TRiBUNA· Rosa Regás · 11.11.07 · Violencia infantil
Cada vez son más frecuentes los actos de brutal violencia perpetrados por niños o adolescentes, que además de cebarse con sus víctimas, otros niños y niñas por supuesto, son capaces de concitar la colaboración de amigos que graban la escena tal vez para venderla y ser difundida en internet.
Seguro que siempre se han dado casos de violencia callejera y de crueldad entre los alumnos de los colegios e institutos, pero me parece que, al menos en este país donde más o menos todos tienen un techo y comida, nunca habíamos contemplado tantos episodios de crueldad y brutalidad sin asomo de juicio ni de culpa como los que últimamente leemos y vemos hasta la saciedad en las televisiones. Dejando aparte que la repetición de esas escenas es precisamente lo que buscan, incitados como están por los valores que dominan hoy buena parte de la sociedad según los cuales sólo importa el dinero y el éxito a cualquier precio, y que no veo qué interés pueden tener las televisiones en repetirlos a todas horas porque informados estamos suficientemente, creo que si sabemos mirar encontraremos motivos de sobra para conocer al menos en parte qué es lo que provoca tanta violencia, tanto desgarro, tanta indiferencia ante el delito y el sufrimiento ajeno.
Nuestros niños y los del mundo entero ven televisión muchas horas del día y de la noche y no hay que detenerse demasiado para comprobar que la violencia es raíz y argumento de muchas películas y series, y de los programas que se entretienen en mostrar guerras, ataques, bombas, puñaladas, peleas .ocurridos durante ese día: Para un niño que vive esas imágenes a diario, la violencia pasa a formar parte del paisaje de su infancia y adolescencia, y muy posiblemente acaba siendo incapaz de separar el delito real del morbo que engendran la violencia y sus protagonistas y que pretenden despertar y transmitir en los que los contemplan. Porque si la violencia de los humanos o la de los extraterrestres, la de las luchas callejeras o la de los héroes que se convierten en vencedores incuestionables de la historia no despierta morbo y atracción, y no crea adicción, ¿por qué esa proliferación de todo tipo de violencia en las pantallas?
Incluso es probable que los delincuentes, los de las bandas callejeras, los hombres que matan a sus mujeres, tengan la edad que tengan, banalicen su delito por asimilarlo a la ingente dosis de violencia que los alimenta cada día. Sin hablar de la violencia del lenguaje que se está extendiendo impunemente en este país. EL CORREO
Cada vez son más frecuentes los actos de brutal violencia perpetrados por niños o adolescentes, que además de cebarse con sus víctimas, otros niños y niñas por supuesto, son capaces de concitar la colaboración de amigos que graban la escena tal vez para venderla y ser difundida en internet.
Seguro que siempre se han dado casos de violencia callejera y de crueldad entre los alumnos de los colegios e institutos, pero me parece que, al menos en este país donde más o menos todos tienen un techo y comida, nunca habíamos contemplado tantos episodios de crueldad y brutalidad sin asomo de juicio ni de culpa como los que últimamente leemos y vemos hasta la saciedad en las televisiones. Dejando aparte que la repetición de esas escenas es precisamente lo que buscan, incitados como están por los valores que dominan hoy buena parte de la sociedad según los cuales sólo importa el dinero y el éxito a cualquier precio, y que no veo qué interés pueden tener las televisiones en repetirlos a todas horas porque informados estamos suficientemente, creo que si sabemos mirar encontraremos motivos de sobra para conocer al menos en parte qué es lo que provoca tanta violencia, tanto desgarro, tanta indiferencia ante el delito y el sufrimiento ajeno.
Nuestros niños y los del mundo entero ven televisión muchas horas del día y de la noche y no hay que detenerse demasiado para comprobar que la violencia es raíz y argumento de muchas películas y series, y de los programas que se entretienen en mostrar guerras, ataques, bombas, puñaladas, peleas .ocurridos durante ese día: Para un niño que vive esas imágenes a diario, la violencia pasa a formar parte del paisaje de su infancia y adolescencia, y muy posiblemente acaba siendo incapaz de separar el delito real del morbo que engendran la violencia y sus protagonistas y que pretenden despertar y transmitir en los que los contemplan. Porque si la violencia de los humanos o la de los extraterrestres, la de las luchas callejeras o la de los héroes que se convierten en vencedores incuestionables de la historia no despierta morbo y atracción, y no crea adicción, ¿por qué esa proliferación de todo tipo de violencia en las pantallas?
Incluso es probable que los delincuentes, los de las bandas callejeras, los hombres que matan a sus mujeres, tengan la edad que tengan, banalicen su delito por asimilarlo a la ingente dosis de violencia que los alimenta cada día. Sin hablar de la violencia del lenguaje que se está extendiendo impunemente en este país. EL CORREO






