Tres chicas adolescentes se ponen de acuerdo para pasarlo bien. Van a pegarle a una compañera, grabarán la agresión a través de un teléfono móvil y distribuirán las imágenes entre sus amistades.
Remedios Cuevas 18/11/2007/ MÁLAGA
Parece ficción, pero es real. De hecho, sucedió hace poco más de un mes en un colegio de Benamocarra. No es lo habitual, pero empieza a ser demasiado frecuente que algunos jóvenes usen las nuevas tecnologías para divertirse con el sufrimiento ajeno. Es el nuevo perfil de un fenómeno tan antiguo como la educación, el de la violencia escolar.
"La violencia escolar ha existido siempre. La diferencia es que antes, los espectadores eran los que pasaban por allí y no había ese componente de divertimento que existe ahora. Las nuevas tecnologías han derivado en un consumo de imágenes violentas en las que da igual el dolor ajeno porque no se considera dolor. Ha desaparecido la empatía".
Así resume la psicóloga María José Zoilo el nuevo perfil de las agresiones en el ámbito educativo, que preocupa a todos los miembros de la comunidad escolar y que según apunta esta experta, "es un fenómeno a investigar en serio".
Su colega Mercedes Guillén también alerta del peligro que suponen las nuevas tecnologías al servicio del mal. Y añade un matiz respecto a la difusión que los medios de comunicación realizamos de los casos violentos, con independencia de que se produzcan o no en la escuela: se corre el riesgo "de dar el protagonismo a los agresores e incluso de hacerles héroes". Cita como ejemplo la emisión de los golpes que un joven propinó a una chica ecuatoriana en Barcelona. "A él se le dio la oportunidad de salir en todos los medios de comunicación justificando lo que había hecho y eso fomenta la violencia. De pronto se encontró con que era famoso".
Zoilo también alude a ese episodio violento para hacer dos reflexiones diferentes. Por un lado, el efecto anestesia que produjo en los espectadores la constante repetición de aquellas desagradables imágenes. "¿Qué han conseguido poniendolas tantas veces? Que en cierto modo nos habituemos y que se genere una ausencia de empatía. Es como si viéramos una película". A su juicio, esto es lo que le sucede a los adolescentes que consumen imágenes violentas, ya sea directamente de internet o facilitadas por sus compañeros. La segunda reflexión tiene que ver con el tercer joven que iba en el vagón del tren, que no se inmutó ante la agresión y que también extrapola al ámbito escolar: "El aumento de la violencia es obvio, pero lo que más temo es que se produzca un hastío y que nos dé igual lo que le pase al de enfrente; que nos convirtamos en ese tercero en discordia del tren".
Juan Enrique Campos, presidente de la Federación Democrática de Asociaciones de Padres de Alumnos (Fdapa), tiene claro que las nuevas tecnologías "le dan una publicidad tremenda a las agresiones al colocar esas imágenes en ciertas páginas que despiertan el morbo". Por eso es partidario de que los centros afronten de algún modo este factor en colaboración con los familias. "Hay que incidir en un uso responsable de los móviles. Tampoco se trata de cachear a los niños, pero sí hay que plantearse que haya espacios para dejar los teléfonos, como taquillas, y que no puedan meterlos en las clases", propone.
El caso de Benamocarra está en manos de la justicia. Las tres supuestas agresoras no se conformaron con pegar y grabar con sus móviles a su víctima. A su retorno al centro tras un mes de expulsión, supuestamente volvieron a golpearla y le quemaron la mochila. Este no es el único caso que ha trascendido este curso. Los institutos José María Torrijos de la capital y Martín Rivero de Ronda han sido escenario de otras agresiones a chicas y, por otra parte, se han contabilizado hasta tres ataques a profesores por familiares de alumnos.
El nuevo decreto sobre convivencia de la Junta trata de endurecer las sanciones a los alumnos agresores, pero tanto Zoilo como Guillén cuestionan su utilidad. "La vergüenza social ha desaparecido y el castigo se ha convertido en una especie de premio. Se usa como medalla por parte del agresor", apunta la primera. La segunda apuesta por abordajes más pedagógicos "como los que utiliza el juez Catalatayd", y no por sacar a los niños de los centros, "que es como un premio para ellos".
La mayoría de centros educativos dedica un importante esfuerzo a reforzar los valores de la no violencia a través del proyecto Escuela: Espacio de Paz. "Me parece una iniciativa magnífica, pero creo que habría que iniciarla antes aún, incluso desde las guarderías", apunta Guillén. La asignatura de Educación para la Ciudadanía también aportará su granito de arena en pro de una convivencia que algunos amenazan con resquebrajar. DMH
Remedios Cuevas 18/11/2007/ MÁLAGA
Parece ficción, pero es real. De hecho, sucedió hace poco más de un mes en un colegio de Benamocarra. No es lo habitual, pero empieza a ser demasiado frecuente que algunos jóvenes usen las nuevas tecnologías para divertirse con el sufrimiento ajeno. Es el nuevo perfil de un fenómeno tan antiguo como la educación, el de la violencia escolar.
"La violencia escolar ha existido siempre. La diferencia es que antes, los espectadores eran los que pasaban por allí y no había ese componente de divertimento que existe ahora. Las nuevas tecnologías han derivado en un consumo de imágenes violentas en las que da igual el dolor ajeno porque no se considera dolor. Ha desaparecido la empatía".
Así resume la psicóloga María José Zoilo el nuevo perfil de las agresiones en el ámbito educativo, que preocupa a todos los miembros de la comunidad escolar y que según apunta esta experta, "es un fenómeno a investigar en serio".
Su colega Mercedes Guillén también alerta del peligro que suponen las nuevas tecnologías al servicio del mal. Y añade un matiz respecto a la difusión que los medios de comunicación realizamos de los casos violentos, con independencia de que se produzcan o no en la escuela: se corre el riesgo "de dar el protagonismo a los agresores e incluso de hacerles héroes". Cita como ejemplo la emisión de los golpes que un joven propinó a una chica ecuatoriana en Barcelona. "A él se le dio la oportunidad de salir en todos los medios de comunicación justificando lo que había hecho y eso fomenta la violencia. De pronto se encontró con que era famoso".
Zoilo también alude a ese episodio violento para hacer dos reflexiones diferentes. Por un lado, el efecto anestesia que produjo en los espectadores la constante repetición de aquellas desagradables imágenes. "¿Qué han conseguido poniendolas tantas veces? Que en cierto modo nos habituemos y que se genere una ausencia de empatía. Es como si viéramos una película". A su juicio, esto es lo que le sucede a los adolescentes que consumen imágenes violentas, ya sea directamente de internet o facilitadas por sus compañeros. La segunda reflexión tiene que ver con el tercer joven que iba en el vagón del tren, que no se inmutó ante la agresión y que también extrapola al ámbito escolar: "El aumento de la violencia es obvio, pero lo que más temo es que se produzca un hastío y que nos dé igual lo que le pase al de enfrente; que nos convirtamos en ese tercero en discordia del tren".
Juan Enrique Campos, presidente de la Federación Democrática de Asociaciones de Padres de Alumnos (Fdapa), tiene claro que las nuevas tecnologías "le dan una publicidad tremenda a las agresiones al colocar esas imágenes en ciertas páginas que despiertan el morbo". Por eso es partidario de que los centros afronten de algún modo este factor en colaboración con los familias. "Hay que incidir en un uso responsable de los móviles. Tampoco se trata de cachear a los niños, pero sí hay que plantearse que haya espacios para dejar los teléfonos, como taquillas, y que no puedan meterlos en las clases", propone.
El caso de Benamocarra está en manos de la justicia. Las tres supuestas agresoras no se conformaron con pegar y grabar con sus móviles a su víctima. A su retorno al centro tras un mes de expulsión, supuestamente volvieron a golpearla y le quemaron la mochila. Este no es el único caso que ha trascendido este curso. Los institutos José María Torrijos de la capital y Martín Rivero de Ronda han sido escenario de otras agresiones a chicas y, por otra parte, se han contabilizado hasta tres ataques a profesores por familiares de alumnos.
El nuevo decreto sobre convivencia de la Junta trata de endurecer las sanciones a los alumnos agresores, pero tanto Zoilo como Guillén cuestionan su utilidad. "La vergüenza social ha desaparecido y el castigo se ha convertido en una especie de premio. Se usa como medalla por parte del agresor", apunta la primera. La segunda apuesta por abordajes más pedagógicos "como los que utiliza el juez Catalatayd", y no por sacar a los niños de los centros, "que es como un premio para ellos".
La mayoría de centros educativos dedica un importante esfuerzo a reforzar los valores de la no violencia a través del proyecto Escuela: Espacio de Paz. "Me parece una iniciativa magnífica, pero creo que habría que iniciarla antes aún, incluso desde las guarderías", apunta Guillén. La asignatura de Educación para la Ciudadanía también aportará su granito de arena en pro de una convivencia que algunos amenazan con resquebrajar. DMH







