por criminalizar, excluir o marginar, sino que ayuden a encontrar formas de tramitar los conflictos de otras maneras. Para que nadie sienta que no hay lugar para él o ella en la sociedad y corte todo lazo con lo común, con lo de todos.
lanacion.com






