IX Congreso Nacional Abogacía · Portal "El menor: derechos y deberes"
Niños «heridos de bienestar»
Más de 1.500 abogados están participando en Zaragoza en el noveno Congreso de la Abogacía Española. Dos ponencias y cuatro portales analizan los problemas de la sociedad, entre ellos el referido a los derechos y deberes del menor.
ROBERTO PÉREZ 01 OCT 2007 ZARAGOZA.
La rebeldía en exceso es un problema creciente entre los niños y adolescentes. Es una realidad que preocupa a los padres, a los educadores y, según ha quedado constatado esta última semana, también a los profesionales del Derecho. Por eso, el Congreso Nacional de la Abogacía que se ha celebrado estos días en Zaragoza ha querido hacer hueco a esta cuestión con uno de sus seminarios. Por él han pasado expertos en la educación, en el trato con los pequeños y en cómo responder, también desde el lado legal, a situaciones que entran en el plano de la responsabilidad jurídica. El juez de menores Emilio Calatayud, la adjunta al Defensor del Pueblo, María Luisa Cava de Llano, y el director de la Ciudad Escuela de los Muchachos, Alberto Muñiz («Tío Alberto») dieron su visión de este asunto desde sus respectivas perspectivas.
Entre las frases lanzadas, una ha resultado especialmente clarificadora. La dijo «Tío Alberto», que resumió el problema de la rebeldía excesiva que se da cada vez más entre los pequeños y adolescentes como la consecuencia del proteccionismo mal entendido. Mal entendido en el hogar y mal entendido desde las leyes que, a su juicio, no han hecho más que ir restando autoridad a los educadores. Estos pequeños y adolescentes problemáticos están «heridos de un exceso de bienestar», según Alberto Muñiz.
Más de 30 años de experiencia
Él está al frente de la Ciudad Escuela de los Muchachos desde que se creó, hace 37 años. Afirma que esta institución se ha convertido «en una especie de termómetro social». Y ese termómetro, asegura, indica que «todas las luces rojas están encendidas». Dice que no es «derrotista», pero reconoce que le «gustaría ser más optimista». Y es que, indica a ABC, «como sigamos por este camino, lo podemos pasar muy mal. Hay niños y adolescentes que se han convertido en los dueños de las aulas y de los hogares».
Por la Ciudad de los Muchachos han pasado más de 3.000 chavales. Pero los que llegaban antes y los que llegan desde hace unos años presentan perfiles totalmente distintos. Antes lo habitual eran niños o adolescentes de familias desestructuradas, que arrastraban problemas de marginalidad. Desde hace años, y cada vez más, explica que lo que predomina son los chavales «de familias de las consideradas totalmente normales, nada marginales, incluso de padres de posición social alta, que lo tienen todo». Todo, menos la paz en el hogar y la tranquilidad con sus hijos.
Afirma que no falta nada en el plano material, incluso sobra, también para los hijos. Pero son padres, explica, a los que «les pesa mucho la responsabilidad» en la relación con sus hijos y eso «inhabilita para educar. Los niños son criados sin saber lo que es un no y, cuando se les pronuncia esa palabra, no la entienden, no entra en su léxico».
Padres derrotados
Alberto Muñiz relata cómo se encuentra, con más frecuencia de la deseable, con «padres que acuden a la Ciudad de los Muchachos llorando», de impotencia, de desgarro y de desesperación por la actitud de sus hijos. «El perfil suele ser el de chavales de diez años, o de ese entorno de edad, muy contestatarios y que en algunos casos han llegado a agredir a sus padres».
En el Congreso Nacional de la Abogacía se ha prestado especial atención a la vertiente jurídica de este problema social creciente. Y, al respecto, Alberto Muñiz tiene claro que hay una responsabilidad clara en los legisladores. Cree que, durante años, se ha pecado de «leyes que son proteccionistas, pero no protectoras; se ha caído en un empacho de derechos» a los menores, sin dejar claros los deberes.
Y ese «proteccionismo» legal ha conducido, afirma, a una situación grave: «son leyes que inhabilitan a los educadores para tener disciplina. El maestro ha perdido autoridad».
Respecto a la posición de los padres, Alberto Muñiz cree que «están despistados, tienen miedo a traumatizar al niño, se sienten responsables, les pesa demasiado la responsabilidad de ser padres y se sienten cohibidos. Y lo que es imprescindible es saber decir que no. Tienen que ser ante todo y en primer lugar padres», con la autoridad que eso representa, «y también buscar la complicidad con los hijos, algo a lo que ayuda el ser también un poco amigo». Pero, ante todo y por encima, ser, sentirse y ejercer realmente como padre.
Alberto Muñiz tiene claro cuál es el problema en estos casos de niños y adolescentes en los que se ha pasado la línea que separa al díscolo del problemático: no han interiorizado valores elementales. Evitar caer en ese problema, sin embargo, no resulta sencillo. Según Muñiz, es imprescindible actuar desde varias vertientes, desde el hogar, pero también desde la legislativa, con leyes que devuelvan la autoridad a los educadores. abc
«Mendigos» teniéndolo todo
Acoso en las aulas a compañeros, a profesores; incluso a los padres. Son las consecuencias de niños y adolescentes con carencias de valores, en los que se ha desbocado un perfil peligroso. En ocasiones, resultados dramáticos. Alberto Muñiz, el «Tío Alberto» de la Ciudad de los Muchachos, afirma que se encuentra con chavales que, teniéndolo todo, carecen de esos valores elementales que forman en el respeto a los demás. «Son niños que han tenido de todo, incluso en exceso, pero tienen la misma dificultad de interiorizar ciertos valores que la que pueden tener los niños mendigos, que disfrutan de su particular libertad y de la facilidad para conseguir dinero con sólo pedir». Corregir esos perfiles, según Alberto Muñiz, «es costosísimo, porque es costosísimo cambiar el tanto tengo, tanto soy». abc
Educar con mano dura
Los expertos reunidos en el Congreso de la Abogacía que se celebra en Zaragoza apuestan por la educación con mano dura para reinsertar a los menores que delinquen. Quienes tienen un trato más directo con los chicos, como el juez Emilio Calatayud, consideran que hay que impedir que vayan a la cárcel porque la cárcel no reinserta. Pero advierten que tampoco reinserta la superprotección, porque los chicos llegan a los centros de menores con un empacho de derechos y ninguna conciencia sobre las obligaciones que tienen. La propuesta de reeducar mediante trabajos sociales como gran medida reeducadora es muy interesante. ePDA
Zaragoza 27 SEP 2007
“Reflexionar con todos los letrados y concienciarlos de la necesidad de trabajar todos a una”. Con estas palabras ha resumido el juez de Menores Emilio Calatayud, popular por sus sentencias, el papel de una de las mesas redondas organizadas en Zaragoza con motivo del noveno Congreso de la Abogacía Española. Ha sido sin duda una de las más esperadas y concurridas, cientos de abogados no han querido perder la oportunidad de debatir sobre los derechos y deberes del menor.
Calatayud ha comentado en su ponencia la situación legal del menor, su experiencia como juez de menores y los problemas que tienen los menores hoy en día, haciendo hincapié en la familia, en la escuela y en la sociedad. También se ha referido a la respuesta penal que la Ley contempla y ha criticado algunas de sus modificaciones, advirtiendo que “aunque tengamos una Ley con ciertas deficiencias, se pueden pulir muchos de sus defectos en su aplicación”.
El juez ha insistido en que si la justicia de menores funciona, estaremos disminuyendo la justicia de mayores. “Siempre pasa algo en la familia -ha explicado-. Pero, por ejemplo, el 82% de los menores que tienen perfil de delincuente sufre fracaso escolar, si solucionamos el fracaso escolar estaríamos reduciendo el 80% de la delincuencia de menores y estaríamos reduciendo la justicia de adultos siempre”.
La sociedad ha cambiado, las familias y los niños ya no son lo que eran, y por eso las medidas educativas y judiciales tampoco pueden ser las mismas. Alberto Muñiz, conocido como Tío Alberto por ser el creador de la Ciudad de los Muchachos (CEMU) en Leganés, ha subrayado cuán diferentes son los niños ahora: “Los niños que nos llegan ahora no son los que nos venían de la carencia, ahora nos vienen del exceso. Tenemos hijos de médicos, de arquitectos, de educadores… y son mucho más difíciles de educar. Me quedo con aquellos niños que con un plato de sopa y un poco de cariño salían adelante. Éstos no, son niños de papá… lo han tenido todo y el exceso les ha llevado a la CEMU. Es más difícil cambiarles el chip y educarles”.
Una situación más compleja
Una situación diferente y más compleja en la que son necesarias medidas globales. “A partir de una medida global podemos llegar a los detalles de las actuaciones”, ha comentado Muñiz. Y ha continuado: “La última Ley de Menores mejora porque es más educativa y menos agresiva, pero tiene otros aspectos que no me gustan porque chocan con lo que decimos los educadores. Por ejemplo, el fiscal que antes era el defensor natural del menor pasa a ser el acusador de un humano que no es responsable de sus actos por inmadurez”.
Muñiz ha puesto como ejemplo la Ciudad de los Muchachos como una manera de educar a los menores con problemas. “Lo mío es intentar prevenir los malos comportamientos o curarlos y el CEMU puede ser una alternativa para educar a estos niños en centros de educación colectiva, aunque parece que la Ley tiende más a medidas más particulares y a custodias familiares”.
Los niños que viven en la Ciudad de los Muchachos “se sienten subjetivamente libres, porque sin libertad no se puede educar”, ha confesado el Tío Alberto. Muñiz ha destacado la importancia de que “el niño se sienta protagonista y colabore”. Y ha continuado: “La autoridad profesional es del adulto, pero el niño tiene mucho que decir. La labor del adulto es importante pero está detrás del juego. Si los centros son así, los centros educan. Pero si son centros dirigidos por un adulto que decide, el centro no funciona y el niño pierde personalidad”.
Los cientos de abogados que se han acercado a una de las salas del Auditorio de Zaragoza han podido escuchar la experiencia de Tío Alberto, pero también el resultado de su trabajo. Con sólo 11 años, Juan Carlos Delgado ‘El Pera’ había sido detenido en 150 ocasiones y un juez lo envió a la Ciudad de los Muchachos cuando nadie daba nada por él.
‘El Pera’, como ejemplo
“Fui muy muy malo o muy rebelde, pero salí de un pozo muy difícil. Salí y además despunté”, ha comentado satisfecho Delgado, quien ha relatado su experiencia personal, sus vivencias y, por supuesto, su granito de arena.
Quien fuera el amo de las calles de Getafe ha pedido a los abogados y al resto de la sociedad que confíen en la juventud: “Confiad en la gente que no ha cometido delitos de sangre, pero que han cometido errores puntuales en su vida. Hay que mirar que hace más ruido un niño mal que cien buenos, pero los cien buenos pesan mucho más que los que están causando problemas”.
‘El Pera’ ha reconocido que queda mucho camino por recorrer y que no se puede generalizar con las leyes: “Está mal que no se personalice en cada historia. En este mundo de la delincuencia o de la marginalidad es muy importante contar con más apoyos que yo creo que no los hay”.
Si Tío Alberto ha confesado que la situación actual es mucho más compleja, ‘El Pera’ ha subrayado que “va a 200 por hora, sobrepasando todos los límites sobre todo en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona”. Y ha continuado: “No nos paramos a pensar en muchas cosas que después traen perjuicios porque lo que hagan o no los padres repercuten en que los niños tengan una formación mejor o peor. Vamos muy deprisa a todos los sitios y eso repercute negativamente en el futuro de la sociedad, que son los niños”. AD
http://www.cgae.es/zaragoza/home.do

Niños «heridos de bienestar»
Más de 1.500 abogados están participando en Zaragoza en el noveno Congreso de la Abogacía Española. Dos ponencias y cuatro portales analizan los problemas de la sociedad, entre ellos el referido a los derechos y deberes del menor.
ROBERTO PÉREZ 01 OCT 2007 ZARAGOZA.
La rebeldía en exceso es un problema creciente entre los niños y adolescentes. Es una realidad que preocupa a los padres, a los educadores y, según ha quedado constatado esta última semana, también a los profesionales del Derecho. Por eso, el Congreso Nacional de la Abogacía que se ha celebrado estos días en Zaragoza ha querido hacer hueco a esta cuestión con uno de sus seminarios. Por él han pasado expertos en la educación, en el trato con los pequeños y en cómo responder, también desde el lado legal, a situaciones que entran en el plano de la responsabilidad jurídica. El juez de menores Emilio Calatayud, la adjunta al Defensor del Pueblo, María Luisa Cava de Llano, y el director de la Ciudad Escuela de los Muchachos, Alberto Muñiz («Tío Alberto») dieron su visión de este asunto desde sus respectivas perspectivas.
Entre las frases lanzadas, una ha resultado especialmente clarificadora. La dijo «Tío Alberto», que resumió el problema de la rebeldía excesiva que se da cada vez más entre los pequeños y adolescentes como la consecuencia del proteccionismo mal entendido. Mal entendido en el hogar y mal entendido desde las leyes que, a su juicio, no han hecho más que ir restando autoridad a los educadores. Estos pequeños y adolescentes problemáticos están «heridos de un exceso de bienestar», según Alberto Muñiz.
Más de 30 años de experiencia
Él está al frente de la Ciudad Escuela de los Muchachos desde que se creó, hace 37 años. Afirma que esta institución se ha convertido «en una especie de termómetro social». Y ese termómetro, asegura, indica que «todas las luces rojas están encendidas». Dice que no es «derrotista», pero reconoce que le «gustaría ser más optimista». Y es que, indica a ABC, «como sigamos por este camino, lo podemos pasar muy mal. Hay niños y adolescentes que se han convertido en los dueños de las aulas y de los hogares».
Por la Ciudad de los Muchachos han pasado más de 3.000 chavales. Pero los que llegaban antes y los que llegan desde hace unos años presentan perfiles totalmente distintos. Antes lo habitual eran niños o adolescentes de familias desestructuradas, que arrastraban problemas de marginalidad. Desde hace años, y cada vez más, explica que lo que predomina son los chavales «de familias de las consideradas totalmente normales, nada marginales, incluso de padres de posición social alta, que lo tienen todo». Todo, menos la paz en el hogar y la tranquilidad con sus hijos.
Afirma que no falta nada en el plano material, incluso sobra, también para los hijos. Pero son padres, explica, a los que «les pesa mucho la responsabilidad» en la relación con sus hijos y eso «inhabilita para educar. Los niños son criados sin saber lo que es un no y, cuando se les pronuncia esa palabra, no la entienden, no entra en su léxico».
Padres derrotados
Alberto Muñiz relata cómo se encuentra, con más frecuencia de la deseable, con «padres que acuden a la Ciudad de los Muchachos llorando», de impotencia, de desgarro y de desesperación por la actitud de sus hijos. «El perfil suele ser el de chavales de diez años, o de ese entorno de edad, muy contestatarios y que en algunos casos han llegado a agredir a sus padres».
En el Congreso Nacional de la Abogacía se ha prestado especial atención a la vertiente jurídica de este problema social creciente. Y, al respecto, Alberto Muñiz tiene claro que hay una responsabilidad clara en los legisladores. Cree que, durante años, se ha pecado de «leyes que son proteccionistas, pero no protectoras; se ha caído en un empacho de derechos» a los menores, sin dejar claros los deberes.
Y ese «proteccionismo» legal ha conducido, afirma, a una situación grave: «son leyes que inhabilitan a los educadores para tener disciplina. El maestro ha perdido autoridad».
Respecto a la posición de los padres, Alberto Muñiz cree que «están despistados, tienen miedo a traumatizar al niño, se sienten responsables, les pesa demasiado la responsabilidad de ser padres y se sienten cohibidos. Y lo que es imprescindible es saber decir que no. Tienen que ser ante todo y en primer lugar padres», con la autoridad que eso representa, «y también buscar la complicidad con los hijos, algo a lo que ayuda el ser también un poco amigo». Pero, ante todo y por encima, ser, sentirse y ejercer realmente como padre.
Alberto Muñiz tiene claro cuál es el problema en estos casos de niños y adolescentes en los que se ha pasado la línea que separa al díscolo del problemático: no han interiorizado valores elementales. Evitar caer en ese problema, sin embargo, no resulta sencillo. Según Muñiz, es imprescindible actuar desde varias vertientes, desde el hogar, pero también desde la legislativa, con leyes que devuelvan la autoridad a los educadores. abc
«Mendigos» teniéndolo todo
Acoso en las aulas a compañeros, a profesores; incluso a los padres. Son las consecuencias de niños y adolescentes con carencias de valores, en los que se ha desbocado un perfil peligroso. En ocasiones, resultados dramáticos. Alberto Muñiz, el «Tío Alberto» de la Ciudad de los Muchachos, afirma que se encuentra con chavales que, teniéndolo todo, carecen de esos valores elementales que forman en el respeto a los demás. «Son niños que han tenido de todo, incluso en exceso, pero tienen la misma dificultad de interiorizar ciertos valores que la que pueden tener los niños mendigos, que disfrutan de su particular libertad y de la facilidad para conseguir dinero con sólo pedir». Corregir esos perfiles, según Alberto Muñiz, «es costosísimo, porque es costosísimo cambiar el tanto tengo, tanto soy». abc
Educar con mano dura
Los expertos reunidos en el Congreso de la Abogacía que se celebra en Zaragoza apuestan por la educación con mano dura para reinsertar a los menores que delinquen. Quienes tienen un trato más directo con los chicos, como el juez Emilio Calatayud, consideran que hay que impedir que vayan a la cárcel porque la cárcel no reinserta. Pero advierten que tampoco reinserta la superprotección, porque los chicos llegan a los centros de menores con un empacho de derechos y ninguna conciencia sobre las obligaciones que tienen. La propuesta de reeducar mediante trabajos sociales como gran medida reeducadora es muy interesante. ePDA
Zaragoza 27 SEP 2007
“Reflexionar con todos los letrados y concienciarlos de la necesidad de trabajar todos a una”. Con estas palabras ha resumido el juez de Menores Emilio Calatayud, popular por sus sentencias, el papel de una de las mesas redondas organizadas en Zaragoza con motivo del noveno Congreso de la Abogacía Española. Ha sido sin duda una de las más esperadas y concurridas, cientos de abogados no han querido perder la oportunidad de debatir sobre los derechos y deberes del menor.
Calatayud ha comentado en su ponencia la situación legal del menor, su experiencia como juez de menores y los problemas que tienen los menores hoy en día, haciendo hincapié en la familia, en la escuela y en la sociedad. También se ha referido a la respuesta penal que la Ley contempla y ha criticado algunas de sus modificaciones, advirtiendo que “aunque tengamos una Ley con ciertas deficiencias, se pueden pulir muchos de sus defectos en su aplicación”.
El juez ha insistido en que si la justicia de menores funciona, estaremos disminuyendo la justicia de mayores. “Siempre pasa algo en la familia -ha explicado-. Pero, por ejemplo, el 82% de los menores que tienen perfil de delincuente sufre fracaso escolar, si solucionamos el fracaso escolar estaríamos reduciendo el 80% de la delincuencia de menores y estaríamos reduciendo la justicia de adultos siempre”.
La sociedad ha cambiado, las familias y los niños ya no son lo que eran, y por eso las medidas educativas y judiciales tampoco pueden ser las mismas. Alberto Muñiz, conocido como Tío Alberto por ser el creador de la Ciudad de los Muchachos (CEMU) en Leganés, ha subrayado cuán diferentes son los niños ahora: “Los niños que nos llegan ahora no son los que nos venían de la carencia, ahora nos vienen del exceso. Tenemos hijos de médicos, de arquitectos, de educadores… y son mucho más difíciles de educar. Me quedo con aquellos niños que con un plato de sopa y un poco de cariño salían adelante. Éstos no, son niños de papá… lo han tenido todo y el exceso les ha llevado a la CEMU. Es más difícil cambiarles el chip y educarles”.
Una situación más compleja
Una situación diferente y más compleja en la que son necesarias medidas globales. “A partir de una medida global podemos llegar a los detalles de las actuaciones”, ha comentado Muñiz. Y ha continuado: “La última Ley de Menores mejora porque es más educativa y menos agresiva, pero tiene otros aspectos que no me gustan porque chocan con lo que decimos los educadores. Por ejemplo, el fiscal que antes era el defensor natural del menor pasa a ser el acusador de un humano que no es responsable de sus actos por inmadurez”.
Muñiz ha puesto como ejemplo la Ciudad de los Muchachos como una manera de educar a los menores con problemas. “Lo mío es intentar prevenir los malos comportamientos o curarlos y el CEMU puede ser una alternativa para educar a estos niños en centros de educación colectiva, aunque parece que la Ley tiende más a medidas más particulares y a custodias familiares”.
Los niños que viven en la Ciudad de los Muchachos “se sienten subjetivamente libres, porque sin libertad no se puede educar”, ha confesado el Tío Alberto. Muñiz ha destacado la importancia de que “el niño se sienta protagonista y colabore”. Y ha continuado: “La autoridad profesional es del adulto, pero el niño tiene mucho que decir. La labor del adulto es importante pero está detrás del juego. Si los centros son así, los centros educan. Pero si son centros dirigidos por un adulto que decide, el centro no funciona y el niño pierde personalidad”.
Los cientos de abogados que se han acercado a una de las salas del Auditorio de Zaragoza han podido escuchar la experiencia de Tío Alberto, pero también el resultado de su trabajo. Con sólo 11 años, Juan Carlos Delgado ‘El Pera’ había sido detenido en 150 ocasiones y un juez lo envió a la Ciudad de los Muchachos cuando nadie daba nada por él.
‘El Pera’, como ejemplo
“Fui muy muy malo o muy rebelde, pero salí de un pozo muy difícil. Salí y además despunté”, ha comentado satisfecho Delgado, quien ha relatado su experiencia personal, sus vivencias y, por supuesto, su granito de arena.
Quien fuera el amo de las calles de Getafe ha pedido a los abogados y al resto de la sociedad que confíen en la juventud: “Confiad en la gente que no ha cometido delitos de sangre, pero que han cometido errores puntuales en su vida. Hay que mirar que hace más ruido un niño mal que cien buenos, pero los cien buenos pesan mucho más que los que están causando problemas”.
‘El Pera’ ha reconocido que queda mucho camino por recorrer y que no se puede generalizar con las leyes: “Está mal que no se personalice en cada historia. En este mundo de la delincuencia o de la marginalidad es muy importante contar con más apoyos que yo creo que no los hay”.
Si Tío Alberto ha confesado que la situación actual es mucho más compleja, ‘El Pera’ ha subrayado que “va a 200 por hora, sobrepasando todos los límites sobre todo en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona”. Y ha continuado: “No nos paramos a pensar en muchas cosas que después traen perjuicios porque lo que hagan o no los padres repercuten en que los niños tengan una formación mejor o peor. Vamos muy deprisa a todos los sitios y eso repercute negativamente en el futuro de la sociedad, que son los niños”. AD
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