Cerca de 500 mujeres sumergidas en este infierno
Existen organizaciones dedicadas a denunciarlo con campañas, seminarios y movilizaciones callejeras
· El caso de una niña desaparecida, hallada cinco años después
Buenos Aires, 13 ene. COLPISA, Marcela Valente
Para la familia es como si la tierra se las hubiera tragado. Niñas, adolescentes y jóvenes, desaparecen en Argentina de un momento a otro sin dejar rastro. Todos los indicios apuntan hacia poderosas redes de tráfico de mujeres destinadas a la explotación sexual que actúan con complicidad política, policial y judicial.
«Los clientes de la prostitución en Argentina deberían saber que la posibilidad de que las jóvenes con las que están sean víctimas de explotación es de casi de 100%», afirma el director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para el Cono Sur, el italiano Eugenio Ambrossi.
La entidad, que lanzó una campaña de avisos para generar conciencia del flagelo, encargó una investigación según el cuál la connivencia policial y política, y la escasez de acciones para investigar y perseguir este delito, permitió que el tráfico de mujeres se expanda a todo el país, y también a Brasil y Uruguay.
En algunos casos son captadas bajo promesas de trabajos bien pagados, en destinos alejados del país para los cuáles solo se requiere buena presencia y ningún estudio. Una vez trasladadas pierden todo contacto con la familia. Pero otras veces los tratantes buscan un determinado perfil para satisfacer a sus clientes y ahí es cuando se producen los secuestros.
«No hay palabras para explicar lo que se siente. Cada día que pasa, cada noche, el dolor se acrecienta. No puedo imaginarme cómo puede estar mi niña, tan apegada a mí», dice María Inés Cabrol, madre de Fernanda Aguirre, que desapareció en 2004 cuando tenía 13 años, en la provincia de Entre Ríos. La niña iba del puesto de flores de sus padres hacia su casa y nunca más se supo de ella.
El calvario de Cabrol comenzó con una petición de rescate. La Policía detuvo al presunto secuestrador, que días después apareció ahorcado en la comisaría. Desde entonces, esta mujer fue en vano detrás de cada rastro de la pequeña, que hoy tendría 16 años. Investigadores privados aportan datos de burdeles y otros sitios donde pudo haber estado, pero la justicia y la Policía siempre llegan tarde.
Infierno
Si bien por la naturaleza de este delito no existen datos precisos, en la actualidad se estima que hay cerca de 500 mujeres sumergidas en el infierno en que vive Fernanda Aguirre. Los únicos que les ven el rostro son los tratantes o los usuarios de la prostitución. Las que lograron escapar de esta pesadilla cuentan que los explotadores les retienen los documentos, las obligan a consumir drogas, las golpean, las amenazan y las someten a tratos aberrantes hasta volverlas dóciles, esclavas.
El fenómeno, que comenzó con algunos casos aislados, se volvió tan generalizado que ya existen organizaciones dedicadas a denunciarlo con campañas, seminarios y movilizaciones callejeras. Y como ocurrió con las de Plaza de Mayo, que reclamaban por sus hijos secuestrados durante la dictadura, ya hay madres destacadas por su coraje para desarticular estas redes en la búsqueda de sus propias hijas.
Una de ellas es Susana Trimarco, que desde 2002 busca a su hija Marita Verón. La joven de 24 años fue capturada por una banda en su provincia, Tucumán, y según supo su madre fue vendida por unos 700 euros. Trimarco removió cielo y tierra para dar con la joven, que dejó una hijita de tres años.
Además de abuela-madre, Trimarco lleva adelante una tarea artesanal de detective y sin ningún apoyo gubernamental, logró rescatar a 96 mujeres sometidas a explotación sexual, procesar a 24 integrantes de una banda, y remover a un juez acusado de complicidad. En su relato, la labor parece sencilla. «Hacemos inteligencia con los familiares de las chicas desaparecidas, intercambiamos datos, teléfonos, lugares donde se ejerce la prostitución, y una vez que tenemos pistas ciertas vamos al fiscal», cuenta. «Pero todavía no encuentro a mi amada hija», se lamenta.
Varias mujeres que fueron rescatadas dicen haber visto a Marita en diversas provincias, pero se cree que podría estar ahora en España. Por su labor, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condolezza Rice, condecoró a Trimarco como una de las 'Madres de Coraje'. Desde hace varios años en su informe anual, el Departamento de Estado de ese país coloca a Argentina «en observación» por la falta de control de este flagelo, y pide a las autoridades «mayor esfuerzo» para combatir esta forma oculta de esclavitud moderna.
Pero es que para los tratantes, Argentina resulta un paraíso, según alerta la OIM. Como en la mayoría de los países latinoamericanos, aquí no existe una ley federal que persiga estos delitos en forma centralizada. Las mujeres son vendidas como ganado, trasladadas de una provincia a otra y hasta 'exportadas' a otros países.
Y hay todavía algo peor. La indiferencia. La directora argentina de la Coalición Internacional contra la Trata de Mujeres, Niñas y Niños, Sara Torres, explica que desde hace más de 10 años denuncian estos crímenes, que no obstante se mantienen invisibles. «La sociedad no quiere verlo porque cree que la prostitución es un mal necesario, y prefiere culpabilizar a quienes son en verdad las víctimas».
El caso de una niña desaparecida, hallada cinco años después
En un contexto en el que parece natural que una menor desaparezca, tampoco causa conmoción que una de ellas sea encontrada cinco años después viviendo con un señor 30 años mayor. Menos aún sorprende que el raptor declare ante la justicia y sea puesto en libertad. El viernes 21 se informó del hallazgo de una niña desaparecida en 2002 cuando tenía apenas 12 años. La adolescente, que hoy tiene 17, vivía con un hombre de 43 con el que tuvo dos hijos.
La niña había desaparecido de su casa en la provincia de Mendoza en 2002. Sus padres la vieron por última vez cuando iba rumbo a la escuela en bicicleta. Hicieron la denuncia ante la Policía, la justicia y dieron parte a organismos no gubernamentales dedicados a la búsqueda de menores que difundieron su fotografía en cartones de leche. Un llamada reciente de la joven a su familia para pedir que dejen de buscarla permitió seguir la pista hasta localizarla.
La adolescente vivía con Daniel Suárez, un amigo de la familia que le lleva tres décadas y con el que tuvo dos hijos. Estaban radicados en Moreno, provincia de Buenos Aires, y según la joven ella «está enamorada». Los vecinos consideran que se trataba de «una familia normal». «Eso no parecía un secuestro», afirman con naturalidad. La joven y sus hijos quedaron bajo la justicia de menores, que deberá determinar cómo sigue la historia aunque ya hay algunos indicios.
Suárez, trasladado a Mendoza para declarar, fue procesado por «inducción a la fuga» y «estupro». Este último delito es el que se achaca a los adultos que abusan sexualmente de niños de entre 12 y 15 años, valiéndose para ello de la confianza que los menores depositan en ellos. Sin embargo, el secuestrador estuvo apenas cuatro días detenido en Mendoza y salió en libertad. La justicia, que llegó cinco años tarde, habría considerado que la existencia de una familia constituida por Suárez y la menor, sería un atenuante para un crimen que ya parece no tener remedio. www.colpisa.com
Existen organizaciones dedicadas a denunciarlo con campañas, seminarios y movilizaciones callejeras
· El caso de una niña desaparecida, hallada cinco años después
Buenos Aires, 13 ene. COLPISA, Marcela Valente
Para la familia es como si la tierra se las hubiera tragado. Niñas, adolescentes y jóvenes, desaparecen en Argentina de un momento a otro sin dejar rastro. Todos los indicios apuntan hacia poderosas redes de tráfico de mujeres destinadas a la explotación sexual que actúan con complicidad política, policial y judicial.
«Los clientes de la prostitución en Argentina deberían saber que la posibilidad de que las jóvenes con las que están sean víctimas de explotación es de casi de 100%», afirma el director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para el Cono Sur, el italiano Eugenio Ambrossi.
La entidad, que lanzó una campaña de avisos para generar conciencia del flagelo, encargó una investigación según el cuál la connivencia policial y política, y la escasez de acciones para investigar y perseguir este delito, permitió que el tráfico de mujeres se expanda a todo el país, y también a Brasil y Uruguay.
En algunos casos son captadas bajo promesas de trabajos bien pagados, en destinos alejados del país para los cuáles solo se requiere buena presencia y ningún estudio. Una vez trasladadas pierden todo contacto con la familia. Pero otras veces los tratantes buscan un determinado perfil para satisfacer a sus clientes y ahí es cuando se producen los secuestros.
«No hay palabras para explicar lo que se siente. Cada día que pasa, cada noche, el dolor se acrecienta. No puedo imaginarme cómo puede estar mi niña, tan apegada a mí», dice María Inés Cabrol, madre de Fernanda Aguirre, que desapareció en 2004 cuando tenía 13 años, en la provincia de Entre Ríos. La niña iba del puesto de flores de sus padres hacia su casa y nunca más se supo de ella.
El calvario de Cabrol comenzó con una petición de rescate. La Policía detuvo al presunto secuestrador, que días después apareció ahorcado en la comisaría. Desde entonces, esta mujer fue en vano detrás de cada rastro de la pequeña, que hoy tendría 16 años. Investigadores privados aportan datos de burdeles y otros sitios donde pudo haber estado, pero la justicia y la Policía siempre llegan tarde.
Infierno
Si bien por la naturaleza de este delito no existen datos precisos, en la actualidad se estima que hay cerca de 500 mujeres sumergidas en el infierno en que vive Fernanda Aguirre. Los únicos que les ven el rostro son los tratantes o los usuarios de la prostitución. Las que lograron escapar de esta pesadilla cuentan que los explotadores les retienen los documentos, las obligan a consumir drogas, las golpean, las amenazan y las someten a tratos aberrantes hasta volverlas dóciles, esclavas.
El fenómeno, que comenzó con algunos casos aislados, se volvió tan generalizado que ya existen organizaciones dedicadas a denunciarlo con campañas, seminarios y movilizaciones callejeras. Y como ocurrió con las de Plaza de Mayo, que reclamaban por sus hijos secuestrados durante la dictadura, ya hay madres destacadas por su coraje para desarticular estas redes en la búsqueda de sus propias hijas.
Una de ellas es Susana Trimarco, que desde 2002 busca a su hija Marita Verón. La joven de 24 años fue capturada por una banda en su provincia, Tucumán, y según supo su madre fue vendida por unos 700 euros. Trimarco removió cielo y tierra para dar con la joven, que dejó una hijita de tres años.
Además de abuela-madre, Trimarco lleva adelante una tarea artesanal de detective y sin ningún apoyo gubernamental, logró rescatar a 96 mujeres sometidas a explotación sexual, procesar a 24 integrantes de una banda, y remover a un juez acusado de complicidad. En su relato, la labor parece sencilla. «Hacemos inteligencia con los familiares de las chicas desaparecidas, intercambiamos datos, teléfonos, lugares donde se ejerce la prostitución, y una vez que tenemos pistas ciertas vamos al fiscal», cuenta. «Pero todavía no encuentro a mi amada hija», se lamenta.
Varias mujeres que fueron rescatadas dicen haber visto a Marita en diversas provincias, pero se cree que podría estar ahora en España. Por su labor, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condolezza Rice, condecoró a Trimarco como una de las 'Madres de Coraje'. Desde hace varios años en su informe anual, el Departamento de Estado de ese país coloca a Argentina «en observación» por la falta de control de este flagelo, y pide a las autoridades «mayor esfuerzo» para combatir esta forma oculta de esclavitud moderna.
Pero es que para los tratantes, Argentina resulta un paraíso, según alerta la OIM. Como en la mayoría de los países latinoamericanos, aquí no existe una ley federal que persiga estos delitos en forma centralizada. Las mujeres son vendidas como ganado, trasladadas de una provincia a otra y hasta 'exportadas' a otros países.
Y hay todavía algo peor. La indiferencia. La directora argentina de la Coalición Internacional contra la Trata de Mujeres, Niñas y Niños, Sara Torres, explica que desde hace más de 10 años denuncian estos crímenes, que no obstante se mantienen invisibles. «La sociedad no quiere verlo porque cree que la prostitución es un mal necesario, y prefiere culpabilizar a quienes son en verdad las víctimas».
El caso de una niña desaparecida, hallada cinco años después
En un contexto en el que parece natural que una menor desaparezca, tampoco causa conmoción que una de ellas sea encontrada cinco años después viviendo con un señor 30 años mayor. Menos aún sorprende que el raptor declare ante la justicia y sea puesto en libertad. El viernes 21 se informó del hallazgo de una niña desaparecida en 2002 cuando tenía apenas 12 años. La adolescente, que hoy tiene 17, vivía con un hombre de 43 con el que tuvo dos hijos.
La niña había desaparecido de su casa en la provincia de Mendoza en 2002. Sus padres la vieron por última vez cuando iba rumbo a la escuela en bicicleta. Hicieron la denuncia ante la Policía, la justicia y dieron parte a organismos no gubernamentales dedicados a la búsqueda de menores que difundieron su fotografía en cartones de leche. Un llamada reciente de la joven a su familia para pedir que dejen de buscarla permitió seguir la pista hasta localizarla.
La adolescente vivía con Daniel Suárez, un amigo de la familia que le lleva tres décadas y con el que tuvo dos hijos. Estaban radicados en Moreno, provincia de Buenos Aires, y según la joven ella «está enamorada». Los vecinos consideran que se trataba de «una familia normal». «Eso no parecía un secuestro», afirman con naturalidad. La joven y sus hijos quedaron bajo la justicia de menores, que deberá determinar cómo sigue la historia aunque ya hay algunos indicios.
Suárez, trasladado a Mendoza para declarar, fue procesado por «inducción a la fuga» y «estupro». Este último delito es el que se achaca a los adultos que abusan sexualmente de niños de entre 12 y 15 años, valiéndose para ello de la confianza que los menores depositan en ellos. Sin embargo, el secuestrador estuvo apenas cuatro días detenido en Mendoza y salió en libertad. La justicia, que llegó cinco años tarde, habría considerado que la existencia de una familia constituida por Suárez y la menor, sería un atenuante para un crimen que ya parece no tener remedio. www.colpisa.com

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