»GRÁFICO· MUESTREO EXTRAPOLABLE · Sobre 400 encuestados
Tres de cada diez alumnos en un instituto de Vigo confiesan ser agredidos por compañeros, dentro o fuera del centro
. Insultos a los profesores, que pierden su autoridad
VIGO 02 NOV 2007
No tener amigos, no fumar, o no salir a la discoteca por la tarde pueden suponer un problema de adaptación a los 14 o 15 años y acabar convirtiéndose en la diana de las burlas de toda una clase. La situación se agrava cuando del insulto o las risas se pasa a la amenaza o a la agresión. Es el caso confeso de un estudiante vigués de tercero de ESO, que sólo se atreve a reconocer de forma anónima y a través de una encuesta, que sus propios compañeros lo atemorizan hasta casa. A la pregunta "¿crees que hay alumnos maltratados en tu escuela?", más de la mitad de los estudiantes de entre 12 y 18 años de un instituto de Vigo contestan que sí.
Son los resultados de un estudio que revela que en torno a un 30% (tres cada diez) de los 400 encuestados confiesan haber sido agredidos por un compañero de clase, tanto dentro como fuera del centro.
Con el objetivo de conocer hasta dónde llega el acoso en las aulas y analizar posibles casos de bullying, una estudiante de Derecho Económico de Vigo, Raquel Neira, hizo un estudio de campo el pasado curso 2006-2007. Las preguntas fueron extraídas de encuestas similares del Informe del Defensor del Pueblo y realizadas en un instituto de la ciudad. Se conocen el mismo día en el que un menor de Boiro se ve obligado a cambiar de domicilio por miedo a sus agresores, que le propinaron una paliza grabada con el móvil.
Conclusiones del estudio
Las conclusiones del estudio arrojan datos poco alentadores: una treintena de alumnos (29) de los seis cursos reconocieron que les habían pegado alguna vez y la franja más afectada está entre los alumnos de 14 y 15 años, en donde los agredidos confesos son 15 -todos hombres, salvo dos mujeres-.
Otro de los datos sorprendentes está en el número de agresores que lo reconocen: entre un 9 y un 16% de los alumnos marcaron un sí en la pregunta de si alguna vez habían abusado de alguien, pero son pocos los que reconocen que las amenazas son frecuentes o diarias. El bullying implica una repetición continuada de las burlas o las agresiones y puede provocar la exclusión social de la víctima.
La cifra de víctimas crece hasta el medio centenar de alumnos de cada dos cursos. Unos cincuenta jóvenes de entre 12 y 18 años, desde 1º de ESO a 2º de Bachillerato, reconocen en la encuesta que los han amenazado; aunque sólo cinco dicen que les ocurre todos los días.
La responsable del estudio, Raquel Neira, afirma haberse sorprendido con los resultados, que considera extrapolables a cualquier centro público de Vigo. Durante su realización, conoció el caso de dos chicos que admitieron en el test una problemática situación en clase.
Denuncias a la Policía
Estos datos fueron facilitados luego a la dirección del centro, que los debatió con el profesorado: "La mayoría dice que les quitan cosas, o la ropa, les pegan chicles en la cabeza, les golpean a ellos... pero hay que prestar atención por parte de los docentes, la dirección y también los padres", explica, "está claro que peleas hubo siempre, pero hay que educar a los chicos para que sepan defenderse y denunciar esos casos". Otra de las propuestas es fomentar las escuelas de padres, o aquellas clases en las que se pueda orientar la educación de sus hijos. Detrás de la mayor parte de los casos, según Neira, está un exceso de permisividad o de protección de los adolescentes. Por esta razón, otra de las preguntas se planteó como "¿tienes límites en tu casa?", a lo que la inmensa mayoría de los adolescentes contesta que "algunos".
La mayor parte de los alumnos que marcaron un sí como agredidos, reconocieron luego que no habían denunciado los hechos ante la autoridad, por miedo. Sin embargo, un gran número de víctimas de agresiones admite que se lo dijo a sus padres o a un amigo o amiga. En el orden de confidentes, luego irían los profesores y, por último, la Policía. Aún así, en total seis alumnos dicen que comunicaron los hechos ante la autoridad policial, basándonse en datos que se corresponden al curso pasado. FDV
Insultos a los profesores, que pierden su autoridad
Las últimas promociones de alumnos han ido minando la progresiva pérdida de autoridad del último responsable del aula: el profesor. Éste a veces se siente indefenso o se convierte en la propia víctima de sus pupilos. Diecinueve alumnos sólo en 3º y 4º de ESO reconocen que insultaron o agredieron o insultaron a sus profesores, es decir, el 15% de los que estudiaban esos años en el centro analizado.
Son casos por el momento poco alarmantes, según las últimas cifras del Defensor del Profesor, pero también se visualizan en esta estadística del instituto vigués, en donde un total de más de sesenta alumnos reconocieron haber insultado, desobedecido o agredido a su profesor.
"Porque me cae mal"
Los datos de conflictividad equiparan a hombres y mujeres. En la mayor parte de los casos, las conductas que se siguen son el castigo de ese comportamiento, llamar a los padres o llevar al alumno conflictivo ante el director. Las razones por las que justifican los alumnos su comportamiento son de lo más variopinto.
Raquel Neira asegura que en los comentarios de las encuestas se incluyeron algunos como "le insulté porque es un chulo", "porque no me deja hablar en clase", "no me deja estar de cachondeo con mis amigos", o simplemente "porque me cae mal". La responsable del estudio ve como algo negativo la "permisividad" con los alumnos. FDV
* GRÁFICO, imagen del Faro de Vigo
Tres de cada diez alumnos en un instituto de Vigo confiesan ser agredidos por compañeros, dentro o fuera del centro
. Insultos a los profesores, que pierden su autoridad
VIGO 02 NOV 2007
No tener amigos, no fumar, o no salir a la discoteca por la tarde pueden suponer un problema de adaptación a los 14 o 15 años y acabar convirtiéndose en la diana de las burlas de toda una clase. La situación se agrava cuando del insulto o las risas se pasa a la amenaza o a la agresión. Es el caso confeso de un estudiante vigués de tercero de ESO, que sólo se atreve a reconocer de forma anónima y a través de una encuesta, que sus propios compañeros lo atemorizan hasta casa. A la pregunta "¿crees que hay alumnos maltratados en tu escuela?", más de la mitad de los estudiantes de entre 12 y 18 años de un instituto de Vigo contestan que sí.
Son los resultados de un estudio que revela que en torno a un 30% (tres cada diez) de los 400 encuestados confiesan haber sido agredidos por un compañero de clase, tanto dentro como fuera del centro.
Con el objetivo de conocer hasta dónde llega el acoso en las aulas y analizar posibles casos de bullying, una estudiante de Derecho Económico de Vigo, Raquel Neira, hizo un estudio de campo el pasado curso 2006-2007. Las preguntas fueron extraídas de encuestas similares del Informe del Defensor del Pueblo y realizadas en un instituto de la ciudad. Se conocen el mismo día en el que un menor de Boiro se ve obligado a cambiar de domicilio por miedo a sus agresores, que le propinaron una paliza grabada con el móvil.
Conclusiones del estudio
Las conclusiones del estudio arrojan datos poco alentadores: una treintena de alumnos (29) de los seis cursos reconocieron que les habían pegado alguna vez y la franja más afectada está entre los alumnos de 14 y 15 años, en donde los agredidos confesos son 15 -todos hombres, salvo dos mujeres-.
Otro de los datos sorprendentes está en el número de agresores que lo reconocen: entre un 9 y un 16% de los alumnos marcaron un sí en la pregunta de si alguna vez habían abusado de alguien, pero son pocos los que reconocen que las amenazas son frecuentes o diarias. El bullying implica una repetición continuada de las burlas o las agresiones y puede provocar la exclusión social de la víctima.
La cifra de víctimas crece hasta el medio centenar de alumnos de cada dos cursos. Unos cincuenta jóvenes de entre 12 y 18 años, desde 1º de ESO a 2º de Bachillerato, reconocen en la encuesta que los han amenazado; aunque sólo cinco dicen que les ocurre todos los días.
La responsable del estudio, Raquel Neira, afirma haberse sorprendido con los resultados, que considera extrapolables a cualquier centro público de Vigo. Durante su realización, conoció el caso de dos chicos que admitieron en el test una problemática situación en clase.
Denuncias a la Policía
Estos datos fueron facilitados luego a la dirección del centro, que los debatió con el profesorado: "La mayoría dice que les quitan cosas, o la ropa, les pegan chicles en la cabeza, les golpean a ellos... pero hay que prestar atención por parte de los docentes, la dirección y también los padres", explica, "está claro que peleas hubo siempre, pero hay que educar a los chicos para que sepan defenderse y denunciar esos casos". Otra de las propuestas es fomentar las escuelas de padres, o aquellas clases en las que se pueda orientar la educación de sus hijos. Detrás de la mayor parte de los casos, según Neira, está un exceso de permisividad o de protección de los adolescentes. Por esta razón, otra de las preguntas se planteó como "¿tienes límites en tu casa?", a lo que la inmensa mayoría de los adolescentes contesta que "algunos".
La mayor parte de los alumnos que marcaron un sí como agredidos, reconocieron luego que no habían denunciado los hechos ante la autoridad, por miedo. Sin embargo, un gran número de víctimas de agresiones admite que se lo dijo a sus padres o a un amigo o amiga. En el orden de confidentes, luego irían los profesores y, por último, la Policía. Aún así, en total seis alumnos dicen que comunicaron los hechos ante la autoridad policial, basándonse en datos que se corresponden al curso pasado. FDV
Insultos a los profesores, que pierden su autoridad
Las últimas promociones de alumnos han ido minando la progresiva pérdida de autoridad del último responsable del aula: el profesor. Éste a veces se siente indefenso o se convierte en la propia víctima de sus pupilos. Diecinueve alumnos sólo en 3º y 4º de ESO reconocen que insultaron o agredieron o insultaron a sus profesores, es decir, el 15% de los que estudiaban esos años en el centro analizado.
Son casos por el momento poco alarmantes, según las últimas cifras del Defensor del Profesor, pero también se visualizan en esta estadística del instituto vigués, en donde un total de más de sesenta alumnos reconocieron haber insultado, desobedecido o agredido a su profesor.
"Porque me cae mal"
Los datos de conflictividad equiparan a hombres y mujeres. En la mayor parte de los casos, las conductas que se siguen son el castigo de ese comportamiento, llamar a los padres o llevar al alumno conflictivo ante el director. Las razones por las que justifican los alumnos su comportamiento son de lo más variopinto.
Raquel Neira asegura que en los comentarios de las encuestas se incluyeron algunos como "le insulté porque es un chulo", "porque no me deja hablar en clase", "no me deja estar de cachondeo con mis amigos", o simplemente "porque me cae mal". La responsable del estudio ve como algo negativo la "permisividad" con los alumnos. FDV
* GRÁFICO, imagen del Faro de Vigo






