Decenas de infantes reciben atención
Algunos son adoptados
Rubén Rojas 24 DIC 2007 Xalapa, Veracruz MX.-
María Félix tiene 12 años y las marcas en la cara de los golpes que durante seis años le dio su mamá con varas, cinturones o escobas. Sin embargo, hoy María no tiene rencores, sólo ganas de decirle a su madre que la perdone por lo que haya hecho, y es que desde hace dos meses, María vive en la Ciudad Asistencial Conecalli del DIF estatal, un lugar donde ha cambiado los golpes por sonrisas, amigos y juegos, un lugar donde ha aprendido a perdonar, a tener esperanzas en el amor, en la familia.
Emma Kuri Galván, actual subdirectora del Conecalli, explica que el Conecalli es un albergue temporal dependiente de la Procuraduría de la Defensa del Menor la Familia y el Indígena, donde a petición del Ministerio Público el DIF toma el cuidado de los niños -desde recién nacidos hasta 13 años- que se hallan en situación de orfandad, sus padres están privados de la libertad o han sufrido situaciones de abandono, omisión de cuidados, violencia familiar, física, psicológica o sexual, por lo que los menores son trasladados a este albergue que opera sobre la antigua carretera Xalapa-Coatepec desde 1989.
Aquí, dice, permanecen los menores a cuidado del DIF mientras el MP determina la situación jurídica de los infantes que han sido violentados y aunque no hay un periodo determinado de permanencia de los niños en el albergue, los menores normalmente toman dos caminos: se reintegran al núcleo familiar -siempre y cuando no continúen en riesgo sus derechos- o entran a un proceso de adopción.
La prioridad es que los menores se queden en Xalapa, el Estado o el país, pero el problema es que en México los padres adoptivos normalmente buscan recién nacidos, por lo que los niños de cinco o seis años están yendo al extranjero y países como España, donde los niños son adoptados aun si no son bebés.
En el caso de los recién nacidos que actualmente están en el Conecalli, dice, se trata de niños que fueron expuestos a la vía pública y se localizaron en estado de abandono.
De hecho, a la fecha hay tres recién nacidos en el albergue, el menor de los cuales es "Angelito", un varón de apenas un mes de nacido.
Normalmente, comenta, en el Conecalli se atiende un promedio de 85 niños cada mes, aunque se tiene capacidad de recibir a 100, además de que también se tiene bajo cuidado a adolescentes y adultos que tienen alguna discapacidad y carecen de otro proyecto de vida.
De acuerdo con la subdirectora, desde que en 1989 empezó a operar el albergue ha habido cambios sustanciales, sobre todo en la presente administración estatal, ya que se han dado inversiones millonarias para realizar mejoras importantes a la infraestructura, las cuales van desde la reestructuración del sistema de abasto de agua y la reubicación de una cisterna, a la remodelación de sanitarios, dormitorios, comedor y mobiliario.
Sin embargo, para Emma Kuri Galván lo fundamental es que aquí a los menores se les da una atención integral con el apoyo de 57 personas, quienes tienen como objetivo resarcir el daño emocional y físico con el que llegan los menores al Conecalli.
Por ello, en el albergue se trabaja todo el año las 24 horas del día en las seis áreas con que cuenta la casa asistencial: la de lactantes, recién nacidos y maternales, donde hay niños de hasta tres años; la de niñas y niños, donde los menores son separados por género una vez que cumplen cinco años; y finalmente el área especial, donde se ubica a jóvenes de 18 a 22 años que presentan secuelas de parálisis cerebral infantil, conductas autistas, retraso mental severo o algún tipo de discapacidad similar, independientemente de que en todas las áreas hay niños con capacidades diferentes que son atendidos con personal capacitado para brindar terapias motrices.
De esta forma, en el Conecalli se atiende un promedio 85 niños al mes de manera casi permanente, aunque muchos de los que llegan en un momento dado se reintegran a sus núcleos familiares, destacando que la Procuraduría da seguimiento a sus casos para que no vuelvan a estar en riesgo dentro del entorno familiar.
Y mientras permanecen en la casa, comentó, "se les da una atención multidisciplinaria con psicólogos, médicos, pedagogos, trabajadores sociales", incluso los niños que están en edad escolar son llevados a diversos planteles de la ciudad de Xalapa, ya sea en el nivel preescolar, primaria o a colegios de educación especial.
Por ello, dijo, hasta ahora se han visto resultados muy positivos en comparación de como llegan los niños.
Un menor con violencia familiar, por ejemplo, llega con autoestima muy baja, con pesadillas, desnutrición, en algunos casos con fracturas o hematomas, destacando que lo más grave es el daño emocional.
Por eso, expuso, el trabajo con los niños se hace de manera que el infante vaya perdonando a su agresor, dado que la idea es que se vayan del Conecalli sin enojo, rencor u odio hacia quien lo agredió, pues aunque hay casos en que no vuelven a ver a sus agresores, siempre se busca que aprendan a perdonar, "que el niño diga mamá yo te perdono porque trataste de ahorcarme y en el lugar en que yo esté quiero estar bien y quiero que tú también estés bien... es algo muy fuerte, pero son casos reales de lo que recibimos aquí".
Kuri Galván refiere que al albergue arriban menores de todo el Estado, incluso del país, pues actualmente se tiene a un menor de Monterrey.
No obstante muchos son de la región, como María Félix, que llegó al Conecalli hace dos meses desde la congregación de Las Trancas, luego de que desde los cinco o seis años su mamá le pegara con varas, el cinturón o la escoba porque presuntamente se portaba mal.
Con la atención que le han dado en el Conecalli, María ya no piensa mucho en los golpes, incluso le gustaría regresar a su casa para decirle a su madre "que si me perdona".
Ahora María sonríe, pues aquí ha aprendido a ser feliz jugando y cuidando a los niños pequeños, soñando con que de regalo de Navidad le darán unas pinturas para jugar al salón de belleza.
Otra niña que está contenta es Andrea, pues aunque lleva dos años en el albergue no se cansa de jugar a las escondidas con los 10 amigos que aquí ha encontrado, aunque lo que más le gusta del Conecalli, dice, "es el amor", que la tratan bien, la quieren, claro que de ser posible, en Navidad le gustaría recibir muchos regalos, cosas especiales, dice y se carcajea mientras de sus ojos parece salir una luz.
Jacqueline es otra de las niñas que hoy juega en los jardines del Conecalli, y aunque le gustaría que de regalo navideño le dieran una muñeca para ella y su hermana, lo que más le gusta es jugar con los niños del área de maternales, pues si con los niños de su edad juega a las atrapadas y a las escondidas, con los maternales juega a que "me acuesto y ellos se sientan encima y yo los alzo y que se caen, eso es lo que me gusta hacer con ellos".
Por eso Jacqueline ya no se siente triste, como tampoco lo hace Maricela, quien a sus 13 años espera que esta Navidad le den un disco o una muñeca. Mientras, juega a las atrapadas.
Por su parte, Felipe, quien tiene 10 años, pero sólo tres meses de estar en el Conecalli, refiere que aunque le gusta mucho jugar futbol, lo que más le gusta de la casa es que los niños tienen seguridad y que "nos quieren mucho, siempre nos dan lo que nos hace falta, pero tenemos que poner de nuestro esfuerzo".
El por ejemplo, dice, cada día trata de portarse bien y mejorar, por lo que a veces hay recompensas, como la del pasado 10 de diciembre, cuando el gobernador Fidel Herrera llegó al Conecalli para hacer una preposada donde dieron taquitos al pastor, dice sonriendo y pasándose una mano por panza: "además rompimos piñatas, el gobernador convivió con nosotros, yo le canté una canción y nos dieron hasta dulces".
Emma Kuri refiere que desde el 10 diciembre prácticamente ha empezado la Navidad en el Conecalli, pues luego de la preposada los niños han tenido visitas de diversos planteles educativos y grupos organizados que les han traído dulces, piñatas y algunos regalos.
Incluso, comenta, para el 24 de diciembre se está preparando una gran cena: "todos van a estar muy regalados, todos tendrán chamarra nueva, pijama nueva, ropita", juguetes y dulces.
De hecho, dice, para el 6 de enero los niños ya hicieron la carta que le darán a los Reyes Magos, pues la asociación civil del Conecalli buscó padrinos para que les den los regalos que pidieron como muñecos, aviones, bebés para arrullar y hasta perfumes.
No obstante, comenta, más allá de las fiestas y regalos de esta temporada, y de que en ocasiones a los niños se les lleva al cine, a algunas albercas o se hacen viajes al puerto de Veracruz, la verdad es que a los menores no se les puede tener fuera de su realidad: "se les tiene que ayudar a enfrentar su realidad, ellos nunca van a olvidar lo que les pasó, pero sí van a poder vivir con lo que les pasó".
Para eso se trabaja en el Conecalli, un albergue que está dentro de una reserva ecológica de 13 hectáreas, donde hay áreas verdes, juegos infantiles, canchas deportivas, una ludoteca, espacios de dormitorios, comedor, salón de usos múltiples, oficinas administrativas y hasta una pequeña granja donde se tienen cerca de 86 gallinas que producen 60 huevos diarios para el consumo interno de la ciudad asistencial.
Aquí los niños aprenden a alimentar a las gallinas, a ayudar a limpiar los corrales y recoger los huevos cada mañana, mientras juegan, aprenden a perdonar, recuerdan cómo es ser niño otra vez, por primera vez. www.oem.com.mx/
Ciudad Asitencial Conecalli
Algunos son adoptados
Rubén Rojas 24 DIC 2007 Xalapa, Veracruz MX.-
María Félix tiene 12 años y las marcas en la cara de los golpes que durante seis años le dio su mamá con varas, cinturones o escobas. Sin embargo, hoy María no tiene rencores, sólo ganas de decirle a su madre que la perdone por lo que haya hecho, y es que desde hace dos meses, María vive en la Ciudad Asistencial Conecalli del DIF estatal, un lugar donde ha cambiado los golpes por sonrisas, amigos y juegos, un lugar donde ha aprendido a perdonar, a tener esperanzas en el amor, en la familia.
Emma Kuri Galván, actual subdirectora del Conecalli, explica que el Conecalli es un albergue temporal dependiente de la Procuraduría de la Defensa del Menor la Familia y el Indígena, donde a petición del Ministerio Público el DIF toma el cuidado de los niños -desde recién nacidos hasta 13 años- que se hallan en situación de orfandad, sus padres están privados de la libertad o han sufrido situaciones de abandono, omisión de cuidados, violencia familiar, física, psicológica o sexual, por lo que los menores son trasladados a este albergue que opera sobre la antigua carretera Xalapa-Coatepec desde 1989.
Aquí, dice, permanecen los menores a cuidado del DIF mientras el MP determina la situación jurídica de los infantes que han sido violentados y aunque no hay un periodo determinado de permanencia de los niños en el albergue, los menores normalmente toman dos caminos: se reintegran al núcleo familiar -siempre y cuando no continúen en riesgo sus derechos- o entran a un proceso de adopción.
La prioridad es que los menores se queden en Xalapa, el Estado o el país, pero el problema es que en México los padres adoptivos normalmente buscan recién nacidos, por lo que los niños de cinco o seis años están yendo al extranjero y países como España, donde los niños son adoptados aun si no son bebés.
En el caso de los recién nacidos que actualmente están en el Conecalli, dice, se trata de niños que fueron expuestos a la vía pública y se localizaron en estado de abandono.
De hecho, a la fecha hay tres recién nacidos en el albergue, el menor de los cuales es "Angelito", un varón de apenas un mes de nacido.
Normalmente, comenta, en el Conecalli se atiende un promedio de 85 niños cada mes, aunque se tiene capacidad de recibir a 100, además de que también se tiene bajo cuidado a adolescentes y adultos que tienen alguna discapacidad y carecen de otro proyecto de vida.
De acuerdo con la subdirectora, desde que en 1989 empezó a operar el albergue ha habido cambios sustanciales, sobre todo en la presente administración estatal, ya que se han dado inversiones millonarias para realizar mejoras importantes a la infraestructura, las cuales van desde la reestructuración del sistema de abasto de agua y la reubicación de una cisterna, a la remodelación de sanitarios, dormitorios, comedor y mobiliario.
Sin embargo, para Emma Kuri Galván lo fundamental es que aquí a los menores se les da una atención integral con el apoyo de 57 personas, quienes tienen como objetivo resarcir el daño emocional y físico con el que llegan los menores al Conecalli.
Por ello, en el albergue se trabaja todo el año las 24 horas del día en las seis áreas con que cuenta la casa asistencial: la de lactantes, recién nacidos y maternales, donde hay niños de hasta tres años; la de niñas y niños, donde los menores son separados por género una vez que cumplen cinco años; y finalmente el área especial, donde se ubica a jóvenes de 18 a 22 años que presentan secuelas de parálisis cerebral infantil, conductas autistas, retraso mental severo o algún tipo de discapacidad similar, independientemente de que en todas las áreas hay niños con capacidades diferentes que son atendidos con personal capacitado para brindar terapias motrices.
De esta forma, en el Conecalli se atiende un promedio 85 niños al mes de manera casi permanente, aunque muchos de los que llegan en un momento dado se reintegran a sus núcleos familiares, destacando que la Procuraduría da seguimiento a sus casos para que no vuelvan a estar en riesgo dentro del entorno familiar.
Y mientras permanecen en la casa, comentó, "se les da una atención multidisciplinaria con psicólogos, médicos, pedagogos, trabajadores sociales", incluso los niños que están en edad escolar son llevados a diversos planteles de la ciudad de Xalapa, ya sea en el nivel preescolar, primaria o a colegios de educación especial.
Por ello, dijo, hasta ahora se han visto resultados muy positivos en comparación de como llegan los niños.
Un menor con violencia familiar, por ejemplo, llega con autoestima muy baja, con pesadillas, desnutrición, en algunos casos con fracturas o hematomas, destacando que lo más grave es el daño emocional.
Por eso, expuso, el trabajo con los niños se hace de manera que el infante vaya perdonando a su agresor, dado que la idea es que se vayan del Conecalli sin enojo, rencor u odio hacia quien lo agredió, pues aunque hay casos en que no vuelven a ver a sus agresores, siempre se busca que aprendan a perdonar, "que el niño diga mamá yo te perdono porque trataste de ahorcarme y en el lugar en que yo esté quiero estar bien y quiero que tú también estés bien... es algo muy fuerte, pero son casos reales de lo que recibimos aquí".
Kuri Galván refiere que al albergue arriban menores de todo el Estado, incluso del país, pues actualmente se tiene a un menor de Monterrey.
No obstante muchos son de la región, como María Félix, que llegó al Conecalli hace dos meses desde la congregación de Las Trancas, luego de que desde los cinco o seis años su mamá le pegara con varas, el cinturón o la escoba porque presuntamente se portaba mal.
Con la atención que le han dado en el Conecalli, María ya no piensa mucho en los golpes, incluso le gustaría regresar a su casa para decirle a su madre "que si me perdona".
Ahora María sonríe, pues aquí ha aprendido a ser feliz jugando y cuidando a los niños pequeños, soñando con que de regalo de Navidad le darán unas pinturas para jugar al salón de belleza.
Otra niña que está contenta es Andrea, pues aunque lleva dos años en el albergue no se cansa de jugar a las escondidas con los 10 amigos que aquí ha encontrado, aunque lo que más le gusta del Conecalli, dice, "es el amor", que la tratan bien, la quieren, claro que de ser posible, en Navidad le gustaría recibir muchos regalos, cosas especiales, dice y se carcajea mientras de sus ojos parece salir una luz.
Jacqueline es otra de las niñas que hoy juega en los jardines del Conecalli, y aunque le gustaría que de regalo navideño le dieran una muñeca para ella y su hermana, lo que más le gusta es jugar con los niños del área de maternales, pues si con los niños de su edad juega a las atrapadas y a las escondidas, con los maternales juega a que "me acuesto y ellos se sientan encima y yo los alzo y que se caen, eso es lo que me gusta hacer con ellos".
Por eso Jacqueline ya no se siente triste, como tampoco lo hace Maricela, quien a sus 13 años espera que esta Navidad le den un disco o una muñeca. Mientras, juega a las atrapadas.
Por su parte, Felipe, quien tiene 10 años, pero sólo tres meses de estar en el Conecalli, refiere que aunque le gusta mucho jugar futbol, lo que más le gusta de la casa es que los niños tienen seguridad y que "nos quieren mucho, siempre nos dan lo que nos hace falta, pero tenemos que poner de nuestro esfuerzo".
El por ejemplo, dice, cada día trata de portarse bien y mejorar, por lo que a veces hay recompensas, como la del pasado 10 de diciembre, cuando el gobernador Fidel Herrera llegó al Conecalli para hacer una preposada donde dieron taquitos al pastor, dice sonriendo y pasándose una mano por panza: "además rompimos piñatas, el gobernador convivió con nosotros, yo le canté una canción y nos dieron hasta dulces".
Emma Kuri refiere que desde el 10 diciembre prácticamente ha empezado la Navidad en el Conecalli, pues luego de la preposada los niños han tenido visitas de diversos planteles educativos y grupos organizados que les han traído dulces, piñatas y algunos regalos.
Incluso, comenta, para el 24 de diciembre se está preparando una gran cena: "todos van a estar muy regalados, todos tendrán chamarra nueva, pijama nueva, ropita", juguetes y dulces.
De hecho, dice, para el 6 de enero los niños ya hicieron la carta que le darán a los Reyes Magos, pues la asociación civil del Conecalli buscó padrinos para que les den los regalos que pidieron como muñecos, aviones, bebés para arrullar y hasta perfumes.
No obstante, comenta, más allá de las fiestas y regalos de esta temporada, y de que en ocasiones a los niños se les lleva al cine, a algunas albercas o se hacen viajes al puerto de Veracruz, la verdad es que a los menores no se les puede tener fuera de su realidad: "se les tiene que ayudar a enfrentar su realidad, ellos nunca van a olvidar lo que les pasó, pero sí van a poder vivir con lo que les pasó".
Para eso se trabaja en el Conecalli, un albergue que está dentro de una reserva ecológica de 13 hectáreas, donde hay áreas verdes, juegos infantiles, canchas deportivas, una ludoteca, espacios de dormitorios, comedor, salón de usos múltiples, oficinas administrativas y hasta una pequeña granja donde se tienen cerca de 86 gallinas que producen 60 huevos diarios para el consumo interno de la ciudad asistencial.
Aquí los niños aprenden a alimentar a las gallinas, a ayudar a limpiar los corrales y recoger los huevos cada mañana, mientras juegan, aprenden a perdonar, recuerdan cómo es ser niño otra vez, por primera vez. www.oem.com.mx/
Ciudad Asitencial Conecalli
Peace





