SIETE AÑOS DE EXPERIENCIA · Mediadoras en las aulas
16 profesores y dos alumnas forman parte del programa ‘Educación entre iguales’ · El instituto Valle de Aller, en Moreda, es el único de Asturias donde los estudiantes pueden recurrir a la mediación escolar para zanjar diferencias y evitar procesos administrativos
OVIEDO 28/11/2007 BLANCA A. GUTIÉRREZ
Dos chavales discuten en clase y quedan a la salida para pegarse. La cita es en el patio, o fuera del instituto. Es una escena clásica, aunque no diaria, en los centros escolares. A los alumnos les espera un parte de jefatura de estudios, que si van acumulando puede convertirse en sanción o expulsión temporal. Es el procedimiento habitual. En el IES Valle de Aller, en Moreda, hay una opción más. Los estudiantes pueden recurrir al equipo de mediación escolar para zanjar sus diferencias y, de paso, evitar el proceso administrativo. Entran en escena María Llamas y Bárbara García, dos alumnas del centro. Son mediadoras, es decir, tratan de que se solucionen los conflictos entre dos compañeros. Son las únicas que hay en Asturias, pero seguramente habrá más. La administración aconseja a los centros que utilicen esta figura en los planes de convivencia que deben elaborar.
Mucho se ha hablado del acoso escolar y de los conflictos en las aulas. La expulsión de una alumna en el IES Menéndez Pidal de Avilés de forma fulminante tras la aplicación de la nueva normativa ha desatado la protesta de los estudiantes, mientras que el caso de un alumno de Langreo enviado a su casa por usar gorra en clase abre otro debate sobre los límites y la indumentaria. Varias experiencias realizadas desde distintos frentes han tratado en los últimos años de arrojar algo más de luz sobre uno de los problemas que más preocupa a la comunidad educativa: la conflictividad escolar.
El IES Valle de Aller ya tiene mucho camino recorrido. El centro se ha adelantado y con creces a la normativa regional. Siete años de experiencia avalan a este equipo pionero en buscar nuevas vías contra la conflictividad escolar. Actualmente, 16 profesores y dos alumnas forman parte del programa ‘Educación entre iguales’. Les reclaman de distintas comunidades para que hablen de su experiencia piloto. Otros centros, como el Instituto Cerdeño, en Oviedo, realizaron programas similares pero se quedaron en el camino. En el IES de Moreda comienzan su octavo curso formando en la convivencia.
María y Bárbara son –para bien y para mal, dicen– las alumnas más conocidas del instituto. Son las mediadoras en conflictos, una figura aún no generalizada que existe en pocos centros de España. María cursa primero de bachillerato. Su caso es especial. Decidió hacerse mediadora después de sufrir en su piel el problema del acoso escolar. «Tuve un problema en el que la víctima era yo. Los compañeros me hacían la vida imposible». Insultos, le tiraban tizas en clase... Fue el temor a una denuncia lo que hizo a sus compañeros desistir del acoso. «Me enteré del programa y decidí ir para aprender a solucionar los problemas». Y la experiencia le ha servido, dice.
Bárbara estudia 4° de la ESO y se apuntó porque «me gustó la idea». Ambas coinciden en que desde que está en marcha el programa ha disminuido la conflictividad en el centro. «No solemos tener muchas intervenciones, pero cuando hay conflicto mucha gente elige la mediación para evitar el parte», aseguran.
¿Cuál es la misión de un mediador?
«Escuchar. Preguntamos a las dos partes, les escuchamos, pero son ellos los que tienen que darse cuenta de que no lleva a nada pelearse. Ellos tienen que dar la solución, no nosotras ». Hay una serie de normas. Las dos partes en conflicto deben querer acudir a la mediación, es algo voluntario. Una vez resuelto, se firma un documento por ambas partes con las bases del acuerdo. Es totalmente confidencial y se destruye al final de curso. Y sólo se puede hacer un número determinados de mediaciones con la misma persona. María y Bárbara definen su labor como «intentar que haya tranquilidad en el centro », y están convencidas de que es útil. «Todos los centros deberían tener un equipo de mediación », dicen. A lo largo del curso es de esperar que se incorporen más alumnos a esta misión.
Pero para llegar aquí ha habido un largo camino donde el profesorado y la dirección del centro ha tenido un papel decisivo. Marta Elena Castañón es la coordinadora del proyecto sobre resolución de conflictos y mediación. La idea surgió va ya para ocho cursos. Era un momento delicado; el instituto se dispersaba en tres edificios, con una ratio de alumnos elevada y una conflictividad acusada. Se estaba construyendo una nueva sede para el centro y a partir de esos cimientos físicos trataron de crear otros que favoreciesen la convivencia.
«Lo primero fue trabajar con la idea de conflicto», recuerda Castañón. Celebraron charlas con expertos y buscaron la forma de interesar a los estudiantes. Unas flechas recorrían suelo y paredes de los pasillos invitando a acudir a una sala. En medio, una urna esperaba que se introdujesen nombres de participantes en el programa. Pasaban los días y seguía vacía. «Decidimos hacer un poco de teatro e introdujimos papeles en blanco para animar a los chavales. Y así fue, comenzaron a meter papeletas». Se creó la sala de mediación. Con el apoyo del MPDLA y la Cruz Roja se realizó la formación: cada quince días y en horario extraescolar.
Alejandro Antolín, Pilar Carreras, Juan Luis Rodríguez, Rubén Prieto, Marisa Jove –jefa de estudios–, y Margarita Gandullo –directora del centro– son algunos de los miembros del equipo de mediación. Coinciden en que la formación nunca es tiempo perdido y coinciden en que hay un antes y un después del programa. «Se han restablecido las relaciones humanas. La sanción abre abismos, pero la mediación hace que dos chavales en conflicto si no pueden ser amigos al menos puedan saludarse». Incluso es buena para los profesores, dicen. «Nosotros tuvimos que hacer un cambio radical, cambiar nuestra perspectiva y tratar de entender mejor a los alumnos».
Este curso el centro incorpora una novedad. En segundo de la ESO la formación en el programa de convivencia será obligatoria para todos los alumnos durante las tutorías. Luego decidirán si quieren seguir de forma voluntaria.
Para diseñar soluciones y aplicar medidas hay que conocer el problema y la percepción que tiene el alumno. Los primeros pasos en el IES Valle de Aller incluyeron una encuesta entre estudiantes de la ESO. Opinaban que los problemas se daban entre los alumnos, seguidos de cerca de los conflictos entre alumno y profesor. ¿Dónde suceden? El 54% de los encuestados se inclinaba por situar las trifulcas a la salida del centro; el 50% en clase; el 44% en el patio; el 21% en los pasillos; y el 12% decía que en los baños.
Sus opiniones coinciden en gran medida con un estudio posterior realizado en dos institutos y seis centros de Primaria, de Mieres y Oviedo. Aquí, escolares, padres y profesores apuntan a insultos, interrupción de una clase, agresiones o intimidaciones como los conflictos más frecuentes. Casi uno de cada cuatro chavales asegura haber sentido alguna vez miedo a que le agredan en su centro, y un 48% teme que le ridiculicen.
María Isabel Coto es la coordinadora del estudio sobre conflictividad en centros escolares, un documento que aporta datos muy variados sobre las percepciones de los alumnos, los profesores y los padres. Casi ocho de cada diez jóvenes vee que los insultos y las interrupciones en el aula son los comportamientos negativos más frecuentes; más de la mitad dicen que han observado agresiones y peleas; un 40% ha visto intimidaciones, amenazas o discriminación por características físicas, raciales, por ser extranjero o por el fracaso o éxito en los estudios; y un 7% se ve rechazado por la mayoría de sus compañeros.
DETECTAR EL ORIGEN / Son sólo algunos datos de un informe en el que el 52% del profesorado cree que la indisciplina ha aumentado mucho en los centros educativos. Coto, que pertenece al equipo de orientación de Oviedo, incide en la importancia de detectar el problema desde Primaria. «Solemos actuar cuando el problema ya ha estallado, pero realmente hay que ver dónde empieza», afirma. ¿Soluciones para mejorar la convivencia? Coto tiene claro la importancia de un plan marco de convivencia, pero sobre todo reivindica la necesidad de estimular a los centros, que son los que los tienen que aplicar y mantener vivos los proyectos y pone como ejemplo el programa ‘Convivir es vivir’, de Madrid.
El decreto sobre derechos y deberes de los alumnos incluye también la convivencia en los centros, que deberán contar con un plan integral adaptado a sus circunstancias, constituir una comisión de convivencia y poner en marcha la mediación escolar. El equipo del IES Valle de Aller teme las prisas. «Es un trabajo largo, para muchos años. No se pueden buscar resultados inmediatos», advierte Marta Elena Coto. VA
http://web.educastur.princast.es/ies/moreda/
http://blog.educastur.es/iesdealler/
16 profesores y dos alumnas forman parte del programa ‘Educación entre iguales’ · El instituto Valle de Aller, en Moreda, es el único de Asturias donde los estudiantes pueden recurrir a la mediación escolar para zanjar diferencias y evitar procesos administrativos
OVIEDO 28/11/2007 BLANCA A. GUTIÉRREZ
Dos chavales discuten en clase y quedan a la salida para pegarse. La cita es en el patio, o fuera del instituto. Es una escena clásica, aunque no diaria, en los centros escolares. A los alumnos les espera un parte de jefatura de estudios, que si van acumulando puede convertirse en sanción o expulsión temporal. Es el procedimiento habitual. En el IES Valle de Aller, en Moreda, hay una opción más. Los estudiantes pueden recurrir al equipo de mediación escolar para zanjar sus diferencias y, de paso, evitar el proceso administrativo. Entran en escena María Llamas y Bárbara García, dos alumnas del centro. Son mediadoras, es decir, tratan de que se solucionen los conflictos entre dos compañeros. Son las únicas que hay en Asturias, pero seguramente habrá más. La administración aconseja a los centros que utilicen esta figura en los planes de convivencia que deben elaborar.
Mucho se ha hablado del acoso escolar y de los conflictos en las aulas. La expulsión de una alumna en el IES Menéndez Pidal de Avilés de forma fulminante tras la aplicación de la nueva normativa ha desatado la protesta de los estudiantes, mientras que el caso de un alumno de Langreo enviado a su casa por usar gorra en clase abre otro debate sobre los límites y la indumentaria. Varias experiencias realizadas desde distintos frentes han tratado en los últimos años de arrojar algo más de luz sobre uno de los problemas que más preocupa a la comunidad educativa: la conflictividad escolar.
El IES Valle de Aller ya tiene mucho camino recorrido. El centro se ha adelantado y con creces a la normativa regional. Siete años de experiencia avalan a este equipo pionero en buscar nuevas vías contra la conflictividad escolar. Actualmente, 16 profesores y dos alumnas forman parte del programa ‘Educación entre iguales’. Les reclaman de distintas comunidades para que hablen de su experiencia piloto. Otros centros, como el Instituto Cerdeño, en Oviedo, realizaron programas similares pero se quedaron en el camino. En el IES de Moreda comienzan su octavo curso formando en la convivencia.
María y Bárbara son –para bien y para mal, dicen– las alumnas más conocidas del instituto. Son las mediadoras en conflictos, una figura aún no generalizada que existe en pocos centros de España. María cursa primero de bachillerato. Su caso es especial. Decidió hacerse mediadora después de sufrir en su piel el problema del acoso escolar. «Tuve un problema en el que la víctima era yo. Los compañeros me hacían la vida imposible». Insultos, le tiraban tizas en clase... Fue el temor a una denuncia lo que hizo a sus compañeros desistir del acoso. «Me enteré del programa y decidí ir para aprender a solucionar los problemas». Y la experiencia le ha servido, dice.
Bárbara estudia 4° de la ESO y se apuntó porque «me gustó la idea». Ambas coinciden en que desde que está en marcha el programa ha disminuido la conflictividad en el centro. «No solemos tener muchas intervenciones, pero cuando hay conflicto mucha gente elige la mediación para evitar el parte», aseguran.
¿Cuál es la misión de un mediador?
«Escuchar. Preguntamos a las dos partes, les escuchamos, pero son ellos los que tienen que darse cuenta de que no lleva a nada pelearse. Ellos tienen que dar la solución, no nosotras ». Hay una serie de normas. Las dos partes en conflicto deben querer acudir a la mediación, es algo voluntario. Una vez resuelto, se firma un documento por ambas partes con las bases del acuerdo. Es totalmente confidencial y se destruye al final de curso. Y sólo se puede hacer un número determinados de mediaciones con la misma persona. María y Bárbara definen su labor como «intentar que haya tranquilidad en el centro », y están convencidas de que es útil. «Todos los centros deberían tener un equipo de mediación », dicen. A lo largo del curso es de esperar que se incorporen más alumnos a esta misión.
Pero para llegar aquí ha habido un largo camino donde el profesorado y la dirección del centro ha tenido un papel decisivo. Marta Elena Castañón es la coordinadora del proyecto sobre resolución de conflictos y mediación. La idea surgió va ya para ocho cursos. Era un momento delicado; el instituto se dispersaba en tres edificios, con una ratio de alumnos elevada y una conflictividad acusada. Se estaba construyendo una nueva sede para el centro y a partir de esos cimientos físicos trataron de crear otros que favoreciesen la convivencia.
«Lo primero fue trabajar con la idea de conflicto», recuerda Castañón. Celebraron charlas con expertos y buscaron la forma de interesar a los estudiantes. Unas flechas recorrían suelo y paredes de los pasillos invitando a acudir a una sala. En medio, una urna esperaba que se introdujesen nombres de participantes en el programa. Pasaban los días y seguía vacía. «Decidimos hacer un poco de teatro e introdujimos papeles en blanco para animar a los chavales. Y así fue, comenzaron a meter papeletas». Se creó la sala de mediación. Con el apoyo del MPDLA y la Cruz Roja se realizó la formación: cada quince días y en horario extraescolar.
Alejandro Antolín, Pilar Carreras, Juan Luis Rodríguez, Rubén Prieto, Marisa Jove –jefa de estudios–, y Margarita Gandullo –directora del centro– son algunos de los miembros del equipo de mediación. Coinciden en que la formación nunca es tiempo perdido y coinciden en que hay un antes y un después del programa. «Se han restablecido las relaciones humanas. La sanción abre abismos, pero la mediación hace que dos chavales en conflicto si no pueden ser amigos al menos puedan saludarse». Incluso es buena para los profesores, dicen. «Nosotros tuvimos que hacer un cambio radical, cambiar nuestra perspectiva y tratar de entender mejor a los alumnos».
Este curso el centro incorpora una novedad. En segundo de la ESO la formación en el programa de convivencia será obligatoria para todos los alumnos durante las tutorías. Luego decidirán si quieren seguir de forma voluntaria.
Para diseñar soluciones y aplicar medidas hay que conocer el problema y la percepción que tiene el alumno. Los primeros pasos en el IES Valle de Aller incluyeron una encuesta entre estudiantes de la ESO. Opinaban que los problemas se daban entre los alumnos, seguidos de cerca de los conflictos entre alumno y profesor. ¿Dónde suceden? El 54% de los encuestados se inclinaba por situar las trifulcas a la salida del centro; el 50% en clase; el 44% en el patio; el 21% en los pasillos; y el 12% decía que en los baños.
Sus opiniones coinciden en gran medida con un estudio posterior realizado en dos institutos y seis centros de Primaria, de Mieres y Oviedo. Aquí, escolares, padres y profesores apuntan a insultos, interrupción de una clase, agresiones o intimidaciones como los conflictos más frecuentes. Casi uno de cada cuatro chavales asegura haber sentido alguna vez miedo a que le agredan en su centro, y un 48% teme que le ridiculicen.
María Isabel Coto es la coordinadora del estudio sobre conflictividad en centros escolares, un documento que aporta datos muy variados sobre las percepciones de los alumnos, los profesores y los padres. Casi ocho de cada diez jóvenes vee que los insultos y las interrupciones en el aula son los comportamientos negativos más frecuentes; más de la mitad dicen que han observado agresiones y peleas; un 40% ha visto intimidaciones, amenazas o discriminación por características físicas, raciales, por ser extranjero o por el fracaso o éxito en los estudios; y un 7% se ve rechazado por la mayoría de sus compañeros.
DETECTAR EL ORIGEN / Son sólo algunos datos de un informe en el que el 52% del profesorado cree que la indisciplina ha aumentado mucho en los centros educativos. Coto, que pertenece al equipo de orientación de Oviedo, incide en la importancia de detectar el problema desde Primaria. «Solemos actuar cuando el problema ya ha estallado, pero realmente hay que ver dónde empieza», afirma. ¿Soluciones para mejorar la convivencia? Coto tiene claro la importancia de un plan marco de convivencia, pero sobre todo reivindica la necesidad de estimular a los centros, que son los que los tienen que aplicar y mantener vivos los proyectos y pone como ejemplo el programa ‘Convivir es vivir’, de Madrid.
El decreto sobre derechos y deberes de los alumnos incluye también la convivencia en los centros, que deberán contar con un plan integral adaptado a sus circunstancias, constituir una comisión de convivencia y poner en marcha la mediación escolar. El equipo del IES Valle de Aller teme las prisas. «Es un trabajo largo, para muchos años. No se pueden buscar resultados inmediatos», advierte Marta Elena Coto. VA
http://web.educastur.princast.es/ies/moreda/
http://blog.educastur.es/iesdealler/

Peace





