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sábado, 27 de octubre de 2007
Una selección de los diarios de guerra de niños y adolescentes que han sufrido los más terribles conflictos bélicos del siglo XX han sido recogidos en "Voces Robadas"
· Una antología reunida por Zlata Filipovic y Melanie Challenger, dos mujeres que han vivido de cerca la pérdida de la infancia.

Portada Voces robadasDe la I Guerra Mundial a Irak, ‘Voces robadas’ compila diarios de niños inmersos en contiendas

EFE 24 de octubre 2007

"Mientras siga existiendo una Anna Frank en Bosnia, Afganistán o Irak querrá decir que continua habiendo guerras en el mundo", ha afirmado a Efe Zlata Filipovic (Sarajevo, 1980), que con tan sólo 13 años convirtió su diario en un éxito de ventas internacional.

Filipovic quien, gracias a sus escritos traducidos a 36 idiomas y con la ayuda de Unicef, pudo salir del escenario de la guerra y huir con su familia a París, ha confesado: "cambiaría mis estudios en Oxford y mi reconocimiento internacional por haber podido tener una infancia normal, con amigas y deberes en el colegio".

La idea de crear "Voces robadas", publicado por Ariel, nació tras el encuentro entre Zlata Filipovic y Melanie Challenger -escritora y autora de la adaptación del diario de Anna Frank para la ópera "Annelies"-, precisamente en la casa-museo de ésta en Amsterdam.

Ambas han trabajado durante tres años en la recopilación de los diarios escritos por niños y adolescentes durante la Primera Guerra Mundial, el Holocausto, Vietnam, la intifada palestina, la guerra de Bosnia y Herzegovia o la de Irak.

Sólo tuvieron en cuenta tres requisitos: que estuvieran escritos por menores de 20 años, que hubieran sido redactados de verdad durante las guerras, y que hablaran del lado humano de quien los escribía.

Para la joven licenciada en Humanidades por Oxford, quien desde 1996, cada 5 de abril, recuerda el inicio de la guerra en Sarajevo, "siempre hay un antes y un después en la vida de una persona que ha vivido la guerra" y, quizá ella, "hubiera sido otra persona, a lo mejor una arquitecta".

Zlata, a diferencia de otros niños que aparecen en "Voces robadas", no comenzó a escribir su diario porque se lo dijera su madre, sino porque le gustaba la escritura, le habían encantado los diarios de Anna Frank y de Adrian Mole, y "admiraba a unas amigas mayores que sabía que escribían diarios".

"Empecé mi diario para mantener sana la cabeza, pues además de leer, escribir y tocar el piano de vez en cuando no podía hacer nada más", recuerda la joven, que desde los 11 hasta los 13 años escribió su diario -"Mimmy"- escondida en su casa o en un búnker.

La niña convertida hoy en una dulce mujer que realiza documentales sobre antropología escribió en 1993: "Dios, hemos perdido dos años oyendo disparos y bombas, lidiando con la electricidad, el agua, la comida y esperando la paz".

En la actualidad Zlata Filipovic sigue colaborando con Amnistía Internacional y en talleres para estudiantes sobre Derechos Humanos para "concienciar a los más jóvenes sobre la cruda realidad que significa una guerra para las personas".

Pues uno de los grandes objetivos de las autoras de "Voces robadas" es que el libro se convierta en materia de estudio en los colegios. Los niños "deben aprender la historia desde el punto de vista humano, no como algo teórico, sólo con fechas, nombres de lugares y cifras de muertos", subraya Filipovic.

Aunque no tiene respuesta para la pregunta que le hizo una niña estadounidense -"¿quién será el rostro de la paz?"-, Zlata Filipovic no descarta que "Voces robadas" tenga una segunda parte; "quizá incluyendo diarios de jóvenes de la Guerra Civil española y de otros conflictos bélicos de otros países", en donde las autoras están promocionando su emotivo libro.
PD - terra-EFE - iberarte.

  • El Club de Ana Frank

    Madrid, 24 oct. COLPISA, Arantza Prádanos
    Un lápiz y un papel son un privilegio cuando todo estalla alrededor. Y un refugio. Y una terapia contra el horror de la guerra. A Ana Frank su diario no le salvó la vida, pero calmó su cautiverio en ‘la casa de atrás’ e ilustró al mundo sobre el exterminio nazi con pulso más firme que el proceso de Nuremberg. “Lo mejor de todo –escribía en 1944 desde su escondite- es que lo que pienso y siento, al menos puedo apuntarlo: si no, me asfixiaría completamente”.

    Pasado medio siglo, de nuevo en el corazón de Europa, otro diario infantil reflejaba un tránsito similar; de fantasías adolescentes con Tom Cruise a la limpieza étnica; de la escuela al odio fratricida de la guerra de los Balcanes.
    “Trato de concentrarme en hacer los deberes, pero no puedo. Algo está ocurriendo en la ciudad. Se pueden oír disparos desde las colinas (...). Simplemente uno siente que algo va a suceder, algo muy malo.” Zlata Filipovic tenía 11 años en 1992 y hasta los 13 años relató su propio cerco de Sarajevo. Como el de Ana Frank, su diario también dio la vuelta al mundo, aunque ella vive para contarlo.

    Ahora Zlata ha recuperado la pluma para coser en ‘Voces robadas’ (Ed. Ariel) retales de otras contiendas contadas y sufridas por críos como ella. Son catorce voces que entonan el mismo lamento en primera persona. De la I Guerra Mundial a Irak, del Holocausto al conflicto judeopalestino, “te das cuenta de que las experiencias de los niños de la guerra son iguales. Fue un shock cuando me puse a investigar en sus diarios porque percibí enseguida la conexión entre sus experiencias y la mía”, explica. Idénticos el miedo, el hambre, la falta de lumbre, de calefacción, las detonaciones, la misma “muerte que llama a la ventana” cuando suenan las armas, tanto da si en el siglo XX o en el XXI.

    Veinte de abril de 1992. “La guerra no es ninguna broma. Destruye, mata, quema, separa, hace desgraciada a la gente. Hoy han caído unas bombas terribles en Bascarsija, el antiguo centro de la ciudad. Bajamos al sótano, frío, oscuro y asqueroso. Y el nuestro ni siquiera es muy seguro. Papá, mamá y yo estábamos allí agazapados, abrazados los tres en un rincón...”

    Un mundo oscuro

    El diario de Zlata bien podía ser el que escribió en 2003 en Irak Hoda Thamir Jehad (18 años) – “el mundo me parece oscuro y desolado, y las personas, monstruos que quieren devorar a sus presas y salir corriendo”. O los de otras víctimas infantiles del Holocausto, como Ana Frank. Yitskhok Rudashevski (Lituania, 16 años en 1943): “Me han arrebatado todo lo que quiero y aprecio”. Clara Schwarz (Polonia 15 años en 1942): “¿Quién sabe si todo este sufrimiento es para nada? ¿Sobreviviremos?”

    Sus escritos, compilados en ‘Voces robadas’, reflejan el estupor de un mundo vuelto del revés, la irrupción del dolor y el odio, el fin de la inocencia. “Estoy desesperada. Nuestros niños inocentes no conocen el significado de la palabra felicidad. Sólo conocen la muerte, la guerra, los tanques, el miedo y el sufrimiento”, Mary Masrieh Hazboun, 17 años, abril de 2002, segunda Intifada.

    En la última década dos millones de niños han muerto en conflictos armados. Otros seis han quedado heridos o tullidos, hay unos 250.000 soldados adolescentes y un batallón escalofriante de esclavos sexuales. Los que sobreviven a los disparos, las bombas, los ataques terroristas... lo hacen como adultos prematuros en el mejor de los casos. “Creo que en ese momento me hice mayor, muy mayor, y me volví muy asustadiza...”, decía Sheila Allan (Singapur) a los 17 años, en 1941 y en plena guerra del Pacífico.

    Los cuadernos de estos improvisados cronistas de guerra hieren por su llaneza, su falta de artificio. Son historias pequeñas y universales que Zlata Filipovic, hoy licenciada en Oxford y colaboradora de la ONU, y la escritora Melanie Challenger han sacado a la luz tras años de rastreo en bibliotecas, universidades y en los archivos de organizaciones humanitarias. Son una pequeña muestra de los miles de diarios localizados Representan a los afortunados que en medio del horror aún disponen de “un confidente” de papel. Detrás de ellos, silentes, hay millones que sufren sin ese desahogo. colpisa
      FICHA
      Portada
      Título: ‘Voces robadas. Diarios de guerra de niños y adolescentes desde la I Guerra Mundial hasta Irak’.
      Editoras: Zlata Filipovic y Melanie Challenger.
      Editorial: Ariel
      Páginas: 340

    Una antología reunida por Zlata Filipovic y Melanie Challenger, dos mujeres que han vivido de cerca la pérdida de la infancia

  • Bandera Blanca

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