Violencia Infantil· Nadie mejor para educar
Carlos Medina Plascencia 20 de octubre de 2007 México, D.F.
El maltrato infantil en México ha adquirido dimensiones alarmantes. La idea errónea del poder que sobre los niños ejercen los padres, los profesores y en general los adultos es una de las principales causas del abuso de menores.
Habitualmente, la violencia intrafamiliar se concibe del padre hacia la familia, pero estudios recientes han revelado lo contrario, al destacar que el abuso físico es más alto por parte de la madre.
Un documento de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal revela que en el 47% de los casos de violencia las madres de familia son las responsables de lastimar a sus hijos. No obstante, hay que decir que en la educación de los hijos la responsabilidad es compartida.
¿Educación? Los padres creen que no hay nadie mejor para educar a sus hijos y suelen utilizar métodos de violencia emocional y/o física, bajo argumentos como “porque soy tu padre” o “cuando crezcas y tengas a tus hijos entenderás”, expresiones de autoritarismo, confundidas con autoridad paternal.
Aunque la vieja máxima de “el conocimiento con sangre entra” cada vez está más limitada, maestros e instructores deportivos frecuentemente utilizan como castigo la exhibición de los errores ante el resto de la comunidad estudiantil, provocando una lastimosa degradación en los infantes.
Los regaños públicos, las ofensas e inclusive los golpes afectan tremendamente la autoestima de los niños. Si el mundo de los adultos supone que al ejercer su violento poder sobre los menores educan y forman a sus hijos, definitivamente se equivoca.
En un futuro, esos niños maltratados no sabrán distinguir con claridad entre lo bueno y lo malo; lo apropiado y lo incorrecto. Finalmente, terminarán por resolver sus problemas con violencia, porque no han aprendido a hacerlo de otra forma.
En general, las acciones y las actitudes de los padres no están motivadas por intenciones perversas. Se trata, en la mayoría de los casos, de comportamientos adquiridos en la infancia que se reproducen y pasan de generación en generación.
Es cierto que las preocupaciones diarias y las angustias que provocan las obligaciones laborales, las cuentas por pagar, los conflictos de pareja y hasta las actitudes desesperantes de los infantes pueden descomponer la tranquilidad del más sereno; pero quienes asumieron el compromiso de formar una familia deben considerar que su responsabilidad es muy alta.
Acompañar de verdad No sólo se trata de conducir a los hijos por el buen camino, sino fundamentalmente de procurar su felicidad, su tranquilidad, su salud física y emocional. Y en esa tarea resultan más útiles la comunicación, la comprensión y la predicación con el ejemplo, más que la violencia y los insultos.
Y si bien es cierto que existen leyes que protegen la integridad emocional y física de niños y adolescentes, en la mayoría de las ocasiones ni ellos mismos las conocen; por lo que no saben cómo reaccionar o a quién acudir para denunciar el abuso.
Independientemente de la urgencia de que los gobiernos federal, estatales y municipales cierren filas en torno a una campaña de sensibilización para terminar con el abuso de los infantes, los padres de familia también tienen tareas y responsabilidades pendientes. La violencia en la educación y la formación de los hijos lastima profundamente a los niños, pero también los condena a repetir ese dolor en sus propios hijos. www.yucatan.com.mx
Carlos Medina Plascencia 20 de octubre de 2007 México, D.F.
El maltrato infantil en México ha adquirido dimensiones alarmantes. La idea errónea del poder que sobre los niños ejercen los padres, los profesores y en general los adultos es una de las principales causas del abuso de menores.
Habitualmente, la violencia intrafamiliar se concibe del padre hacia la familia, pero estudios recientes han revelado lo contrario, al destacar que el abuso físico es más alto por parte de la madre.
Un documento de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal revela que en el 47% de los casos de violencia las madres de familia son las responsables de lastimar a sus hijos. No obstante, hay que decir que en la educación de los hijos la responsabilidad es compartida.
¿Educación? Los padres creen que no hay nadie mejor para educar a sus hijos y suelen utilizar métodos de violencia emocional y/o física, bajo argumentos como “porque soy tu padre” o “cuando crezcas y tengas a tus hijos entenderás”, expresiones de autoritarismo, confundidas con autoridad paternal.
Aunque la vieja máxima de “el conocimiento con sangre entra” cada vez está más limitada, maestros e instructores deportivos frecuentemente utilizan como castigo la exhibición de los errores ante el resto de la comunidad estudiantil, provocando una lastimosa degradación en los infantes.
Los regaños públicos, las ofensas e inclusive los golpes afectan tremendamente la autoestima de los niños. Si el mundo de los adultos supone que al ejercer su violento poder sobre los menores educan y forman a sus hijos, definitivamente se equivoca.
En un futuro, esos niños maltratados no sabrán distinguir con claridad entre lo bueno y lo malo; lo apropiado y lo incorrecto. Finalmente, terminarán por resolver sus problemas con violencia, porque no han aprendido a hacerlo de otra forma.
En general, las acciones y las actitudes de los padres no están motivadas por intenciones perversas. Se trata, en la mayoría de los casos, de comportamientos adquiridos en la infancia que se reproducen y pasan de generación en generación.
Es cierto que las preocupaciones diarias y las angustias que provocan las obligaciones laborales, las cuentas por pagar, los conflictos de pareja y hasta las actitudes desesperantes de los infantes pueden descomponer la tranquilidad del más sereno; pero quienes asumieron el compromiso de formar una familia deben considerar que su responsabilidad es muy alta.
Acompañar de verdad No sólo se trata de conducir a los hijos por el buen camino, sino fundamentalmente de procurar su felicidad, su tranquilidad, su salud física y emocional. Y en esa tarea resultan más útiles la comunicación, la comprensión y la predicación con el ejemplo, más que la violencia y los insultos.
Y si bien es cierto que existen leyes que protegen la integridad emocional y física de niños y adolescentes, en la mayoría de las ocasiones ni ellos mismos las conocen; por lo que no saben cómo reaccionar o a quién acudir para denunciar el abuso.
Independientemente de la urgencia de que los gobiernos federal, estatales y municipales cierren filas en torno a una campaña de sensibilización para terminar con el abuso de los infantes, los padres de familia también tienen tareas y responsabilidades pendientes. La violencia en la educación y la formación de los hijos lastima profundamente a los niños, pero también los condena a repetir ese dolor en sus propios hijos. www.yucatan.com.mx







