«Quiero quedarme en casa» · La niña de 13 años fugada de su domicilio de El Llano en Gijón desde el miércoles, regresó ayer a la vivienda tras leer en la prensa el llamamiento desesperado de su madre
SEVILLA CARMEN 11 SEP 2007 GAVIRA GUERRA
Perdida, raptada, secuestrada, asesinada... El caso de la pequeña británica Madeleine McCann, desaparecida en el sur de Portugal, resucita el drama con el que viven unas 20 familias en España, algunas incluso desde hace años, según consta en la base de datos de la Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal). En el mundo al menos 3.630 menores están reclamados por familiares en Italia, Reino Unido, Estados Unidos, Bélgica… 20 de ellos en España en los últimos veinte años, puesto que el caso más antiguo que aparece en la base de datos es de un niño, David Guerrero conocido como el niño pintor de Málaga, que desapareció en 1987, según datos de missingkids.es, una web creada por la Interpol España, perteneciente a la Comisaría General de Policía Judicial del Cuerpo Nacional de Policía, y en la que ya participan 16 países de todo el mundo.
De los 20 menores desaparecidos en España, diez de ellos eran menores de 10 años en el momento de su evaporación y la mayoría niñas (11). Madrid, con siete desapariciones, es la ciudad donde se ha producido un mayor número de casos, seguida de Barcelona (4), Málaga (2), Santander, Zaragoza, Sevilla, Ávila y Tenerife, con uno, respectivamente.
Aunque establecer cifras exactas es ciertamente complicado, la Comisión Europea (CE) dispone de estadísticas según las cuales cada año desaparecen alrededor de 7.000 niños solamente en el Reino Unido. Cifras mucho menores pero igualmente trágicas son las que registran países como Bélgica (1.022 niños desaparecidos el año pasado) o Italia (1.850 niños). En Alemania, 1.620 niños y jóvenes menores de 18 años permanecen desaparecidos, según cifras del pasado mes de marzo.
La Policía Nacional y la Guardia Civil buscan en España a unas 12.000 personas desaparecidas. De esos 12.000 casos de personas actualmente pendientes de localizar, 8.936 están siendo investigados por la Policía Nacional y unos 3.000 por la Guardia Civil, a diciembre de 2006. Cifras diferentes para ámbitos distintos de competencias.
Pero los casos reales de verdaderos desaparecidos son muchos menos ya que las familias ponen la denuncia pero no la retiran cuando sus parientes regresan, explican desde Interior. En este sentido el presidente de la Asociación de Familiares y amigos de Personas Desaparecidas (Adesepa), Salvador Domínguez, considera que debería cambiarse la legislación para que fuera obligatoria la comunicación cuando hayan sido localizados.
También son abundantes los casos de personas mayores de edad que voluntariamente han querido desaparecer y, si son localizadas, no quieren que se informe a la familia.
La Policía da una idea al aportar el siguiente dato: de las 14.630 denuncias por desaparición presentadas en España el año pasado sólo el 0,1 por ciento -15 o 20- se consideraron como de "alto riesgo o inquietantes", como el caso de Yéremi Vargas, que falta de su domicilio desde el pasado 10 de marzo. Las localizaciones de menores se suelen producir en las primeras horas. Suelen ser muy frecuentes las desapariciones de adolescentes, niños de 12 o 13 años que tras una disputa con sus padres se van de casa pero regresan enseguida.
Para los expertos consultados "la rapidez a la hora de poner en conocimiento de las autoridades policiales la pérdida de una persona es fundamental para esclarecer el caso".
Ya que el 96 por ciento de las denuncias interpuestas por desaparición o sustracción de menores son resueltas positivamente, el número de casos preocupantes son realmente mínimos y la desdicha, el desasosiego o la incertidumbre que sufren estas familias se prolonga en el tiempo.
Se cree, además, que hay una gran superposición de denuncias: las distintas policías continúan sin compartir una base de datos única, con un registro central de ausentes que unifique los diversos bancos de ADN, extraído tanto a los cadáveres sin identificar -unos 4.500- como a quienes buscan a un familiar. "El problema es que la Guardia Civil coteja por un lado; la Policía Nacional por otro y los Mossos d"Esquadra, lo mismo", cuenta Manuel Jaime, presidente de la agrupación de familiares de desaparecidos IntersSOS.
El secuestro, actualmente penado en el Código Civil con entre seis y diez años de cárcel que pueden aumentar o disminuir en función de las circunstancias, es una de las formas delictivas que más se repiten para atentar contra la libertad del menor.
De los veinte casos españoles que recoge la Interpol, doce están catalogados como secuestro familiar. En este tipo de sucesos, el que sustrae al menor es uno de sus progenitores. DS
ASTURIAS
La niña fugada de El Llano: «Quiero quedarme en casa»
La niña de 13 años fugada de su domicilio de El Llano desde el miércoles, regresó ayer a la vivienda tras leer en EL COMERCIO* el llamamiento desesperado de su madre
DENUNCIA. La madre de Z. J. J. G. sujeta una fotografía de la niña, la denuncia a la Policía y un crucifijo. / PALOMA UCHA
OLAYA SUÁREZ 11 SEP 2007 GIJÓN
«Quiero quedarme en casa. No volveré a escaparme porque ahora me doy cuenta de lo que sufrió mi madre». Z. J. J. G., de 13 años, regresó ayer a su domicilio familiar tras leer en EL COMERCIO el llamamiento de su madre, desesperada tras cinco días de ausencia y sin noticias de la niña. «Vine por la mañana y ya está todo arreglado. Mi madre y la Policía ya saben que estos días estuve en casa de unos amigos». Así relató ayer la niña a este periódico su fuga, motivada por una «riña con mi madre».
El pasado martes la menor guardó ropa en una bolsa y salió de su casa de El Llano. Lo hizo sin su teléfono móvil y con el propósito de no regresar. La desesperación de su progenitora, Lorena G. B. se hizo patente en la petición pública de ayuda que hizo el domingo a través de las páginas de EL COMERCIO. Ayer, aún en estado de nerviosismo, daba las gracias por el feliz desenlace. «Ha venido, ha venido, gracias a Dios», repetía. La mujer recibió la esperada visita de Z. J. J. G. en torno a la una del mediodía. «Es la alegría más grande de toda mi vida», resumió.
Pero la aventura adolescente puede acarrear consecuencias indeseables para Lorena G. B. El Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía Nacional realizará un seguimiento sobre el estado de la menor y de su relación familiar, del que se informará pertinentemente al Fiscal de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Asturias. «Deberá estudiarse el caso concreto y ver si la niña está mejor en un centro de acogida. Para decidirlo habrá que estudiar el asunto en particular y comprobar todos los condicionantes», explicaron fuentes policiales.
La de la pasada semana no era la primera fuga de la menor. Durante el mes de julio su madre comunicó al Cuerpo Nacional de Policía que su hija de 13 años faltaba de su domicilio. Una dotación policial la encontró dos días más tarde en Begoña, en compañía de varios amigos.
Lorena G. B. critica duramente las compañías que frecuenta su hija. «Va con chicos mayores que ella, de nacionalidades latinoamericanas. Además, como está físicamente muy desarrollada, parece que es mayor de 13 años», apunta.
La adolescente tuvo una infancia difícil. Su padre era alcohólico y falleció cuando ella sólo tenía dos años. La siguiente pareja de su madre, y padre biológico de sus tres hermanastros, permanece en prisión y sometió a Lorena G. B.- según ella misma cuenta- a continuos malos tratos que presenciaba la niña. Por este motivo, Z. J. J. G. se fue a vivir seis meses a Barcelona a casa de una tía.
Ahora, y tras el regreso a su domicilio, la madre de la menor prevé que la niña comience el curso escolar en un centro educativo de Pumarín, «distinto al Instituto Fernández Vallín, donde comenzó a relacionarse con gente que no le convenía y de la que no quiero ni oir hablar».
Buen estado de salud
Los agentes encargados de la investigación determinaron que la niña no había sido víctima de ningún acto ilícito penal y que se encuentra en buen estado de salud. En la declaración que efectuó ayer la niña en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, manifestó que estaba «arrepentida» de todo lo que había hecho, y alegó «haber estado en compañía de varios amigos» cuya identidad está siendo investigada por la Policía.
Su madre considera que «alguien le estuvo dando cobijo en su casa durante todos estos días, indiferente al sufrimiento y al dolor de su familia y sin saber realmente a lo que podía enfrentarse». Z. J. J. G. regresó ayer a su habitación, donde le esperaban sus muñecos de peluche, sus minifaldas y su música de 'regetton'. elcomerciodigital.com/gijon/
Una madre de El Llano denuncia la fuga de su hija de trece años tras una disputa familiar hace cinco días
Lorena G. B. reclama la colaboración ciudadana para localizarla y teme que "alguien tenga retenida" a la menos
M. Moro 10.09.07 Gijón
«Hija, soy mamá. Vuelve. No tengas miedo a venir a casa. Te quiero muchísimo. Tus tres hermanos te llaman todos los días. Hagamos borrón y cuenta nueva». Esas desgarradas palabras condensan la desesperación que siente Lorena G. B., una madre de la avenida de Schulz, en El Llano, que echa en falta de su lado a una menor de 13 años desde hace cinco noches.
Lo ha denunciado en la Comisaría de Policía, porque la niña, Z. J. J. G., nunca había tenido una ausencia tan prolongada de su domicilio. El pasado martes por la tarde llenó una bolsa «con mucha ropa» y dijo que se iba a casa de unos amigos «a aclararse las ideas». Se dejó el móvil y desde entonces no ha dado señales de vida,
La joven se fue dando un portazo. Había sido reprendida por haber perdido el curso escolar en el Instituto Fernández Vallín y por las «malas compañías» que frecuentaba a ojos de su madre y la pareja actual de ésta. Según su progenitora, se pasaba el día «con jóvenes mayores que ella y de ambientes latinoamericanos». Con uno de ellos, de nacionalidad colombiana, la sorprendió besándose en el parque de La Serena. «No soy racista, pero no consiento que se aprovechen de una menor».
Pero había más razones para la fuga. Le habían cortado la conexión a internet y retirado los pósters de la habitación después de que llegaran al domicilio familiar astronómicas facturas telefónicas. «Tenía conferencias a República Dominicana, donde tiene un novio ‘cibernauta’ con el que chateaba, y a Canadá», explica la progenitora.
Infancia difícil
La adolescente tuvo una infancia complicada. Su padre era alcohólico y murió cuando ella tenía sólo dos años. La siguiente pareja de su madre y padre biológico de sus tres hermanastros más pequeños está actualmente en prisión y sometió a Lorena G., según ella apunta, a «continuos malos tratos» de los que la joven fue testigo, algo que la llevó a vivir seis meses en Barcelona con una tía.
Por si esto fuera poco hace unos meses –relata la progenitora– «sufrió una agresión sexual en Oviedo por parte de un ciudadano ecuatoriano que se encaprichó de ella, a pesar de que ella es evangelista, sigue las tradiciones gitanas y quiere llegar al matrimonio virgen». Hace tan sólo una semana, la menor también se desestabilizó al perder a su abuela paterna.
La joven tiene 13 años, pero, como explica su madre, está físicamente muy desarrollada y aparenta más edad de la que tiene. Es de complexión delgada y tiene el cabello largo con mechas rubias. Además «viste a la última» y aprovecha su tez morena, según su madre, para hacerse pasar por latina y entrar en salas donde se baila el ‘reagetton’, una de sus pasiones.
Lorena G., que padece crisis de ansiedad y alteraciones del sueño, está convencida de que alguien la oculta en su casa indiferente al sufrimiento de su familia y solicita la colaboración ciudadana. «Si alguien te retiene no voy a quedarme parada, porque conozco muchos abogados», afirma la progenitora, que implora a su hija que vuelva. «Sólo quiero que dialoguemos y regreses a mi lado», dice la madre, quien pese a la trayectoria problemática de su vástago rechaza ponerla en manos de un centro de acogida. elcorreo
SEVILLA CARMEN 11 SEP 2007 GAVIRA GUERRA
Perdida, raptada, secuestrada, asesinada... El caso de la pequeña británica Madeleine McCann, desaparecida en el sur de Portugal, resucita el drama con el que viven unas 20 familias en España, algunas incluso desde hace años, según consta en la base de datos de la Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal). En el mundo al menos 3.630 menores están reclamados por familiares en Italia, Reino Unido, Estados Unidos, Bélgica… 20 de ellos en España en los últimos veinte años, puesto que el caso más antiguo que aparece en la base de datos es de un niño, David Guerrero conocido como el niño pintor de Málaga, que desapareció en 1987, según datos de missingkids.es, una web creada por la Interpol España, perteneciente a la Comisaría General de Policía Judicial del Cuerpo Nacional de Policía, y en la que ya participan 16 países de todo el mundo.
De los 20 menores desaparecidos en España, diez de ellos eran menores de 10 años en el momento de su evaporación y la mayoría niñas (11). Madrid, con siete desapariciones, es la ciudad donde se ha producido un mayor número de casos, seguida de Barcelona (4), Málaga (2), Santander, Zaragoza, Sevilla, Ávila y Tenerife, con uno, respectivamente.
Aunque establecer cifras exactas es ciertamente complicado, la Comisión Europea (CE) dispone de estadísticas según las cuales cada año desaparecen alrededor de 7.000 niños solamente en el Reino Unido. Cifras mucho menores pero igualmente trágicas son las que registran países como Bélgica (1.022 niños desaparecidos el año pasado) o Italia (1.850 niños). En Alemania, 1.620 niños y jóvenes menores de 18 años permanecen desaparecidos, según cifras del pasado mes de marzo.
La Policía Nacional y la Guardia Civil buscan en España a unas 12.000 personas desaparecidas. De esos 12.000 casos de personas actualmente pendientes de localizar, 8.936 están siendo investigados por la Policía Nacional y unos 3.000 por la Guardia Civil, a diciembre de 2006. Cifras diferentes para ámbitos distintos de competencias.
Pero los casos reales de verdaderos desaparecidos son muchos menos ya que las familias ponen la denuncia pero no la retiran cuando sus parientes regresan, explican desde Interior. En este sentido el presidente de la Asociación de Familiares y amigos de Personas Desaparecidas (Adesepa), Salvador Domínguez, considera que debería cambiarse la legislación para que fuera obligatoria la comunicación cuando hayan sido localizados.
También son abundantes los casos de personas mayores de edad que voluntariamente han querido desaparecer y, si son localizadas, no quieren que se informe a la familia.
La Policía da una idea al aportar el siguiente dato: de las 14.630 denuncias por desaparición presentadas en España el año pasado sólo el 0,1 por ciento -15 o 20- se consideraron como de "alto riesgo o inquietantes", como el caso de Yéremi Vargas, que falta de su domicilio desde el pasado 10 de marzo. Las localizaciones de menores se suelen producir en las primeras horas. Suelen ser muy frecuentes las desapariciones de adolescentes, niños de 12 o 13 años que tras una disputa con sus padres se van de casa pero regresan enseguida.
Para los expertos consultados "la rapidez a la hora de poner en conocimiento de las autoridades policiales la pérdida de una persona es fundamental para esclarecer el caso".
Ya que el 96 por ciento de las denuncias interpuestas por desaparición o sustracción de menores son resueltas positivamente, el número de casos preocupantes son realmente mínimos y la desdicha, el desasosiego o la incertidumbre que sufren estas familias se prolonga en el tiempo.
Se cree, además, que hay una gran superposición de denuncias: las distintas policías continúan sin compartir una base de datos única, con un registro central de ausentes que unifique los diversos bancos de ADN, extraído tanto a los cadáveres sin identificar -unos 4.500- como a quienes buscan a un familiar. "El problema es que la Guardia Civil coteja por un lado; la Policía Nacional por otro y los Mossos d"Esquadra, lo mismo", cuenta Manuel Jaime, presidente de la agrupación de familiares de desaparecidos IntersSOS.
El secuestro, actualmente penado en el Código Civil con entre seis y diez años de cárcel que pueden aumentar o disminuir en función de las circunstancias, es una de las formas delictivas que más se repiten para atentar contra la libertad del menor.
De los veinte casos españoles que recoge la Interpol, doce están catalogados como secuestro familiar. En este tipo de sucesos, el que sustrae al menor es uno de sus progenitores. DS
ASTURIAS
La niña fugada de El Llano: «Quiero quedarme en casa»
La niña de 13 años fugada de su domicilio de El Llano desde el miércoles, regresó ayer a la vivienda tras leer en EL COMERCIO* el llamamiento desesperado de su madre
DENUNCIA. La madre de Z. J. J. G. sujeta una fotografía de la niña, la denuncia a la Policía y un crucifijo. / PALOMA UCHA
OLAYA SUÁREZ 11 SEP 2007 GIJÓN
«Quiero quedarme en casa. No volveré a escaparme porque ahora me doy cuenta de lo que sufrió mi madre». Z. J. J. G., de 13 años, regresó ayer a su domicilio familiar tras leer en EL COMERCIO el llamamiento de su madre, desesperada tras cinco días de ausencia y sin noticias de la niña. «Vine por la mañana y ya está todo arreglado. Mi madre y la Policía ya saben que estos días estuve en casa de unos amigos». Así relató ayer la niña a este periódico su fuga, motivada por una «riña con mi madre».
El pasado martes la menor guardó ropa en una bolsa y salió de su casa de El Llano. Lo hizo sin su teléfono móvil y con el propósito de no regresar. La desesperación de su progenitora, Lorena G. B. se hizo patente en la petición pública de ayuda que hizo el domingo a través de las páginas de EL COMERCIO. Ayer, aún en estado de nerviosismo, daba las gracias por el feliz desenlace. «Ha venido, ha venido, gracias a Dios», repetía. La mujer recibió la esperada visita de Z. J. J. G. en torno a la una del mediodía. «Es la alegría más grande de toda mi vida», resumió.
Pero la aventura adolescente puede acarrear consecuencias indeseables para Lorena G. B. El Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía Nacional realizará un seguimiento sobre el estado de la menor y de su relación familiar, del que se informará pertinentemente al Fiscal de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Asturias. «Deberá estudiarse el caso concreto y ver si la niña está mejor en un centro de acogida. Para decidirlo habrá que estudiar el asunto en particular y comprobar todos los condicionantes», explicaron fuentes policiales.
La de la pasada semana no era la primera fuga de la menor. Durante el mes de julio su madre comunicó al Cuerpo Nacional de Policía que su hija de 13 años faltaba de su domicilio. Una dotación policial la encontró dos días más tarde en Begoña, en compañía de varios amigos.
Lorena G. B. critica duramente las compañías que frecuenta su hija. «Va con chicos mayores que ella, de nacionalidades latinoamericanas. Además, como está físicamente muy desarrollada, parece que es mayor de 13 años», apunta.
La adolescente tuvo una infancia difícil. Su padre era alcohólico y falleció cuando ella sólo tenía dos años. La siguiente pareja de su madre, y padre biológico de sus tres hermanastros, permanece en prisión y sometió a Lorena G. B.- según ella misma cuenta- a continuos malos tratos que presenciaba la niña. Por este motivo, Z. J. J. G. se fue a vivir seis meses a Barcelona a casa de una tía.
Ahora, y tras el regreso a su domicilio, la madre de la menor prevé que la niña comience el curso escolar en un centro educativo de Pumarín, «distinto al Instituto Fernández Vallín, donde comenzó a relacionarse con gente que no le convenía y de la que no quiero ni oir hablar».
Buen estado de salud
Los agentes encargados de la investigación determinaron que la niña no había sido víctima de ningún acto ilícito penal y que se encuentra en buen estado de salud. En la declaración que efectuó ayer la niña en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, manifestó que estaba «arrepentida» de todo lo que había hecho, y alegó «haber estado en compañía de varios amigos» cuya identidad está siendo investigada por la Policía.
Su madre considera que «alguien le estuvo dando cobijo en su casa durante todos estos días, indiferente al sufrimiento y al dolor de su familia y sin saber realmente a lo que podía enfrentarse». Z. J. J. G. regresó ayer a su habitación, donde le esperaban sus muñecos de peluche, sus minifaldas y su música de 'regetton'. elcomerciodigital.com/gijon/
Lorena G. B. reclama la colaboración ciudadana para localizarla y teme que "alguien tenga retenida" a la menos
M. Moro 10.09.07 Gijón
«Hija, soy mamá. Vuelve. No tengas miedo a venir a casa. Te quiero muchísimo. Tus tres hermanos te llaman todos los días. Hagamos borrón y cuenta nueva». Esas desgarradas palabras condensan la desesperación que siente Lorena G. B., una madre de la avenida de Schulz, en El Llano, que echa en falta de su lado a una menor de 13 años desde hace cinco noches.
Lo ha denunciado en la Comisaría de Policía, porque la niña, Z. J. J. G., nunca había tenido una ausencia tan prolongada de su domicilio. El pasado martes por la tarde llenó una bolsa «con mucha ropa» y dijo que se iba a casa de unos amigos «a aclararse las ideas». Se dejó el móvil y desde entonces no ha dado señales de vida,
La joven se fue dando un portazo. Había sido reprendida por haber perdido el curso escolar en el Instituto Fernández Vallín y por las «malas compañías» que frecuentaba a ojos de su madre y la pareja actual de ésta. Según su progenitora, se pasaba el día «con jóvenes mayores que ella y de ambientes latinoamericanos». Con uno de ellos, de nacionalidad colombiana, la sorprendió besándose en el parque de La Serena. «No soy racista, pero no consiento que se aprovechen de una menor».
Pero había más razones para la fuga. Le habían cortado la conexión a internet y retirado los pósters de la habitación después de que llegaran al domicilio familiar astronómicas facturas telefónicas. «Tenía conferencias a República Dominicana, donde tiene un novio ‘cibernauta’ con el que chateaba, y a Canadá», explica la progenitora.
Infancia difícil
La adolescente tuvo una infancia complicada. Su padre era alcohólico y murió cuando ella tenía sólo dos años. La siguiente pareja de su madre y padre biológico de sus tres hermanastros más pequeños está actualmente en prisión y sometió a Lorena G., según ella apunta, a «continuos malos tratos» de los que la joven fue testigo, algo que la llevó a vivir seis meses en Barcelona con una tía.
Por si esto fuera poco hace unos meses –relata la progenitora– «sufrió una agresión sexual en Oviedo por parte de un ciudadano ecuatoriano que se encaprichó de ella, a pesar de que ella es evangelista, sigue las tradiciones gitanas y quiere llegar al matrimonio virgen». Hace tan sólo una semana, la menor también se desestabilizó al perder a su abuela paterna.
La joven tiene 13 años, pero, como explica su madre, está físicamente muy desarrollada y aparenta más edad de la que tiene. Es de complexión delgada y tiene el cabello largo con mechas rubias. Además «viste a la última» y aprovecha su tez morena, según su madre, para hacerse pasar por latina y entrar en salas donde se baila el ‘reagetton’, una de sus pasiones.
Lorena G., que padece crisis de ansiedad y alteraciones del sueño, está convencida de que alguien la oculta en su casa indiferente al sufrimiento de su familia y solicita la colaboración ciudadana. «Si alguien te retiene no voy a quedarme parada, porque conozco muchos abogados», afirma la progenitora, que implora a su hija que vuelva. «Sólo quiero que dialoguemos y regreses a mi lado», dice la madre, quien pese a la trayectoria problemática de su vástago rechaza ponerla en manos de un centro de acogida. elcorreo






