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jueves, 14 de febrero de 2008
JORNADA 'Las niñas soldado: una realidad olvidada en los conflictos armados'
«He perdido mi infancia»
·
China Keitetsi habló este martes en Madrid de su traumática experiencia, de la situación de estas niñas y sobre los programas de desarme, desmovilización y reintegración
· “Ahora soy afortunada; puedo llorar, puedo sentir”
Portada del libro de China Kestetsi
Mi vida de niña soldado /Ed.Maeva

JOSÉ GRAU 13 FEB 2008 MADRID.

«Cuando tenía 15 años no pude ya hacer recuento de los hombres que me habían violado, y eso es la cosa más difícil con la que convivir». La frase es de China Keitetsi, una ugandesa con una trayectoria tan dura que clama por sí sola para que nos impliquemos en la lucha por un mundo mejor. En conversación con ABC, añade: «He perdido a mis padres, a mis hermanos, mi infancia, mi dignidad como mujer. Todos los días tengo que volver a aprender a quererme». «A veces -continúa en su relato- siento como si tuviera seis años, y otras como si hubiera cumplido cien, debido a todo lo que he visto».

La señora Keitetsi fue, hasta los 19 años, cuando huyó de Uganda a Suráfrica, una niña soldado. Escapó justo porque se negó al enésimo abuso sexual de un oficial, que en represalia la acusó de vender armas al enemigo.

Se calcula que hay unos 300.000 niños soldado en todo el mundo, en países como Sierra Leona, la República Democrática del Congo, Liberia y la misma Uganda. Se habla frecuentemente sólo de «niños» soldado, pero hay bastantes niñas, como lo fue China Keitetsi. Según estimaciones, 120.000. Son las más olvidadas en muchos procesos de desarme, desmovilización y reintegración. Keitetsi pronunció una conferencia ayer en la sede de la obra social de La Caixa, en Madrid. Hoy en día reside en Dinamarca, donde fue acogida después de la que la ONU la rescatara en Suráfrica.

Conversando con Keitetsi es fácil preguntarse cómo ha sido capaz de superar tanto trauma, el del aborto obligado incluido. La fe en Dios es parte de la respuesta. «Soy católica. Y nunca le he echado la culpa a Dios de lo que me ha ocurrido. Es reponsabilidad de los hombres», contesta con plena convicción. Pero también le ha dado alas y vida la alegría de haberse reencontrado, hace dos años, con los dos hijos que había dejado en Uganda. Ahora, China Keitetsi, desde Dinamarca, trabaja para que los niños africanos no sufran tanto como a ella le tocó en suerte.

Con la ayuda de la Iglesia católica alemana, Keitetsi ha contribuido a que se construya, en Ruanda, un centro para la reintegración de antiguos niños soldado. De esa obra está singularmente orgullosa. La colaboración que tiene con los alemanes es tan intensa que Keitetsi es capaz de hablar algunas frases en alemán.

En algún país, el título de su autobiografía es: «Ellos me quitaron a mi madre y me dieron un arma». Le pregunto: «¿Quiénes son «ellos»?». Responde que los guerrilleros del actual presidente de la nación, Yoweri Museveni. ABC

ENTREVISTA · CHINA KEITETSI , ex niña soldado
  • Niña, soldado y esclava a los ocho años

    NATALIA JUNQUERA 13/02/2008 MADRID (EL PAIS)
    “Se oyeron las primeras ráfagas de Ak 47, lo que significaba que era hora de matar a todo bicho viviente en el campamento. Hombres y mujeres salían corriendo y caían en desordenado montón, desnudos todavía y agitando las ropas en sus manos. A nuestros oídos, ensordecidos por el tableteo de las armas, los balidos de las cabras, los cacareos de las gallinas y los gritos de los humanos, apenas como un lejano rumor. Cuando entramos en el campamento, yacían bajo el sol de la mañana en confusa mezcolanza las bestias, los hombres y las mujeres que habían venido a visitarlos. Todos muertos”.

    China Keitetsi escribió estas líneas diez años después de huir del Ejército Nacional de Resistencia (NRA) de Museveni, en Uganda, que la había reclutado con tan solo ocho años. Escribió Mi vida como una niña soldado (Ed. Maeva) a modo de terapia, mientras trabajaba durante horas, día a día con un psicólogo en Dinamarca (país que la acogió como refugiada) para aprender lo más básico: “A querer. A sentir algo por los demás. A ser mujer, a dejarme el pelo largo, a ponerme pendientes, a cuidarme las uñas… y sobre todo, a aprender a amar a mis dos hijos”, relató Keitetsi a EL PAÍS. Tuvo al mayor, que hoy tiene 16 años, con 14. La pequeña, de 11, nació en mitad de su huida, a los 18 años. “Me hacían preguntas que era incapaz de contestar. Me preguntaban si quería a su padre. Sólo podía mentirles”, recuerda. “Para una niña era todavía más difícil. Entre tanto hombre, tu también eras un objetivo. A los 15 años era incapaz de recordar cuántos hombres habían abusado de mí”.

    Apenas se relacionaba con los otros niños. “Éramos como piedras. Nunca hablábamos de las típicas tonterías de niños. Nos juntábamos los domingos por la mañana para limpiar nuestras armas y no nos decíamos nada. Teníamos mucho miedo pero teníamos que dar miedo. Ni siquiera hablaba con las niñas. Cuando nos quedábamos embarazadas nos sentíamos avergonzadas por lo que nos habían hecho”, recuerda. “Al principio no sabía lo que me estaba pasando, porque nunca nadie te había hablado de eso”.

    Vio matar y morir. Asegura que ha hecho cosas terribles de las que se avergüenza “enormemente”, pero no quiere hablar de ello. Desde que recuperó su libertad, intenta conocerse. Recorre el mundo contando parte de su historia, pidiendo a los Gobiernos que trabajen para que no haya más casos como el suyo. Ayer, paró en Madrid, donde asistió a unas jornadas del Programa de Cooperación Internacional de la Obra Social de La Caixa con motivo del Día Internacional para acabar con la utilización de los niños y las niñas soldado. “Hablar de esto ha sido mi mejor medicina. En el tiempo que fui soldado, me preguntaba ¿cuándo voy a morir? ¿va a ser el resto de mi vida así? Pero al hablar de ello me he dado cuenta de que era sólo una parte de mi vida y una parte que podía cambiar”, explica. Ha fundado un centro en Ruanda para acoger a ex niños y niñas soldado. “Ahora ellos lo son todo para mí. Por fin me importan los demás. Les quiero”, dice mientras se retoca una vez más los labios. “¡Me encanta hacer esto!”.

    En el mundo hay cerca de 500.000 niños combatiendo en casi todos los principales conflictos del mundo, según la Coalición para acabar con la Utilización de los Niños Soldado, de la que forman parte Alboan, Amnistía Internacional, Entreculturas, Fundación El Compromiso, Save the Children y El Servicio Jesuita a Refugiados). En los últimos dos años, el comienzo de procesos de paz en países como Angola, Afganistán o Sierra Leona ha permitido la desmovilización de 40.000 pequeños, aunque mientras tanto, fueron reclutados otros 25.000 en Costa de Marfil y Sudán. elpais

  • China Keitetsi, ex niña soldado: “Ahora soy afortunada; puedo llorar, puedo sentir”
    Entre los 8 y los 18 años, China sirvió como niña soldado en el ejército rebelde de Uganda. Ahora, con 28 años, ha decidido contar su experiencia para contribuir a la lucha contra la utilización de niños soldado en las guerras.

    Paloma Ortega 10/02/2005 MADRID (CanalSolidario)
    China Keitetsi tenía 9 años cuando se unió al Ejército Nacional de Resistencia (NRA) de Museveni, en Uganda. En su huída de los malos tratos que sufría en su casa, se topó con los miembros de este grupo rebelde que avanzaba ya con varios niños entre sus filas. En ese momento comenzó la vida adulta de esta niña hoy convertida en una mujer de 28 años con dos hijos que acaba de publicar el libro “Mi vida como niña soldado” (Ed.Maeva) donde relata su vida y su experiencia.

    A pesar de los años transcurridos, todavía le cuesta explicar con palabras esos diez años de su vida, revivir el miedo constante, la brutalidad de sus acciones, la pérdida de su infancia y adolescencia. Sólo era una cría pero a los pocos días de unirse al NRA, China ya tenía un fusil entre sus manos. “Nos decían que esa arma sería, desde entonces, nuestra mamá y los mandos militares eran como dioses; sus vidas importaban más que nuestras propias vidas”.

    Por su ciega obediencia y su lealtad a los jefes, los niños soldado son utilizados de parapetos de un ataque, como guardaespaldas o para acciones arriesgadas. Las niñas, además, deben estar a disposición de las demandas sexuales de los oficiales porque “como mujer, sirves a los mandos. Todo el orgullo que puedas tener se te va. Te sientes sucia. Y luego, al volver a la aldea, ya eres distinta a las demás. No te preocupa tu aspecto, nadie quiere casarse contigo porque te tienen miedo y porque no quieren asumir la carga de los hijos que has tenido”, dice China que recuerda el miedo de dar a luz a su hijo con 14 años en el ejército o la experiencia, imborrable ya, del aborto que le practicaron cuando era guardaespaldas de un mando. “Cada vez que veo un cuchillo, siento de nuevo aquella sensación de su filo cortándome las entrañas”.

    En busca de una oportunidad

    En 1995 China consiguió escapar del ejército, dejó atrás a su hijo y su país, hasta llegar a Sudáfrica. En 1999, el Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados la envió a Dinamarca, país que la acogió como “una madre”. “Durante toda mi vida nunca pude hablar de mis sentimientos, de mis miedos, de nada. Al llegar a Dinamarca me sentía de nuevo como una niña, y allí cuidaron de mí, me ayudaron mucho”.

    Allí comenzó el proceso de rehabilitación que le ayudó a darse cuenta de que lo normal no es ser madre a los 14 años, ni vivir tantas malas experiencias cuando todavía eres una niña, como ocurre en su país. “En el momento en que coges un arma, has perdido tu infancia. La gente no te ve como un niño, sólo ve el arma que tienes en las manos. Nuestros líderes crees que eso es normal, y nadie se queja, ni los padres ni las madres”, continúa China. “Yo ahora, tengo suerte. Puedo llorar, puedo sentir, pero hay miles de niños allí que no pueden hacerlo”.

    En la actualidad, China vive en Dinamarca, ha retomado el contacto con su hijo y tiene previsto viajar este verano a Sudáfrica para ver a su hija, después de 7 años. Ha decidido dedicar su vida a los niños, a luchar para que todos los niños puedan disfrutar su infancia y nunca combatir como adultos.

    China, un caso de los 500.000 actuales
    Según la Coalición contra la Utilización de Niños Soldado, en el mundo hay cerca de 500.000 niños y niñas soldados combatiendo en casi todos los principales conflictos armados del mundo. En la mayoría de los casos, son secuestrados o arrancados de sus familias, de sus propios colegios, o son captados cuando huyen de situaciones familiares difíciles y de la miseria. Una vez reclutados, reciben instrucción como adultos y pasan a estar disponibles para lo que haga falta: combatir en primera línea de fuego, acarrear agua, cocinar, actuar como señuelos, mensajeros o espías. En el caso de las niñas, además, son utilizadas sexualmente por sus mandos y sufren todo tipo de vejaciones y violaciones.

    En febrero de 2002 entró en vigor el Protocolo relativo a la participación de los niños en conflictos armados, ratificado por 86 países, que prohíbe el uso directo de todos los menores de 18 años en conflictos armados. A pesar de ello, la Coalición contra la Utilización de Niños Soldado denuncia que la menos 60 gobiernos entre los que se encuentran Austria, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, continúan reclutando legalmente niños y niñas de 16 y 17 años.

    En los últimos dos años, el comienzo de procesos de paz en países como Angola, Afganistán o Sierra Leona ha permitido la desmovilización de 40.000 niños soldado, aunque al mismo tiempo, fueron reclutados cerca de 25.000 niños en Costa de Marfil. www.canalsolidario.org

    FICHA
    Portada del libro de China KestetsiMi vida de niña soldado
    Autor: China Keitetsi
    Nº de pág.: 256
    EAN: 9 788496231368
    ISBN: 84-96231-36-4
    Año: 2005
    Formato: 16x24
    Editorial: Maeva

    Un extraordinario testimonio directo de los horrores vividos por una niña soldado ugandesa: la infancia arruinada, la juventud traumatizada por los padecimientos sufridos y las brutalidades en las que se vio obligada a participar. Su padre la rechazó por ser niña y la dejó en manos de una abuela y una madrastra que la maltrataron cruelmente. A los ocho años se escapó de casa y cayó en manos del indisciplinado y vengativo Ejército Nacional de Resistencia de Y. K. Museveni.

    www.maeva.es

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