REPORTAJE La condición de víctima y experiencias nocivas en la adolescencia están en el origen de la patología
Los pedófilos son pocos; la mayoría de abusos se da en el seno del hogar
JESÚS GARCÍA 02/05/2008 mADRID (EL PAIS)
¿Qué ocurre en la mente de un individuo para que se excite tocando a un menor? Los expertos no han dado aún con una respuesta clara para explicar esta patología, la pedofilia. Apuntan hipótesis: experiencias nocivas en la adolescencia o el hecho de haber sufrido abusos en el pasado pueden conducir al adulto por la senda del delito. Los pedófilos sienten un impulso irrefrenable y saltan de la fantasía a la realidad. Y aunque Internet, con sus comunidades virtuales y foros, les ha dado alas, según los expertos, son pocos. La mayoría de abusos a críos se dan en casa. Lo que añade el incesto. Una fuerte depresión, el fracaso en las relaciones personales o la ingesta de alcohol pueden desinhibir a un individuo para que acabe abusando de su hija, nieta o sobrina. Con 'a', porque la mayoría de víctimas son niñas.
Gums and Friends. Es decir, Chicles y Amigos. Es el nombre con el que José A. P. bautizó su tienda de golosinas, en el apacible paseo de Vilanova (Barcelona), que da al puerto. El local sigue abierto, pero José ya no despacha a nadie. Está en la cárcel por supuestos abusos a dos niñas. Las víctimas son hijas de dos empleadas rumanas que trabajaban para él en una panadería. El hombre, de 33 años, se ganó la confianza de las pequeñas. Con argucias, las llevaba a Gums and Friends mientras sus madres vendían pan. En el almacén, las obligaba a masturbarle.
Cometió los abusos de forma reiterada. Un patrón que se repite en casi todos los pederastas, concluyen los expertos. Su perversa estrategia le funcionó hasta que una de las niñas no quiso seguir con el juego y se lo contó a la madre, que acudió a la policía. No era la primera vez que detenían a José por ese motivo. Los pederastas, insisten los psicólogos, reinciden porque no pueden frenar sus impulsos.
José vivía con su pareja en un piso contiguo a la tienda. Pasaba por ser un hombre "cordial y simpático". Su nombre ha sido borrado del buzón con tippex. Los vecinos se preguntan si hubiera podido actuar de otro modo. Lo más probable es que no. "Hay pedófilos que se contienen porque saben el daño que causan, o porque temen a la policía. Pero la mayoría acaban delinquiendo", opina Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, que recuerda que hay que distinguir entre pedofilia (un concepto clínico que indica atracción por los niños) y pederastia, que supone el delito de abusar de ellos. El primer paso de los pedófilos es consumir pornografía infantil. Más tarde contactan con sus posibles víctimas y "despliegan estrategias de seducción", sigue el experto.
La adolescencia es clave en el nacimiento de esta psicopatología. "Si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños", aclara Echeburúa. Esa hipótesis la corrobora Santiago Redondo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona: "El adolescente se inicia en el sexo pensando en niños. El problema es que reproduce esa experiencia en su imaginación".
La creencia, exaltada por el cine y la televisión, de que la víctima se convierte en verdugo, es cierta. Al menos, en parte. "Los niños de los que han abusado sufren interferencias en su desarrollo emocional. Por eso pueden tener comportamientos anómalos", indica Echeburúa. El responsable de tratamiento de la cárcel barcelonesa de Brians 2, Joan Carles Navarro, ha visitado a cientos de pederastas condenados y ha visto casos sorprendentes: "Un hombre admitió que abusaron de él a los 12 años; la misma edad que tenían sus víctimas. Entonces otro paciente se puso en pie y recordó, para su sorpresa, que también abusaron de él".
Los expertos consideran que la transformación de víctima en verdugo era más frecuente en el pasado, cuando no existía tratamiento alguno y los menores llevaban el asunto en el más absoluto secreto. Además, alertan de que puede darse el efecto contrario: el adulto ejerce una sobrevigilancia sobre el menor para evitar que él también tenga que sufrir. En todo caso, destacan los psicólogos, parece que en la pedofilia no hay factores genéticos implicados, aunque admiten que quedan terrenos por descubrir.
¿Cómo se distingue a un pedófilo? Los psicólogos sí han dado aquí con respuestas firmes, de manual. El pedófilo se muestra simpático al lado del niño; disfruta de una capacidad de atracción que le permite ganarse su confianza sin necesidad, por lo general, de usar la fuerza. El caso de Mari Luz es, en ese sentido, excepcional. Con los adultos, el pedófilo se siente incómodo. Procura rodearse de niños a través del trabajo y el tiempo libre: sacerdotes, monitores de colonias o vendedores de caramelos, entre otros. Casi todos son hombres.
Algo funciona mal en la mente de los pedófilos. Justifican su conducta. Para convencerse de que actúan bien alteran, si les conviene, su pensamiento. "Sufren distorsiones cognitivas. Se dicen a sí mismos que a los niños les gusta que les toquen, que no hay nada de malo en ello, que es otra forma de cariño", reflexiona Redondo. Se trata de una cómoda excusa y de un fraude, pues la relación "es asimétrica" y el niño "no está en condiciones de decidir qué quiere, aunque diga que sí", añade Echeburúa.
Internet ha reforzado su engaño. "Gracias a la Red, el individuo contacta con un grupo y se siente ubicado. Es un factor de riesgo", asegura Redondo. Los boy lovers -así se les llama en su refugio virtual- se prestan apoyo y comprensión desde el anonimato, lo que dificulta la acción policial. El fenómeno aún no ha sido abordado en toda su dimensión.
Según diversos estudios, más de un 20% de las niñas y un 10% de los niños han sido víctimas de abusos. Y no hay tantos pedófilos; de hecho, numéricamente son pocos. La razón es que la mayoría de abusos (más del 65%, según otros informes) se dan en casa y a manos de hombres que, en principio, prefieren a adultos para sus relaciones sexuales. Son los llamados "pedófilos circunstanciales" o "abusadores intrafamiliares". Se trata de personas que se interesan por los menores a raíz de alguna carencia. Hay tantos orígenes como circunstancias personales. "Ruptura de pareja, insatisfacción, depresión, búsqueda de experiencias nuevas, disponibilidad de los niños, soledad", resume Echeburúa. "Mezclan el afecto paterno-filial con el amor sexual. De alguna manera, los padres se enamoran de sus hijas", concluye Navarro. Si la obsesión se lleva al extremo, puede conducir a casos como el del austriaco Josef Fritzl, que abusó reiteradamente de su hija Elisabeth y la mantuvo encerrada en un sótano 24 años. Su caso sólo lo explican los expertos por una patología mucho más acentuada cuyas consecuencias no son, por fortuna, habituales.
¿Dónde está la frontera entre el cariño hacia los hijos y el abuso? La marca el sentido común. Y una señal muy obvia: la excitación. "Un adulto sano distingue entre el afecto y un componente sexual, que se manifiesta de forma evidente", señala Echeburúa. Al traspasar esa delgada línea, el adulto se desboca. A diferencia de los pedófilos desconocidos, prolongan los abusos indefinidamente, porque el niño está a su lado. El familiar -padre, tío, abuelo, hermano- seduce y amenaza según le convenga. Primero viene el cortejo: la niña como preferida de la casa. Sigue la complicidad: es un secreto entre los dos. Y el recurso previo a la violencia: si la niña se chiva, a su madre le pasará tal o cual cosa.
Superar el trauma es harto complicado. Más aún si el tormento se da en el hogar. Y no sólo porque los abusos son continuos, sino porque el niño se siente decepcionado y traicionado por los adultos. Para colmo, el episodio puede acabar con la estabilidad familiar. Las niñas se sienten culpables por no haberse dado cuenta de lo que ocurría. Una sensación que crece cuando el menor cuenta lo ocurrido. Los familiares, dicen los expertos, suelen hacer caso al menor. El asunto, sin embargo, compromete la estabilidad familiar. El niño se pregunta entonces si hubiera sido mejor estar callado. Renace así el sentimiento de culpa.
Eso, cuando el niño se da cuenta de lo que ocurre. Porque, si el daño se produce en una edad temprana (hasta los cinco años) puede percibirlo como algo "normal"; incluso como enamoramiento. ¿Por qué? "El abusador las manipula para crear un nexo de complicidad", afirma Mariana González, psicóloga de la Asociación de Asistencia a Mujeres Agredidas Sexualmente.
Si el abuso persiste, el menor despierta. La televisión o una charla con amigos pueden abrirle los ojos. O empieza a interesarse por compañeros de clase y rechaza el contacto con el abusador. Algunos menores deciden entonces hablar. "El familiar al que acude es clave. No puede ser un cómplice silencioso que no da la voz de alarma por miedo a lo que pasará", insiste González. A otros les cuesta más verbalizar. Pero los síntomas aparecen igual: "Introversión, agresividad, demanda de atención, alergias, erupciones... No se trata de pensar que nuestro hijo es víctima de abuso, sino de contemplar esa opción", sostiene González.
Los problemas afloran tarde o temprano. La mayoría de pacientes que acuden a la asociación son adultos. "Algunos, con 60 años, no lo han contado nunca. Viven el secreto como una losa. Cuando lo cuentan a la familia, mejoran", dice la psicóloga. ¿Qué les hace buscar ayuda tiempo después? "Suele ser una patología sexual. Pero a veces no. Por ejemplo, una madre tiene un bebé y ha de llevarlo a que lo vea el abuelo, el hombre que había abusado de ella".
Tratar a los pedófilos también resulta complejo. Sólo se les atiende cuando ya están en la cárcel. Un proyecto pionero en la cárcel de Brians demostró que los agresores sexuales bajo tratamiento tuvieron un nivel de reincidencia 14 puntos menor a los no tratados. Ahora el proyecto se llevará a una treintena de cárceles españolas. "Hay que trabajar mucho la empatía", dice Navarro, que ha visto casos de todo tipo. "Un preso nos contó que había tenido tres relaciones con mujeres. En los tres casos, la mujer tenía una niña de la misma edad y él ni se había dado cuenta". Redondo, por su parte, cree básico trabajar la prevención para "cortar por lo sano" si se detecta algún "incidente confuso" en la adolescencia. EL PAIS
relacionado
La prostitución infantil es forzada, nunca una elección
Las recogen los diarios El Siglo de Durango (www.elsiglodedurango.com.mx) y El Rotativo de Querétaro (www.rotativo.com.mx). De éste último señalo aquí los Links y pongo al final el texto completo con las 4 partes seguidas.
Primera parte miércoles 9 de abril de 2008
¿Quieres un chico? ¿De qué edad? De la que quieras. Ocho, diez, catorce. A Sunil lo vendió su padre cuando tenía diez años porque compró un televisor que no tenía con qué pagar. Jagath tenía siete cuando su tía lo entregó a un inglés que a cambio de escuela y comida de tarde en tarde abusaba de él o de otros cinco chicos.
Segunda parte martes 15 de abril de 2008
Tiene siglas que lo definen. Como el SIDA. Pero no es una epidemia, aunque pareciera. Se trata de la ESCNNA: Explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes.
Tercera parte martes 22 de abril de 2008
Con traje o en mangas de camisa. Con sotana o en pants deportivos. Banqueros, empresarios, comerciantes, profesionistas, ministros de culto. Casados o solteros. Hombres casi todos, pero también mujeres. Ciudadanos que a ojos de la sociedad son decentes, honorables, ejemplo en su comunidad. Ésas son las características del pedófilo.
Cuarta y última parte miércoles 30 de abril de 2008
Pobreza, violencia doméstica, corrupción, impunidad, son algunos de los elementos que fomentan la pederastia. En México tenemos todos y algunos más. En 2003 la noticia, el escándalo. Un hotelero de Cancún, Succar Kuri, era pederasta.
TEXTO COMPLETO (de las 4 entregas)
OPINIÓN
Por Cecilia Lavalle*
Primera parte
México DF, 9 abril 08 (CIMAC).- ¿Quieres un chico? ¿De qué edad? De la que quieras. Ocho, diez, catorce. A Sunil lo vendió su padre cuando tenía diez años porque compró un televisor que no tenía con qué pagar. Jagath tenía siete cuando su tía lo entregó a un inglés que a cambio de escuela y comida de tarde en tarde abusaba de él o de otros cinco chicos.
Los pedófilos son pocos; la mayoría de abusos se da en el seno del hogar
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· Carencias afectivas pueden llevar a los adultos a buscar cariño en los niños · Los pederastas buscan trabajos que les permitan estar cerca de menores · Internet puede reforzar su idea de que lo que hacen es aceptable relacionado · El comercio de la inocencia 4 entregas de Cecilia Lavalle, periodista mexicana, sobre pederastia en México |
¿Qué ocurre en la mente de un individuo para que se excite tocando a un menor? Los expertos no han dado aún con una respuesta clara para explicar esta patología, la pedofilia. Apuntan hipótesis: experiencias nocivas en la adolescencia o el hecho de haber sufrido abusos en el pasado pueden conducir al adulto por la senda del delito. Los pedófilos sienten un impulso irrefrenable y saltan de la fantasía a la realidad. Y aunque Internet, con sus comunidades virtuales y foros, les ha dado alas, según los expertos, son pocos. La mayoría de abusos a críos se dan en casa. Lo que añade el incesto. Una fuerte depresión, el fracaso en las relaciones personales o la ingesta de alcohol pueden desinhibir a un individuo para que acabe abusando de su hija, nieta o sobrina. Con 'a', porque la mayoría de víctimas son niñas.
Gums and Friends. Es decir, Chicles y Amigos. Es el nombre con el que José A. P. bautizó su tienda de golosinas, en el apacible paseo de Vilanova (Barcelona), que da al puerto. El local sigue abierto, pero José ya no despacha a nadie. Está en la cárcel por supuestos abusos a dos niñas. Las víctimas son hijas de dos empleadas rumanas que trabajaban para él en una panadería. El hombre, de 33 años, se ganó la confianza de las pequeñas. Con argucias, las llevaba a Gums and Friends mientras sus madres vendían pan. En el almacén, las obligaba a masturbarle.
Cometió los abusos de forma reiterada. Un patrón que se repite en casi todos los pederastas, concluyen los expertos. Su perversa estrategia le funcionó hasta que una de las niñas no quiso seguir con el juego y se lo contó a la madre, que acudió a la policía. No era la primera vez que detenían a José por ese motivo. Los pederastas, insisten los psicólogos, reinciden porque no pueden frenar sus impulsos.
José vivía con su pareja en un piso contiguo a la tienda. Pasaba por ser un hombre "cordial y simpático". Su nombre ha sido borrado del buzón con tippex. Los vecinos se preguntan si hubiera podido actuar de otro modo. Lo más probable es que no. "Hay pedófilos que se contienen porque saben el daño que causan, o porque temen a la policía. Pero la mayoría acaban delinquiendo", opina Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, que recuerda que hay que distinguir entre pedofilia (un concepto clínico que indica atracción por los niños) y pederastia, que supone el delito de abusar de ellos. El primer paso de los pedófilos es consumir pornografía infantil. Más tarde contactan con sus posibles víctimas y "despliegan estrategias de seducción", sigue el experto.
La adolescencia es clave en el nacimiento de esta psicopatología. "Si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños", aclara Echeburúa. Esa hipótesis la corrobora Santiago Redondo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona: "El adolescente se inicia en el sexo pensando en niños. El problema es que reproduce esa experiencia en su imaginación".
La creencia, exaltada por el cine y la televisión, de que la víctima se convierte en verdugo, es cierta. Al menos, en parte. "Los niños de los que han abusado sufren interferencias en su desarrollo emocional. Por eso pueden tener comportamientos anómalos", indica Echeburúa. El responsable de tratamiento de la cárcel barcelonesa de Brians 2, Joan Carles Navarro, ha visitado a cientos de pederastas condenados y ha visto casos sorprendentes: "Un hombre admitió que abusaron de él a los 12 años; la misma edad que tenían sus víctimas. Entonces otro paciente se puso en pie y recordó, para su sorpresa, que también abusaron de él".
Los expertos consideran que la transformación de víctima en verdugo era más frecuente en el pasado, cuando no existía tratamiento alguno y los menores llevaban el asunto en el más absoluto secreto. Además, alertan de que puede darse el efecto contrario: el adulto ejerce una sobrevigilancia sobre el menor para evitar que él también tenga que sufrir. En todo caso, destacan los psicólogos, parece que en la pedofilia no hay factores genéticos implicados, aunque admiten que quedan terrenos por descubrir.
¿Cómo se distingue a un pedófilo? Los psicólogos sí han dado aquí con respuestas firmes, de manual. El pedófilo se muestra simpático al lado del niño; disfruta de una capacidad de atracción que le permite ganarse su confianza sin necesidad, por lo general, de usar la fuerza. El caso de Mari Luz es, en ese sentido, excepcional. Con los adultos, el pedófilo se siente incómodo. Procura rodearse de niños a través del trabajo y el tiempo libre: sacerdotes, monitores de colonias o vendedores de caramelos, entre otros. Casi todos son hombres.
Algo funciona mal en la mente de los pedófilos. Justifican su conducta. Para convencerse de que actúan bien alteran, si les conviene, su pensamiento. "Sufren distorsiones cognitivas. Se dicen a sí mismos que a los niños les gusta que les toquen, que no hay nada de malo en ello, que es otra forma de cariño", reflexiona Redondo. Se trata de una cómoda excusa y de un fraude, pues la relación "es asimétrica" y el niño "no está en condiciones de decidir qué quiere, aunque diga que sí", añade Echeburúa.
Internet ha reforzado su engaño. "Gracias a la Red, el individuo contacta con un grupo y se siente ubicado. Es un factor de riesgo", asegura Redondo. Los boy lovers -así se les llama en su refugio virtual- se prestan apoyo y comprensión desde el anonimato, lo que dificulta la acción policial. El fenómeno aún no ha sido abordado en toda su dimensión.
Según diversos estudios, más de un 20% de las niñas y un 10% de los niños han sido víctimas de abusos. Y no hay tantos pedófilos; de hecho, numéricamente son pocos. La razón es que la mayoría de abusos (más del 65%, según otros informes) se dan en casa y a manos de hombres que, en principio, prefieren a adultos para sus relaciones sexuales. Son los llamados "pedófilos circunstanciales" o "abusadores intrafamiliares". Se trata de personas que se interesan por los menores a raíz de alguna carencia. Hay tantos orígenes como circunstancias personales. "Ruptura de pareja, insatisfacción, depresión, búsqueda de experiencias nuevas, disponibilidad de los niños, soledad", resume Echeburúa. "Mezclan el afecto paterno-filial con el amor sexual. De alguna manera, los padres se enamoran de sus hijas", concluye Navarro. Si la obsesión se lleva al extremo, puede conducir a casos como el del austriaco Josef Fritzl, que abusó reiteradamente de su hija Elisabeth y la mantuvo encerrada en un sótano 24 años. Su caso sólo lo explican los expertos por una patología mucho más acentuada cuyas consecuencias no son, por fortuna, habituales.
¿Dónde está la frontera entre el cariño hacia los hijos y el abuso? La marca el sentido común. Y una señal muy obvia: la excitación. "Un adulto sano distingue entre el afecto y un componente sexual, que se manifiesta de forma evidente", señala Echeburúa. Al traspasar esa delgada línea, el adulto se desboca. A diferencia de los pedófilos desconocidos, prolongan los abusos indefinidamente, porque el niño está a su lado. El familiar -padre, tío, abuelo, hermano- seduce y amenaza según le convenga. Primero viene el cortejo: la niña como preferida de la casa. Sigue la complicidad: es un secreto entre los dos. Y el recurso previo a la violencia: si la niña se chiva, a su madre le pasará tal o cual cosa.
Superar el trauma es harto complicado. Más aún si el tormento se da en el hogar. Y no sólo porque los abusos son continuos, sino porque el niño se siente decepcionado y traicionado por los adultos. Para colmo, el episodio puede acabar con la estabilidad familiar. Las niñas se sienten culpables por no haberse dado cuenta de lo que ocurría. Una sensación que crece cuando el menor cuenta lo ocurrido. Los familiares, dicen los expertos, suelen hacer caso al menor. El asunto, sin embargo, compromete la estabilidad familiar. El niño se pregunta entonces si hubiera sido mejor estar callado. Renace así el sentimiento de culpa.
Eso, cuando el niño se da cuenta de lo que ocurre. Porque, si el daño se produce en una edad temprana (hasta los cinco años) puede percibirlo como algo "normal"; incluso como enamoramiento. ¿Por qué? "El abusador las manipula para crear un nexo de complicidad", afirma Mariana González, psicóloga de la Asociación de Asistencia a Mujeres Agredidas Sexualmente.
Si el abuso persiste, el menor despierta. La televisión o una charla con amigos pueden abrirle los ojos. O empieza a interesarse por compañeros de clase y rechaza el contacto con el abusador. Algunos menores deciden entonces hablar. "El familiar al que acude es clave. No puede ser un cómplice silencioso que no da la voz de alarma por miedo a lo que pasará", insiste González. A otros les cuesta más verbalizar. Pero los síntomas aparecen igual: "Introversión, agresividad, demanda de atención, alergias, erupciones... No se trata de pensar que nuestro hijo es víctima de abuso, sino de contemplar esa opción", sostiene González.
Los problemas afloran tarde o temprano. La mayoría de pacientes que acuden a la asociación son adultos. "Algunos, con 60 años, no lo han contado nunca. Viven el secreto como una losa. Cuando lo cuentan a la familia, mejoran", dice la psicóloga. ¿Qué les hace buscar ayuda tiempo después? "Suele ser una patología sexual. Pero a veces no. Por ejemplo, una madre tiene un bebé y ha de llevarlo a que lo vea el abuelo, el hombre que había abusado de ella".
Tratar a los pedófilos también resulta complejo. Sólo se les atiende cuando ya están en la cárcel. Un proyecto pionero en la cárcel de Brians demostró que los agresores sexuales bajo tratamiento tuvieron un nivel de reincidencia 14 puntos menor a los no tratados. Ahora el proyecto se llevará a una treintena de cárceles españolas. "Hay que trabajar mucho la empatía", dice Navarro, que ha visto casos de todo tipo. "Un preso nos contó que había tenido tres relaciones con mujeres. En los tres casos, la mujer tenía una niña de la misma edad y él ni se había dado cuenta". Redondo, por su parte, cree básico trabajar la prevención para "cortar por lo sano" si se detecta algún "incidente confuso" en la adolescencia. EL PAIS
relacionado
La prostitución infantil es forzada, nunca una elección
El comercio de la inocencia
Cecilia Lavalle, periodista y feminista en Quintana Roo, México, integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género, publica cuatro entregas de opinión y denuncia sobre explotación sexual infantil en México.Las recogen los diarios El Siglo de Durango (www.elsiglodedurango.com.mx) y El Rotativo de Querétaro (www.rotativo.com.mx). De éste último señalo aquí los Links y pongo al final el texto completo con las 4 partes seguidas.
Primera parte miércoles 9 de abril de 2008
¿Quieres un chico? ¿De qué edad? De la que quieras. Ocho, diez, catorce. A Sunil lo vendió su padre cuando tenía diez años porque compró un televisor que no tenía con qué pagar. Jagath tenía siete cuando su tía lo entregó a un inglés que a cambio de escuela y comida de tarde en tarde abusaba de él o de otros cinco chicos.
Segunda parte martes 15 de abril de 2008
Tiene siglas que lo definen. Como el SIDA. Pero no es una epidemia, aunque pareciera. Se trata de la ESCNNA: Explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes.
Tercera parte martes 22 de abril de 2008
Con traje o en mangas de camisa. Con sotana o en pants deportivos. Banqueros, empresarios, comerciantes, profesionistas, ministros de culto. Casados o solteros. Hombres casi todos, pero también mujeres. Ciudadanos que a ojos de la sociedad son decentes, honorables, ejemplo en su comunidad. Ésas son las características del pedófilo.
Cuarta y última parte miércoles 30 de abril de 2008
Pobreza, violencia doméstica, corrupción, impunidad, son algunos de los elementos que fomentan la pederastia. En México tenemos todos y algunos más. En 2003 la noticia, el escándalo. Un hotelero de Cancún, Succar Kuri, era pederasta.
TEXTO COMPLETO (de las 4 entregas)
OPINIÓN
La prostitución infantil es forzada, nunca una elección
El comercio de la inocenciaPor Cecilia Lavalle*
Primera parte
México DF, 9 abril 08 (CIMAC).- ¿Quieres un chico? ¿De qué edad? De la que quieras. Ocho, diez, catorce. A Sunil lo vendió su padre cuando tenía diez años porque compró un televisor que no tenía con qué pagar. Jagath tenía siete cuando su tía lo entregó a un inglés que a cambio de escuela y comida de tarde en tarde abusaba de él o de otros cinco chicos.
Estas
historias no me las contaron a mí. Se las contaron a Martín Caparrós,
quien escribió una ilustradora y aterradora crónica sobre la
prostitución infantil (El sí de los niños, Letras Libres, diciembre
2005, año VII, número 84).
Y
aunque los niños de los que escribió vivían en Sri Lanka, lo aterrador
es que podrían llamarse de cualquier otra manera y vivir en cualquier
otra parte del planeta, porque el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (Unicef) calcula que en situación de prostitución forzada se
encuentran alrededor de dos millones de niños y niñas en el mundo.
El
pasado viernes se conmemoró el Día Mundial contra la Prostitución
Infantil. Y ya debería parecernos escalofriante requerir de fijar en el
calendario una fecha para llamar la atención respecto de un asunto que
violenta a quienes deben vivir en lo que románticamente llamamos la
edad de la inocencia.
La
explotación de niños y niñas es cada vez uno de los negocios ilegales
más lucrativos del mundo, señaló el año pasado Heide Simonis,
presidenta de Unicef en Alemania.
Y
lo dijo cuando Somaly Man presentó su libro El silencio de la
inocencia, donde relata su experiencia al ser vendida a un burdel en
Camboya cuando tenía 14 años. Ella, a diferencia de millones tuvo
suerte. Escapó a los 20 años y fundó una organización para ayudar a
víctimas de prostitución.
Se calcula que la prostitución de menores de edad y la pornografía infantil generan unos 6 mil millones de euros anuales.
Según
Unicef casi la mitad de las víctimas proceden de países de Asia, como
Camboya, Laos o Vietnam. Muchas veces son exportados a Tailandia,
Malasia, Hong Kong. O bien, considerados como parte de los atractivos
turísticos que se ofrecen a los visitantes.
Martín
Caparrós en su crónica nos cuenta: En 1980 el primer ministro de
Tailandia se dirigía a una reunión de gobernadores: "Para incrementar
el turismo en nuestro país, señores gobernadores, deben contar con las
bellezas naturales de sus provincias, así como con ciertas formas de
entretenimiento que algunos de ustedes pueden considerar desagradables
y vergonzosas porque son formas de esparcimiento sexual que atraen a
los turistas. Debemos hacerlo, porque tenemos que considerar los
puestos de trabajo que esto puede crear".
Claro, hay autoridades que no lo dicen en voz alta, pero lo permiten en voz baja.
Ahí
está Cuba, Brasil o Santo Domingo, nos cuenta Caparrós, a donde acuden
en busca de mulatas, turistas sexuales italianos, mexicanos, españoles.
A Filipinas o Tailandia acuden australianos, japoneses, norteamericanos
y chinos, en busca de sumisas orientales. A Sri Lanka, pedófilos
europeos acuden en busca de niños. Y baste saber que ahí el turismo es
la tercera fuente de divisas, después del té y la industria textil.
"Las
estadísticas no son del todo fiables --prosigue Martín Caparrós-- pero
se supone que hay en las playas que rodean la capital, Colombo, unos
treinta mil menores de edad, entre seis y dieciséis años, que se
prostituyen".
Entre ellos
Sunil, Jagath, Boby, de quienes nos cuenta el autor de la crónica.
Niños que llegaron a la prostitución de manera forzada. Y en el caso de
prostitución infantil me parece un pleonasmo agregar la palabra
"forzada". Quién puede imaginar que un niño o niña elige la
prostitución como opción de vida, como se puede elegir ser médica o
abogado o maestra o ingeniero.
Quién
puede pensar que una pequeñita de seis años sueñe con ser violada y
después obligada a copular con su violador o con hombres que alguien
lleva a su vida.
Quién puede
suponer que un niño de ocho años asiste, con la felicidad de quien va
al cine, a una relación sexual con un hombre 20 ó 30 años mayor que él.
Quién
pude creer que una niña o un niño elijan como se elige un vestido o un
pantalón, recibir uno cuantos dólares a cambio de ser sometidos
sexualmente por cinco o seis o diez clientes que su "cuidador" le lleva
cada día.
No estoy segura de
que la prostitución a secas sea una elección. Pero no me queda duda de
que la prostitución infantil nunca es una elección.
Por
si alguna duda queda, Caparrós nos ilustra: "Un estudio reciente mostró
que uno de cada cinco chicos había sido abusado sexualmente en Sri
Lanka".
Segunda parte
Segunda parte
México DF, 15 abril 08 (CIMAC).- Tiene siglas que
lo definen. Como el SIDA. Pero no es una epidemia, aunque pareciera. Se
trata de la ESCNNA: Explotación sexual comercial de niñas, niños y
adolescentes.
Cuesta
trabajo relacionar la palabra Infantil o Niñez a prostitución sexual,
pornografía o turismo sexual. Pero en los hechos se relaciona. Y son
caras de una misma moneda: la explotación sexual infantil. Una moneda
que rueda sin que apenas se oiga su lamento. Una moneda que muchos
consienten por acción u omisión, y no pocos hacen jugosos negocios.
La
Declaración y Agenda para la Acción del Congreso Mundial contra la
Explotación Sexual Comercial de la Niñez define esta explotación como
el "abuso por parte del adulto, y remuneración en dinero o especie para
el menor de edad o para una tercera persona o personas. La niña o el
niño es tratado como objeto sexual y como mercancía".
No
hay medias tintas a la hora de encasillar esta ilícita actividad: "la
explotación sexual comercial de la niñez constituye una forma de
coerción y violencia contra ésta, equivale a trabajo forzado y
constituye una forma contemporánea de esclavitud".
No
obstante, en muchos gobiernos y en muchas sociedades del mundo sí hay
medias tintas a la hora de ponerle freno. No en el discurso, tal vez.
Sí en los hechos.
De lo
contrario cómo podemos explicar alrededor de 2 millones de niñas y
niños padeciendo explotación sexual comercial. Y discúlpeme que no
utilice las siglas. El afán de síntesis enmascara, sin querer, el
horror de semejante concepto.
No
es una novedad, me dirán algunos estudiosos de la historia. En la
antigua Grecia y en la Roma imperial la pedofilia era algo usual.
Sí,
diría yo, igual que la esclavitud, los coliseos y los cristianos como
merienda de los leones. El pasado nunca debe ser excusa, pretexto o
justificación.
Ahora las niñas
y niños de nuestro planeta son considerados mercancías, se les trata
como tales, y están sujetos, como cualquier otra mercancía en el mundo
capitalista y globalizado, a la demanda del mercado. ¡Y vaya que hay
demanda!
Parece que hay fecha y lugar para situar más o menos el inicio de esta tragedia.
Según
ECPAT Internacional --una red de organizaciones que trabajan
conjuntamente para eliminar la explotación sexual infantil en sus
diferentes modalidades (prostitución, pornografía)-- la prostitución
infantil en Filipinas creció durante las décadas de 1970 y 1980.
Resulta
que en la bahía de Olongapo, la base militar de Estados Unidos era
utilizada con fines de entrenamiento y recreo. Ahí los marines actuaron
con toda impunidad, porque se firmó un acuerdo para conceder inmunidad
de procesamiento por cualquier delito que cometiera personal militar
durante su estancia en Filipinas.
¿Y adivine quienes fueron las primeras víctimas? Por supuesto, las mujeres, las niñas y los niños.
No
fue, claro, un caso aislado. ECPAT señala que destacamentos militares
de otros países o de organismos internacionales devinieron en graves
abusos en la década de 1990, lo mismo en Camboya, que en Mozambique,
que en Kosovo.
Un informe
preparado para las Naciones Unidas destacó que la llegada de tropas
para el mantenimiento de la paz en países con conflictos armados estuvo
asociada al rápido aumento de la prostitución infantil en 6 de los 12
países estudiados (www.ecpat.net).
Pero
la explotación sexual infantil no está asociada sólo a los conflictos
bélicos, momentos en que se pierden todas las fronteras de lo
razonable, lo civilizado, lo humano. Actualmente uno de sus principales
nichos es el turismo.
Desde
hace algunos años se agregó un nuevo apellido a la palabra turismo.
Junto con el turismo de playa, el turismo cultural, el turismo
ecológico, el turismo de aventura, empezó a coexistir el turismo
sexual. En voz baja, por supuesto, pero, al igual que las otras clases
de turismo, dicen que cuenta con paquetes promocionales, publicidad y a
su sombra crecen lucrativos negocios.
Ahí
está Tailandia, por ejemplo. Y cuando el gobierno decidió combatir con
más seriedad el asunto, los explotadores se trasladaron a Camboya, a
Sri Lanka.
En América Latina
figura en este mapa Costa Rica, que en Estados Unidos se anuncia como
"una Tailandia más cercana". Sólo en 1999, este país recibió 5 mil
turistas con la específica intención de sostener sexo con una niña o un
niño.
Tercera parte
Tercera parte
México DF, 22 abril 08 (CIMAC).- Con traje o en
mangas de camisa. Con sotana o en pants deportivos. Banqueros,
empresarios, comerciantes, profesionistas, ministros de culto. Casados
o solteros. Hombres casi todos, pero también mujeres. Ciudadanos que a
ojos de la sociedad son decentes, honorables, ejemplo en su comunidad.
Ésas son las características del pedófilo.
No es un monstruo. No a simple vista. Y con harta frecuencia ni a cercana vista, y mucho menos a su propia vista.
"Los
monstruos no están abusando de estos chicos. Los abusadores son todos
gente común y corriente". Así se expresó un delegado del Primer
Congreso Contra la Explotación Sexual Comercial Infantil. Lo cita
Martín Caparrós en su crónica El sí de los Niños (Letras Libres, año
VII, Núm. 84, diciembre de 2005). Lo cita para tratar de contestar a su
pregunta: ¿por qué los pedófilos se vuelven pedófilos?
Nadie
sabe -se contesta- "...todos hablan de los previsibles traumas
infantiles, necesidades de afecto insatisfechas, dificultades para
relacionarse, que se descubren precisamente porque el fulano empieza a
manotear criaturas. Como quien dice que la pelota rueda porque es
redonda y es redonda porque rueda".
Lo
que sí sabe Caparrós a partir de su investigación periodística es que
"suelen parecer la gente más normal: un abogado francés, un banquero
australiano, un jubilado suizo...". Lo que también saben especialistas
es que cualquier persona adulta que sostienen relaciones sexuales con
una o un menor es pederasta. Punto.
El
grupo de organizaciones que conjunta esfuerzos para combatir la
explotación sexual infantil -ECPAT- afirma que los turistas sexuales
pueden ser pedófilos con un deseo premeditado por niños y niñas, o
viajeros que no planifican su viaje con esa intención, pero que el
anonimato, la disponibilidad y el estar lejos de las restricciones
morales y sociales que normalmente regulan su comportamiento pueden
llevarlo a la pedofilia (www.ecpat.net).
A
menudo, prosigue ECPAT, justifican su comportamiento aduciendo que es
culturalmente aceptado en ese país, o que ayudan al niño o a la niña al
darle dinero.
Mi abuela decía
que el camino al infierno está lleno de convenientes justificaciones.
En el camino de las justificaciones no sólo está "la caridad"; se
encuentra también el SIDA.
Hay
quienes deciden abusar sexualmente de infantes bajo el supuesto de que
así no corren peligro de contraer VIH, dado que, dicen, no están
contaminados. Y hay quienes creen, especialmente en África y Asia, que
mantener sexo con vírgenes cura el SIDA.
De
más está decir que en ambos casos están en un grave error. Cito a
Martín Caparrós: "los tejidos jóvenes de los chicos tienen más
posibilidades de contagiarse del virus y, además, sus abusadores no
suelen protegerse. En 1995, un estudio mostró que más del treinta por
ciento de los chicos y chicas prostitutos en el sudeste asiático
estaban infectados".
Por otro
lado, ECPAT señala que los menores que han perdido a sus padres a causa
del SIDA se convierten en jefes de familia y, por tanto, son más
vulnerables a la explotación y al abuso en todas sus formas.
Para
fines de 2000 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)
calculó que 10.4 millones de niños y niñas menores de 15 años en África
habían perdido a su madre, a su padre o ambos a causa del SIDA.
Pero
el SIDA no es la causa principal de la explotación sexual comercial
infantil, en sus distintas modalidades: prostitución, pornografía,
turismo sexual. Especialistas en el tema señalan que hay una serie de
condiciones que permiten hacer de la pedofilia una actividad comercial.
Sin
contar con los conflictos armados y el tráfico de personas -situaciones
donde los abusos de todo tipo abundan-- hay factores que permiten que
en una ciudad como en la que usted vive apaciblemente se ejerza la
prostitución infantil o el turismo sexual.
La pobreza, abusos físicos o psicológicos en el ámbito familiar, el abandono, las adicciones, se encuentran en la lista.
ECPAT
señala que 8 de cada 10 niños y niñas que padecen explotación sexual
comercial sufrieron de abuso físico o emocional en el seno familiar. La
mayoría sufrió algún tipo de abuso sexual por parte de un miembro de su
familia.
Pero el aderezo
principal lo pone la impunidad y la corrupción. Así, en países donde
sus gobiernos no ven o sacan ganancias por no ver, prolifera la
explotación sexual infantil. México reúne las características.
Cuarta y última parte
Cuarta y última parte
México DF, 29 abril 08 (CIMAC).- Pobreza,
violencia doméstica, corrupción, impunidad, son algunos de los
elementos que fomentan la pederastia. En México tenemos todos y algunos
más.
En 2003 la
noticia, el escándalo. Un hotelero de Cancún, Succar Kuri, era
pederasta. Como suele ser en estos casos, sólo fue la punta de un
iceberg. Sólo que, ya sabe usted, aquí los icebergs suelen ahogarse en
mares de poder.
El caso Succar
dio lugar al caso Lydia Cacho. Poderoso empresario Kamel Nacif de por
medio, poderoso gobernador Mario Marín de por medio, poderosa Suprema
Corte de Justicia de por medio, y aquí no pasó nada. Fin de la
historia. Tristes lecciones. El día que la Corte falló en contra de
Lydia, una de las víctimas de Succar le llamó para decirle desesperada:
Lydia, si eso te hacen a ti, ¿qué podemos esperar nosotras?
No
gran cosa. Esa es parte de la tragedia en nuestro país. Las víctimas de
pederastia no pueden esperar gran cosa. Independientemente de la
impunidad y la corrupción que en México contaminan todas las esferas,
no hay leyes homologadas en el país que les protejan. En algunas
entidades ni siquiera está contemplada como delito la pederastia. No
hay políticas públicas para evitarla o prevenirla. Y, peor aún, la
niñez cabe sólo en el rubro de la asistencia social, en el de la
caridad, en el Sistema DIF (Desarrollo Integral de la Familia).
Gerardo
Sauri, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en
México, afirma que "México ha estado firmando acuerdos internacionales
sin generar una nueva institucionalidad con instancias que fueron
creadas desde los años 40, con la idea de que las esposas de los
presidentes de la República, del gobernador, del presidente municipal,
atendieran los temas de un sector marginal" (Cimacnoticias, abril 4 de
2008).
En efecto, los DIF en el
país lo mismo se encargan de repartir cobertores a las personas
ancianas que viven en pobreza, que prótesis a las discapacitadas en las
comunidades rurales, que administrar el asilo o la casa hogar para
niñas y niños, que apoyar a menores de edad que viven en la calle, que
desarrollar programas contra adicciones. Y todo eso con bajo
presupuesto que complementan con ayuda de trabajadoras voluntarias, que
lo mismo se encargan de organizar el festival de la niña y el niño, que
el té canasta para recaudar fondos.
Hace
dos años --dice el investigador Sauri-- en el reporte que México hizo a
la ONU en materia de aplicación de la Convención de los Derechos del
Niño y la Niña, mostró que el presupuesto asignado para el programa "De
la calle a la vida", que trabaja con niñas y niños de la calle víctimas
de explotación sexual, en 2005 representó la mitad que en 2004. Y todo
"porque el DIF nacional no tiene presupuesto etiquetado para combatir
la explotación sexual".
Ni el DIF ni ninguna otra institución oficial.
Sauri,
quien presentó a principios de este mes el libro "La infancia cuenta en
México, 2007", fue categórico al afirmar que en México no hay planes ni
programas anuales, ni a nivel federal ni estatal específicamente
diseñados para defender los derechos de las niñas y los niños de
México. Es más, agregó, los gobiernos no saben cuánto invierten en
estas tareas.
No es lo único que el gobierno no sabe. ¿De qué tamaño es el problema en nuestro país?
No
saben. Ni siquiera se sabe, por ejemplo, cuántos menores viven en
situación de calle en nuestro país. Hay estimaciones oficiales que
señalan que hay cerca de 16 mil niños y niñas víctimas de explotación
sexual en México. Hay estimaciones no oficiales que ponen focos rojos
en polos turísticos como Cancún.
Pero,
a la par, hay quienes desestiman el asunto diciendo que esos estudios
no son actuales y que en Cancún había sólo un pederasta, Succar Kuri, y
ya está en la cárcel.
No todo
está perdido. Hay varias organizaciones civiles tomando al toro por los
cuernos. Ahí está, por ejemplo, el CIAM de Cancún. Ahí están los
refugios para víctimas de violencia. Y ahí está, también, ECPAT
Internacional, una red internacional de organizaciones y de personas
que trabajan para eliminar la explotación sexual comercial de niñas y
niños.
Hace 12 años, Unicef,
ECPAT y otras ONG, organizaron el Primer Congreso Mundial contra la
Explotación de Niños, Niñas y Adolescentes, que se realizó en Suecia.
Ahí se puso sobre la mesa esta problemática de la que se sabía poco y
se hablaba menos.
El Segundo
Congreso, que tuvo lugar en Japón en 2001, consolidó alianzas,
fortaleció compromisos y permitió compartir conocimientos y
experiencias sobre los diferentes aspectos de la explotación sexual
comercial infantil. De este evento derivaron reuniones de seguimiento
organizadas en distintas regiones del mundo entre 2004 y 2005.
Este año se llevará a cabo el Tercer Congreso, en Río de Janeiro, Brasil, del 25 al 28 de noviembre (www.ecpat.net.).
Por desgracia, no parece que será el último.
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com
* Periodista y feminista en Quintana Roo, México, integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.






