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miércoles, 12 de marzo de 2008
Adolescentes con aspecto «gore» se encargan de llevar a cabo su vandálico ritual nocturno de  fin de semana
La nueva «movida» está cada vez más extendida en las ciudades que rodean la gran capital, y los agentes de las Bescam están ahí para intentar evitarlo.

JOSE M. CAMARERO. 09 MAR 2008  MADRID.
Sucesión de contenedores de basura ardiendo por varias calles. Un grupo de adolescentes con aspecto «gore» (siniestro) se encarga de llevar a cabo su ritual nocturno de todos los fines de semana prendiendo fuego al mobiliario urbano de San Sebastián de los Reyes. Son las cinco y media de la mañana y apenas quedan unos minutos para que los agentes de las Bescam finalicen su turno, después de una dura noche de trabajo. Pero ni siquiera a última hora, cuando ya parece que todo está en calma, se puede bajar la guardia.

Una dotación de Bomberos de la Comunidad se desplaza hasta el lugar del incendio para apagar el fuego, mientras tres patrullas de policías peinan la ciudad. Finalmente, no dan con los presuntos culpables, aunque están seguros de que lo conseguirán tarde o temprano.

No resuelven grandes asesinatos ni realizan llamativas incautaciones de droga, pero sí se encargan de controlar los delitos que molestan directamente al ciudadano, aquéllos por los que, muchas veces, más se protesta: robos, peleas, incendios, ruidos callejeros... La nueva «movida» está cada vez más extendida en las ciudades que rodean la gran capital, y los agentes de las Bescam están ahí para intentar evitarlo.

Desde que en 2004 se crearan la Brigadas Especiales de Seguridad de la Comunidad de Madrid (Bescam), más de 2.000 agentes se han incorporado a este cuerpo policial financiado por el Gobierno regional, que forma parte de la estructura de la Policía Local de los municipios. Más allá de las cifras oficiales, los ciudadanos se encuentran «plenamente satisfechos» con el simple hecho de ver patrullar un coche de policía. Así lo manifiestan a los propios agentes. «El hecho de que te vean patrullando, ya les da tranquilidad», explica Antonio Zapata, jefe de la Policía Local de San Sebastián de los Reyes.

Aunque sus competencias son limitadas, resuelven numerosos casos y se encargan de mejorar la seguridad en una región en la que los delitos han aumentado más de un 1 por ciento en el último año.

Su implantación fue muy criticada por la oposición, pero con el aumento de la delincuencia en Madrid, y a falta de los 3.000 agentes de Policía Nacional, y 1.000 de la Guardia Civil que exige la Comunidad al Ministerio del Interior, la Consejería de Presidencia sigue desarrollando un proyecto clave para garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Alcohol, el primer enemigo

ABC ha acompañado a una de estas patrullas a lo largo de la noche del viernes -una de las más conflictivas de toda la semana-, y ha comprobado cómo actúan en cada ocasión.

El turno de noche comienza «movidito», aseguran varios agentes que se preparan para realizar su primera salida: un accidente de tráfico provocado por un conductor ebrio, que ha llegado a recibir varios puñetazos, tras una persecución por las calles de la localidad. «El alcohol es, en realidad, nuestro peor enemigo», asegura Antonio Zapata.

La ingestión de bebidas etílicas no sólo provoca accidentes de tráfico, sino que va mucho más allá. Del ron, whisky o licores surgen reyertas, apuñalamientos, actos vandálicos, discusiones y, sobre todo, reyertas que acaban en graves apuñalamientos mortales. «Es difícil luchar contra esa lacra», asegura Zapata.

Para evitarlo, se intensifican los controles de alcoholemia durante todos los fines de semana. Nunca se sitúan en el mismo lugar que la semana anterior, intentan «esconderse» tras una curva... Pero ni con esas logran evitar que parte de la población se conciencie del problema. «A medida que va pasando la noche, son más los jóvenes a los que pillamos completamente bebidos», explica uno de los agentes.

Rápidas intervenciones

Desde las once de la noche, seis patrullas recorren cada uno de los distritos de San Sebastián de los Reyes, repartidos previamente en la comisaría. Lo peor para estos agentes es relajarse, porque en cualquier momento, «salta la liebre», aseguran.

Así es. Poco después de la una de la mañana, cuando parece que la noche no va a dar de sí, una llamada de la central alerta sobre la presencia de tres menores intentando robar varios vehículos en la calle con unos extraños aparatos. Sin mediar palabra, y ajeno a la inexperiencia de sus acompañantes, el acelerón que da el agente provoca una tremenda inercia. No basta con tener abrochado el cinturón. Además, hay que agarrarse con fuerza a algún otro elemento.

No hay badenes que valgan, ni semáforos en rojo, ni «stops» que se crucen en el camino de esta patrulla de las Bescam. En apenas tres minutos, los agentes llegan a las cercanías del lugar. «Una mujer ha avisado que ha visto a tres menores robando», anuncian desde la central. En efecto. Cuando los agentes llegan al lugar, otros dos policías de paisano -que también recorren las calles durante las noches- ya les habían detenido, y decomisado varios gramos de hachís.

Los menores tienen aspecto de marroquíes, y se procede a su identificación. «Vais a tener una infracción por consumo en vía pública», les anuncia uno de los agentes. «En realidad», confiesa otro policía, «les da igual, porque saben que nadie les va a hacer nada». Al parecer, los delincuentes de otros países son los que mejor se conocen el código penal.

Delincuentes despiadados

Por ello, los delitos se han transformado radicalmente. No es que los españoles no comentan delitos, sino que la forma de actuar que tienen muchos inmigrantes, aseguran desde las Bescam, «es despiadada». Son capaces de entrar en cualquier casa, aun sabiendo que sus inquilinos se encuentran dentro; amordazan a quien haga falta...

La noche prosigue con unos picos de sierra increíbles. Tras la detención de los menores, tardan más de una hora y media en actuar. Y esta vez, no es por aviso, sino por intuición. Durante las rondas callejeras, los agentes se van fijando en cualquier detalle que pueda plantear alguna sospecha.

En el aparcamiento de un centro comercial de Sebastián de los Reyes apenas hay vehículos. «Deben ser de los vigilantes», explica un agente. Sin embargo, un coche llama la atención. Lleva varios días aparcado en el mismo lugar, y tiene aspecto de abandono.

Dos policías salen de sus coches y comprueban la matrícula. «No es normal que un coche con matrícula de Burgos lleve tanto tiempo aparcado aquí», asegura Antonio Zapata. Los agentes observan hasta el más mínimo detalle. Hay que estar atentos. Finalmente, resulta ser una falsa alerta. El coche no ha sido robado y pertenece a un vecino de Alcobendas. «Te vas acostumbrando demasiado a los delitos que se cometen». Con esta frialdad, el jefe de la Policía Local de San Sebastián de los Reyes reconoce la dureza de un trabajo en el que se encuentran todo tipo de casos, que son «mucho más complicados de lo que, en principio, pueda parecer», afirma.

Muestras de apoyo

Lo más gratificante son las muestras de apoyo que reciben de los ciudadanos. «Dicen que somos como serenos, que no actuamos para grandes delitos, pero que sin nuestra organización no sería posible vivir», explican dos compañeros mientras toman un descanso en la comisaría.

Durante 15 días al mes, estos agentes trabajan en el turno de noche, evidentemente, el más conflictivo. «A veces, sorprende porque encuentras más movimiento un lunes o un martes que un fin de semana», afirman estos policías que reconocen que pasan más tiempo con sus colegas que con su propia familia. ABC

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