Guayaquil tiene más del 25% de los casos totales de violaciones a menores
El delito se oculta en los mismos hogares y con complicidad de familiares · Conocidos, amigos y vecinos, los de confianza también violan
· «En muchas ocasiones, las madres no apoyan a las hijas»
· El caso de un violador de 63 años, apresado tras dejar embarazada a una niña de 13 años
Marjorie Ortiz, Carlos Galecio, Silvia Coello, Gabriela Jiménez y corresponsales.
GUAYAQUIL Ecuador 06 ABR 2008 (ElUniverso)
Guayaquil tiene más del 25% de los casos totales de violaciones a menores. El delito alcanza repercusión nacional y se oculta en los mismos hogares, en los barrios, y con la complicidad de familiares.
Andrés Guadamud Mendoza, de 63 años, fue recluido este sábado a las 12:00 en la Penitenciaría del Litoral, acusado de violar y embarazar a una niña de 12 años en Guayaquil, donde en lo que va del año se han denunciado 90 casos de menores víctimas de abuso sexual. En casi la mitad de los hechos el delito lo cometieron familiares y padrastros, según las denuncias presentadas en la Fiscalía.
Especialistas y entidades que tratan el tema advierten que las cifras muestran una parte del problema, pues la mayoría de veces el delito no se denuncia por temor a represalias, porque el responsable es quien mantiene el hogar o porque hay la complicidad de la familia.
Conocidos, amigos o vecinos comparten la responsabilidad en el abuso sexual a menores, un problema del que el Estado no tiene siquiera la dimensión matemática. No hay estadísticas nacionales del delito. Un problema social en aumento.
Padrastros, padres, tíos, abuelos, primos, cuñados y hermanos son los principales responsables de la violación a niños y adolescentes en el país. El delito se calla -y en algunos casos se permite- para no romper los lazos afectivos, por miedo a las represalias o porque el violador es quien sustenta económicamente el hogar.
El ruido en las oficinas de los agentes fiscales de Guayaquil contrasta con el susurro con el que se denuncia un abuso sexual a un menor. “Es el caso, señor fiscal...”, dicen los denunciantes al comenzar las declaraciones en los casos de violaciones a menores, un delito que ocurre a diario en el país. En esta ciudad se reporta un promedio de seis casos semanales. La mayoría de los denunciantes llega nervioso y acompañado del menor que ha sido abusado a veces por sus propios progenitores.
El caso más reciente ocurrió hace quince días en Santo Domingo de los Tsáchilas cuando se conoció que un padre, actualmente detenido, había violado a tres de sus cuatro hijas y había procreado con ellas cinco hijos. Las hermanas temían que intentara violar a la menor, de 9 años, y lo denunciaron.
Hay más casos como estos que se acumulan junto a otros abusos sexuales en las oficinas fiscales y juzgados. El delito de violación a un menor de edad en el país no ha merecido un capítulo aparte siquiera para conocer su dimensión. Actualmente no es posible saber con exactitud cuántas de las denuncias de violaciones ocurren en menores de edad. Si se quiere tener una idea hay que revisar uno por uno los casos, y las cifras que se obtienen son alarmantes.
En los despachos fiscales de Guayaquil hay, en lo que va del año, 97 denuncias, según contabilizó este Diario. El 91% (88 casos) son menores de edad. Y esto tomando en cuenta solo los abusos denunciados o “visibles”.
El especialista en Atención Integral del Innfa, Nicolás Astudillo, asegura que el tema “va mucho más allá”. “Tres de cada diez menores son violentados sexualmente, porque la situación de abuso sexual es más común de lo que se cree”.
Guayaquil registra más violaciones totales en este primer trimestre del año, 114. Cuenca reporta 41 casos, Guaranda 30, Riobamba 28, Babahoyo 6, entre otras ciudades del país.
Aunque las cantidades varían, hay coincidencias. Ocurre en el 96% de mujeres y en el 4% de hombres. En más de la mitad de los casos las víctimas tienen entre 10 y 17 años, con énfasis entre las edades de 11 a 13 años.
Se da tanto en la Sierra como en la Costa, pero con mayor incidencia en las zonas rurales debido al nivel social y cultural, dice Zoraya Bohórquez, psicóloga del Innfa. “La información no llega, los derechos no son conocidos”, explica la especialista.
Por ejemplo, en las comunidades indígenas de Colta y Guamote, en Chimborazo, el abuso sexual es una forma que tienen los padres de legalizar el casamiento arreglado entre los hijos, algo que “jurídicamente sería una violación”, dice Diego Andrade, agente fiscal de Delitos Sexuales de Chimborazo.
En las grandes urbes y ciudades, las zonas marginales son las que más casos registran. Por ejemplo, en Guayaquil se concentran en los bastiones, Trinitaria, suburbio oeste y los guasmos. En la Sierra o en la Costa, las violaciones a menores tienen como principal responsable a un miembro del hogar. Según investigaciones del Cepam (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer) y de los datos obtenidos de las denuncias en las fiscalías, el 43% de los abusadores son padrastros y familiares.
El Fiscal de Bolívar Antonio Aucatoma atendió este año una denuncia por violación a una niña de 12 años cometida por el padre. “Una mañana el hombre le dijo a su hija: vamos a coger choclos y la llevó a unos 200 metros de su casa y la violó. El depravado había lavado el interior de la niña para que no se den cuenta”, refiere Aucatoma.
En Riobamba, un albañil y curandero fue sentenciado el mes pasado a cumplir 20 años de prisión por violar a su hija, en edad escolar. A la menor, su padre la violaba como castigo, supuestamente, “porque no daba de comer a los gallos”.
En Guayaquil, en febrero pasado la Policía rescató de la casa de su madre a una niña de 13 años que había sido violada por su padre y padrastro. En Sauces, también se denunció el abuso a una menor de 6 años por parte de su padrastro. En la Isla Trinitaria, otro padrastro violó a una pequeña de 9 años.
Estos abusos se dan con más frecuencia, según dicen especialistas, en hogares donde sus integrantes casi no han tenido acceso a la educación, porque los padres se sienten en una situación de poder frente a los hijos o porque pueden acceder fácilmente a los menores.
“El perfil socioeconómico es muy humilde, en el campo o zonas rurales”, cree Edgar Cajas, procurador de Adolescentes Infractores de Pastaza.
Y no solo los padres y padrastros incurren en este tipo de delitos. Tíos, primos y hermanos han sido denunciados por esta causa, en algunos de los casos porque han estado bajo la tutela de los menores, cuyos padres migraron o los dejaron a su cuidado de manera temporal.
Lucía, una manabita de 12 años, es un ejemplo. El esposo de su tía, encargada de su cuidado porque era huérfana, la violó desde los 7 años.
“Lo peor es que la tía nunca le creyó lo que decía y le dio la razón a su esposo, por lo que la niña tuvo que ser trasladada a una fundación para que reciba ayuda psicológica”, relata Judith Ponce, encargada de la Unidad de Salud Mental del hospital Rodríguez Zambrano de Manta, donde se atendió a la víctima.
En la ciudadela La Fragata, al sur de Guayaquil, un tío fue acusado de ultrajar a su sobrina, mientras que en el suburbio oeste de la ciudad, dos madres denunciaron que un supuesto hermano de crianza abusó de los dos hijos de ellas.
En la denuncia presentada en la Fiscalía, una de las mujeres dijo haber encontrado al supuesto familiar de crianza obligando a su hijo a que le practique el sexo oral. A otro de los menores se le detectó laceraciones en sus genitales, según los reconocimientos médicos practicados en la Policía.
“Me decía que le diera besos en la boca o si no iba a matar a mi mamá”, dice Antonio, uno de los afectados, de 11 años. La abuela, quien convive con los menores, ha visto cómo se han perjudicado sus nietos después de las agresiones sexuales.
“Nos llaman de la escuela para decirnos que el niño está muy inquieto, él no era así, ahora está deprimido y a ratos rebelde”, dice la abuela.
Ella se queja de lo incontrolables que son los pequeños y de lo difícil que es cuidarlos mientras su hija trabaja.
“Les digo que no salgan a la calle, pero no hacen caso. No puedo poner candado en las puertas, porque en cualquier incendio no encuentro las llaves y nos quemamos todos”, dice.
Los delitos de violación a menores se multiplican en los hogares por la complicidad de las madres y familiares, refieren los fiscales consultados en el país.
“En la mayoría de los casos callan. Vienen al año o a los dos años a denunciar, e incluso cuando ya están detenidos (los familiares) se arrepienten y quieren evitar la sanción a los violadores”, dice el fiscal de Bolívar, Antonio Aucatoma.
En otros casos, las madres no creen las versiones de los menores cuando les cuentan que han sido abusados por familiares. Y hay madres que no denuncian porque cuando el culpable es el padre o padrastro, temen quedarse sin la persona que les provee del sustento económico del hogar. En algunos casos, las indagaciones fiscales revelan que las madres permitían los abusos sexuales, e incluso aconsejaban a sus hijas que “se dejen hacer para que todos sean felices”.
Cuando ya se ven obligadas a presentar la denuncia, luego se retractan. De ahí que muchas no llegan a una indagación previa, segundo paso en el proceso judicial. Según datos del Cepam, apenas el 2,5% de los casos termina en una condena.
La mayoría de las causas o denuncias se abandonan por la falta de los recursos económicos para contratar a un abogado, otras se desestiman y otro porcentaje termina en sentencias absolutorias.
También el temor a las amenazas provoca el silencio. “Siempre que una situación de abuso se mantiene en silencio es porque hay una amenaza de muerte”, dice la psicóloga del Innfa Zoraya Bohórquez.
“La amenaza es una táctica que utiliza el hombre para evitar ser denunciado”, dice el ministro fiscal distrital de Santo Domingo de los Tsáchilas, Raúl Garcés. Él asegura que a veces estas amenazas surten efecto por años como ocurrió con el caso del padre que violó a sus tres hijas por más de 10 años y procreó con ellas cinco hijos. eluniverso
A las diez de la noche del martes de la semana pasada, Alberto, un estudiante de 14 años, salió de su casa en el norte de Guayaquil. Solo tenía que cruzar la calle para comprar unas galletas, pero ya eran las doce y no regresaba.
Cerca de la una de la mañana, el adolescente estaba contando a los agentes de la Policía lo que le había sucedido horas antes. El dueño de una despensa del sector, quien se encuentra detenido, lo había empujado hacia el interior del local y, bajo amenazas, lo había obligado a tener relaciones sexuales con él.
Alberto no habla del tema. Su madre, quien puso la denuncia en la Fiscalía, se debate entre el temor y la rabia. Le indigna el abuso que sufrió el mayor de sus cuatro hijos y a la vez le da miedo pensar que pueda haber contraído una enfermedad sexual.
El menor había sido acosado constantemente por su vecino en la ciudadela Alborada. El barrio se había convertido en un espacio de inseguridad para él.
Según las estadísticas que maneja el Centro Ecuatoriano Para la Promoción de la Mujer (Cepam), el 37% de los casos de violación a menores lo realizan vecinos, conocidos o amigos que cotidianamente tienen contacto con los niños y adolescentes. Este grupo ocupa el segundo lugar entre los abusadores, después del 43% conformado por padres y padrastros en el hogar.
La relación de confianza que desarrollan los vecinos con los menores les permite acercarse con el consentimiento de las víctimas y sin recelo de parte de los mismos padres de familia.
“Quién va a creer que personas que parecen tan decentes hagan estas pendejadas”, dice la hermana de una niña de 12 años que fue violada por un vecino en el Guasmo sur de Guayaquil.
Ocurrió a las dos de la tarde un día de enero pasado. Lo mismo, la niña había salido a comprar sola a la tienda cuando un hombre que vivía al frente de su casa la interceptó y la violó.
El abusador está prófugo y la niña ha sido enviada a la casa de sus tíos en Bahía de Caráquez para que se recupere del trauma. Además, ella no quiere pisar de nuevo el vecindario donde sufrió la agresión sexual.
En las zonas marginales, donde ocurren con mayor frecuencia las violaciones a menores, según las denuncias presentadas en la Fiscalía, los niños y las niñas juegan en las calles sin ningún control. En ocasiones, los juegos los alejan una, dos y hasta tres cuadras de su domicilio, y algunas veces se mezclan en grupos de jóvenes, pandilleros, peloteros y adultos reunidos en las esquinas del sector en medio de la música y el licor.
Hay menores que permanecen en las calles hasta pasadas las diez de la noche o a quienes sus padres envían a la tienda a esa hora como le ocurrió a otra niña de 12 años, en el mismo Guasmo sur de la ciudad.
“Fue interceptada por cuatro mozalbetes que habitan en la zona, la han llevado hasta la casa de uno de ellos y han procedido a violarla cada uno de ellos por varias ocasiones”, dice la denuncia presentada por la abuela de la niña, porque la tía, encargada de su cuidado, no quiso hacer público el delito por temor a las represalias. La pequeña estuvo fuera de su hogar desde las diez de la noche del domingo 23 de marzo hasta las cinco de la madrugada del lunes 24. En la denuncia se acusa a cuatro vecinos a quienes solamente se conoce con los alias de “El Gordo”, “Boquilla”, “Alan” y “Motorola”.
Los amigos, pretendientes, enamorados y ex novios también figuran entre los comunes violadores de menores, aunque en menor proporción, según las denuncias que a diario se presentan en las oficinas del Ministerio Fiscal. Uno de estos casos le ocurrió en Mapasingue Oeste a Ericka, una adolescente de 16 años. El embarazo de cuatro meses delató el hecho.
Ella no lo pudo ocultar más y le confesó a su madre cómo su ex enamorado había aprovechado una tarde para entrar a su casa y abusar de ella.
Hay ocasiones en que los agresores esperan a las menores a la salida del colegio. Con engaños las llevan a sus viviendas y abusan sexualmente de ellas. Una denuncia, como ejemplo, consta en las indagaciones de la Fiscalía. Una alumna de 13 años salía de dar exámenes una tarde de enero pasado cuando un supuesto pretendiente de 20 años se ofreció para acompañarla a su casa, pero la llevó hasta su vivienda y la violó. También la amenazó de muerte si hablaba. La niña no le contó a sus padres y soportó por más de un mes los abusos.
En un ocasión, refiere la denuncia, incluso el sujeto la abordó acompañado de un familiar y se la llevó a un hotel donde ambos la violaron.
Testimonio de víctimas.
“Siempre nos ofrecía caramelos para que vayamos con él, como no trabajaba pasaba en la casa y nos miraba cuando nosotras íbamos a la escuela”.
“Éramos amigos. Él llegaba a la casa. Yo iba a la casa de la mamá con la hermana. Éramos amigos y de la noche a la mañana no sé qué le pasó a él”.
“A mí me pasó esto porque mi mamá se fue hace seis años a los Estados Unidos y mi papá tampoco me quiere. Ahora mis padres se están divorciando”.
“Era amigo de mi mamá, estaba todo el tiempo en la casa. Él tenía la clave de la computadora, yo se la pedí y él me dijo que con la condición de que lo besara”.
“Cuando le contamos a mi mamá, dijo que éramos mentirosas. Le teníamos miedo a nuestro papá, no nos quedaba más que sufrir en silencio todos los abusos”. eluniverso
ENTREVISTA · Miriam Ernst
‘En muchas ocasiones, las madres no apoyan a las hijas’
El Centro Ecuatoriano de Promoción y Acción de la Mujer (Cepam) aborda la problemática de violación a menores.
Su directora, Miriam Ernst, analiza la incidencia de los abusos dentro del núcleo familiar y los esfuerzos que hacen para que el tema tenga prioridad en la agenda nacional.
- ¿Por qué la mayoría de casos de violación a menores son cometidos por familiares?
- El padrastro, abuelo, tío son los que más pueden acceder al contacto con ellos. Dentro de nuestras estadísticas el dato es muy fuerte, son gente muy cercana y en muchos casos las madres no apoyan a sus hijas, y este es otro de los factores, pues si el violador es el padrastro, ellas lo defienden porque no les creen a las hijas o sienten celos, e incluso piensan que esta se lo quiere ‘quitar’.
- ¿Por qué callan?
- Porque son dependientes económicamente o tiene lazos afectivos, es un problema muy complejo que no se puede tratar igual a otro delito.
- ¿Esta problemática está en la agenda del Gobierno?
- Es un tema prioritario para el Estado a partir de lo que ha sido la promulgación del decreto para la creación del Plan Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género. Uno de los aspectos que se está incorporando justamente es el fortalecimiento de la justicia y para la sanción de las contravenciones y los delitos; sin embargo, lógicamente, es un proceso que toma tiempo, hay una intencionalidad aunque todavía no concretada del Gobierno de poder trabajar integralmente con todos los sectores involucrados no solamente del canal de justicia, sino ver un poco qué pasa a nivel de educación, a nivel de salud, de inclusión social y económica para hacer una cuestión más integral.
- ¿Qué se requiere para pasar de la intención a lo concreto?
- Justamente se está trabajando con eso, tiene que ver con el tema de presupuestos, de enfoques y procedimientos en cuanto a delitos sexuales, porque actualmente se trata como cualquier otro delito, como el robo por ejemplo.
- ¿Y cómo debería tratárselo?
- El delito sexual es muy particular no porque requiere protocolos diferentes, sino porque hay que tratar de que a la víctima no se la revictimice; un examen médico legal no puede esperar ocho días, ya que van desapareciendo las pruebas, sí es importante que las cosas se hagan en su momento.
¿- Por qué muchos casos de delitos sexuales se quedan en denuncia y no llegan a la indagación?
- Primero porque hay algunos casos de violación en que no se sabe quién fue y no existen datos concretos para hacer la investigación, hay inconvenientes de la persona también. El tema es que justamente todo el proceso dura por lo general un año o más dependiendo del esfuerzo que se da, es un año de recursos, de tiempo, y la gente no los tiene y se cansa. Y mucha gente, lamentablemente, prefiere negociar, aunque bajo la ley los delitos sexuales no son negociables, es una cosa que está en el Código Penal y tiene sanción; pero ocurre que le dicen: “Bueno, yo no digo nada pero deme 1.000 o 2.000 dólares”. Mucha gente también tiene desconfianza en la justicia, en las autoridades.
- La Asamblea, ¿qué debe hacer frente a este tema?
- Estamos viendo cómo crear una defensoría pública solo para delitos sexuales, ya que es importante que si nosotros ya no podemos hacerlo el Estado tiene la obligación de tomar la posta. La Defensoría Pública como institución no está creada, hay el proyecto pero tendrían que volver a tratarlo. eluniverso
Andrés Eufronio Guadamud Mendoza, de 63 años, fue detenido ayer a las 07:00 en las inmediaciones del mercado de Pascuales. Está acusado de haber ultrajado a una menor de 12 años, quien al momento está en el quinto mes de gestación, según los análisis médicos.
La madre de la niña indicó que el abuso se produjo mientras ella trabajaba fuera de la ciudad y la pequeña quedaba a cargo de su abuela y bisabuela, quien sufre de discapacidad.
“Hace un mes, cuando regresé a la ciudad, mi hija dijo que sentía dolores de barriga y vi que le estaba creciendo el vientre”, narra la madre, quien indica que en un principio pensó que era una afección estomacal o gastritis. Sin embargo, cuando le realizó el chequeo médico conoció que la menor tenía cinco meses de embarazo.
Fue entonces que la pequeña le confesó a su madre que había sido ultrajada por Guadamud.
La agresión sexual ocurrió un día que la menor se quedó sola con su bisabuela en la casa, la cual era frecuentemente visitada por el acusado.
Según la afectada, el abusador llegó a la vivienda y la llevó a uno de los dormitorios, donde –según la niña– tenía todo listo para ultrajarla. “Había colocado en la cama una sábana y en el espaldar tenía puestos dos cabos con los que amarró a la pequeña. Después le cubrió el rostro con una almohada y la violó”, dice la madre.
Después de ultrajarla, Guadamud, conocido en el sector como El Gato, retiró las sogas del espaldar de la cama y la sábana y se las llevó para no dejar huellas. Antes de retirarse, amenazó a la niña con asesinar a sus familiares si lo delataba.
La menor indicó que el violador no volvió a abusar de ella. Sin embargo, dijo, cada vez que él vistaba su hogar, este la amenazaba de muerte.
Por ello, la niña no contó a nadie el ataque que había sufrido hasta que descubrió el embarazo, el cual no quiso aceptar en un principio. “Está en tratamiento psicológico porque está muy afectada”, expresa la madre, quien inició las investigaciones del caso hace un mes.
La mujer asegura que hay más menores que han sido violadas por Guadamud, por lo que pidió a las víctimas que presenten la respectiva denuncia. eluniverso
El delito se oculta en los mismos hogares y con complicidad de familiares · Conocidos, amigos y vecinos, los de confianza también violan
· «En muchas ocasiones, las madres no apoyan a las hijas»
· El caso de un violador de 63 años, apresado tras dejar embarazada a una niña de 13 años
Marjorie Ortiz, Carlos Galecio, Silvia Coello, Gabriela Jiménez y corresponsales.
GUAYAQUIL Ecuador 06 ABR 2008 (ElUniverso)
Guayaquil tiene más del 25% de los casos totales de violaciones a menores. El delito alcanza repercusión nacional y se oculta en los mismos hogares, en los barrios, y con la complicidad de familiares.
Andrés Guadamud Mendoza, de 63 años, fue recluido este sábado a las 12:00 en la Penitenciaría del Litoral, acusado de violar y embarazar a una niña de 12 años en Guayaquil, donde en lo que va del año se han denunciado 90 casos de menores víctimas de abuso sexual. En casi la mitad de los hechos el delito lo cometieron familiares y padrastros, según las denuncias presentadas en la Fiscalía.
Especialistas y entidades que tratan el tema advierten que las cifras muestran una parte del problema, pues la mayoría de veces el delito no se denuncia por temor a represalias, porque el responsable es quien mantiene el hogar o porque hay la complicidad de la familia.
Conocidos, amigos o vecinos comparten la responsabilidad en el abuso sexual a menores, un problema del que el Estado no tiene siquiera la dimensión matemática. No hay estadísticas nacionales del delito. Un problema social en aumento.
Padrastros, padres, tíos, abuelos, primos, cuñados y hermanos son los principales responsables de la violación a niños y adolescentes en el país. El delito se calla -y en algunos casos se permite- para no romper los lazos afectivos, por miedo a las represalias o porque el violador es quien sustenta económicamente el hogar.
El ruido en las oficinas de los agentes fiscales de Guayaquil contrasta con el susurro con el que se denuncia un abuso sexual a un menor. “Es el caso, señor fiscal...”, dicen los denunciantes al comenzar las declaraciones en los casos de violaciones a menores, un delito que ocurre a diario en el país. En esta ciudad se reporta un promedio de seis casos semanales. La mayoría de los denunciantes llega nervioso y acompañado del menor que ha sido abusado a veces por sus propios progenitores.
El caso más reciente ocurrió hace quince días en Santo Domingo de los Tsáchilas cuando se conoció que un padre, actualmente detenido, había violado a tres de sus cuatro hijas y había procreado con ellas cinco hijos. Las hermanas temían que intentara violar a la menor, de 9 años, y lo denunciaron.
Hay más casos como estos que se acumulan junto a otros abusos sexuales en las oficinas fiscales y juzgados. El delito de violación a un menor de edad en el país no ha merecido un capítulo aparte siquiera para conocer su dimensión. Actualmente no es posible saber con exactitud cuántas de las denuncias de violaciones ocurren en menores de edad. Si se quiere tener una idea hay que revisar uno por uno los casos, y las cifras que se obtienen son alarmantes.
En los despachos fiscales de Guayaquil hay, en lo que va del año, 97 denuncias, según contabilizó este Diario. El 91% (88 casos) son menores de edad. Y esto tomando en cuenta solo los abusos denunciados o “visibles”.
El especialista en Atención Integral del Innfa, Nicolás Astudillo, asegura que el tema “va mucho más allá”. “Tres de cada diez menores son violentados sexualmente, porque la situación de abuso sexual es más común de lo que se cree”.
Guayaquil registra más violaciones totales en este primer trimestre del año, 114. Cuenca reporta 41 casos, Guaranda 30, Riobamba 28, Babahoyo 6, entre otras ciudades del país.
Aunque las cantidades varían, hay coincidencias. Ocurre en el 96% de mujeres y en el 4% de hombres. En más de la mitad de los casos las víctimas tienen entre 10 y 17 años, con énfasis entre las edades de 11 a 13 años.
Se da tanto en la Sierra como en la Costa, pero con mayor incidencia en las zonas rurales debido al nivel social y cultural, dice Zoraya Bohórquez, psicóloga del Innfa. “La información no llega, los derechos no son conocidos”, explica la especialista.
Por ejemplo, en las comunidades indígenas de Colta y Guamote, en Chimborazo, el abuso sexual es una forma que tienen los padres de legalizar el casamiento arreglado entre los hijos, algo que “jurídicamente sería una violación”, dice Diego Andrade, agente fiscal de Delitos Sexuales de Chimborazo.
En las grandes urbes y ciudades, las zonas marginales son las que más casos registran. Por ejemplo, en Guayaquil se concentran en los bastiones, Trinitaria, suburbio oeste y los guasmos. En la Sierra o en la Costa, las violaciones a menores tienen como principal responsable a un miembro del hogar. Según investigaciones del Cepam (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer) y de los datos obtenidos de las denuncias en las fiscalías, el 43% de los abusadores son padrastros y familiares.
El Fiscal de Bolívar Antonio Aucatoma atendió este año una denuncia por violación a una niña de 12 años cometida por el padre. “Una mañana el hombre le dijo a su hija: vamos a coger choclos y la llevó a unos 200 metros de su casa y la violó. El depravado había lavado el interior de la niña para que no se den cuenta”, refiere Aucatoma.
En Riobamba, un albañil y curandero fue sentenciado el mes pasado a cumplir 20 años de prisión por violar a su hija, en edad escolar. A la menor, su padre la violaba como castigo, supuestamente, “porque no daba de comer a los gallos”.
En Guayaquil, en febrero pasado la Policía rescató de la casa de su madre a una niña de 13 años que había sido violada por su padre y padrastro. En Sauces, también se denunció el abuso a una menor de 6 años por parte de su padrastro. En la Isla Trinitaria, otro padrastro violó a una pequeña de 9 años.
Estos abusos se dan con más frecuencia, según dicen especialistas, en hogares donde sus integrantes casi no han tenido acceso a la educación, porque los padres se sienten en una situación de poder frente a los hijos o porque pueden acceder fácilmente a los menores.
“El perfil socioeconómico es muy humilde, en el campo o zonas rurales”, cree Edgar Cajas, procurador de Adolescentes Infractores de Pastaza.
Y no solo los padres y padrastros incurren en este tipo de delitos. Tíos, primos y hermanos han sido denunciados por esta causa, en algunos de los casos porque han estado bajo la tutela de los menores, cuyos padres migraron o los dejaron a su cuidado de manera temporal.
Lucía, una manabita de 12 años, es un ejemplo. El esposo de su tía, encargada de su cuidado porque era huérfana, la violó desde los 7 años.
“Lo peor es que la tía nunca le creyó lo que decía y le dio la razón a su esposo, por lo que la niña tuvo que ser trasladada a una fundación para que reciba ayuda psicológica”, relata Judith Ponce, encargada de la Unidad de Salud Mental del hospital Rodríguez Zambrano de Manta, donde se atendió a la víctima.
En la ciudadela La Fragata, al sur de Guayaquil, un tío fue acusado de ultrajar a su sobrina, mientras que en el suburbio oeste de la ciudad, dos madres denunciaron que un supuesto hermano de crianza abusó de los dos hijos de ellas.
En la denuncia presentada en la Fiscalía, una de las mujeres dijo haber encontrado al supuesto familiar de crianza obligando a su hijo a que le practique el sexo oral. A otro de los menores se le detectó laceraciones en sus genitales, según los reconocimientos médicos practicados en la Policía.
“Me decía que le diera besos en la boca o si no iba a matar a mi mamá”, dice Antonio, uno de los afectados, de 11 años. La abuela, quien convive con los menores, ha visto cómo se han perjudicado sus nietos después de las agresiones sexuales.
“Nos llaman de la escuela para decirnos que el niño está muy inquieto, él no era así, ahora está deprimido y a ratos rebelde”, dice la abuela.
Ella se queja de lo incontrolables que son los pequeños y de lo difícil que es cuidarlos mientras su hija trabaja.
“Les digo que no salgan a la calle, pero no hacen caso. No puedo poner candado en las puertas, porque en cualquier incendio no encuentro las llaves y nos quemamos todos”, dice.
Los delitos de violación a menores se multiplican en los hogares por la complicidad de las madres y familiares, refieren los fiscales consultados en el país.
“En la mayoría de los casos callan. Vienen al año o a los dos años a denunciar, e incluso cuando ya están detenidos (los familiares) se arrepienten y quieren evitar la sanción a los violadores”, dice el fiscal de Bolívar, Antonio Aucatoma.
En otros casos, las madres no creen las versiones de los menores cuando les cuentan que han sido abusados por familiares. Y hay madres que no denuncian porque cuando el culpable es el padre o padrastro, temen quedarse sin la persona que les provee del sustento económico del hogar. En algunos casos, las indagaciones fiscales revelan que las madres permitían los abusos sexuales, e incluso aconsejaban a sus hijas que “se dejen hacer para que todos sean felices”.
Cuando ya se ven obligadas a presentar la denuncia, luego se retractan. De ahí que muchas no llegan a una indagación previa, segundo paso en el proceso judicial. Según datos del Cepam, apenas el 2,5% de los casos termina en una condena.
La mayoría de las causas o denuncias se abandonan por la falta de los recursos económicos para contratar a un abogado, otras se desestiman y otro porcentaje termina en sentencias absolutorias.
También el temor a las amenazas provoca el silencio. “Siempre que una situación de abuso se mantiene en silencio es porque hay una amenaza de muerte”, dice la psicóloga del Innfa Zoraya Bohórquez.
“La amenaza es una táctica que utiliza el hombre para evitar ser denunciado”, dice el ministro fiscal distrital de Santo Domingo de los Tsáchilas, Raúl Garcés. Él asegura que a veces estas amenazas surten efecto por años como ocurrió con el caso del padre que violó a sus tres hijas por más de 10 años y procreó con ellas cinco hijos. eluniverso
Conocidos, amigos y vecinos, los de confianza también violan
La madre de un adolescente denunció que el dueño de una tienda en el barrio había abusado sexualmente del menor.A las diez de la noche del martes de la semana pasada, Alberto, un estudiante de 14 años, salió de su casa en el norte de Guayaquil. Solo tenía que cruzar la calle para comprar unas galletas, pero ya eran las doce y no regresaba.
Cerca de la una de la mañana, el adolescente estaba contando a los agentes de la Policía lo que le había sucedido horas antes. El dueño de una despensa del sector, quien se encuentra detenido, lo había empujado hacia el interior del local y, bajo amenazas, lo había obligado a tener relaciones sexuales con él.
Alberto no habla del tema. Su madre, quien puso la denuncia en la Fiscalía, se debate entre el temor y la rabia. Le indigna el abuso que sufrió el mayor de sus cuatro hijos y a la vez le da miedo pensar que pueda haber contraído una enfermedad sexual.
El menor había sido acosado constantemente por su vecino en la ciudadela Alborada. El barrio se había convertido en un espacio de inseguridad para él.
Según las estadísticas que maneja el Centro Ecuatoriano Para la Promoción de la Mujer (Cepam), el 37% de los casos de violación a menores lo realizan vecinos, conocidos o amigos que cotidianamente tienen contacto con los niños y adolescentes. Este grupo ocupa el segundo lugar entre los abusadores, después del 43% conformado por padres y padrastros en el hogar.
La relación de confianza que desarrollan los vecinos con los menores les permite acercarse con el consentimiento de las víctimas y sin recelo de parte de los mismos padres de familia.
“Quién va a creer que personas que parecen tan decentes hagan estas pendejadas”, dice la hermana de una niña de 12 años que fue violada por un vecino en el Guasmo sur de Guayaquil.
Ocurrió a las dos de la tarde un día de enero pasado. Lo mismo, la niña había salido a comprar sola a la tienda cuando un hombre que vivía al frente de su casa la interceptó y la violó.
El abusador está prófugo y la niña ha sido enviada a la casa de sus tíos en Bahía de Caráquez para que se recupere del trauma. Además, ella no quiere pisar de nuevo el vecindario donde sufrió la agresión sexual.
En las zonas marginales, donde ocurren con mayor frecuencia las violaciones a menores, según las denuncias presentadas en la Fiscalía, los niños y las niñas juegan en las calles sin ningún control. En ocasiones, los juegos los alejan una, dos y hasta tres cuadras de su domicilio, y algunas veces se mezclan en grupos de jóvenes, pandilleros, peloteros y adultos reunidos en las esquinas del sector en medio de la música y el licor.
Hay menores que permanecen en las calles hasta pasadas las diez de la noche o a quienes sus padres envían a la tienda a esa hora como le ocurrió a otra niña de 12 años, en el mismo Guasmo sur de la ciudad.
“Fue interceptada por cuatro mozalbetes que habitan en la zona, la han llevado hasta la casa de uno de ellos y han procedido a violarla cada uno de ellos por varias ocasiones”, dice la denuncia presentada por la abuela de la niña, porque la tía, encargada de su cuidado, no quiso hacer público el delito por temor a las represalias. La pequeña estuvo fuera de su hogar desde las diez de la noche del domingo 23 de marzo hasta las cinco de la madrugada del lunes 24. En la denuncia se acusa a cuatro vecinos a quienes solamente se conoce con los alias de “El Gordo”, “Boquilla”, “Alan” y “Motorola”.
Los amigos, pretendientes, enamorados y ex novios también figuran entre los comunes violadores de menores, aunque en menor proporción, según las denuncias que a diario se presentan en las oficinas del Ministerio Fiscal. Uno de estos casos le ocurrió en Mapasingue Oeste a Ericka, una adolescente de 16 años. El embarazo de cuatro meses delató el hecho.
Ella no lo pudo ocultar más y le confesó a su madre cómo su ex enamorado había aprovechado una tarde para entrar a su casa y abusar de ella.
Hay ocasiones en que los agresores esperan a las menores a la salida del colegio. Con engaños las llevan a sus viviendas y abusan sexualmente de ellas. Una denuncia, como ejemplo, consta en las indagaciones de la Fiscalía. Una alumna de 13 años salía de dar exámenes una tarde de enero pasado cuando un supuesto pretendiente de 20 años se ofreció para acompañarla a su casa, pero la llevó hasta su vivienda y la violó. También la amenazó de muerte si hablaba. La niña no le contó a sus padres y soportó por más de un mes los abusos.
En un ocasión, refiere la denuncia, incluso el sujeto la abordó acompañado de un familiar y se la llevó a un hotel donde ambos la violaron.
Testimonio de víctimas.
“Siempre nos ofrecía caramelos para que vayamos con él, como no trabajaba pasaba en la casa y nos miraba cuando nosotras íbamos a la escuela”.
“Éramos amigos. Él llegaba a la casa. Yo iba a la casa de la mamá con la hermana. Éramos amigos y de la noche a la mañana no sé qué le pasó a él”.
“A mí me pasó esto porque mi mamá se fue hace seis años a los Estados Unidos y mi papá tampoco me quiere. Ahora mis padres se están divorciando”.
“Era amigo de mi mamá, estaba todo el tiempo en la casa. Él tenía la clave de la computadora, yo se la pedí y él me dijo que con la condición de que lo besara”.
“Cuando le contamos a mi mamá, dijo que éramos mentirosas. Le teníamos miedo a nuestro papá, no nos quedaba más que sufrir en silencio todos los abusos”. eluniverso
ENTREVISTA · Miriam Ernst
‘En muchas ocasiones, las madres no apoyan a las hijas’
El Centro Ecuatoriano de Promoción y Acción de la Mujer (Cepam) aborda la problemática de violación a menores.
Su directora, Miriam Ernst, analiza la incidencia de los abusos dentro del núcleo familiar y los esfuerzos que hacen para que el tema tenga prioridad en la agenda nacional.
- ¿Por qué la mayoría de casos de violación a menores son cometidos por familiares?
- El padrastro, abuelo, tío son los que más pueden acceder al contacto con ellos. Dentro de nuestras estadísticas el dato es muy fuerte, son gente muy cercana y en muchos casos las madres no apoyan a sus hijas, y este es otro de los factores, pues si el violador es el padrastro, ellas lo defienden porque no les creen a las hijas o sienten celos, e incluso piensan que esta se lo quiere ‘quitar’.
- ¿Por qué callan?
- Porque son dependientes económicamente o tiene lazos afectivos, es un problema muy complejo que no se puede tratar igual a otro delito.
- ¿Esta problemática está en la agenda del Gobierno?
- Es un tema prioritario para el Estado a partir de lo que ha sido la promulgación del decreto para la creación del Plan Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género. Uno de los aspectos que se está incorporando justamente es el fortalecimiento de la justicia y para la sanción de las contravenciones y los delitos; sin embargo, lógicamente, es un proceso que toma tiempo, hay una intencionalidad aunque todavía no concretada del Gobierno de poder trabajar integralmente con todos los sectores involucrados no solamente del canal de justicia, sino ver un poco qué pasa a nivel de educación, a nivel de salud, de inclusión social y económica para hacer una cuestión más integral.
- ¿Qué se requiere para pasar de la intención a lo concreto?
- Justamente se está trabajando con eso, tiene que ver con el tema de presupuestos, de enfoques y procedimientos en cuanto a delitos sexuales, porque actualmente se trata como cualquier otro delito, como el robo por ejemplo.
- ¿Y cómo debería tratárselo?
- El delito sexual es muy particular no porque requiere protocolos diferentes, sino porque hay que tratar de que a la víctima no se la revictimice; un examen médico legal no puede esperar ocho días, ya que van desapareciendo las pruebas, sí es importante que las cosas se hagan en su momento.
¿- Por qué muchos casos de delitos sexuales se quedan en denuncia y no llegan a la indagación?
- Primero porque hay algunos casos de violación en que no se sabe quién fue y no existen datos concretos para hacer la investigación, hay inconvenientes de la persona también. El tema es que justamente todo el proceso dura por lo general un año o más dependiendo del esfuerzo que se da, es un año de recursos, de tiempo, y la gente no los tiene y se cansa. Y mucha gente, lamentablemente, prefiere negociar, aunque bajo la ley los delitos sexuales no son negociables, es una cosa que está en el Código Penal y tiene sanción; pero ocurre que le dicen: “Bueno, yo no digo nada pero deme 1.000 o 2.000 dólares”. Mucha gente también tiene desconfianza en la justicia, en las autoridades.
- La Asamblea, ¿qué debe hacer frente a este tema?
- Estamos viendo cómo crear una defensoría pública solo para delitos sexuales, ya que es importante que si nosotros ya no podemos hacerlo el Estado tiene la obligación de tomar la posta. La Defensoría Pública como institución no está creada, hay el proyecto pero tendrían que volver a tratarlo. eluniverso
Violador de 63 años fue apresado
Andrés Guadamud Mendoza (d), de 63 años, fue detenido acusado de violar y embarazar a una niña de 12, en Pascuales.Andrés Eufronio Guadamud Mendoza, de 63 años, fue detenido ayer a las 07:00 en las inmediaciones del mercado de Pascuales. Está acusado de haber ultrajado a una menor de 12 años, quien al momento está en el quinto mes de gestación, según los análisis médicos.
La madre de la niña indicó que el abuso se produjo mientras ella trabajaba fuera de la ciudad y la pequeña quedaba a cargo de su abuela y bisabuela, quien sufre de discapacidad.
“Hace un mes, cuando regresé a la ciudad, mi hija dijo que sentía dolores de barriga y vi que le estaba creciendo el vientre”, narra la madre, quien indica que en un principio pensó que era una afección estomacal o gastritis. Sin embargo, cuando le realizó el chequeo médico conoció que la menor tenía cinco meses de embarazo.
Fue entonces que la pequeña le confesó a su madre que había sido ultrajada por Guadamud.
La agresión sexual ocurrió un día que la menor se quedó sola con su bisabuela en la casa, la cual era frecuentemente visitada por el acusado.
Según la afectada, el abusador llegó a la vivienda y la llevó a uno de los dormitorios, donde –según la niña– tenía todo listo para ultrajarla. “Había colocado en la cama una sábana y en el espaldar tenía puestos dos cabos con los que amarró a la pequeña. Después le cubrió el rostro con una almohada y la violó”, dice la madre.
Después de ultrajarla, Guadamud, conocido en el sector como El Gato, retiró las sogas del espaldar de la cama y la sábana y se las llevó para no dejar huellas. Antes de retirarse, amenazó a la niña con asesinar a sus familiares si lo delataba.
La menor indicó que el violador no volvió a abusar de ella. Sin embargo, dijo, cada vez que él vistaba su hogar, este la amenazaba de muerte.
Por ello, la niña no contó a nadie el ataque que había sufrido hasta que descubrió el embarazo, el cual no quiso aceptar en un principio. “Está en tratamiento psicológico porque está muy afectada”, expresa la madre, quien inició las investigaciones del caso hace un mes.
La mujer asegura que hay más menores que han sido violadas por Guadamud, por lo que pidió a las víctimas que presenten la respectiva denuncia. eluniverso







