Por un delito contra la integridad moral
La víctima de 12 años fue objeto de "continuas vejaciones y agresiones" · En octubre de 2005 al inicio del curso escolar comenzó su particular calvario, ocultándoselo a su madre, hasta que ésta se dió cuenta de unos moratones que el pequeño tenía en las piernas
P. GARCÍA-BAQUERO CÓRDOBA.
Le insultaban y ridiculizaban llamándole «gordo, maricón, gilipollas», al tiempo que le lanzaban un diccionario a la cabeza o le sometían a vejaciones como ponerlo a cuatro patas y exigirle que ladrara a la salida del colegio. Tres menores -dos chicos y una chica, repetidores de 1º de ESO- autores de este acoso escolar a un compañero un año menor que ellos, han sido condenados por el Juzgado de Menores de Córdoba a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma (a los dos chicos) y a la menor a 70 horas de trabajo en beneficio de la comunidad.
Los hechos, según la sentencia facilitada a ABC por el TSJA -la primera por acoso en Córdoba-, se remontan al mes de octubre de 2005, cuando, al inicio del curso escolar, este menor comenzó su particular calvario, ocultándoselo a su madre, hasta que ésta se dió cuenta de unos moratones que el pequeño tenía en las piernas a consecuencia de las patadas que le habían propinado estos individuos. En una ocasión, el menor se encontró a uno de los procesados en la calle, que le exigió que se pusiera a ladrar como un perro y, cuando éste se negó, «le propinó varias patadas en el costado» y «le abrió la mochila que llevaba y vació todo su contenido en el interior de una papelera».
El acoso escolar al que estaba sometido era conocido por la mayoría de sus compañeros e incluso el profesorado.
De hecho, la madre del menor, que acudió en varias ocasiones al centro reuniéndose con la dirección, lo puso en conocimiento del Claustro, aunque éstos dijeron que poco podían hacer y sugirieron a la madre cambiar de centro a su hijo.
Ante esta situación y después de que llevaran a esta víctima a otra clase para evitar este «bullying», su madre decidió cambiarlo de colegio, aunque el menor ya había sufrido daño psicológico y tenía comportamientos extraños sumido en una profunda tristeza. Hasta tal extremo que el menor padeció un «trastorno adaptativo» y tuvo que ser tratado por la Unidad de Psiquiatría del Hospital Reina Sofía de Córdoba.
El fallo judicial recoge que, aunque los tres menores condenados no reconocieron los hechos, sí que se contradecían en sus relatos de lo sucedido, y decían conocer que «eran los de la otra clase los que le daban collejas y se metían con él, pero sí recordaban que una profesora daba puntos por tratarle bien».
El juez considera probado los hechos relatados dado que el testimonio del menor denunciante era «creíble, verosímil y persistente» a lo largo de todo el proceso. Aquí, la madre también tuvo un papel importante en la denuncia, ya que relató cómo ante la vergüenza de su hijo de contarle lo que le ocurría, decidió esconderse para vigilar cómo era la salida de su hijo, y cómo en uno de esas «vigilancias» se percató de que se metían con él, por lo que intervino y los chicos salieron huyendo. abc
Condenados tres menores por acosar a un compañero
Córdoba ÁNGEL ROBLES
Fue objeto de "continuas vejaciones y agresiones" por parte de muchos de sus compañeros, alumnos de primero de ESO. Así comienza el relato de hechos probados de la última sentencia dictada por el Juzgado de Menores de Córdoba por un caso de acoso escolar, en la que se relatan las vejaciones a las que fue sometido un alumno del instituto Gran Capitán durante el curso 2005-2006. El fallo condena a dos de los tres imputados a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma; el otro joven deberá prestar 70 horas de trabajos en beneficio de la comunidad. Todos son responsables de un delito contra la integridad moral.
La víctima, de 12 años, iniciaba primer curso de la ESO en una nueva clase, una situación que venía determinada por los episodios de acoso a los que había estado sometido durante el año académico anterior. Pero el cambio, en lugar de mejorar la situación, la empeoró y el joven vio "cómo se sumaban otros alumnos al continuo hostigamiento de que era objeto". La sentencia considera probado que los tres procesados -todos ellos repetidores- volcaron sus mofas y burlas contra él, hasta llegarlo a convertir en motivo de escarnio "con reiterados insultos y agresiones físicas".
Los gritos de "gordo", "maricón", "capullo", "tonto", "gilipollas" o "subnormal" eran habituales en los pasillos. Se trataba, en suma, de "apelativos injuriosos y denigrantes" que atentaban contra su dignidad, concluye la sentencia. No contentos con esta situación, los tres procesados aprovechaban los cambios de clase o el tiempo de recreo para "golpearle" y darle empujones y collejas "sin que nadie le defendiera". Uno de los encartados, que además era el delegado de la clase, se entretenía tirándole bolas de papel y dándole golpes en la cabeza.
Los abusos también se prolongaban fuera de las aulas. Uno de los episodios más bochornosos se produjo a finales de aquel mes de septiembre, cuando el procesado iba acompañado por dos amigas, menores de 14 años y, por tanto, sin edad para afrontar un juicio. La sentencia relata cómo la víctima fue obligada a "ladrar como un perro", con la clara intención de humillarle. Al negarse a hacerlo, el chico recibió varias patadas en el costado, entre los tres le abrieron la mochila y arrojaron su contenido en una papelera.
Las humillaciones eran continuas. En otra ocasión, otro imputado pintó un ordenador del aula y culpó a la víctima. Cuándo éste intentaba darle una explicación a la profesora, recibió del encartado un "fuerte manotazo" en la parte posterior del cuello para que mantuviera la boca cerrada. El tercer imputado solía llamarle "mariquita" y "gilipollas"; además de las habituales collejas, "un día le propinó un golpe en la cabeza cuando estaba sentado en un banco durante el cambio de clases y otra vez llegó a arrojarle un diccionario a la cabeza dentro del aula".
Las vejaciones cesaron a mediados del mes de octubre, una vez que la madre decidió cambiarlo a otro centro educativo debido a su "estado de profundo temor y desasosiego". El juez achaca a estas vivencias un trastorno adaptativo por el que necesitó ser atendido en la Unidad de Psiquiatría Infantil del Hospital Universitario Reina Sofía. La sentencia subraya, además, que el menor llegó a ver quebrada su "estructura emocional". DDC
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PS
Educación defiende la labor docente en el caso de acoso
Córdoba 09 NOV 2007 ÁNGEL ROBLES Los docentes adoptaron "todas las precauciones" para evitar el caso de acoso escolar contra un alumno de primero de la ESO. La delegada de Educación, María Dolores Alonso, salió ayer en defensa de los profesores del Instituto de Educación Secundaria (IES) Gran Capitán, ubicado en la calle Arcos de la Frontera, después de que el Juzgado de Menores criticara en una sentencia la pasividad mostrada por la comunidad educativa para evitar las continuas mofas y agresiones sufridas por un niño de 12 años. Por este caso, el juzgado ha condenado a dos alumnos repetidores a ocho fines de semana de internamiento en un centro de reforma y a 70 horas de prestaciones en beneficio de la comunidad a un tercer implicado. Los jóvenes son culpables de delitos contra la integridad moral, falta de lesiones y falta de maltrato de obra.
Ante las críticas del juez, Alonso defendió ayer la intervención de "la tutora, del resto de profesores" y de ella misma. Aseguró que se aplicó el protocolo previsto por la Junta de Andalucía para casos de este tipo. En concreto, la dirección del centro cambió a la víctima de aula e intentó corregir la actitud de los implicados "con soluciones pedagógicas, hablando con todas las partes". Según la responsable provincial de Educación, los agresores "recibieron el correctivo correspondiente". "Me duele por el niño; responsables de estos actos somos todos y ahora hay que recuperar a los chavales", concluyó.
La resolución del Juzgado de Menores plantea, incluso, que los docentes pudieran haber incurrido en una posible infracción penal por su pasividad. Según la sentencia, en lugar de incoar el expediente disciplinario pertinente, la dirección del centro "se limitó a decir a la madre que cambiara de centro al menor". La resolución insiste en que la madre de la víctima habló en varias ocasiones con la dirección y subraya que los profesores "no adoptaron medidas" a pesar de que a veces eran testigos de los "asaltos" que sufría la víctima. El capítulo de hechos probados de la sentencia constata que "se omitió toda investigación frente a los presuntos responsables, o al menos frente a los más destacados, y evidentemente toda actuación sancionadora tendente al cumplimiento de las normas".
La delegada se mostró disconforme con estas aserciones y defendió: "No me consta que los hechos sean así, pero entiendo que no soy la jueza". En todo caso, se mostró colaboradora con la Justicia y confió en que sentencia sirva "a todos como ejemplo", ya que, "cuando un niño se comporta de forma violenta, no sólo lo hace en el colegio", sino que "toda la sociedad es responsable de su educación". La delegada lamentó que algunos niños se ensañen "con personas que son más débiles". DDC
Los docentes animan a las familias a denunciar los casos de acoso escolar
M. R. G.
CÓRDOBA 09 NOV 2007. La comunidad educativa de la provincia ha recibido con cautela y respeto la sentencia del Juzgado de Menores de Córdoba que condena a tres menores por un caso de acoso escolar a un alumno de primero de Secundaria, ocurrido en el IES Gran Capitán.
La sentencia -la primera por acoso en Córdoba- considera a los imputados responsables de un delito contra la integridad moral y condena a los dos chicos a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma y a la chica a 70 horas de trabajos en beneficio de la comunidad.
Ayer, la delegada de Educación, Dolores Alonso, dijo que la sentencia no es sólo un aviso para la comunidad educativa, sino a toda la sociedad «que es la responsable de cortar de raíz todo tipo de violencia».
Desde el sector del profesorado, el presidente de la Junta de Personal Docente No Universitario, Sebastián Quesada, animó a las familias a que acudan a que denuncien ante los tribunales los casos de acoso escolar. «La mayoría de estos sucesos trascienden el ámbito escolar y continúan en la calle, en el barrio, y es entonces cuando hay que recurrir a la Justicia», señalo Quesada.
El representante del profesorado señaló que es difícil que el docente detecte un caso de acoso escolar, ya que entre los alumnos reina «un código de silencio» y la víctima no habla. Quesada equiparó las situaciones de acoso en las aulas con la violencia doméstica: «es importante que se denuncie, para que se tomen medidas».
Los padres, por su parte, consideran necesario que la sentencia emitida ahora y las que pueda haber en el futuro contemplen medidas dirigidas a la reeducación de los menores. «Ante estos casos debemos partir siempre de la Educación», afirmó el presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de centros públicos, Francisco Mora. abc
La víctima de 12 años fue objeto de "continuas vejaciones y agresiones" · En octubre de 2005 al inicio del curso escolar comenzó su particular calvario, ocultándoselo a su madre, hasta que ésta se dió cuenta de unos moratones que el pequeño tenía en las piernas
P. GARCÍA-BAQUERO CÓRDOBA.
Le insultaban y ridiculizaban llamándole «gordo, maricón, gilipollas», al tiempo que le lanzaban un diccionario a la cabeza o le sometían a vejaciones como ponerlo a cuatro patas y exigirle que ladrara a la salida del colegio. Tres menores -dos chicos y una chica, repetidores de 1º de ESO- autores de este acoso escolar a un compañero un año menor que ellos, han sido condenados por el Juzgado de Menores de Córdoba a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma (a los dos chicos) y a la menor a 70 horas de trabajo en beneficio de la comunidad.
Los hechos, según la sentencia facilitada a ABC por el TSJA -la primera por acoso en Córdoba-, se remontan al mes de octubre de 2005, cuando, al inicio del curso escolar, este menor comenzó su particular calvario, ocultándoselo a su madre, hasta que ésta se dió cuenta de unos moratones que el pequeño tenía en las piernas a consecuencia de las patadas que le habían propinado estos individuos. En una ocasión, el menor se encontró a uno de los procesados en la calle, que le exigió que se pusiera a ladrar como un perro y, cuando éste se negó, «le propinó varias patadas en el costado» y «le abrió la mochila que llevaba y vació todo su contenido en el interior de una papelera».
El acoso escolar al que estaba sometido era conocido por la mayoría de sus compañeros e incluso el profesorado.
De hecho, la madre del menor, que acudió en varias ocasiones al centro reuniéndose con la dirección, lo puso en conocimiento del Claustro, aunque éstos dijeron que poco podían hacer y sugirieron a la madre cambiar de centro a su hijo.
Ante esta situación y después de que llevaran a esta víctima a otra clase para evitar este «bullying», su madre decidió cambiarlo de colegio, aunque el menor ya había sufrido daño psicológico y tenía comportamientos extraños sumido en una profunda tristeza. Hasta tal extremo que el menor padeció un «trastorno adaptativo» y tuvo que ser tratado por la Unidad de Psiquiatría del Hospital Reina Sofía de Córdoba.
El fallo judicial recoge que, aunque los tres menores condenados no reconocieron los hechos, sí que se contradecían en sus relatos de lo sucedido, y decían conocer que «eran los de la otra clase los que le daban collejas y se metían con él, pero sí recordaban que una profesora daba puntos por tratarle bien».
El juez considera probado los hechos relatados dado que el testimonio del menor denunciante era «creíble, verosímil y persistente» a lo largo de todo el proceso. Aquí, la madre también tuvo un papel importante en la denuncia, ya que relató cómo ante la vergüenza de su hijo de contarle lo que le ocurría, decidió esconderse para vigilar cómo era la salida de su hijo, y cómo en uno de esas «vigilancias» se percató de que se metían con él, por lo que intervino y los chicos salieron huyendo. abc
Córdoba ÁNGEL ROBLES
Fue objeto de "continuas vejaciones y agresiones" por parte de muchos de sus compañeros, alumnos de primero de ESO. Así comienza el relato de hechos probados de la última sentencia dictada por el Juzgado de Menores de Córdoba por un caso de acoso escolar, en la que se relatan las vejaciones a las que fue sometido un alumno del instituto Gran Capitán durante el curso 2005-2006. El fallo condena a dos de los tres imputados a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma; el otro joven deberá prestar 70 horas de trabajos en beneficio de la comunidad. Todos son responsables de un delito contra la integridad moral.
La víctima, de 12 años, iniciaba primer curso de la ESO en una nueva clase, una situación que venía determinada por los episodios de acoso a los que había estado sometido durante el año académico anterior. Pero el cambio, en lugar de mejorar la situación, la empeoró y el joven vio "cómo se sumaban otros alumnos al continuo hostigamiento de que era objeto". La sentencia considera probado que los tres procesados -todos ellos repetidores- volcaron sus mofas y burlas contra él, hasta llegarlo a convertir en motivo de escarnio "con reiterados insultos y agresiones físicas".
Los gritos de "gordo", "maricón", "capullo", "tonto", "gilipollas" o "subnormal" eran habituales en los pasillos. Se trataba, en suma, de "apelativos injuriosos y denigrantes" que atentaban contra su dignidad, concluye la sentencia. No contentos con esta situación, los tres procesados aprovechaban los cambios de clase o el tiempo de recreo para "golpearle" y darle empujones y collejas "sin que nadie le defendiera". Uno de los encartados, que además era el delegado de la clase, se entretenía tirándole bolas de papel y dándole golpes en la cabeza.
Los abusos también se prolongaban fuera de las aulas. Uno de los episodios más bochornosos se produjo a finales de aquel mes de septiembre, cuando el procesado iba acompañado por dos amigas, menores de 14 años y, por tanto, sin edad para afrontar un juicio. La sentencia relata cómo la víctima fue obligada a "ladrar como un perro", con la clara intención de humillarle. Al negarse a hacerlo, el chico recibió varias patadas en el costado, entre los tres le abrieron la mochila y arrojaron su contenido en una papelera.
Las humillaciones eran continuas. En otra ocasión, otro imputado pintó un ordenador del aula y culpó a la víctima. Cuándo éste intentaba darle una explicación a la profesora, recibió del encartado un "fuerte manotazo" en la parte posterior del cuello para que mantuviera la boca cerrada. El tercer imputado solía llamarle "mariquita" y "gilipollas"; además de las habituales collejas, "un día le propinó un golpe en la cabeza cuando estaba sentado en un banco durante el cambio de clases y otra vez llegó a arrojarle un diccionario a la cabeza dentro del aula".
Las vejaciones cesaron a mediados del mes de octubre, una vez que la madre decidió cambiarlo a otro centro educativo debido a su "estado de profundo temor y desasosiego". El juez achaca a estas vivencias un trastorno adaptativo por el que necesitó ser atendido en la Unidad de Psiquiatría Infantil del Hospital Universitario Reina Sofía. La sentencia subraya, además, que el menor llegó a ver quebrada su "estructura emocional". DDC
___
PS
Educación defiende la labor docente en el caso de acoso
Córdoba 09 NOV 2007 ÁNGEL ROBLES Los docentes adoptaron "todas las precauciones" para evitar el caso de acoso escolar contra un alumno de primero de la ESO. La delegada de Educación, María Dolores Alonso, salió ayer en defensa de los profesores del Instituto de Educación Secundaria (IES) Gran Capitán, ubicado en la calle Arcos de la Frontera, después de que el Juzgado de Menores criticara en una sentencia la pasividad mostrada por la comunidad educativa para evitar las continuas mofas y agresiones sufridas por un niño de 12 años. Por este caso, el juzgado ha condenado a dos alumnos repetidores a ocho fines de semana de internamiento en un centro de reforma y a 70 horas de prestaciones en beneficio de la comunidad a un tercer implicado. Los jóvenes son culpables de delitos contra la integridad moral, falta de lesiones y falta de maltrato de obra.
Ante las críticas del juez, Alonso defendió ayer la intervención de "la tutora, del resto de profesores" y de ella misma. Aseguró que se aplicó el protocolo previsto por la Junta de Andalucía para casos de este tipo. En concreto, la dirección del centro cambió a la víctima de aula e intentó corregir la actitud de los implicados "con soluciones pedagógicas, hablando con todas las partes". Según la responsable provincial de Educación, los agresores "recibieron el correctivo correspondiente". "Me duele por el niño; responsables de estos actos somos todos y ahora hay que recuperar a los chavales", concluyó.
La resolución del Juzgado de Menores plantea, incluso, que los docentes pudieran haber incurrido en una posible infracción penal por su pasividad. Según la sentencia, en lugar de incoar el expediente disciplinario pertinente, la dirección del centro "se limitó a decir a la madre que cambiara de centro al menor". La resolución insiste en que la madre de la víctima habló en varias ocasiones con la dirección y subraya que los profesores "no adoptaron medidas" a pesar de que a veces eran testigos de los "asaltos" que sufría la víctima. El capítulo de hechos probados de la sentencia constata que "se omitió toda investigación frente a los presuntos responsables, o al menos frente a los más destacados, y evidentemente toda actuación sancionadora tendente al cumplimiento de las normas".
La delegada se mostró disconforme con estas aserciones y defendió: "No me consta que los hechos sean así, pero entiendo que no soy la jueza". En todo caso, se mostró colaboradora con la Justicia y confió en que sentencia sirva "a todos como ejemplo", ya que, "cuando un niño se comporta de forma violenta, no sólo lo hace en el colegio", sino que "toda la sociedad es responsable de su educación". La delegada lamentó que algunos niños se ensañen "con personas que son más débiles". DDC
M. R. G.
CÓRDOBA 09 NOV 2007. La comunidad educativa de la provincia ha recibido con cautela y respeto la sentencia del Juzgado de Menores de Córdoba que condena a tres menores por un caso de acoso escolar a un alumno de primero de Secundaria, ocurrido en el IES Gran Capitán.
La sentencia -la primera por acoso en Córdoba- considera a los imputados responsables de un delito contra la integridad moral y condena a los dos chicos a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma y a la chica a 70 horas de trabajos en beneficio de la comunidad.
Ayer, la delegada de Educación, Dolores Alonso, dijo que la sentencia no es sólo un aviso para la comunidad educativa, sino a toda la sociedad «que es la responsable de cortar de raíz todo tipo de violencia».
Desde el sector del profesorado, el presidente de la Junta de Personal Docente No Universitario, Sebastián Quesada, animó a las familias a que acudan a que denuncien ante los tribunales los casos de acoso escolar. «La mayoría de estos sucesos trascienden el ámbito escolar y continúan en la calle, en el barrio, y es entonces cuando hay que recurrir a la Justicia», señalo Quesada.
El representante del profesorado señaló que es difícil que el docente detecte un caso de acoso escolar, ya que entre los alumnos reina «un código de silencio» y la víctima no habla. Quesada equiparó las situaciones de acoso en las aulas con la violencia doméstica: «es importante que se denuncie, para que se tomen medidas».
Los padres, por su parte, consideran necesario que la sentencia emitida ahora y las que pueda haber en el futuro contemplen medidas dirigidas a la reeducación de los menores. «Ante estos casos debemos partir siempre de la Educación», afirmó el presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de centros públicos, Francisco Mora. abc

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