La Policía Local ha apercibido a 187 adolescentes por tomar estupefacientes, frente a 78 por ingerir licores · Sólo uno de cada diez padres se pone en contacto con los agentes para pedir información sobre sus hijos · La finalidad de las cartas es advertir a los progenitores de los hábitos de sus hijos
En el caso de los psicotrópicos, las misivas no vienen solas. Todas llevan aparejada una denuncia ante la Subdelegación del Gobierno, que contempla sanciones económicas desde 300 euros. Y no hay lugar para la picaresca. La legislación considera «responsables subsidiarios» a los padres, advierte un policía del Gemac.
Sólo hay una escapatoria posible a la multa. «Si el adolescente se somete a un tratamiento en un centro especializado -apostilla el funcionario policial- se le perdonaría la sanción económica».
Aparte de la denuncia, los agentes del Gemac remiten a los progenitores una carta en la que se les informa de que sus hijos han sido sorprendidos consumiendo estupefacientes, y les advierten del carácter nocivo de estas sustancias.
El mismo tipo de misiva es el que se envía a los padres cuando, en lugar de hachís, se les pilla tomando bebidas alcohólicas. La Policía Local ha remitido 78 cartas por este motivo, es decir, menos de la mitad que por consumo de drogas. De ellas, nueve han supuesto además una denuncia por infracción a la Ley del Botellón.
Buena parte de esta correspondencia se ha enviado durante el periodo de feria. Los policías municipales llegaron a un acuerdo verbal con los sanitarios para que les avisasen cuando atendiesen a algún menor por coma etílico.
En estos casos, los agentes han ido más allá del mero apercibimiento a los adolescentes. «Les preguntamos a sus amigos dónde les sirvieron bebidas alcohólicas. Por este motivo se cerraron cuatro casetas en feria», dice.
En las cartas, a los padres se les facilitan dos números de teléfonos para que puedan llamar e informarse de los hábitos de sus hijos. La mayoría no lo hace. «Calculo que sólo un 10% se pone en contacto con nosotros», estima un funcionario del Gemac. «A mí me sorprende, porque si le sucediera a mi hijo -opina el agente- lo primero que haría sería llamar».
¿Cuánto cuesta la multa?
Porque la finalidad del servicio es, precisamente, que los padres contacten con esta unidad policial para «prevenir algún tipo de drogodependencia en el futuro». Entre la minoría que llama a los números del Gemac, algunos se interesan por las circunstancias en que han sido sorprendidos sus hijos. Otros, cuentan los agentes, sólo preguntan por la cuantía de la multa. Según fuentes policiales, también hay padres que llaman diciendo que tiene que haber un error, aduciendo que el niño dice que no era él o que fue el policía quien le metió la droga en el bolsillo.
Los menores, por su parte, reaccionan restando importancia a estos consumos. Argumentan que no es nada malo y que lo hacen todos sus amigos. «Cuando los sorprendemos en la calle, les explicamos que los porros son el primer escalón, que siempre se empieza por esto, y que pueden servir de trampolín para las demás drogas, pero es como predicar en el desierto, porque no te ven como a alguien que quiere ayudarles, sino como a un represor», cuenta un mando del Gemac. Según su experiencia, la franja de edad de estos consumidores precoces va de los 12 a los 17 años, aunque la edad que más se repite es 16 años.
Bares denunciados
Para los policías, el último eslabón es perseguir la venta de estas sustancias a los menores. Sobre todo, si se dispensan en establecimientos públicos. En lo que va de año, los agentes del Gemac han denunciado a 19 bares por servir bebidas alcohólicas a adolescentes, mientras que, por droga, se ha sancionado a varias casetas durante la feria.
A otros tantos adolescentes no se les sorprendió consumiendo ninguna sustancia, pero llevaban encima un arma prohibida. Medio centenar de menores han sido denunciados por tener una navaja o un cuchillo donde no debían. Las armas, en este caso, acaban en el depósito de la Guardia Civil. DS
«No podía creer que mi hijo fumara hachís»
Se ven a diario. Comen y cenan juntos, y hasta duermen bajo el mismo techo. Pero pocos saben lo que hacen sus vástagos fuera de casa. Así reaccionan los padres al enterarse de que flirtean con la droga
PAQUI DURÁN/ DS 10.09.07 MÁLAGA CANNABIS, hachís, alcohol, pastillas... la lista es considerable. La adolescencia es una etapa compleja: la personalidad aún no se ha fraguado, el joven intenta 'hacerse un hueco' en su entorno y busca la aceptación social. La curiosidad o el morbo por lo prohibido facilita que sucumban a la tentación de experimentar nuevas sensaciones. Por todo ello, no es de extrañar que muchos adolescentes se sientan atraídos por las drogas.
Es difícil determinar las causas por los que los menores comienzan a fumar o a beber alcohol, pero el caso es que cada vez empiezan antes. Los padres tampoco lo tienen claro. En la mayor parte de los casos, desconocen si su pequeño consume este tipo de sustancias. «La verdad es que no tengo ni idea. No puedo asegurar a ciencia cierta que mi hija no toma drogas», declara Pedro, de 49 años. Y continúa: «Yo confío en ella y tampoco me ha dado motivos para sospechar».
Averiguarlo no es una tarea fácil, pero la intuición paternal suele dar buenos resultados. A veces, un cambio en el comportamiento del joven suele dar la pista para detectar el problema. Carmen pudo percibirlo: «Notaba que mi hijo estaba más arisco que de costumbre. Cuando le preguntaba dónde iba o qué hacía por las noches, se molestaba. Yo pensaba que no era normal que me diera ese tipo de contestaciones. Eso me hizo sospechar que escondía algo».
Olor a hierba
En otras situaciones, los indicios son tan claros que no dejan lugar a dudas: «Me dí cuenta rápidamente de que mi hijo fumaba porros. No lo pillé 'in fraganti', pero era muy descarado. Una noche se presentó en casa mareado, con los ojos rojos y apestando a hierba. Le lié una buena...» describe Ángel.
El desconocimiento suele ser la nota predominante entre los padres. Los chavales lo mantienen en secreto y el misterio sólo se revela cuando cometen un desliz, pero rara vez lo confiesan a sus mayores que, por regla general, no sospechan nada.
Sin embargo, hay situaciones en las que les resulta inevitable afrontar la dura realidad. Una de ellas tiene lugar cuando los papás reciben la carta en la que la policía les informa sobre los hábitos de sus hijos. La otra se produce cuando ellos mismos 'descubren el pastel'. Dolores tuvo un hallazgo indiscutible: «Para mí era impensable que mi hijo fumara hachís. Nunca me había dado ningún problema. Un día, lavando sus pantalones, vi que guardaba una pequeña piedra en uno de los bolsillos. Me parecía muy raro. Sabía que bebía, pero no podía imaginar que tomara drogas».
Aprueban el botellón
Parece ser que, en la mentalidad paterna, los psicotrópicos gozan de categorías diferentes. De esta manera, no le dan demasiada importancia al consumo de alcohol (está más enraizado en nuestra sociedad). Por contra, se muestran mucho menos comprensivos ante sustancias como el cannabis o los alucinógenos. «No veo bien que mi chiquillo beba, pero comprendo que quiera hacer botellón con sus amigos. Pero lo que menos me gusta es que fume, porque una cosa lleva a la otra, y eso ya es peor».
En ocasiones, la excesiva permisividad de los padres les impide abordar el problema de una manera objetiva y a algunos les cuesta trabajo pensar que su chaval es el único responsable de su propia conducta. Como dice Teresa: «Mi hija es una estudiante ejemplar, me ayuda en casa... Es muy buena chica. Supongo que, al ver a sus amigas fumando eso, le dio por probar. No sé. Ella es inteligente como para hacer esas tonterías». DS
· «No podía creer que mi hijo fumara hachís»
| MENORES SANCIONADOS
Drogas (desde enero) Denuncias: 187. Cada multa lleva aparejada una carta que se envía a los padres para informarles de los hábitos de sus hijos. Sanción: Desde 300 euros. La legislación considera a los padres responsables subsidiarios. La multa puede quedar sin efecto si el menor se somete a tratamiento en un centro especializado. Alcohol Cartas enviadas: 78. Sólo nueve han supuesto además una denuncia por infracción a la Ley del Botellón. La multa es de 300 euros y los padres son responsables. Armas blancas Denuncias: 47. Armas: Se envían al Servicio de Intervención de Armas de la Comandancia de la Guardia Civil. Establecimientos denunciados Alcohol: La Policía Local ha sancionado a 19 bares por servir licores a menores. Drogas: Se han cerrado varias casetas durante la feria tras sorprender a adolescentes consumiendo algún psicotrópico en su interior. | MÁLAGA 10.09.07 - JUAN CANO/ DIARIO SUR
La balanza se ha desnivelado. Las drogas parecen tener más presencia que el alcohol entre los adolescentes. Eso al menos se desprende de las cartas enviadas por la Policía Local de Málaga a los padres de menores que han sido sorprendidos consumiendo alguna de estas sustancias en la calle. Las misivas remitidas este año por ingerir estupefacientes duplican ya a las de bebidas alcohólicas. Desde enero, el Grupo de Escoltas, Menores y Protección Ciudadana (Gemac) ha enviado 187 cartas a progenitores de adolescentes que han sido apercibidos por consumir droga en la calle. «Casi todas son por hachís -explica un agente de esta unidad- aunque también hay algunas por cocaína y, en menor medida, por drogas de diseño. |
Sólo hay una escapatoria posible a la multa. «Si el adolescente se somete a un tratamiento en un centro especializado -apostilla el funcionario policial- se le perdonaría la sanción económica».
Aparte de la denuncia, los agentes del Gemac remiten a los progenitores una carta en la que se les informa de que sus hijos han sido sorprendidos consumiendo estupefacientes, y les advierten del carácter nocivo de estas sustancias.
El mismo tipo de misiva es el que se envía a los padres cuando, en lugar de hachís, se les pilla tomando bebidas alcohólicas. La Policía Local ha remitido 78 cartas por este motivo, es decir, menos de la mitad que por consumo de drogas. De ellas, nueve han supuesto además una denuncia por infracción a la Ley del Botellón.
Buena parte de esta correspondencia se ha enviado durante el periodo de feria. Los policías municipales llegaron a un acuerdo verbal con los sanitarios para que les avisasen cuando atendiesen a algún menor por coma etílico.
En estos casos, los agentes han ido más allá del mero apercibimiento a los adolescentes. «Les preguntamos a sus amigos dónde les sirvieron bebidas alcohólicas. Por este motivo se cerraron cuatro casetas en feria», dice.
En las cartas, a los padres se les facilitan dos números de teléfonos para que puedan llamar e informarse de los hábitos de sus hijos. La mayoría no lo hace. «Calculo que sólo un 10% se pone en contacto con nosotros», estima un funcionario del Gemac. «A mí me sorprende, porque si le sucediera a mi hijo -opina el agente- lo primero que haría sería llamar».
¿Cuánto cuesta la multa?
Porque la finalidad del servicio es, precisamente, que los padres contacten con esta unidad policial para «prevenir algún tipo de drogodependencia en el futuro». Entre la minoría que llama a los números del Gemac, algunos se interesan por las circunstancias en que han sido sorprendidos sus hijos. Otros, cuentan los agentes, sólo preguntan por la cuantía de la multa. Según fuentes policiales, también hay padres que llaman diciendo que tiene que haber un error, aduciendo que el niño dice que no era él o que fue el policía quien le metió la droga en el bolsillo.
Los menores, por su parte, reaccionan restando importancia a estos consumos. Argumentan que no es nada malo y que lo hacen todos sus amigos. «Cuando los sorprendemos en la calle, les explicamos que los porros son el primer escalón, que siempre se empieza por esto, y que pueden servir de trampolín para las demás drogas, pero es como predicar en el desierto, porque no te ven como a alguien que quiere ayudarles, sino como a un represor», cuenta un mando del Gemac. Según su experiencia, la franja de edad de estos consumidores precoces va de los 12 a los 17 años, aunque la edad que más se repite es 16 años.
Bares denunciados
Para los policías, el último eslabón es perseguir la venta de estas sustancias a los menores. Sobre todo, si se dispensan en establecimientos públicos. En lo que va de año, los agentes del Gemac han denunciado a 19 bares por servir bebidas alcohólicas a adolescentes, mientras que, por droga, se ha sancionado a varias casetas durante la feria.
A otros tantos adolescentes no se les sorprendió consumiendo ninguna sustancia, pero llevaban encima un arma prohibida. Medio centenar de menores han sido denunciados por tener una navaja o un cuchillo donde no debían. Las armas, en este caso, acaban en el depósito de la Guardia Civil. DS
Se ven a diario. Comen y cenan juntos, y hasta duermen bajo el mismo techo. Pero pocos saben lo que hacen sus vástagos fuera de casa. Así reaccionan los padres al enterarse de que flirtean con la droga
PAQUI DURÁN/ DS 10.09.07 MÁLAGA CANNABIS, hachís, alcohol, pastillas... la lista es considerable. La adolescencia es una etapa compleja: la personalidad aún no se ha fraguado, el joven intenta 'hacerse un hueco' en su entorno y busca la aceptación social. La curiosidad o el morbo por lo prohibido facilita que sucumban a la tentación de experimentar nuevas sensaciones. Por todo ello, no es de extrañar que muchos adolescentes se sientan atraídos por las drogas.
Es difícil determinar las causas por los que los menores comienzan a fumar o a beber alcohol, pero el caso es que cada vez empiezan antes. Los padres tampoco lo tienen claro. En la mayor parte de los casos, desconocen si su pequeño consume este tipo de sustancias. «La verdad es que no tengo ni idea. No puedo asegurar a ciencia cierta que mi hija no toma drogas», declara Pedro, de 49 años. Y continúa: «Yo confío en ella y tampoco me ha dado motivos para sospechar».
Averiguarlo no es una tarea fácil, pero la intuición paternal suele dar buenos resultados. A veces, un cambio en el comportamiento del joven suele dar la pista para detectar el problema. Carmen pudo percibirlo: «Notaba que mi hijo estaba más arisco que de costumbre. Cuando le preguntaba dónde iba o qué hacía por las noches, se molestaba. Yo pensaba que no era normal que me diera ese tipo de contestaciones. Eso me hizo sospechar que escondía algo».
Olor a hierba
En otras situaciones, los indicios son tan claros que no dejan lugar a dudas: «Me dí cuenta rápidamente de que mi hijo fumaba porros. No lo pillé 'in fraganti', pero era muy descarado. Una noche se presentó en casa mareado, con los ojos rojos y apestando a hierba. Le lié una buena...» describe Ángel.
El desconocimiento suele ser la nota predominante entre los padres. Los chavales lo mantienen en secreto y el misterio sólo se revela cuando cometen un desliz, pero rara vez lo confiesan a sus mayores que, por regla general, no sospechan nada.
Sin embargo, hay situaciones en las que les resulta inevitable afrontar la dura realidad. Una de ellas tiene lugar cuando los papás reciben la carta en la que la policía les informa sobre los hábitos de sus hijos. La otra se produce cuando ellos mismos 'descubren el pastel'. Dolores tuvo un hallazgo indiscutible: «Para mí era impensable que mi hijo fumara hachís. Nunca me había dado ningún problema. Un día, lavando sus pantalones, vi que guardaba una pequeña piedra en uno de los bolsillos. Me parecía muy raro. Sabía que bebía, pero no podía imaginar que tomara drogas».
Aprueban el botellón
Parece ser que, en la mentalidad paterna, los psicotrópicos gozan de categorías diferentes. De esta manera, no le dan demasiada importancia al consumo de alcohol (está más enraizado en nuestra sociedad). Por contra, se muestran mucho menos comprensivos ante sustancias como el cannabis o los alucinógenos. «No veo bien que mi chiquillo beba, pero comprendo que quiera hacer botellón con sus amigos. Pero lo que menos me gusta es que fume, porque una cosa lleva a la otra, y eso ya es peor».
En ocasiones, la excesiva permisividad de los padres les impide abordar el problema de una manera objetiva y a algunos les cuesta trabajo pensar que su chaval es el único responsable de su propia conducta. Como dice Teresa: «Mi hija es una estudiante ejemplar, me ayuda en casa... Es muy buena chica. Supongo que, al ver a sus amigas fumando eso, le dio por probar. No sé. Ella es inteligente como para hacer esas tonterías». DS






