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martes, 29 de abril de 2008
Los investigadores sólo pueden detectar el 10% de casos, afirma un agente experto                                                                                    »VÍDEO flv 02:07
Reclaman más medios ante la saturación del centro de reeducación de alumnos problemáticos de Vinaròs ·  25 agentes de policía participaron en clases sobre violencia escolar,  la pasada semana en Onda
· La educación de los padres, siguiente paso en la formación

 
LORENA ORTEGA 28 ABR 2008 CASTELLÓN

Los policías encargados de la vigilancia y control de la violencia escolar están preocupados por el aumento de casos de ciberbullying (acoso a través de internet o móvil) que se viene dando en los últimos años. La desazón sobre la cuestión la confesó uno de estos expertos en la materia: el inspector jefe de la Policía Local de Nules, Miguel Ángel Ripollés.

"El ciberbullying corre como la pólvora y cuando llega a conocimiento de la policía, las consecuencias psicológicas para el alumno acosado ya no se pueden evitar", aseguró en una conferencia.

Ripollés lleva dos años dando cursos a policías locales para formarles en violencia escolar. Se especializó en la materia tras vivir un duro caso en 2005: cinco menores agredieron a una niña marroquí de 15 años cuando esperaba el autobús a la salida de un instituto de Castellón.

"Cuando hablamos de violencia escolar, hay una parte que se ve, como las peleas a las puertas de los centros, y otra que no. Y esta supone el 90% de los casos", subrayó el inspector jefe, reconociendo la dificultad a la que tiene que hacer frente la policía para atajar este problema.

El problema del aumento de casos de hostigamiento entre adolescentes por internet y móvil es que este acoso "se graba, se va pasando a los amigos, a conocidos, a los padres... Es lo que llamamos tecnologías perversas".

Ripollés destacó medidas como el reciente decreto del Consell que prohibe el uso del teléfono móvil dentro de los centros escolares, "ya que es un paso muy importante por su efecto disuasorio", argumentó.

No es el único paso dado para atajar el acoso escolar: "Se dio un paso importante con el plan de convivencia escolar, luego el observatorio que se puso en marcha en 2007 para tener un conocimiento real en las aulas, y ahora el decreto del Consell".

Pero, sobre todo, el inspector jefe de Nules destacó la importancia que tienen los centros para controlar la violencia de puertas para adentro. Ripollés destacó las medidas que están adoptando los institutos, como el uso de alumnos mediadores, alumnos protectores y hasta una fórmula de carné por puntos que se va reduciendo en caso de infracciones del alumno.

De puertas para fuera

"Nosotros sólo podemos actuar de puertas para fuera", reflexiona. Y para saber cómo hacerlo Y para saber cómo actuar lleva ya dos años formando a policías locales. El pasado año programó cursos en Nules y Oropesa, la pasada semana impartió otro en Onda y prevé convocar al menos otro más a lo largo de este año.

"En todas las plantillas de policías locales de la provincia hay al menos un agente con formación específica en violencia escolar", explicó. En total, 150 agentes. Un dato importante si tenemos en cuenta que en la Comunitat se registra casi un tres por ciento de los casos de acoso.

Durante el curso de Onda, los agentes no sólo aprendieron la teoría. El último día, todos ellos tuvieron que participar en una práctica con diferentes casos para saber qué hacer ante una agresión entre menores, una pelea en el autobús, agresión a un profesor, etc. LP 2

Reclaman más medios ante la saturación del centro de reeducación de alumnos problemáticos de Vinaròs

La dificultad para tomar medidas ante un alumno agresor o acosador es otro de los problemas a los que se tienen que enfrentar los agentes. Como explica Miguel Ángel Ripollés, "hace unos años los agresores estaban en tercero o cuarto de ESO y tenían más de 14 años, la mayoría de edad penal, y se podía actuar, pero en los últimos años ha bajado la horquilla y ahora los agresores están, la mayoría, entre los 12 y 13 años".

En estos casos, apunta, los alumnos se dejan en manos de los servicios sociales. "El problema es que cuando se trata de casos extremos, esto no sirve", lamenta Miguel Ángel Ripollés.

Según explicó, para los alumnos más conflictivos es necesario una atención especializada. "En Vinaròs existe un centro para que estos alumnos más jóvenes que aún no han llegado a la edad penal puedan tener un tratamiento con educadores y psicólogos expertos.

Pero este centro tan sólo cuenta con 24 plazas "y está totalmente saturado", por lo que los alumnos que han protagonizado casos graves y constantes de bullying son trasladados a otros institutos, "y lo único que se logra es trasladar el problema a otro centro".

Por ello, Ripollés reclama que se construya o se adecue un centro de las mismas características en la zona sur de la provincia, ya que el de Vinaròs no puede acoger a ningún menor más.

Rebajar la edad penal

"En La Plana Baixa hay mucho movimiento de estudiantes y necesitaríamos que existiera este centro de reeducación", apuntó. Otra de las medidas que, a su parecer, serían necesarias para abordar el bullying es poder aplicar medidas penales a aquellos jóvenes de menos de 14 años que hayan cometido actos violentos de importancia, y sobre los que ahora no se puede hacer casi nada. "Hay que bajar la edad penal, pero sólo para hechos más graves", concluye Ripollés. LP

La educación de los padres, siguiente paso en la formación

Después de dos años formando a los policías locales de la provincia en violencia escolar, el próximo paso es la preparación de los padres. Tal y como indicó el jefe de la Policía Local de Nules y experto en la materia, Miguel Angel Ripollés, este año será clave para decidir si se continúa con los cursos para policías o si ha llegado el momento de dar un nuevo paso. "Vamos a ver si es suficiente o si cabe profundizar, pero yo ahora iría hacia la preparación para padres y madres", dijo.

Según Ripollés, a la hora de abordar el bullying "hay una parte abandonada que es fundamental: los padres". Y habla de su experiencia desde la comisión coordinadora para la convivencia en el instituto Gilabert Centelles de Nules, que trabaja para evitar casos como la agresión a una menor ocurrida en 2005. El diálogo con los padres en esta comisión es básica.

Vigilancia y seguimiento


Los policías realizan un seguimiento de los casos de absentismo y controlan el centro a las horas de entrada y salida. Así, se han conocido casos como el de un menor que faltaba siempre el mismo día de la semana y descubrieron que los padres le llevaban a trabajar a un mercadillo.

"Los padres tienen que saber qué hace su hijo y tienen que ser conscientes de la importancia de la educación", dice Ripollés, destacando el papel que juegan a la hora de sospechar que su hijo es víctima del acoso escolar y dar la voz de alarma. LP



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