Seis chicos marginados echan del aula al último profesor en la obra teatral «El enemigo de la clase»
Violencia desvalida· Espejo de la realidad
La inmigración y la delincuencia ocupan la programación del Teatro Lara
· Seis chicos marginados acaban de echar del aula al último profesor que les ha intentado enseñar algo y esperan a la próxima víctima, mientras destrozan ventanas, sillas y mesas de su escuela y se hunden en dramas personales en la obra teatral 'El enemigo de la clase'.
FICHA «El enemigo de la clase»
Autor: N. Williams. Versión y traduc.: D. Desola. Dir.: M. Angelat. Esc. y vest.: A. Garay. Ilum.: B. Jansá. Música: E. Yebra y C. Cabezas. Int.: B. Fernández, E. Yebra, C. Cabezas, J. Ambrossi, A. El Hilali, D. Fajardo y J. Soler.
Lugar: Teatro Lara. Madrid.
J. I. G. G. 27 DIC 2007 MADRID
La insatisfacción generacional mantiene su crispación época tras época. En 1978, el británico Nigel Williams (Cheshire, 1948) estrenó en el londinense Royal Court «Class Enemy», una descarga eléctrica de alto voltaje en torno a la rabia adolescente en el ámbito escolar; en 1983, el alemán Peter Stein, uno de los grandes nombres de la escena europea, la llevó al cine con el título de «Klassen Feind». Ahora se presenta en el Teatro Lara en adaptación de David Desola. Un mismo texto y una misma situación que tiene cabida, impacta y emociona con paralelo grado de intensidad en países diferentes, aunque recorridos por relativamente semejantes elementos de tensión social.
Desola ha realizado un notable trabajo de aproximación a la realidad española para dibujar un inquietante fresco generacional centrado en adolescentes del extrarradio urbano al borde la marginalidad. Los protagonistas son alumnos de un instituto de enseñanza media que se mantienen encerrados en un aula tras haber hecho huir a su último profesor; para entretener la espera mientras aguardan la improbable llegada de otro docente que atine a enseñarles algo, cada uno debe impartir una lección. Este puñado de cachorros de mandíbula afilada y mirada triste y desafiante, violentos y a la vez desvalidos, encuentra en el calor gregario un lugar en el que rumiar su rechazo hacia un orden social que no aceptan porque no les acepta.
Marta Angelat, que ha sabido impregnar el montaje con el violento pálpito de la verdad, sirve muy eficazmente el doble rostro del conflicto de estos adolescentes: el exterior de rabia generacional y el de su desorientación interior. Hay momentos espléndidos, como la pugna entre el violentísimo líder de alto cociente intelectual y desoladora realidad familar, y el desencantado alumno de actitud ácrata que cuida a sus padres ciegos. El joven reparto realiza un trabajo sobresaliente, con mención especial para Bernabé Fernández, Eloi Yebra y Críspulo Cabezas. ABC
Espejo de la realidad
La inmigración y la delincuencia ocupan la programación del Teatro Lara
EL ENEMIGO DE LA CLASE.- Días: a partir del 14 de noviembre. Lugar: Teatro Lara. Horario: miercoles y jueves a las 20.30, viernes y sábado 19.30 y 22.00 y domingo a las 18 h.
Seis chicos marginados acaban de echar del aula al último profesor que les ha intentado enseñar algo y esperan a la próxima víctima, mientras destrozan ventanas, sillas y mesas de su escuela y se hunden en dramas personales en la obra teatral 'El enemigo de la clase'.
El drama, que se estrenará este jueves y ocupará cartelera en el Teatro Lara de Madrid durante seis semanas, parte del texto homónimo del inglés Nigel Williams, escrito en los años 70 -la versión española corre a cargo de David Desola- para cuestionar el sistema educativo y tratar temas actuales como delincuencia, inmigración o racismo.
"Son personajes vulnerables, solos, con problemáticas distintas", explicó la directora Marta Angelat en el pase de la función a periodistas y profesores de instituto.
Mazas (Bernabé Fernández), Bombilla (Eloi Yebra), Sapo (Críspulo Cabezas), Conectinpipol (Javier Ambrossi), Falafel (Ayoub El Hilali) y Chanas (Diego Fajardo) son jóvenes unidos por la pobreza y desesperación, unos 'productos de la calle' que bien podrían ser de cualquier país.
Mientras esperan a un profesor a quien desafiar -si bien desean desesperadamente a alguien que les pase conocimiento de verdad-, se sumergen en unas 'clases' que dan ellos mismos unos a los otros sobre temas diversos.
Es el punto fuerte de la función, en el que exponen sus problemas familiares, prejuicios o carencias afectivas.
"No queremos solamente hablar de adolescentes violentos o discutir el sistema educativo -añade Marta Angelat- sino plantear preguntas como por qué esto pasa, qué valores tiene nuestra sociedad o que generaciones estamos criando, qué relaciones entablan las personas?", indaga.
Para ello Angelat ha contado con actores de edad coincidente a la de los personajes, algunos de ellos en su primera vez en los escenarios, una ventaja, según ella, porque vienen "sin prejuicios".
La directora también ha visitado un instituto "conflictivo" en el que trabaja un amigo para ayudar a componer esta función que -afirma- "no cuenta pura ficción". elmundo
http://www.teatrolara.com/programa.html
___
PS
Crítica/Teatro · MARIANO LÓPEZ SANTIAGO
OVIEDO 28 MAR 2009 (LA NUEVA ESPAÑA)
Seis alumnos acaban de expulsar violentamente a la maestra de su clase y esperan a un nuevo profesor. Entre tanto montan barricadas para que nadie pueda entrar en la clase. Se aíslan, se aburren, destrozan mobiliario, discuten y hasta se pegan. Mientras convienen en que cada uno exponga su tema favorito.
Así afloran las personalidades diversas: un presunto líder que se refugia en la violencia y acaba solo (Mazas), un joven de padres ciegos intenta buscar un hálito de sentido y esperanza en el grupo (Bombilla), un radical extremista enemigo de los inmigrantes de toda condición (Sapo), un vulgar que se obsesiona con el tema del sexo en su aspecto más superficial (Conectingpipol), un sudamericano pirómano que ya ha conocido los reformatorios (Chanas) y un marroquí (Falafel) que se siente aislado y oprimido en su entorno social.
Hasta aquí el argumento, sobre una escenografía con fondo de rejas, en una clase con mesas, sillas y taquillas de ropa, todo ello con evidentes destrozos y las pintadas que se pueden apreciar en cualquier centro educativo actual.
Todo tipo de teatro de denuncia social, como en este caso y en un tema actual y de una enorme complejidad y profundidad en sus soluciones, plantea la circunstancia de apreciar si el texto teatral aporta alguna idea o al menos perspectiva. Entiendo que en este caso es así: al final el grupo humano, en un silencio expectante, anhela, desea y, en definitiva, necesita de un profesor. Es decir, una orientación, un ejemplo, en definitiva, un contenido ético que ayude a combatir esa angustiosa soledad que a veces acompaña al individuo, sobre todo en la adolescencia.
La obra escrita por el británico Nigel Williams en 1976, ha sido adaptada al tiempo actual y creo que de forma brillante por David Desola, con una interpretación excelente por el conjunto de actores que integran el grupo escolar.
En realidad, el tema de la educación en un sentido amplio siempre acompañó al devenir humano. Ya desde Platón, con su interés por la formación integral del individuo y el papel a desempeñar por el Estado.
No me resisto a citar, aunque sea en el plano de la delincuencia, situación extrema del individuo, al profesor salmantino Dorado Montero, que en su libro «El derecho protector de los criminales», escrito en 1916, mantenía la singular tesis de que el delincuente es incapaz para una vida jurídica libre y el delito no se comete por una voluntad libre, sino por otras cargas que el Estado debe combatir.
Y no olvidemos a Rousseau, en su célebre libro «Emilio», primer tratado sobre la filosofía de la educación en el mundo occidental. Decía entre otras afirmaciones, «aquel de nosotros que mejor sabe sobrellevar los bienes y males de esta vida, es a mi parecer, el más educado».
La representación teatral consiguió el aplauso unánime del público. Y no olvidemos que, en definitiva... Necesitamos un profesor.
LNE
La inmigración y la delincuencia ocupan la programación del Teatro Lara
· Seis chicos marginados acaban de echar del aula al último profesor que les ha intentado enseñar algo y esperan a la próxima víctima, mientras destrozan ventanas, sillas y mesas de su escuela y se hunden en dramas personales en la obra teatral 'El enemigo de la clase'.
FICHA «El enemigo de la clase»
Autor: N. Williams. Versión y traduc.: D. Desola. Dir.: M. Angelat. Esc. y vest.: A. Garay. Ilum.: B. Jansá. Música: E. Yebra y C. Cabezas. Int.: B. Fernández, E. Yebra, C. Cabezas, J. Ambrossi, A. El Hilali, D. Fajardo y J. Soler.
Lugar: Teatro Lara. Madrid.
J. I. G. G. 27 DIC 2007 MADRID
La insatisfacción generacional mantiene su crispación época tras época. En 1978, el británico Nigel Williams (Cheshire, 1948) estrenó en el londinense Royal Court «Class Enemy», una descarga eléctrica de alto voltaje en torno a la rabia adolescente en el ámbito escolar; en 1983, el alemán Peter Stein, uno de los grandes nombres de la escena europea, la llevó al cine con el título de «Klassen Feind». Ahora se presenta en el Teatro Lara en adaptación de David Desola. Un mismo texto y una misma situación que tiene cabida, impacta y emociona con paralelo grado de intensidad en países diferentes, aunque recorridos por relativamente semejantes elementos de tensión social.
Desola ha realizado un notable trabajo de aproximación a la realidad española para dibujar un inquietante fresco generacional centrado en adolescentes del extrarradio urbano al borde la marginalidad. Los protagonistas son alumnos de un instituto de enseñanza media que se mantienen encerrados en un aula tras haber hecho huir a su último profesor; para entretener la espera mientras aguardan la improbable llegada de otro docente que atine a enseñarles algo, cada uno debe impartir una lección. Este puñado de cachorros de mandíbula afilada y mirada triste y desafiante, violentos y a la vez desvalidos, encuentra en el calor gregario un lugar en el que rumiar su rechazo hacia un orden social que no aceptan porque no les acepta.
Marta Angelat, que ha sabido impregnar el montaje con el violento pálpito de la verdad, sirve muy eficazmente el doble rostro del conflicto de estos adolescentes: el exterior de rabia generacional y el de su desorientación interior. Hay momentos espléndidos, como la pugna entre el violentísimo líder de alto cociente intelectual y desoladora realidad familar, y el desencantado alumno de actitud ácrata que cuida a sus padres ciegos. El joven reparto realiza un trabajo sobresaliente, con mención especial para Bernabé Fernández, Eloi Yebra y Críspulo Cabezas. ABC
Espejo de la realidad
La inmigración y la delincuencia ocupan la programación del Teatro Lara
EL ENEMIGO DE LA CLASE.- Días: a partir del 14 de noviembre. Lugar: Teatro Lara. Horario: miercoles y jueves a las 20.30, viernes y sábado 19.30 y 22.00 y domingo a las 18 h.
»Los protagonistas en un momento
de la representación /Foto: Kote Rodrigo
EFE 14/11/06
de la representación /Foto: Kote Rodrigo
Seis chicos marginados acaban de echar del aula al último profesor que les ha intentado enseñar algo y esperan a la próxima víctima, mientras destrozan ventanas, sillas y mesas de su escuela y se hunden en dramas personales en la obra teatral 'El enemigo de la clase'.
El drama, que se estrenará este jueves y ocupará cartelera en el Teatro Lara de Madrid durante seis semanas, parte del texto homónimo del inglés Nigel Williams, escrito en los años 70 -la versión española corre a cargo de David Desola- para cuestionar el sistema educativo y tratar temas actuales como delincuencia, inmigración o racismo.
"Son personajes vulnerables, solos, con problemáticas distintas", explicó la directora Marta Angelat en el pase de la función a periodistas y profesores de instituto.
Mazas (Bernabé Fernández), Bombilla (Eloi Yebra), Sapo (Críspulo Cabezas), Conectinpipol (Javier Ambrossi), Falafel (Ayoub El Hilali) y Chanas (Diego Fajardo) son jóvenes unidos por la pobreza y desesperación, unos 'productos de la calle' que bien podrían ser de cualquier país.
Mientras esperan a un profesor a quien desafiar -si bien desean desesperadamente a alguien que les pase conocimiento de verdad-, se sumergen en unas 'clases' que dan ellos mismos unos a los otros sobre temas diversos.
Es el punto fuerte de la función, en el que exponen sus problemas familiares, prejuicios o carencias afectivas.
"No queremos solamente hablar de adolescentes violentos o discutir el sistema educativo -añade Marta Angelat- sino plantear preguntas como por qué esto pasa, qué valores tiene nuestra sociedad o que generaciones estamos criando, qué relaciones entablan las personas?", indaga.
Para ello Angelat ha contado con actores de edad coincidente a la de los personajes, algunos de ellos en su primera vez en los escenarios, una ventaja, según ella, porque vienen "sin prejuicios".
La directora también ha visitado un instituto "conflictivo" en el que trabaja un amigo para ayudar a componer esta función que -afirma- "no cuenta pura ficción". elmundo
http://www.teatrolara.com/programa.html___
PS
Se necesita un profesor
El tema de la educación en un sentido amplio siempre acompañó al devenir humanoCrítica/Teatro · MARIANO LÓPEZ SANTIAGO
OVIEDO 28 MAR 2009 (LA NUEVA ESPAÑA)
Seis alumnos acaban de expulsar violentamente a la maestra de su clase y esperan a un nuevo profesor. Entre tanto montan barricadas para que nadie pueda entrar en la clase. Se aíslan, se aburren, destrozan mobiliario, discuten y hasta se pegan. Mientras convienen en que cada uno exponga su tema favorito.
Así afloran las personalidades diversas: un presunto líder que se refugia en la violencia y acaba solo (Mazas), un joven de padres ciegos intenta buscar un hálito de sentido y esperanza en el grupo (Bombilla), un radical extremista enemigo de los inmigrantes de toda condición (Sapo), un vulgar que se obsesiona con el tema del sexo en su aspecto más superficial (Conectingpipol), un sudamericano pirómano que ya ha conocido los reformatorios (Chanas) y un marroquí (Falafel) que se siente aislado y oprimido en su entorno social.
Hasta aquí el argumento, sobre una escenografía con fondo de rejas, en una clase con mesas, sillas y taquillas de ropa, todo ello con evidentes destrozos y las pintadas que se pueden apreciar en cualquier centro educativo actual.
Todo tipo de teatro de denuncia social, como en este caso y en un tema actual y de una enorme complejidad y profundidad en sus soluciones, plantea la circunstancia de apreciar si el texto teatral aporta alguna idea o al menos perspectiva. Entiendo que en este caso es así: al final el grupo humano, en un silencio expectante, anhela, desea y, en definitiva, necesita de un profesor. Es decir, una orientación, un ejemplo, en definitiva, un contenido ético que ayude a combatir esa angustiosa soledad que a veces acompaña al individuo, sobre todo en la adolescencia.
La obra escrita por el británico Nigel Williams en 1976, ha sido adaptada al tiempo actual y creo que de forma brillante por David Desola, con una interpretación excelente por el conjunto de actores que integran el grupo escolar.
En realidad, el tema de la educación en un sentido amplio siempre acompañó al devenir humano. Ya desde Platón, con su interés por la formación integral del individuo y el papel a desempeñar por el Estado.
No me resisto a citar, aunque sea en el plano de la delincuencia, situación extrema del individuo, al profesor salmantino Dorado Montero, que en su libro «El derecho protector de los criminales», escrito en 1916, mantenía la singular tesis de que el delincuente es incapaz para una vida jurídica libre y el delito no se comete por una voluntad libre, sino por otras cargas que el Estado debe combatir.
Y no olvidemos a Rousseau, en su célebre libro «Emilio», primer tratado sobre la filosofía de la educación en el mundo occidental. Decía entre otras afirmaciones, «aquel de nosotros que mejor sabe sobrellevar los bienes y males de esta vida, es a mi parecer, el más educado».
La representación teatral consiguió el aplauso unánime del público. Y no olvidemos que, en definitiva... Necesitamos un profesor.
LNE







