ENTREVISTA · JOSÉ MARÍA AVILÉS· PISCÓLOGO· EXPERTO EN BULLYING· INVESTIGADOR UVA
"Es más fácil decirle a la escuela que lo arregle"
Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima
· Las nuevas tecnologías apuntan un plus de perversión
DONOSTIA 03 NOV 2007 Jorge Napal.
Es un problema de alto calado social, aunque siempre "es más fácil decirle a la escuela que lo arregle", asegura el psicólogo e investigador de la Universidad de Valladolid, José María Avilés. La conocida como violencia escolar, barrunta este experto, tal vez sea una expresión interesada que denota una insuficiente voluntad por repartir responsabilidades. El profesor asegura que ya es hora de que la sociedad se implique para combatir este fenómeno.
- Un simple tortazo era hace años una chiquillada de patio de colegio mientras que hoy dispara todas las alarmas entre muchos padres. ¿Dónde se ubica el punto a partir del cuál se puede hablar de violencia escolar?
- Un simple tortazo es un indicador que puede estar diciendo o no posibles cosas pero para hablar de problemas serios se tienen que producir otra serie de indicadores, como son la recurrencia, la repetición de esos malos tratos y centrados además sobre una misma persona. Para poder hablar de bulling es preciso que exista un desequilibrio de poder.
- Los centros escolares y padres están más alerta que nunca pero se enfrentan a un fenómeno que no saben tasar.
- Nos falta entrenamiento porque carecemos de una cultura que permita abordar el fenómeno de manera seria. Estas situaciones históricamente se han ridiculizado, y quizá ahora el péndulo ha pasado al otro extremo, de tal forma que nos estamos fijando demasiado en este fenómeno. Trabajo con muchos padres y alumnos y percibo que cuesta mucho reflexionar sobre este tema: ser crítico con lo que está sucediendo en los patios y con nuestras propias acciones. No es fácil poner etiquetas a las cosas.
- ¿No se están viendo fantasmas donde no los hay?
- Probablemente. Hemos empezado a mirar las cosas de otra manera y quizá hemos cometido errores por nuestro excesivo nerviosismo, pensando que suceden cosas que en realidad no son así. No podemos ver fantasmas detrás de cada puerta. Desde luego que si nos fijamos en los datos, se trata de un fenómeno preocupante pero no tan recurrente como se quiere hacer creer.
- Se ha lanzado tal catarata de cifras estadísticas sobre este fenómeno que uno no sabe a qué dato acogerse para hacerse una idea real.
- Hay que ser muy prudente con los datos ya que cuando se lanzan hay que preguntarse también quién lo hace y con qué intereses.
- ¿Y quién puede estar interesado en ofrecer una imagen sobredimensionada?
- Es bueno hacerse esa pregunta. ¿Quién gana con dar una imagen distorsionada de determinadas escuelas y la violencia que viven, yendo más allá del problema que existe? Yo no me atrevo a juzgar, pero cuando se genera una imagen de la escuela donde hay muchos conflictos la reacción suele ser la de imponer el orden a través de medidas restrictivas.
- Se dice habitualmente que el acoso escolar es un problema que debe solucionarse en la escuela. ¿No es mucho más que un fenómeno estrictamente escolar?
- Sin duda, el acoso es un problema que sobrepasa la escuela con creces porque sucede en el barrio, en la calle, en los momentos de ocio, la pandilla...
- ¿Y por qué hablar entonces de acoso escolar?
- Tal vez sea una expresión interesada que denota la insuficiente voluntad por abrir la responsabilidad a otros ámbitos que están deseando participar en esa resolución, como los servicios sociales y ayuntamientos. Más allá de los muros de la escuela los chicos siguen sufriendo bulling y no hay figuras que puedan ayudarles, protegerles y crear una coraza de protección a su alrededor. ¿Dónde está la escuela cuando a un niño le agreden entrada la noche? En esos momentos tiene que existir también una red de ayuda, y es la propia sociedad la que se tiene que constituir como defensora de los más débiles y de quienes sufren. No es un fenómeno estrictamente escolar y si seguimos pensándolo no abordaremos nunca el problema. NDA /Foto: G. Estrada
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PS
ENTREVISTA: JOSÉ MARÍA AVILÉS Psicólogo
"Una respuesta punitiva al acoso escolar es por sí sola insuficiente"
"Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima"
"Las nuevas tecnologías apuntan un plus de perversión"
Y. MONTERO - San Sebastián - 12/12/2007
El psicólogo José María Avilés (Toledo, 1959), investigador de la Universidad de Valladolid y orientador escolar, participó recientemente en San Sebastián en el quinto congreso nacional de la Asociación Española para la Investigación y el Desarrollo de la Terapia Familiar, donde habló del acoso escolar.
Pregunta. ¿Han aumentado los casos de acoso escolar en los últimos años o es que ahora salen más a la luz?
Respuesta. Los estudios revelan que nos movemos en una horquilla parecida. Entre el 3% y el 6% de los escolares reconoce estar implicado en casos de maltrato como víctimas o agresores. No ha habido un aumento significativo, pero sí hay más sensibilidad sobre el tema.
P. ¿La situación resulta alarmante?
R. Antes no había tiempo, posibilidad o voluntad para abordar el bullying, pero en estos momentos es un tema educativamente importante. Preocuparse y ocuparse de él es un indicador de calidad, y es que va en contra de lo más íntimo de la propia educación, que es la dignidad de las personas.
P. ¿Por qué un niño se convierte en agresor?
R. No hay una sola causa y cada caso es particular. Podemos hablar de factores familiares, que tienen que ver con las pautas de interacción que los chicos aprenden en edades tempranas con sus padres, con la cantidad de cariño que reciben, perciben o dan. También influye el aprendizaje de límites.
P. ¿A qué se refiere?
R. A si existen límites o no para las situaciones de violencia en el contexto en el que vive el niño; a si las presencia o no, está acostumbrado a ellas, las ve naturales. Son importantes los métodos para afirmar la autoridad que ponen en marcha los padres. Si los padres pegan, si ejercen la violencia, los niños aprenden que esa es la manera en la que tienen que comportarse. Todos estos factores tienen que ver mucho con aprendizajes que luego se trasladan a otros contextos interrelacionales, como es el de iguales.
P. ¿Se dan factores que no tienen que ver con la familia?
R. Lógicamente, hay también factores individuales, variables biológicas y temperamentales y factores de tipo social. Tenemos que mirar mucho el contexto en el que vivimos, que nos habla de que no son los adolescentes los que inventan las pautas de interacción. Años atrás, cuando se valoraba a los personajes de éxito en el ámbito económico, se les llamaba ejecutivos agresivos.
P. ¿Cómo cree que hay que abordar el bullying?
R. Las medidas tienen que ser integrales e integradoras. Deben incorporar en la solución al máximo perfil de personajes y tener en cuenta que no es un fenómeno estrictamente escolar, sino que se da también fuera del centro.
P. ¿Los alumnos testigos de la agresión son fundamentales en la búsqueda de soluciones?
R. Quienes contemplan la situación y no hacen nada son los primeros que pueden hacer variar la situación. Cuantos más aliados tengamos entre ellos, mejor. Estaremos introduciendo soluciones salidas de los propios iguales, que, en vez de apoyar a los agresores, ayudan a las víctimas.
P. El trato a los agresores suele ser un punto conflictivo. ¿Por qué vía apuesta?
R. Tienen que ser parte de la solución. Una respuesta punitiva por sí sola no es suficiente. Las conductas no sólo se hacen variar a través del castigo. Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima y darle una salida digna. Y eso se hace en un contexto educativo.
P. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
R. En cada momento se usan los métodos que hay, pero es verdad que tienen connotaciones algo peligrosas. Permiten al agresor actuar desde la distancia y el anonimato, lo cual apunta otro plus de perversión al asunto. Los colegios deberían establecer pautas de uso. elpais
"Es más fácil decirle a la escuela que lo arregle"
Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima
· Las nuevas tecnologías apuntan un plus de perversión
DONOSTIA 03 NOV 2007 Jorge Napal.
Es un problema de alto calado social, aunque siempre "es más fácil decirle a la escuela que lo arregle", asegura el psicólogo e investigador de la Universidad de Valladolid, José María Avilés. La conocida como violencia escolar, barrunta este experto, tal vez sea una expresión interesada que denota una insuficiente voluntad por repartir responsabilidades. El profesor asegura que ya es hora de que la sociedad se implique para combatir este fenómeno.
- Un simple tortazo era hace años una chiquillada de patio de colegio mientras que hoy dispara todas las alarmas entre muchos padres. ¿Dónde se ubica el punto a partir del cuál se puede hablar de violencia escolar?
- Un simple tortazo es un indicador que puede estar diciendo o no posibles cosas pero para hablar de problemas serios se tienen que producir otra serie de indicadores, como son la recurrencia, la repetición de esos malos tratos y centrados además sobre una misma persona. Para poder hablar de bulling es preciso que exista un desequilibrio de poder.
- Los centros escolares y padres están más alerta que nunca pero se enfrentan a un fenómeno que no saben tasar.
- Nos falta entrenamiento porque carecemos de una cultura que permita abordar el fenómeno de manera seria. Estas situaciones históricamente se han ridiculizado, y quizá ahora el péndulo ha pasado al otro extremo, de tal forma que nos estamos fijando demasiado en este fenómeno. Trabajo con muchos padres y alumnos y percibo que cuesta mucho reflexionar sobre este tema: ser crítico con lo que está sucediendo en los patios y con nuestras propias acciones. No es fácil poner etiquetas a las cosas.
- ¿No se están viendo fantasmas donde no los hay?
- Probablemente. Hemos empezado a mirar las cosas de otra manera y quizá hemos cometido errores por nuestro excesivo nerviosismo, pensando que suceden cosas que en realidad no son así. No podemos ver fantasmas detrás de cada puerta. Desde luego que si nos fijamos en los datos, se trata de un fenómeno preocupante pero no tan recurrente como se quiere hacer creer.
- Se ha lanzado tal catarata de cifras estadísticas sobre este fenómeno que uno no sabe a qué dato acogerse para hacerse una idea real.
- Hay que ser muy prudente con los datos ya que cuando se lanzan hay que preguntarse también quién lo hace y con qué intereses.
- ¿Y quién puede estar interesado en ofrecer una imagen sobredimensionada?
- Es bueno hacerse esa pregunta. ¿Quién gana con dar una imagen distorsionada de determinadas escuelas y la violencia que viven, yendo más allá del problema que existe? Yo no me atrevo a juzgar, pero cuando se genera una imagen de la escuela donde hay muchos conflictos la reacción suele ser la de imponer el orden a través de medidas restrictivas.
- Se dice habitualmente que el acoso escolar es un problema que debe solucionarse en la escuela. ¿No es mucho más que un fenómeno estrictamente escolar?
- Sin duda, el acoso es un problema que sobrepasa la escuela con creces porque sucede en el barrio, en la calle, en los momentos de ocio, la pandilla...
- ¿Y por qué hablar entonces de acoso escolar?
- Tal vez sea una expresión interesada que denota la insuficiente voluntad por abrir la responsabilidad a otros ámbitos que están deseando participar en esa resolución, como los servicios sociales y ayuntamientos. Más allá de los muros de la escuela los chicos siguen sufriendo bulling y no hay figuras que puedan ayudarles, protegerles y crear una coraza de protección a su alrededor. ¿Dónde está la escuela cuando a un niño le agreden entrada la noche? En esos momentos tiene que existir también una red de ayuda, y es la propia sociedad la que se tiene que constituir como defensora de los más débiles y de quienes sufren. No es un fenómeno estrictamente escolar y si seguimos pensándolo no abordaremos nunca el problema. NDA /Foto: G. Estrada
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ENTREVISTA: JOSÉ MARÍA AVILÉS Psicólogo
"Una respuesta punitiva al acoso escolar es por sí sola insuficiente"
"Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima"
"Las nuevas tecnologías apuntan un plus de perversión"
Y. MONTERO - San Sebastián - 12/12/2007
El psicólogo José María Avilés (Toledo, 1959), investigador de la Universidad de Valladolid y orientador escolar, participó recientemente en San Sebastián en el quinto congreso nacional de la Asociación Española para la Investigación y el Desarrollo de la Terapia Familiar, donde habló del acoso escolar.
Pregunta. ¿Han aumentado los casos de acoso escolar en los últimos años o es que ahora salen más a la luz?
Respuesta. Los estudios revelan que nos movemos en una horquilla parecida. Entre el 3% y el 6% de los escolares reconoce estar implicado en casos de maltrato como víctimas o agresores. No ha habido un aumento significativo, pero sí hay más sensibilidad sobre el tema.
P. ¿La situación resulta alarmante?
R. Antes no había tiempo, posibilidad o voluntad para abordar el bullying, pero en estos momentos es un tema educativamente importante. Preocuparse y ocuparse de él es un indicador de calidad, y es que va en contra de lo más íntimo de la propia educación, que es la dignidad de las personas.
P. ¿Por qué un niño se convierte en agresor?
R. No hay una sola causa y cada caso es particular. Podemos hablar de factores familiares, que tienen que ver con las pautas de interacción que los chicos aprenden en edades tempranas con sus padres, con la cantidad de cariño que reciben, perciben o dan. También influye el aprendizaje de límites.
P. ¿A qué se refiere?
R. A si existen límites o no para las situaciones de violencia en el contexto en el que vive el niño; a si las presencia o no, está acostumbrado a ellas, las ve naturales. Son importantes los métodos para afirmar la autoridad que ponen en marcha los padres. Si los padres pegan, si ejercen la violencia, los niños aprenden que esa es la manera en la que tienen que comportarse. Todos estos factores tienen que ver mucho con aprendizajes que luego se trasladan a otros contextos interrelacionales, como es el de iguales.
P. ¿Se dan factores que no tienen que ver con la familia?
R. Lógicamente, hay también factores individuales, variables biológicas y temperamentales y factores de tipo social. Tenemos que mirar mucho el contexto en el que vivimos, que nos habla de que no son los adolescentes los que inventan las pautas de interacción. Años atrás, cuando se valoraba a los personajes de éxito en el ámbito económico, se les llamaba ejecutivos agresivos.
P. ¿Cómo cree que hay que abordar el bullying?
R. Las medidas tienen que ser integrales e integradoras. Deben incorporar en la solución al máximo perfil de personajes y tener en cuenta que no es un fenómeno estrictamente escolar, sino que se da también fuera del centro.
P. ¿Los alumnos testigos de la agresión son fundamentales en la búsqueda de soluciones?
R. Quienes contemplan la situación y no hacen nada son los primeros que pueden hacer variar la situación. Cuantos más aliados tengamos entre ellos, mejor. Estaremos introduciendo soluciones salidas de los propios iguales, que, en vez de apoyar a los agresores, ayudan a las víctimas.
P. El trato a los agresores suele ser un punto conflictivo. ¿Por qué vía apuesta?
R. Tienen que ser parte de la solución. Una respuesta punitiva por sí sola no es suficiente. Las conductas no sólo se hacen variar a través del castigo. Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima y darle una salida digna. Y eso se hace en un contexto educativo.
P. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
R. En cada momento se usan los métodos que hay, pero es verdad que tienen connotaciones algo peligrosas. Permiten al agresor actuar desde la distancia y el anonimato, lo cual apunta otro plus de perversión al asunto. Los colegios deberían establecer pautas de uso. elpais







