El 20 por ciento de las consultas atendidas por la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil de la capital en 2007 fueron por esta patología· En muchos casos, parte de una separación
RAQUEL SANTAMARTA CIUDAD 07 ENE 2008 REAL
La depresión no es una enfermedad exclusiva del mundo de los adultos. Los niños la padecen con la misma angustia que las personas mayores y, de hecho, los cuadros afectivos suponen en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Ciudad Real un 20 por ciento de las consultas. Este porcentaje pone de manifiesto que más de 1.400 menores con sintomatología depresiva fueron atendidos en 2007.
Existen causas genéticas y familiares en su origen, pero también influye la adaptación al entorno por parte del pequeño. En este sentido, la psiquiatra Belén Poza explica que «a veces les ocurre algo desagradable por cuestiones escolares, ya sean malos resultados académicos o mala relación con sus compañeros, y no saben encararlo».
Las rupturas de pareja, crisis matrimoniales y divorcios se presentan a menudo como el punto de partida de los episodios depresivos en la infancia. Como víctimas colaterales, Poza pone de manifiesto que «los niños más pequeños piensan que ellos tienen la culpa de la separación de sus progenitores, mientras que los adolescentes creen que está en sus manos el que sus padres vuelvan a estar juntos y al no conseguirlo se frustran y se sienten mal».
Somatización
Belén Poza, psiquiatra de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, advierte que la tristeza no es el síntoma principal para detectar la depresión en la infancia. De este modo, mientras los niños más pequeños lloran más a menudo y tienden a somatizar la enfermedad, presentando dolores de cabeza o de vientre, los cuadros afectivos en adolescentes se esconden bajo trastornos de la conducta. «Se puede notar en el rendimiento escolar, el ritmo de sueño, la alimentación o en un acercamiento a las drogas o el alcohol», según afirma Poza.
A este respecto, los 13 y 14 años se presentan como las edades más problemáticas. Es por ello que es muy importante la implicación familiar y trabajar la autoestima, así como las habilidades sociales. Y es que mientras en los niños pequeños la psicoterapia se centra en el juego, en los mayores las técnicas utilizadas son básicamente de apoyo. No obstante, en los cuadros afectivos más severos se hace necesario el tratamiento farmacológico que alcanza a un 30 por ciento de los casos.
Generalmente los menores acuden a las consultas de la Unidad de Salud Mental derivados por el pediatra o bien desde el colegio ya que éste, a juicio de Poza, «es el centro básico de su desarrollo». Además, es en el ámbito escolar donde el profesor puede detectar la desmotivación, aislamiento o agresividad del pequeño.
La segunda patología con más incidencia en los menores ciudadrealeños es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que, al igual que la depresión infantil, tiende a confundirse en muchas ocasiones con las rabietas propias de la edad.
Regresión. Los síntomas deben prolongarse, ya que hay que dar tiempo a los niños y adolescentes para que superen sus altibajos emocionales. Sin embargo, una clara señal de alarma la representan las conductas regresivas, como volverse a orinar en la cama cuando ya habían superado esa fase. «Vuelven a hacerse bebés y a reclamar la atención de sus padres, como si no fueran autónomos por sí solos», concluye Belén Poza. www.diariolatribuna.com [sin hemeroteca]
RAQUEL SANTAMARTA CIUDAD 07 ENE 2008 REAL
La depresión no es una enfermedad exclusiva del mundo de los adultos. Los niños la padecen con la misma angustia que las personas mayores y, de hecho, los cuadros afectivos suponen en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Ciudad Real un 20 por ciento de las consultas. Este porcentaje pone de manifiesto que más de 1.400 menores con sintomatología depresiva fueron atendidos en 2007.
Existen causas genéticas y familiares en su origen, pero también influye la adaptación al entorno por parte del pequeño. En este sentido, la psiquiatra Belén Poza explica que «a veces les ocurre algo desagradable por cuestiones escolares, ya sean malos resultados académicos o mala relación con sus compañeros, y no saben encararlo».
Las rupturas de pareja, crisis matrimoniales y divorcios se presentan a menudo como el punto de partida de los episodios depresivos en la infancia. Como víctimas colaterales, Poza pone de manifiesto que «los niños más pequeños piensan que ellos tienen la culpa de la separación de sus progenitores, mientras que los adolescentes creen que está en sus manos el que sus padres vuelvan a estar juntos y al no conseguirlo se frustran y se sienten mal».
Somatización
Belén Poza, psiquiatra de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, advierte que la tristeza no es el síntoma principal para detectar la depresión en la infancia. De este modo, mientras los niños más pequeños lloran más a menudo y tienden a somatizar la enfermedad, presentando dolores de cabeza o de vientre, los cuadros afectivos en adolescentes se esconden bajo trastornos de la conducta. «Se puede notar en el rendimiento escolar, el ritmo de sueño, la alimentación o en un acercamiento a las drogas o el alcohol», según afirma Poza.
A este respecto, los 13 y 14 años se presentan como las edades más problemáticas. Es por ello que es muy importante la implicación familiar y trabajar la autoestima, así como las habilidades sociales. Y es que mientras en los niños pequeños la psicoterapia se centra en el juego, en los mayores las técnicas utilizadas son básicamente de apoyo. No obstante, en los cuadros afectivos más severos se hace necesario el tratamiento farmacológico que alcanza a un 30 por ciento de los casos.
Generalmente los menores acuden a las consultas de la Unidad de Salud Mental derivados por el pediatra o bien desde el colegio ya que éste, a juicio de Poza, «es el centro básico de su desarrollo». Además, es en el ámbito escolar donde el profesor puede detectar la desmotivación, aislamiento o agresividad del pequeño.
La segunda patología con más incidencia en los menores ciudadrealeños es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que, al igual que la depresión infantil, tiende a confundirse en muchas ocasiones con las rabietas propias de la edad.
Regresión. Los síntomas deben prolongarse, ya que hay que dar tiempo a los niños y adolescentes para que superen sus altibajos emocionales. Sin embargo, una clara señal de alarma la representan las conductas regresivas, como volverse a orinar en la cama cuando ya habían superado esa fase. «Vuelven a hacerse bebés y a reclamar la atención de sus padres, como si no fueran autónomos por sí solos», concluye Belén Poza. www.diariolatribuna.com [sin hemeroteca]

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