TRiBUNA· Juan Villar · Director de la Escuela Secundaria Gregorio Luperón en Washington Heights
Mientras el 60% de estudiantes son negros y latinos la política curricular niega parte fundamental de sus raíces e historia
El Diario/LA PRENSA 02/01/2008 New York
La violencia es una aberración social. Su raíz se encuentra en las practicas, estructuras y culturas que sostienen sistemas con profundas desigualdades de genero, económico, político, cultural y educativo.
La violencia escolar tiene muchas aristas. Tiene nexos directos con el estado de desesperanza que viven nuestros jóvenes en sus barrios; en la falta de servicios y ausencia de ofertas de trabajos dignos; en la resquebrajada estructura familiar; en las falsas caracterizaciones que alientan el discrimen racial, cultural, económico y por asociación en la imagen distorsionada que proyectan los medios de comunicación sobre el hombre negro y latino. Pero, además y sobre todo en la ausencia de un sistema educativo que valide, integre y de valor a sus raíces históricas y necesidad de desarrollo humano integral.
La presencia de las pandillas y la facilidad con que los jóvenes se integran a ellas no puede verse al margen de lo que ocurre en el salón de clase. Mi experiencia en el aula me indica que cuando el joven es integrado creadoramente en el proceso de su formación intelectual se transforma en un agente de cambio. El maestro tiene que invertirse mas allá de lo estipulado en el contrato de trabajo y no olvidar que es y será siempre el eje constructor a partir del cual se preparan los filtros sociales que limpian, equilibran y robustecen una sociedad progresista.
El proceso de reformas a que ha sido sometido el Departamento de Educación debe avanzar y profundizarse trayendo un ángulo fresco y renovador a la política curricular. A lo que se enseña y como. No podemos sostener un sistema educativo con una matricula de mas de 60% de sus estudiantes siendo negros y latinos con un política curricular que niega parte fundamental de sus raíces e historia, mientras forja una mentalidad alienante. Nuestras escuelas tienen que rescatar una visión más nacional y menos euro céntrica, y incorporar de forma equilibrada las historias y peripecias del mosaico que representa la nación americana.
Examinar la conducta de los jóvenes negros y latinos sin tocar el fondo nos llevaría a la triste y repetida historia de solicitar que nos envíen más guardias de seguridad, policías y unidades anti-pandillas a las escuelas. La modificación e innovación del currículo y sus ejes metodológicos quedarían truncos si no nos proponemos reformar la preparación de los educadores para que estos promuevan el desarrollo intelectual crítico de sus estudiantes. Necesitamos, además un esfuerzo sostenido del mundo corporativo y financiero para que inviertan en nuestras escuelas y comunidades.
Los directores y directoras de escuelas deben dar un paso al frente estableciendo nexos con la familia y el joven que vayan más allá de la simple conversación sobre los créditos académicos. Es tiempo para que dentro de nuestros planteles ofrezcamos orientación gratuita sobre vivienda, salud, servicios públicos, trabajos y estrategias para que una familia pueda crecer y compartir saludablemente.
Estoy seguro que con el esfuerzo sostenido y concertado de todos podemos romper este círculo desgarrador y encaminar nuestros estudiantes hacia la consecución de sus metas.
www.eldiariony.com
Mientras el 60% de estudiantes son negros y latinos la política curricular niega parte fundamental de sus raíces e historia
El Diario/LA PRENSA 02/01/2008 New York
La violencia es una aberración social. Su raíz se encuentra en las practicas, estructuras y culturas que sostienen sistemas con profundas desigualdades de genero, económico, político, cultural y educativo.
La violencia escolar tiene muchas aristas. Tiene nexos directos con el estado de desesperanza que viven nuestros jóvenes en sus barrios; en la falta de servicios y ausencia de ofertas de trabajos dignos; en la resquebrajada estructura familiar; en las falsas caracterizaciones que alientan el discrimen racial, cultural, económico y por asociación en la imagen distorsionada que proyectan los medios de comunicación sobre el hombre negro y latino. Pero, además y sobre todo en la ausencia de un sistema educativo que valide, integre y de valor a sus raíces históricas y necesidad de desarrollo humano integral.
La presencia de las pandillas y la facilidad con que los jóvenes se integran a ellas no puede verse al margen de lo que ocurre en el salón de clase. Mi experiencia en el aula me indica que cuando el joven es integrado creadoramente en el proceso de su formación intelectual se transforma en un agente de cambio. El maestro tiene que invertirse mas allá de lo estipulado en el contrato de trabajo y no olvidar que es y será siempre el eje constructor a partir del cual se preparan los filtros sociales que limpian, equilibran y robustecen una sociedad progresista.
El proceso de reformas a que ha sido sometido el Departamento de Educación debe avanzar y profundizarse trayendo un ángulo fresco y renovador a la política curricular. A lo que se enseña y como. No podemos sostener un sistema educativo con una matricula de mas de 60% de sus estudiantes siendo negros y latinos con un política curricular que niega parte fundamental de sus raíces e historia, mientras forja una mentalidad alienante. Nuestras escuelas tienen que rescatar una visión más nacional y menos euro céntrica, y incorporar de forma equilibrada las historias y peripecias del mosaico que representa la nación americana.
Examinar la conducta de los jóvenes negros y latinos sin tocar el fondo nos llevaría a la triste y repetida historia de solicitar que nos envíen más guardias de seguridad, policías y unidades anti-pandillas a las escuelas. La modificación e innovación del currículo y sus ejes metodológicos quedarían truncos si no nos proponemos reformar la preparación de los educadores para que estos promuevan el desarrollo intelectual crítico de sus estudiantes. Necesitamos, además un esfuerzo sostenido del mundo corporativo y financiero para que inviertan en nuestras escuelas y comunidades.
Los directores y directoras de escuelas deben dar un paso al frente estableciendo nexos con la familia y el joven que vayan más allá de la simple conversación sobre los créditos académicos. Es tiempo para que dentro de nuestros planteles ofrezcamos orientación gratuita sobre vivienda, salud, servicios públicos, trabajos y estrategias para que una familia pueda crecer y compartir saludablemente.
Estoy seguro que con el esfuerzo sostenido y concertado de todos podemos romper este círculo desgarrador y encaminar nuestros estudiantes hacia la consecución de sus metas.
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