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miércoles, 19 de septiembre de 2007
Si usted es padre, madre o trabaja con niños, hágales un favor:
lea este reportaje
· Lo que estos cuatro expertos cuentan le servirá, y mucho · Hoy, los pederastas andan a nuestro lado, sonríen y hasta llegan a caernos bien... Pero en la Red se delatan
· Cada día se reciben 20 denuncias de abusos a menores en Internet. Así es cómo actúan y cómo se los combate.


Diego Bagnera 16 SEP 2007 XLSemanal
El parque interior de la urbanización bulle. Hay sol. El verano tensa el cielo. Multicolores niños juegan en la piscina. Otros esparcen su algarabía entre hamacas y toboganes. A unos metros, sus madres conversan sin mirarse: sus ojos siguen el movimiento de los niños. También los de él, intermitentemente, detrás de un libro. Tiene entre 35 y 40 años. En la suya caben varias de las vidas que observa. Es soltero y –todos coinciden– amable, buen vecino, con clase; incluso, alguien de fiar. Psicológicamente, ha cuidado hasta el detalle de no llevar gafas oscuras. Todo en él rezuma transparencia. Él mismo, con gran tesón, ha logrado forjarse esta fama, hacer correr la voz de esa creencia entre los conocidos. Años de inmaculada convivencia: gestos con los ancianos, caricias a los perros, simpáticos diálogos con los niños… Lo demás –supo hace tiempo– consistiría en bajar, tumbarse, como ahora, al sol y esperar. «Antonio, Antonio, ¿nos enseñas a hacer el muerto?» María tiene siete años y un bañador con soles. Su madre, Isabel, a unos metros, se relaja. «Porfa, Antonio, ven con nosotras…», insiste la niña. «Venga, María, deja ya al pobre Antonio, que está leyendo. Nosotras, además, ya nos vamos, que debo a ir a preparar todo para esta noche.» «Tranquila –dice él–, sabes que no molesta. Si quieres, ve a preparar tus cosas, yo les enseño un rato a hacer el muerto y te subo a María en una hora.» «¡Sí, mami! Porfa… ¿Sí…?»

Una metodología similar a ésta utilizó en 2006, en Madrid, un ‘intachable’ vecino, hoy en prisión. «Cuando se dieron cuenta, había abusado y grabado a todos los niños de la urbanización durante bastante tiempo –cuenta Pepa Horno Goicochea, psicóloga y responsable de los programas de violencia e infancia de Save the Children–. El hombre tenía una colección brutal de imágenes en su casa, que, por supuesto, difundió en Internet. Todo se supo porque una de las niñas habló, pero la tendencia es que los menores callen.»

Pese a que, en general, los expertos coinciden en la dificultad de trazar un perfil del pederasta, la Asociación contra la Pornografía Infantil (ACPI) ha señalado algunas características que se reiteran: los pedófilos –lleguen o no la pederastia, a abusar de un niño en directo– suelen ser varones (en más del 90 por ciento de los casos), de entre 30 y 45 años, bien integrados, profesionales, sin antecedentes penales ni trastornos psiquiátricos (el 90 por ciento controla su comportamiento, del que es consciente); en muchas ocasiones están casados y tienen niños.

Aunque no hay estadísticas a nivel mundial del número de pedófilos y de niños sexualmente explotados en la Red, Interpol registra en su base de datos unos 20.000 menores que aparecen en contenidos porno, de los cuales sólo 500 han sido localizados y salvados. De los 19.500 restantes, sólo hay imágenes que las diversas Policías del planeta analizan milímetro a milímetro buscando modelos de enchufes, botes de zumos, marcas de ropa, detalles visibles en las secuencias que las conduzcan a un país, a una ciudad, a un colegio, a un niño en particular, a sus respectivos padres, que, en general, ignoran lo sucedido. Internet ha ampliado en tiempo récord, radicalmente, las formas del abuso sexual de menores, un delito para el cual ya no es estrictamente necesaria una compleja red de secuestro, tráfico y trata de menores, que, no obstante, existe y seguirá existiendo.

Los pederastas de hoy –a diferencia de los de otros tiempos– no están ni se sienten solos: forman una sociedad mundial, habitan un mundo paralelo de habitaciones y salones conectados no por calles y pasillos, sino por cables e Internet. Se aconsejan, se intercambian archivos, se recomiendan ciudades y hoteles en los que los más osados –los que saltan de la pedofilia virtual a la pederastia concreta– pueden acceder a niños bajo la vista gorda de autoridades permisivas.

Han descubierto, así, que hoy pueden vivir su pedofilia con un alto grado de impunidad y abusar incluso, al menos virtualmente para empezar, de casi tantos niños en un año como antiguamente 30 pederastas en toda una vida. Para lograrlo, les basta el chat y un metódo llamado grooming: el abusador se hace pasar por un menor en un foro de niños, contacta con otros, se forja pacientemente una confianza y acaba convenciendo al menor de que se desnude frente a la cámara. Antes le ha hecho creer que él también lo hizo, emitiéndole imágenes grabadas de otro menor. Con un pie ya atrapado, el niño descubre tarde la mentira y en adelante es coaccionado a continuar haciendo cuanto el abusador le exija si no quiere que él difunda también sus vídeos entre sus contactos, cuyo listado le ha hackeado previamente.

Según el informe más reciente de la ONG Save the Children, estos casos aumentan en España a un ritmo del diez por ciento anual, algo comprensible cuando se observa que ya el 66 por ciento de los menores españoles –según la Guardia Civil– utiliza habitualmente Internet: un 36 por ciento lo hace para chatear –ésta es la población más expuesta al grooming–, un 15 por ciento pasa más de diez horas diarias frente al ordenador y un 11 por ciento presenta ya el llamado `desorden de adicción a Internet´.

Estas tendencias van preocupantemente a más y los pedófilos se apropian incluso con creciente velocidad de cada nueva tecnología. La propia Guardia Civil desarticuló, de hecho, en junio pasado, la primera red dedicada al comercio de imágenes de pornografía infantil a través de móviles de última generación. Fueron detenidos nueve hombres de entre 18 y 65 años. Sí: 18 años y, a veces, menos. Afortunadamente, el número de detenidos también aumenta y, en sólo un lustro, se ha multiplicado por diez: 26 detenidos en 2000; 260, en 2005. Ha sido vital para ello la última reforma legislativa tras la cual, también en España, la sola tenencia de pornografía infantil para consumo personal es un delito que puede llevar a la cárcel. Todas las partes actuantes coinciden en que se han hecho grandes avances, pero que aún es demasiado lo que queda por hacer. Para ello, dicen, es preciso que los gobiernos no sólo se coordinen, sino que destinen auténticos presupuestos a la prevención y al tratamiento del problema. «Detrás de cada imagen de pornografía infantil –recuerda Pepa Horno– hay un niño del que se ha abusado.» La premisa es encontrarlos, pero los métodos para conseguirlo son, lamentablemente, lentos –las detenciones suelen llegar tras medio año de investigaciones– y exigen un personal de investigación mucho más numeroso que el actual y procesos judiciales más breves y menos desgastantes para las víctimas. La colaboración ciudadana continúa siendo, además, vital: los internautas que descubran contenidos de pornografía infantil pueden alertarlo, anónimamente, a la dirección denunciaspornografia.infantil@policia.es de la Policía Nacional o en el apartado Colabora de la web de la Guardia Civil https://www.gdt.guardiacivil.es/

Cuatro expertos

  • Juan Salom. Jefe del Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil.
    XLsemanal
    «Nos preocupa mucho el descenso en la edad de los pederastas: ya hay menores de 16 y 17 años distribuyendo imágenes de abusos a niños de seis y siete»


    «La pornografía infantil ya es un problema serio en España y nuestra unidad no da abasto con la información que manejamos. A la sección Colabora de nuestra web, nos llegan a diario unas 20 alertas ciudadanas de contenidos prohibidos: 600 al mes. Entre lo que encontramos, nos preocupa mucho el uso que los pedófilos están haciendo de las redes abiertas P2Peer, las de descarga libre de música y películas, como eMule. Quienes usan estas redes, en general no son pedófilos. Ahí está el problema. Yo sé discernir lo que veo, pero un chaval que crea bajarse Shrek y encuentre camuflado bajo ese nombre un vídeo en el que un adulto abusa de un niño, quizá no esté preparado para posicionarse adecuadamente ante esas imágenes. Ése es el peligro. Desarrollamos para ello el Hispalis, un programa de detección de pornografía infantil en estas redes, y ahora trabajamos en el desarrollo de otro similar para filtrar también la distribución de contenidos a través de los móviles. Nos preocupa mucho, a su vez, el descenso en la edad de los pederastas: ya hay menores de 16 y 17 años distribuyendo y coleccionando imágenes de niños de seis y siete. Además de ser cada vez más jóvenes –la antigua franja media de 35 a 45 años ha bajado a un arco que va de los 25 a los 35–, son más osados y defienden sus ideas, piden ser respetados por su elección sexual y exigen la despenalización de la pedofilia. ¿Por qué bajan las edades de inicio? Algunos psicólogos conjeturan que hoy, como nunca, el acceso al sexo se da más temprano, a través de un bombardeo constante en los medios; en especial, Internet, donde existen más de 400 millones de páginas con contenidos sexuales. Los niños crecen cada vez más solos, sus padres trabajan todo el día y, con Internet a mano, se les despierta la curiosidad y algunos acaban siendo adictos al sexo: empiezan por contenidos de adultos y van entrando en la pedofilia, inducidos por las propias páginas que les prometen lolitas y colegialas. Al poco tiempo, no distinguen bien nada y miran cuanto encuentran, habituándose a todo. ¿Tiene arreglo? Sí, pero hay actores de la sociedad de la información –los prestadores de servicios de Internet– que deberían tener una actitud proactiva, que no todos tienen. Las grandes empresas, sí, pero hay otras más pequeñas desde las que se dice: `Aquí cada cual hace lo que quiere; yo no soy responsable de lo que mis clientes cuelgan en la web´.»

  • Jaime Tapia. Magistrado de la Audiencia Provincial de Vitoria. Es también portavoz nacional de Jueces para la Democracia.
    XLsemanal
    «El reto es pactar controles entre países, porque el servidor de Internet está en Asia; el pedófilo, en Europa, y la víctima, a veces, en Latinoamérica»


    «Uno de mis grandes motores de trabajo es cambiar una realidad: los menores víctimas no son adecuadamente tratados por la justicia. Pese a la última reforma de diciembre pasado, el niño no tiene un estatus de víctima especial. No hay un protocolo de actuación claro y el trato acaba dependiendo de la sensibilidad del fiscal, del juez, de los abogados. Un menor que ha sufrido un abuso continúa siendo sometido a sucesivos interrogatorios: del médico forense, del equipo psicosocial, del juez de Instrucción, del juez de enjuiciamiento, de los peritos, a veces de la Diputación... Las instituciones no trabajan coordinadas ni evitan estas reiteraciones que, lejos de cerrar, reabren la herida de la víctima. La prueba preconstituida, ya legislada para otro tipo de casos, no para éstos, permite que haya una única declaración del menor y que sirva para todo el proceso. Como juez, yo creo que, realizando una interpretación más o menos aceptable de esa ley, podemos aplicarla también a los casos de abuso. Aún padecemos, además, la paradoja de contar con un tratamiento mejor para los menores infractores –que cuentan con juzgados especializados– que para los menores víctimas. Luego, la prevención es vital. Internet creció salvajemente. El reto es acordar controles entre los países porque el servidor está en Asia; el pedófilo, en Europa; el niño víctima, en Latinoamérica... Los tratados internacionales deben surgir con urgencia; al margen de los esfuerzos policiales centralizados por Interpol, no se ha hecho casi nada al respecto. Y debemos tomar también nosotros la web para difundir con fuerza nuestros contenidos vinculados a la pornografía infantil. Y esos contenidos son sobre todo preventivos. Uno debería toparse a cada paso con las recomendaciones básicas como que el niño no debería tener acceso indiscriminado e incontrolado al ordenador, etc. Esto, de momento, tiene mala pinta, pero en España, creo, la repulsa social al tema va en aumento. Pese a que se denuncia poco y se enjuicia aún menos, yo he estado varias veces frente a pederastas. El patrón es común: parecer personas sin ningún tipo de problema o tara. No destacan ni llaman la atención por nada. Y, ante ellos, no siento nada que me exceda como juez. Los veo como infractores y debo enjuiciarlos sin apasionamiento. En estos casos, tus sentimientos se deben volcar más bien hacia las víctimas.»

  • Enrique Rodríguez. Jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) de la Policía Nacional.
    XLsemanal
    Veíamos crecer a la niña en la pantalla: el pederasta, de unos 35 años, abusó de ella desde los 13 hasta los 17 años en once vídeos»



    «El gran aumento de la pederastia no está generado por Internet, que sólo lo descubre y, a lo sumo, lo potencia. Antes, los pedófilos debían buscarse la vida a la salida de los colegios o en los cines, y lo tenían difícil: los padres estaban atentos a cualquier extraño que se acercara. Ahora, lo primero que hacen es montarle un ordenador al niño, que, como está en casa, los deja tranquilos. Pero esas ventanas virtuales de hoy pueden ser más peligrosas que cualquier riesgo del pasado. El ordenador jamás debe estar en el dormitorio del menor; siempre en una zona común de la casa. El grooming –el abuso de niños mediante el chat y la webcam– se alimenta de eso y es muy difícil combatir esa práctica, porque en España no podemos hacernos pasar por niños para meternos en foros de menores y cazar a los pedófilos que se hacen pasar por niños con el fin de iniciar un grooming. En Estados Unidos sí existe el agente encubierto. Aquí no, e implementarlo es complejo: ¿qué hago si alguien que se hace pasar por niño me pide fotos en las que yo esté desnudo? No puedo darle imágenes de un menor... Incurriría yo mismo en el delito que persigo. Al margen, nuestro modo de trabajar suele partir de un vídeo que localizamos nosotros mismos o que nos llega desde Interpol. Hace dos meses detuvimos a un pederasta después de dos años tras él. El vídeo nos había llegado desde Suecia. Teníamos pocos datos –se veía un bote de lubricante Repsol y poco más–, pero haces lo que sea por ir encontrando otras pistas: buscas a la niña víctima por todas las escuelas de la ciudad en la que sabes que se ha grabado el vídeo; si éste no tiene audio, vas al colegio de sordomudos para que te ayuden a leer los labios de quienes aparecen hablando. Lo que sea. Al final encontramos un total de 11 archivos en los que veíamos crecer a la niña: el pederasta, de unos 35 años, abusó de ella desde los 13 hasta los 17. ¿Su modus operandi? Se ganaba la confianza de una madre, con la que se liaba, e iba luego a por la niña. Cuando detienes a estas personas, sientes una gran satisfacción. Algunos tienen niños, un trabajo, una familia y, al detenerlos, hasta te agradecen que los hayas pillado. `Voy a la cárcel y cumplo lo que haya que cumplir –me dijo uno, en una ocasión–. Ahora puedo luchar contra un problema del que no podía hablar con nadie´.»

  • Pepa Horno Goicochea. Psicóloga. Responsable de los programas de violencia e infancia de Save the Children.
    XLsemanal
    «Los niños no suelen contar lo que les pasa. Lo expresan siempre con cambios bruscos de conducta, trastornos del sueño y la alimentación...»

    «¿Qué falla? La falta de información, ante todo. En los colegios no se habla de esto. Al defender la inclusión de una educación afectivo-sexual adecuada no hablamos de enseñar a un niño a usar condones, sino a saber decir `no´, a aprender a qué riesgos se enfrenta en Internet, a enseñar a los padres a leer los comportamientos de los niños, ya que, pese a que ellos no suelen contar lo que les pasa, lo expresan siempre, con trastornos del sueño, de alimentación, cambios bruscos de hábitos… Cambian clara y radicalmente. Los padres se plantean mil hipótesis, pero no ésta: les resulta tan aberrante que ni quieren pensarla. Aunque si lo hacen, están informados y pasan tiempo con su hijo, lo verán. Pero estas condiciones no se dan; los padres no pueden estar con sus hijos como quisieran. Y eso es responsabilidad de los políticos, que potencian un modelo de vida que deriva en vacío familiar. Están así maltratando a los hijos. Y a mí un político ya no me dirá: `No puedo hacer más´. Los esfuerzos de las mujeres frente a la violencia doméstica nos ofrecen el modelo. Sólo hay que querer aplicarlo en esto.»

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    By: XLsemanal Número: 1038, Del 16 al 22 de septiembre

  • Bandera Blanca

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