Centro de Día de la Asociación Amigos del Menor y la Familia
BUENOS AIRES 23/12/2007 LVDP
Funciona en Alberdi 179. Concurren chicas de 10 a 18 años, algunas con sus propios bebés. Tienen desde un taller de cocina hasta una completa sala de computación. Y el espacio y la calidez provistos por un equipo técnico que apuntó, nada menos, que a crear posibilidades de recuperar los sueños y las ilusiones que toda niña y adolescente tiene derecho a tener. Graciela Vizzolini, creadora de la entidad, puso dinero propio para remodelar las instalaciones. Y constituye un verdadero ejemplo de trabajo social y comunitario
En la casa espaciosa, llena de luz, Naiara duerme y no pierde su placidez aún cuando va de un par de brazos a otro. Camila llora y son varios los regazos dispuestos a albergarla mientras toma la mamadera. Alrededor, todo es una revolución de actividades porque ha llegado el fotógrafo y habrá que mostrar las artesanías, los tentadores budines bañados en chocolate, las tarjetas. En esa casa hay recuerdos, los de una excepcional jornada en un natatorio, bajo los árboles. Está por llegar la pileta propia, y la esperan con ansiedad. En esa casa hay música, la que a veces "presta" una banda de rock que ensaya en la vivienda vecina; la que a veces no duda en imponer la cadencia de la cumbia, que al parecer gana por varios cuerpos en la preferencia de todas. Donde hay niñas y adolescentes hay ilusiones, y por eso han bautizado al Centro de Día de la Asociación Amigos del Menor y la Familia con el más que apropiado nombre de Taller de Ilusiones.
Graciela Vizzolini se emociona como nunca antes al hablar de su nueva creación, la que gestó durante más de un año de trabajo con los equipos técnicos de la ciudad. Y exhibe dos regalos: una pequeña ristra de ajos hechos artesanalmente y atados con un moño rojo, "para que no le llegue mala onda", y una estampita, "para que nunca le falte plata". "Para nosotras", cuenta que le dijeron las chicas cuando se los entregaron. Y se ríe.
En Alberdi 179, donde funcionara el primer Frutillitas, otra excepcional iniciativa de la Asociación, hoy es una realidad un Centro de Día que alberga alrededor de 15 niñas y adolescentes que desde las 12 a las 19, a contraturno de las actividades escolares que muchas retomaron después de un tiempo de ausencias que lentamente va formando parte del pasado, aprenden a cocinar, a tejer -actividades que ellas mismas propusieron- y navegan por Internet en una sala de informática muy bien equipada.
O se arremolinan alrededor de Norma, la encargada, que enseña a envolver un budín con un prolijo celofán rematado en un moño colorado, que esta vez tendrá como destino las casas de cada una, pero que ya ha sido elaborado para la venta como muchos de los productos que nacen del taller de cocina.
Ilusiones
Donde hay chicas y adolescentes hay ilusiones, y por eso no es raro ver su entusiasmo frente a una sesión de chat o mientras bajan la foto de algún actor o cantante favorito. Sin embargo, en algunos casos los primeros pasos hacia la juventud se ven sobreexigidos por una realidad que se empeña en robarles los sueños para ponerles por delante el esfuerzo del trabajo, la sexualidad a destiempo, los hijos que nacen al calor de vientres que hasta hace poco no conocían más que muñecas. O simplemente la ausencia: la falta de proyectos, la obligación de cumplir roles que no les pertenecen, la carencia material.
Con buen criterio, Marta Blasetti, Andrea Beguiristain y Natalia Orsili, del equipo técnico que conduce el Centro de Día, prefieren no hacer referencias concretas a las problemáticas de las chicas que concurren diariamente, de lunes a viernes, al lugar. Pero la presencia de dos madres casi preadolescentes termina por imponerse: allí están, con sus bebas, y constituyen una muestra más que suficiente del gran eje contenedor de esta iniciativa.
"Comenzamos a gestar este proyecto en el 2006, queríamos abordar algo nuevo, diferente a la modalidad de internación, teniendo en cuenta los alcances de la nueva ley de menores y para darles un espacio propio y distinto a las nenas y adolescentes", puntualiza Marta Blasetti.
Para Graciela Vizzolini, la creación del Centro de Día no deja de ser un paso lógico en la evolución de los proyectos de la entidad que creó, que comenzó con los Pequeños Hogares -"y en seguida nos dimos cuenta de que no podíamos tener cien, porque esa no era la solución", recuerda- para continuar con los Jardines Maternales y devenir en esta modalidad para las chicas. Todo el equipo no duda en admitir que el trabajo constante con menores en situación de diferentes tipos de riesgo lleva a concluir que la institucionalización no es la mejor alternativa, aunque los hogares todavía funcionen y resulten indispensables para varios pibes. "Y eso ya lo sabíamos antes de la nueva ley, por lo que nos pusimos a trabajar en este proyecto", apunta Vizzolini.
"Además, a partir de la implementación de la nueva ley, se garantizan recursos para trabajar en la implementación de programas que apunten a la restitución de derechos vulnerados en los chicos, pero desde otro tipo de enfoques", explica Andrea Beguiristain.
Día a día
En esta primera etapa, y en consenso con el Servicio de Protección de Derechos local, se decidió la incorporación de chicas al Centro. "Son distintas edades y distintos espacios los que hay que ofrecer, y para poder hacerlo para los dos sexos hubiéramos requerido de varias cosas. Por eso nos decidimos a hacerlo para las chicas, de entre 10 y 18 años, y comenzamos con muchas expectativas y también muchas incógnitas. Era un lugar totalmente distinto, para nosotras y para la persona que iba a estar a cargo de su funcionamiento, pero estos primeros pasos han sido realmente muy satisfactorios", asegura Blasetti.
La llegada al Centro de Día es totalmente voluntaria, y lo más destacable para el equipo es que las chicas no sólo quisieron acercarse a la casa de la calle Alberdi, sino que además eligieron quedarse y volver, cada día. La detección de las concurrentes ha llevado varios caminos. "En algunos casos vimos la necesidad a través de los Frutillitas, en otros por medio del Servicio de Protección de Derechos, y también se ha articulado con el sistema educativo porque algunas chicas habían dejado de asistir a la escuela y se trabajó en su reinserción, con la familia, con ellas mismas, hasta lograrla", explica Beguiristain.
Armar el funcionamiento diario del Centro no parecía a priori una tarea sencilla, sin embargo los deseos de las propias nenas y adolescentes terminaron por orientar la dinámica del proyecto. "No era fácil plantearse qué actividades desarrollar, sobre todo teniendo en cuenta que los adolescentes tienen múltiples intereses. Nosotros habíamos planteado programas con cuatro o cinco actividades y nos sorprendió que ellas mismas eligieran cocina y tejido", puntualiza Blasetti.
Microemprendimiento
Del taller de cocina, y aprovechando los importantes conocimientos en el tema de la encargada Norma, surgió un microemprendimiento que se está desarrollando con mucho éxito no sólo en su aspecto material sino en la formación de valores. "Este año trabajamos con la encargada y para el próximo tenemos planeado hacerlo con el Centro de Formación Profesional. La idea es que las chicas vayan conociendo diferentes recetas, que aprendan sobre los recursos necesarios, los gastos, y los vendemos también como parte del proyecto para que generen sus propios ingresos y vayan incorporando cosas vinculadas al autoabastecimiento", describe Natalia Orsili.
Los productos elaborados en el taller tienen una interesante demanda no sólo entre quienes tienen una vinculación más directa con el Centro, las familias de las chicas y el propio equipo, sino también entre los vecinos. La gente del barrio suele acercarse a comprar tallarines, prepizzas, y los jueves no son pocos los que tocan el timbre para preguntar qué se fabricó ese día para disfrutar de algo recién hecho. La elaboración en serie tiene sus cuestiones, y para mejorarla, la cocina doméstica de la que disponen ya no es suficiente. "Le hemos pedido a la Municipalidad un horno pizzero, así que esperamos poder contar con él para facilitar la tarea", recuerdan desde el equipo. Un dato a tener en cuenta.
Las últimas ventas permitieron, entre otras cosas, obtener recursos para pasar un día distinto en la Posada del Sol, disfrutando de las instalaciones del lugar. "Fueron hasta las bebas, las llevamos a todas y realmente la pasaron muy bien", cuenta el equipo.
Además, el Centro articuló actividades con distintos espacios de la comunidad. "Trabajamos con la Dirección de Cultura, que nos brindó el taller de artesanías; con el Centro de Formación Profesional, y también el psicólogo del CPA tiene encuentros semanales con las chicas. Tuvieron clases de salsa, educación física y últimamente una maestra de apoyo, porque algunas tenían dificultades para compensar. La idea es armar proyectos para que ellas puedan salir más airosas de lo que lograrían sin falta de apoyo o de contención. Y no queremos para todas lo mismo, sino lograr ver qué necesita cada una para cambiar un modo de vida que no es bueno. A veces, una chica embarazada, o que dejó la escuela, o que pasa muchas horas sin hacer nada, sin un proyecto propio, necesita de un espacio como este donde poder hacer algo distinto", puntualiza Blasetti.
La experiencia de las propias chicas no deja lugar para la duda. Hay quienes estampan un sonoro beso en la mejilla a modo de saludo, y exhiben con orgullo sus propias creaciones. O pasan de una computadora a otra para espiar lo que hacen sus compañeras. Detrás de cada necesidad, además del equipo técnico, también está Norma, que sirve pan con manteca y entibia una mamadera a la temperatura justa. Y sobre el final da el mejor ejemplo de lo que el Centro de Día termina por significar para las chicas. "Estábamos en la pileta y una de ellas parecía decirme, o al menos eso le entendía yo, que tenía sueño. Cuando me acerqué más, me dijo: Me parece estar viviendo un sueño", cuenta la encargada. Nada menos.
Fondos propios
En el año 2006, previa presentación del proyecto, la Asociación Amigos del Menor y la Familia comenzó a tramitar las becas de la provincia para el funcionamiento del Centro de Día. Llegaron en el 2007, pero la prioridad era poder reconstruir la casa de la calle Alberdi, que llevaba muchos años en desuso. Graciela Vizzolini no dudó.
"Nunca dije esto antes. Pero esto estaba en muy mal estado, y era necesario arreglarlo. No conseguíamos ayuda de otro lado, de manera que la remodelación, los muebles, la pintura, todo el equipamiento lo fuimos haciendo con dinero mío. Es cierto que hoy contamos con apoyo de la Municipalidad, de la CELTA, pero poner la casa en marcha costó mucho", cuenta. Las instalaciones son impecables, y las concurrentes parecen disfrutarlas tanto que a veces no quieren dejar el Centro.
El próximo 26 de diciembre, el intendente Carlos Sánchez y la doctora Mónica Capellari, secretaria de Acción Social, han comprometido su visita para conocer el lugar. Y sin duda, llegará más ayuda para esta iniciativa ejemplar. www.lavozdelpueblo.com.ar
BUENOS AIRES 23/12/2007 LVDP
Funciona en Alberdi 179. Concurren chicas de 10 a 18 años, algunas con sus propios bebés. Tienen desde un taller de cocina hasta una completa sala de computación. Y el espacio y la calidez provistos por un equipo técnico que apuntó, nada menos, que a crear posibilidades de recuperar los sueños y las ilusiones que toda niña y adolescente tiene derecho a tener. Graciela Vizzolini, creadora de la entidad, puso dinero propio para remodelar las instalaciones. Y constituye un verdadero ejemplo de trabajo social y comunitario
En la casa espaciosa, llena de luz, Naiara duerme y no pierde su placidez aún cuando va de un par de brazos a otro. Camila llora y son varios los regazos dispuestos a albergarla mientras toma la mamadera. Alrededor, todo es una revolución de actividades porque ha llegado el fotógrafo y habrá que mostrar las artesanías, los tentadores budines bañados en chocolate, las tarjetas. En esa casa hay recuerdos, los de una excepcional jornada en un natatorio, bajo los árboles. Está por llegar la pileta propia, y la esperan con ansiedad. En esa casa hay música, la que a veces "presta" una banda de rock que ensaya en la vivienda vecina; la que a veces no duda en imponer la cadencia de la cumbia, que al parecer gana por varios cuerpos en la preferencia de todas. Donde hay niñas y adolescentes hay ilusiones, y por eso han bautizado al Centro de Día de la Asociación Amigos del Menor y la Familia con el más que apropiado nombre de Taller de Ilusiones.
Graciela Vizzolini se emociona como nunca antes al hablar de su nueva creación, la que gestó durante más de un año de trabajo con los equipos técnicos de la ciudad. Y exhibe dos regalos: una pequeña ristra de ajos hechos artesanalmente y atados con un moño rojo, "para que no le llegue mala onda", y una estampita, "para que nunca le falte plata". "Para nosotras", cuenta que le dijeron las chicas cuando se los entregaron. Y se ríe.
En Alberdi 179, donde funcionara el primer Frutillitas, otra excepcional iniciativa de la Asociación, hoy es una realidad un Centro de Día que alberga alrededor de 15 niñas y adolescentes que desde las 12 a las 19, a contraturno de las actividades escolares que muchas retomaron después de un tiempo de ausencias que lentamente va formando parte del pasado, aprenden a cocinar, a tejer -actividades que ellas mismas propusieron- y navegan por Internet en una sala de informática muy bien equipada.
O se arremolinan alrededor de Norma, la encargada, que enseña a envolver un budín con un prolijo celofán rematado en un moño colorado, que esta vez tendrá como destino las casas de cada una, pero que ya ha sido elaborado para la venta como muchos de los productos que nacen del taller de cocina.
Ilusiones
Donde hay chicas y adolescentes hay ilusiones, y por eso no es raro ver su entusiasmo frente a una sesión de chat o mientras bajan la foto de algún actor o cantante favorito. Sin embargo, en algunos casos los primeros pasos hacia la juventud se ven sobreexigidos por una realidad que se empeña en robarles los sueños para ponerles por delante el esfuerzo del trabajo, la sexualidad a destiempo, los hijos que nacen al calor de vientres que hasta hace poco no conocían más que muñecas. O simplemente la ausencia: la falta de proyectos, la obligación de cumplir roles que no les pertenecen, la carencia material.
Con buen criterio, Marta Blasetti, Andrea Beguiristain y Natalia Orsili, del equipo técnico que conduce el Centro de Día, prefieren no hacer referencias concretas a las problemáticas de las chicas que concurren diariamente, de lunes a viernes, al lugar. Pero la presencia de dos madres casi preadolescentes termina por imponerse: allí están, con sus bebas, y constituyen una muestra más que suficiente del gran eje contenedor de esta iniciativa.
"Comenzamos a gestar este proyecto en el 2006, queríamos abordar algo nuevo, diferente a la modalidad de internación, teniendo en cuenta los alcances de la nueva ley de menores y para darles un espacio propio y distinto a las nenas y adolescentes", puntualiza Marta Blasetti.
Para Graciela Vizzolini, la creación del Centro de Día no deja de ser un paso lógico en la evolución de los proyectos de la entidad que creó, que comenzó con los Pequeños Hogares -"y en seguida nos dimos cuenta de que no podíamos tener cien, porque esa no era la solución", recuerda- para continuar con los Jardines Maternales y devenir en esta modalidad para las chicas. Todo el equipo no duda en admitir que el trabajo constante con menores en situación de diferentes tipos de riesgo lleva a concluir que la institucionalización no es la mejor alternativa, aunque los hogares todavía funcionen y resulten indispensables para varios pibes. "Y eso ya lo sabíamos antes de la nueva ley, por lo que nos pusimos a trabajar en este proyecto", apunta Vizzolini.
"Además, a partir de la implementación de la nueva ley, se garantizan recursos para trabajar en la implementación de programas que apunten a la restitución de derechos vulnerados en los chicos, pero desde otro tipo de enfoques", explica Andrea Beguiristain.
Día a día
En esta primera etapa, y en consenso con el Servicio de Protección de Derechos local, se decidió la incorporación de chicas al Centro. "Son distintas edades y distintos espacios los que hay que ofrecer, y para poder hacerlo para los dos sexos hubiéramos requerido de varias cosas. Por eso nos decidimos a hacerlo para las chicas, de entre 10 y 18 años, y comenzamos con muchas expectativas y también muchas incógnitas. Era un lugar totalmente distinto, para nosotras y para la persona que iba a estar a cargo de su funcionamiento, pero estos primeros pasos han sido realmente muy satisfactorios", asegura Blasetti.
La llegada al Centro de Día es totalmente voluntaria, y lo más destacable para el equipo es que las chicas no sólo quisieron acercarse a la casa de la calle Alberdi, sino que además eligieron quedarse y volver, cada día. La detección de las concurrentes ha llevado varios caminos. "En algunos casos vimos la necesidad a través de los Frutillitas, en otros por medio del Servicio de Protección de Derechos, y también se ha articulado con el sistema educativo porque algunas chicas habían dejado de asistir a la escuela y se trabajó en su reinserción, con la familia, con ellas mismas, hasta lograrla", explica Beguiristain.
Armar el funcionamiento diario del Centro no parecía a priori una tarea sencilla, sin embargo los deseos de las propias nenas y adolescentes terminaron por orientar la dinámica del proyecto. "No era fácil plantearse qué actividades desarrollar, sobre todo teniendo en cuenta que los adolescentes tienen múltiples intereses. Nosotros habíamos planteado programas con cuatro o cinco actividades y nos sorprendió que ellas mismas eligieran cocina y tejido", puntualiza Blasetti.
Microemprendimiento
Del taller de cocina, y aprovechando los importantes conocimientos en el tema de la encargada Norma, surgió un microemprendimiento que se está desarrollando con mucho éxito no sólo en su aspecto material sino en la formación de valores. "Este año trabajamos con la encargada y para el próximo tenemos planeado hacerlo con el Centro de Formación Profesional. La idea es que las chicas vayan conociendo diferentes recetas, que aprendan sobre los recursos necesarios, los gastos, y los vendemos también como parte del proyecto para que generen sus propios ingresos y vayan incorporando cosas vinculadas al autoabastecimiento", describe Natalia Orsili.
Los productos elaborados en el taller tienen una interesante demanda no sólo entre quienes tienen una vinculación más directa con el Centro, las familias de las chicas y el propio equipo, sino también entre los vecinos. La gente del barrio suele acercarse a comprar tallarines, prepizzas, y los jueves no son pocos los que tocan el timbre para preguntar qué se fabricó ese día para disfrutar de algo recién hecho. La elaboración en serie tiene sus cuestiones, y para mejorarla, la cocina doméstica de la que disponen ya no es suficiente. "Le hemos pedido a la Municipalidad un horno pizzero, así que esperamos poder contar con él para facilitar la tarea", recuerdan desde el equipo. Un dato a tener en cuenta.
Las últimas ventas permitieron, entre otras cosas, obtener recursos para pasar un día distinto en la Posada del Sol, disfrutando de las instalaciones del lugar. "Fueron hasta las bebas, las llevamos a todas y realmente la pasaron muy bien", cuenta el equipo.
Además, el Centro articuló actividades con distintos espacios de la comunidad. "Trabajamos con la Dirección de Cultura, que nos brindó el taller de artesanías; con el Centro de Formación Profesional, y también el psicólogo del CPA tiene encuentros semanales con las chicas. Tuvieron clases de salsa, educación física y últimamente una maestra de apoyo, porque algunas tenían dificultades para compensar. La idea es armar proyectos para que ellas puedan salir más airosas de lo que lograrían sin falta de apoyo o de contención. Y no queremos para todas lo mismo, sino lograr ver qué necesita cada una para cambiar un modo de vida que no es bueno. A veces, una chica embarazada, o que dejó la escuela, o que pasa muchas horas sin hacer nada, sin un proyecto propio, necesita de un espacio como este donde poder hacer algo distinto", puntualiza Blasetti.
La experiencia de las propias chicas no deja lugar para la duda. Hay quienes estampan un sonoro beso en la mejilla a modo de saludo, y exhiben con orgullo sus propias creaciones. O pasan de una computadora a otra para espiar lo que hacen sus compañeras. Detrás de cada necesidad, además del equipo técnico, también está Norma, que sirve pan con manteca y entibia una mamadera a la temperatura justa. Y sobre el final da el mejor ejemplo de lo que el Centro de Día termina por significar para las chicas. "Estábamos en la pileta y una de ellas parecía decirme, o al menos eso le entendía yo, que tenía sueño. Cuando me acerqué más, me dijo: Me parece estar viviendo un sueño", cuenta la encargada. Nada menos.
Fondos propios
En el año 2006, previa presentación del proyecto, la Asociación Amigos del Menor y la Familia comenzó a tramitar las becas de la provincia para el funcionamiento del Centro de Día. Llegaron en el 2007, pero la prioridad era poder reconstruir la casa de la calle Alberdi, que llevaba muchos años en desuso. Graciela Vizzolini no dudó.
"Nunca dije esto antes. Pero esto estaba en muy mal estado, y era necesario arreglarlo. No conseguíamos ayuda de otro lado, de manera que la remodelación, los muebles, la pintura, todo el equipamiento lo fuimos haciendo con dinero mío. Es cierto que hoy contamos con apoyo de la Municipalidad, de la CELTA, pero poner la casa en marcha costó mucho", cuenta. Las instalaciones son impecables, y las concurrentes parecen disfrutarlas tanto que a veces no quieren dejar el Centro.
El próximo 26 de diciembre, el intendente Carlos Sánchez y la doctora Mónica Capellari, secretaria de Acción Social, han comprometido su visita para conocer el lugar. Y sin duda, llegará más ayuda para esta iniciativa ejemplar. www.lavozdelpueblo.com.ar







