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lunes, 29 de octubre de 2007
ENTREVISTA · Astrid Díez, Jefa del Servicio de Atención a la Familia (SAF) en Las Palmas
Trabajamos con menores, tanto reforma como protección; violencia género; maltrato familiar y violencia sexual.
ERENA CALVO 28 OCT 2007 LAS PALMAS, Canarias.
El Servicio de Atención a la Familia (SAF) se creó en el año 2000 y venía a agrupar el GRUME (Grupo de Menores) y el Servicio de Atención a la Mujer, que existía desde los años 80, «aunque en esa época era muy reducido el número de denuncias por malos tratos». Nos lo cuenta en su despacho Astrid Díez, jefa del SAF en la provincia de Las Palmas.

-¿Qué tipo de delitos investigan desde esta unidad?

-Atendemos delitos relacionados con la mujer, el menor, personas de la tercera edad, disminuidos físicos y psíquicos; todos los colectivos que sean especialmente vulnerables. En los últimos años con el incremento de la atención que se presta a los casos de violencia de género y la intervención policial que requiere, las plantillas han aumentado y hay grupos especializados en comisarías locales como Telde o Maspalomas, en Gran Canaria. Las competencias son muy variopintas. Trabajamos con menores, tanto reforma como protección; violencia género; maltrato familiar y violencia sexual.

-¿Contamos en las Islas con suficientes medios para atender este tipo de casos?

-Cuantos más medios, mejor, y por muchos que haya nunca son suficientes. Pero en Canarias tenemos unas buenas plantillas, y los miembros del SAF formamos a agentes en distintas comisarías. Ahora, dentro de poco, nos desplazaremos a Fuerteventura y Lanzarote. Son los próximos.

-En Canarias, ¿cuáles son los delitos que se repiten con más frecuencia?

-La problemática de los malos tratos es un tema grave en Canarias como en otras partes de España; hay muchas denuncias. Y el tratamiento que se da ahora es mucho más amplio, se pueden judicializar casos en los que la víctima no quiere denunciar. También tenemos muchas actuaciones para evitar o atajar agresiones sexuales, sobre todo dentro del ámbito familiar, que son muy frecuentes, y los abusos a menores. Tenemos también muchos casos que resolver con menores, nacionales y extranjeros.

-¿Hay muchos problemas con los menores?

-Hemos trabajado varios temas de pederastia, son largos, hay que aportar muchas pruebas que demuestren el prevalimiento del agresor sobre el menor; hemos resuelto tres o cuatro y han dado buenos resultados. Estos niños víctimas de adultos suelen proceder de familias desestructuradas, tienen carencias afectivas... y los captan fácilmente.

-Pero, entonces, en el Archipiélago debemos preocuparnos por el tema de los menores?

-Me arriesgo a decir que sí. Aquí en Canarias tenemos un índice de natalidad elevado, las madres son muy jóvenes y hay muchos niños en situación de riesgo. El control sobre los hijos es menor, hay mucho absentismo escolar, los niños pasan mucho tiempo en la calle. También se da mucho que los menores huyan de los centros de protección, y son frecuentes las desapariciones de menores aunque no sean inquietantes: me refiero a la desaparición de muchos jóvenes, en especial niñas, a partir de los catorce años que por encontrar una pareja se van a residir con esa persona en domicilio conocido o desconocido y en esos casos la actuación policial es contundente. Esas denuncias son continuas. Hay otras desapariciones más inquietantes, de niños más pequeños, en las que nuestra respuesta debe ser si cabe aún más rápida y contundente, cuando el riesgo para la integridad del menor es mayor.

-¿Qué perfil suele tener el agresor?

-Suelen ser hombres adultos, de 50 a 60 años, solteros. A veces la actividad delictiva se extiende durante años.

-Ustedes trabajan con el caso de Sara Morales...

-Hay un grupo creado especialmente para la investigación, pero sí, ha trabajado el SAF, homicidios, especialistas de Madrid, mucha gente. Y siempre con muchas ganas y paciencia. Se sigue trabajando como el primer día o más. Todos queremos que se resuelva.

-Debe ser muy complicado trabajar con menores...

-Los casos de desapariciones son especialmente duros, pero también cuando el infractor es el menor. En ese punto, el trabajo a veces es poco fructífero judicialmente y por ende, policialmente. Las penas son muy reducidas, escasas de tiempo. Por un delito grave, les suele caer un año. y los educadores no pueden inculcar toda una serie de valores al chico, que vuelve a la calle con muchas posibilidades de ser reincidente.

Violencia de género

-Este año ya son tres más que en 2006 las mujeres muertas a manos de sus parejas en Canarias...

-Sí, y tampoco se puede olvidar a las mujeres que han salvado su vida de puro milagro. Es una lacra contra la que hay que luchar.

-A la vista de los resultados, ¿le parece efectiva la nueva legislación de la materia?

-Si nos aferramos a esos resultados, no parece muy efectiva. La Ley se creó sobre todo para la prevención y tiene detractores y defensores. Lo que está claro es su objetivo, que es prevenir y educar en la igualdad para que en un futuro podamos erradicar este tipo de comportamientos. Además, la Ley es contundente; la respuesta policial y judicial, lo es.

-Entonces, para usted es positiva...

-En muchos aspectos sí, aunque puede tener un efecto rebote y que el hombre se vuelva más agresivo cuando la Justicia actúa contra él. Eso sí, me llama la atención que en los casos más graves, en Canarias, hemos comprobado que la mujer nunca había denunciado y no se había hecho, por tanto, un seguimiento de su caso. Cuando ya hay denuncia, hay actuación policial y judicial, y la seguridad de los denunciantes ha aumentado bastante respecto a años anteriores. Aunque sigue habiendo una cifra negra de violencia de género en cuanto a las denuncias, sigue costando.

-¿Es importante en este punto la colaboración ciudadana?

-Por supuesto. Nosotros tenemos potestad para denunciar, pero no es un delito fácil de detectar y de aportar pruebas. Hay muchos casos con menores de por medio y es muy importante denunciar. Cada vez hay una mayor sensibilización social, y personas ajenas a la familia se atreven a denunciar: vecinos, centros de salud, escuelas, y todos estos casos se judicializan para sancionar al agresor.

-Al existir una relación íntima entre agresor y víctima todo se complica...

-Muchísimo, por eso es tan importante la colaboración de su entorno cercano. En algunas ocasiones la víctima, siendo consciente de la violencia que se ejerce sobre ella, no quiere denunciar. Muchas mujeres piensan que no tienen otra salida. Pasa sobre todo con las mujeres inmigrantes, que no denuncian por miedo a la repatriación o a la cárcel; no saben que en estos casos se les da un tratamiento especial y una serie de facilidades. Es importante que esto se publicite más.

-Y las órdenes de alejamiento, ¿se están cumpliendo?

-Hacemos lo que podemos, tenemos pocos medios y es complicado hacer un seguimiento exhaustivo de todos los casos, aunque lo hacemos. Eso no significa que cada maltratador tenga detrás suyo todo el día a un policía, es imposible. Pero si se acerca a la víctima la orden nos sirve para actuar de inmediato. Por ejemplo, sólo en Las Palmas de Gran Canaria hay cercade 800 órdenes y tenemos una docena de funcionarios que hacen este trabajo. Son muchas mujeres para cada funcionario y el control depende del riesgo.
abc

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