Mateo Díez reivindica «la bondad y la inocencia de la infancia», en su novela La gloria de los niños
«Todos somos huérfanos de ese pequeño que un día fuimos y que ya no regresará», recuerda con nostalgia el académico leonés · Alcanza la literatura eterna con un retrato de la infancia
BILBAO 10.11.07 - SERGIO EGUÍA
Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) estuvo este viernes en Bilbao para hablar de su nueva novela, 'La gloria de los niños', editada por Alfaguara. Se trata de «una fábula sobre la infancia, la inocencia y la bondad, que le son propias», comentó este leonés que ocupa el sillón i mayúscula en la Real Academia Española. «No son recuerdos propios, aunque a veces pienso con nostalgia en el niño que fui. Simplemente tenia ganas de escribir una historia sobre un pequeño heroico, uno al que le hacen encomiendas impropias de su edad y que las cumple como si fuera dueño de esa responsabilidad», comentó.
La historia transcurre en «las posguerras, bien puede remitir al ambiente de la posguerra civil española, de Kosovo o a cualquier otra». Un periodo del que por lo general nunca se habla. «Las guerras son momentos de explosión. Todo es noticia, pero después llega un tiempo en el que nadie sabe nada. Las posguerras son secreto de sumario, pertenecen al silencio y al olvido. Y a veces resultan más terribles que la batalla: están llenas de persecuciones y de gente escondida», recuerda.
«La novela navega alrededor de un tiempo reconvertido, no es ningún momento concreto, lo que pone de relieve las cosas más sustanciales. Consigue que surjan las emociones más perturbadoras, el remordimiento y, cómo no, el hambre y el frío».
Pulgar, el protagonista «que tiene nombre de cuento porque la novela está pensada para que tenga la aureola de los cuentos», recibe el encargo por parte de su padre de buscar a sus hermanos, que habían sido repartidos después del bombardeo de la ciudad en la que viven. «El pequeño tendrá que enfrentarse a un mundo hostil cercano a la picaresca donde estará rodeado de supervivientes y en el que completará un recorrido de aprendizaje cargado con lo bienes motores de la bondad y la inocencia».
Paraíso interior
Es la gloria de los niños. «Esa etapa de la vida en la que son dueños de un paraíso interior en medio de un entorno tan oscuro. Son la luz en el centro de una atmósfera de derrota moral». Así, Larmina es una ciudad derruida «semifantasmal». «Allí el niño anda como por un bosque lleno de árboles cortados y de gentes perseguidas. Es un relato tremendamente realista o impresionista y a la vez, es un cuento sobre los bienes de una edad que se pierde sin remisión, ese mundo cerrado del que cuando sales de ya eres hombre», reflexiona el escritor. «De hecho, todo somos huérfanos de ese pequeño que un día fuimos y que ya no regresará».
No obstante, Mateo Díez firma una novela positiva. «Ya había escrito sobre el lado oscuro de lo que somos, por eso ahora prefería reivindicar la inocencia en un mundo poco propicio para ella; y en el que es pauta de comportamientos ejemplares. Porque no es habitual encontrar un pequeño malvado o perverso», se ríe. «Otra cosa es cómo los contaminamos y los echamos a perder o lo que la pobreza acaba por forzarles a realizar».
Además, con 'La gloria de los niños' ha querido comparar lo que es la infancia de ahora con la situación de hambre y frío que vive Pulgar. «En las sociedades desarrolladas nos encontramos con chavales tan protegidos y tan empalagosos... Son receptores de un consumo tremendo, sólo hay que ver los bienes comerciales alrededor de ellos y cómo eso los aísla. Incluso el ocio, a través de la revolución tecnológica, procura promover la soledad de los niños: se divierten en privado con la consola y no jugando con los demás», afirma.
Pulgar cumplirá con su cometido, pero no comparte su destino. «Asume su condición de niño heroico, lo que implica un grado extremo de generosidad. Es el valor infantil que nos faltaba: la espontaneidad». EL CORREO /FOTO Mitxel Atrio
El escritor leonés Luis Mateo Díez presenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su última novela
El escritor y académico leonés Luis Mateo Díez /Miriam Chacón - DDL
M. Martín valladolid 30 Oct 2007 LEÓN
El escritor leonés Luis Mateo Díez presentará hoy en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su última novela, La gloria de los niños, una «fábula que defiende la bondad y la inocencia» del reino de la infancia, dos «poderes muy radicales» en el joven protagonista de la historia, un pequeño niño llamado Pulgar, que recibe de su padre moribundo el encargo de encontrar a sus tres hermanos, en un entorno «hostil» como el de una posguerra.
Mateo Díez señaló que su novela «está contaminada por la aureola de los cuentos», un género en el que abundan los niños «heroicos, que ejercen tareas y recados más propios de los adultos». El autor lacianiego confesó que ha querido dotar a esta novela de «cierto mundo onírico», heredado de los cuentos populares, del expresionismo y el neorrealismo del cine italiano. De ahí también la elección del nombre de Pulgar, un «guiño» más a los cuentos. Aunque, por encima de todo, pretende abordar la historia desde una «mirada verosímil». Aunque rechaza que La gloria de los niños, publicada por Alfaguara, incluya una moraleja al estilo de los cuentos, sí reconoció que tiene cierta voluntad de «ejemplaridad».
«No sería mala cosa recobrar algo de esos poderes», indicó Luis Mateo Díez, en medio de un «mundo tan baqueteado, tan contradictorio». Y es que, a su juicio, el germen de esta novela tiene que ver con el fenómeno actual de «contraste» que se da en los niños de las sociedades desarrolladas. Por un lado, explicó el escritor, «la infancia está tremendamente protegida, probablemente de una forma excesiva», lo que contrasta «de una manera inquietante y peligrosa» con el hecho de que, al mismo tiempo, los niños «son objeto de un consumo cada vez más desaforado, son una industria terrible, que empieza en la lactancia, con 20.000 productos inocuos y que se alimenta de las sucesivas edades del niño, en la manera de vestirlo, de jugar, de entontecerlo, de una forma despiadada».
«Estos niños contrastan con los niños heroicos de los cuentos», puntualizó el autor leonés. DDL
Luis Mateo Díez alcanza la literatura eterna con un retrato de la infancia
El leonés conversó en Madrid, ante un público incondicional sobre «La gloria de los niños»
Pacho Rodríguez 31 OCT 2007 Madrid
Con la foto en la portada de Bruno, el niño de la mítica película El ladrón de bicicletas, el leonés Luis Mateo Díez, el gran contador de historias de la literatura leonesa, ya desvela mucho de este La gloria de los niños , su último libro. Es también Mateo Díez, desde hace pocas semanas, un jubilado municipal de lujo en plena actividad creativa. Y guarda novedades, pero ayer le tocaba presentar en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, una novela que era como un asunto pendiente para el autor: la infancia, según indicó ayer.
Frío literario
La periodista Montserrat Domínguez actuó ayer de médium entre Luis Mateo Díez y el público en una sala a oscuras en la que se buscaron las confesiones de un novelista que maneja tan bien su lenguaje oral como el escrito. «Necesito atmósferas para escribir. En esta novela hace frío y yo pasé frío al escribirla», confesó para hablar de un relato en el que un niño sufre la encomienda más tremenda que puede recibir: ser maduro. «Eres un niño necesario», le dicen a ese niño. Y eso es una cosa tremenda, porque le piden que busque a sus hermanos», desveló el autor nacido en Villablino. Mateo Díez, entonces, explicó que el motivo de la portada de la novela, publicada en Alfaguara, se trata de uno de los personajes que más ha querido y admirado. El autor de El espíritu del Páramo indagó ayer, ante un público incondicional entre el que se encontraban personalidades como la diputada Carmen Alborch o el director de la Real Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha, en ese territorio predilecto suyo que es aquel en el que la realidad se mira a través de la memoria. Pero en esta ocasión, La gloria de los niños quiere ser una historia de «los niños de muchas posguerras», advirtió. Un plural que sirve para retratar multitud de posibles vivencias en las que la infancia queda marcada. Así, todo cobra el valor de la intemporalidad y la irrealidad, sin caer en el surrealismo, como señaló el propio escritor. Pero lo que sí se autoreivindicó fue la perdurabilidad de su obra: «En la vida soy poco ambicioso. Pero en la literatura quiero ser eterno».
Para completar la emotiva jornada, el grupo de teatro El Corsario representó una versión especial de Los muertos de Celama. Y para que la presencia leonesa fuera completa y exquisita, a este jubilado del Ayuntamiento de Madrid, que goza de una actividad envidiable, le quedó compartir y disfrutar de un buen vino de Villacezán, cecina del Consejo Regulador Cecina de León, cortada a mano, y todo servido con el exquisito gusto de José Quindós y Susi Nistal, del restaurante Formela. DDL
BILBAO 10.11.07 - SERGIO EGUÍA
Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) estuvo este viernes en Bilbao para hablar de su nueva novela, 'La gloria de los niños', editada por Alfaguara. Se trata de «una fábula sobre la infancia, la inocencia y la bondad, que le son propias», comentó este leonés que ocupa el sillón i mayúscula en la Real Academia Española. «No son recuerdos propios, aunque a veces pienso con nostalgia en el niño que fui. Simplemente tenia ganas de escribir una historia sobre un pequeño heroico, uno al que le hacen encomiendas impropias de su edad y que las cumple como si fuera dueño de esa responsabilidad», comentó.
La historia transcurre en «las posguerras, bien puede remitir al ambiente de la posguerra civil española, de Kosovo o a cualquier otra». Un periodo del que por lo general nunca se habla. «Las guerras son momentos de explosión. Todo es noticia, pero después llega un tiempo en el que nadie sabe nada. Las posguerras son secreto de sumario, pertenecen al silencio y al olvido. Y a veces resultan más terribles que la batalla: están llenas de persecuciones y de gente escondida», recuerda.
«La novela navega alrededor de un tiempo reconvertido, no es ningún momento concreto, lo que pone de relieve las cosas más sustanciales. Consigue que surjan las emociones más perturbadoras, el remordimiento y, cómo no, el hambre y el frío».
Pulgar, el protagonista «que tiene nombre de cuento porque la novela está pensada para que tenga la aureola de los cuentos», recibe el encargo por parte de su padre de buscar a sus hermanos, que habían sido repartidos después del bombardeo de la ciudad en la que viven. «El pequeño tendrá que enfrentarse a un mundo hostil cercano a la picaresca donde estará rodeado de supervivientes y en el que completará un recorrido de aprendizaje cargado con lo bienes motores de la bondad y la inocencia».
Paraíso interior
Es la gloria de los niños. «Esa etapa de la vida en la que son dueños de un paraíso interior en medio de un entorno tan oscuro. Son la luz en el centro de una atmósfera de derrota moral». Así, Larmina es una ciudad derruida «semifantasmal». «Allí el niño anda como por un bosque lleno de árboles cortados y de gentes perseguidas. Es un relato tremendamente realista o impresionista y a la vez, es un cuento sobre los bienes de una edad que se pierde sin remisión, ese mundo cerrado del que cuando sales de ya eres hombre», reflexiona el escritor. «De hecho, todo somos huérfanos de ese pequeño que un día fuimos y que ya no regresará».
No obstante, Mateo Díez firma una novela positiva. «Ya había escrito sobre el lado oscuro de lo que somos, por eso ahora prefería reivindicar la inocencia en un mundo poco propicio para ella; y en el que es pauta de comportamientos ejemplares. Porque no es habitual encontrar un pequeño malvado o perverso», se ríe. «Otra cosa es cómo los contaminamos y los echamos a perder o lo que la pobreza acaba por forzarles a realizar».
Además, con 'La gloria de los niños' ha querido comparar lo que es la infancia de ahora con la situación de hambre y frío que vive Pulgar. «En las sociedades desarrolladas nos encontramos con chavales tan protegidos y tan empalagosos... Son receptores de un consumo tremendo, sólo hay que ver los bienes comerciales alrededor de ellos y cómo eso los aísla. Incluso el ocio, a través de la revolución tecnológica, procura promover la soledad de los niños: se divierten en privado con la consola y no jugando con los demás», afirma.
Pulgar cumplirá con su cometido, pero no comparte su destino. «Asume su condición de niño heroico, lo que implica un grado extremo de generosidad. Es el valor infantil que nos faltaba: la espontaneidad». EL CORREO /FOTO Mitxel Atrio
El escritor y académico leonés Luis Mateo Díez /Miriam Chacón - DDL
M. Martín valladolid 30 Oct 2007 LEÓN
El escritor leonés Luis Mateo Díez presentará hoy en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su última novela, La gloria de los niños, una «fábula que defiende la bondad y la inocencia» del reino de la infancia, dos «poderes muy radicales» en el joven protagonista de la historia, un pequeño niño llamado Pulgar, que recibe de su padre moribundo el encargo de encontrar a sus tres hermanos, en un entorno «hostil» como el de una posguerra.
Mateo Díez señaló que su novela «está contaminada por la aureola de los cuentos», un género en el que abundan los niños «heroicos, que ejercen tareas y recados más propios de los adultos». El autor lacianiego confesó que ha querido dotar a esta novela de «cierto mundo onírico», heredado de los cuentos populares, del expresionismo y el neorrealismo del cine italiano. De ahí también la elección del nombre de Pulgar, un «guiño» más a los cuentos. Aunque, por encima de todo, pretende abordar la historia desde una «mirada verosímil». Aunque rechaza que La gloria de los niños, publicada por Alfaguara, incluya una moraleja al estilo de los cuentos, sí reconoció que tiene cierta voluntad de «ejemplaridad».
«No sería mala cosa recobrar algo de esos poderes», indicó Luis Mateo Díez, en medio de un «mundo tan baqueteado, tan contradictorio». Y es que, a su juicio, el germen de esta novela tiene que ver con el fenómeno actual de «contraste» que se da en los niños de las sociedades desarrolladas. Por un lado, explicó el escritor, «la infancia está tremendamente protegida, probablemente de una forma excesiva», lo que contrasta «de una manera inquietante y peligrosa» con el hecho de que, al mismo tiempo, los niños «son objeto de un consumo cada vez más desaforado, son una industria terrible, que empieza en la lactancia, con 20.000 productos inocuos y que se alimenta de las sucesivas edades del niño, en la manera de vestirlo, de jugar, de entontecerlo, de una forma despiadada».
«Estos niños contrastan con los niños heroicos de los cuentos», puntualizó el autor leonés. DDL
Luis Mateo Díez alcanza la literatura eterna con un retrato de la infancia
El leonés conversó en Madrid, ante un público incondicional sobre «La gloria de los niños»
Pacho Rodríguez 31 OCT 2007 Madrid
Con la foto en la portada de Bruno, el niño de la mítica película El ladrón de bicicletas, el leonés Luis Mateo Díez, el gran contador de historias de la literatura leonesa, ya desvela mucho de este La gloria de los niños , su último libro. Es también Mateo Díez, desde hace pocas semanas, un jubilado municipal de lujo en plena actividad creativa. Y guarda novedades, pero ayer le tocaba presentar en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, una novela que era como un asunto pendiente para el autor: la infancia, según indicó ayer.
Frío literario
La periodista Montserrat Domínguez actuó ayer de médium entre Luis Mateo Díez y el público en una sala a oscuras en la que se buscaron las confesiones de un novelista que maneja tan bien su lenguaje oral como el escrito. «Necesito atmósferas para escribir. En esta novela hace frío y yo pasé frío al escribirla», confesó para hablar de un relato en el que un niño sufre la encomienda más tremenda que puede recibir: ser maduro. «Eres un niño necesario», le dicen a ese niño. Y eso es una cosa tremenda, porque le piden que busque a sus hermanos», desveló el autor nacido en Villablino. Mateo Díez, entonces, explicó que el motivo de la portada de la novela, publicada en Alfaguara, se trata de uno de los personajes que más ha querido y admirado. El autor de El espíritu del Páramo indagó ayer, ante un público incondicional entre el que se encontraban personalidades como la diputada Carmen Alborch o el director de la Real Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha, en ese territorio predilecto suyo que es aquel en el que la realidad se mira a través de la memoria. Pero en esta ocasión, La gloria de los niños quiere ser una historia de «los niños de muchas posguerras», advirtió. Un plural que sirve para retratar multitud de posibles vivencias en las que la infancia queda marcada. Así, todo cobra el valor de la intemporalidad y la irrealidad, sin caer en el surrealismo, como señaló el propio escritor. Pero lo que sí se autoreivindicó fue la perdurabilidad de su obra: «En la vida soy poco ambicioso. Pero en la literatura quiero ser eterno».
Para completar la emotiva jornada, el grupo de teatro El Corsario representó una versión especial de Los muertos de Celama. Y para que la presencia leonesa fuera completa y exquisita, a este jubilado del Ayuntamiento de Madrid, que goza de una actividad envidiable, le quedó compartir y disfrutar de un buen vino de Villacezán, cecina del Consejo Regulador Cecina de León, cortada a mano, y todo servido con el exquisito gusto de José Quindós y Susi Nistal, del restaurante Formela. DDL






