La juez afirma que la escuela no actuó con "la vigilancia exigible"
El padre de un niño de 13 años, en enero de 2007, sacó a su hijo de la escuela concertada IPSI de Barcelona tras haber denunciado que el menor había sido objeto en el último año [2006] de burlas y agresiones por parte de sus compañeros, una de las cuales le provocó una caída en la que se rompió el ligamento de una rodilla.
Mercè Beltran | Barcelona | 09/05/2008 (LA VANGUARDIA)
El colegio IPSI de Barcelona ha sido condenado a pagar 14.783 por el acoso moral y físico, bullying, que sufrió un alumno, hoy ya en otro centro, durante el curso 2005-2006 y el siguiente. En el desglose del importe a satisfacer por el centro, la juez Montserrat Hernando fija en la sentencia una indemnización de 13.000 euros por el acoso moral y el resto, hasta el total, por las agresiones físicas que sufrió el niño.
La magistrada del juzgado de primera instancia n. º 36 de Barcelona, en su sentencia del pasado 21 de abril, considera probado que el menor sufrió acoso escolar y que "tenía dificultades de relación con algunos de sus compañeros". A consecuencia de ello, "vivió dentro del colegio una serie de situaciones en que era increpado por otros alumnos, e incluso agredido", y se "sintió acosado".
La juez reprocha al centro que, conociendo la situación y la primera agresión, no velara lo suficiente por el bienestar del niño y le creyera cuando el alumno les decía que estaba bien. Al respecto, la magistrada argumenta que la respuesta del alumno se podía deber a "la propia situación de temor, de acoso o abuso que vivía, puesto que los menores que son objeto de este tipo de comportamientos de maltrato pueden dar respuestas de este tipo para evitar males mayores por parte de los abusadores",por lo que concluye que el centro "debió cerciorarse de modo absoluto de que efectivamente se había terminado y no se había reiterado la conducta ilícita de sus compañeros".
El niño tenía 12 años cuando sufrió la primera agresión. En octubre del 2005, según el relato de los hechos, cuatro alumnos empujaron al menor contra un banco, lo que le provocó una fisura en el tabique nasal. El centro resolvió el asunto con la mediación. La segunda agresión fue el 10 de octubre del 2006, cuando a consecuencia de una zancadilla, según relatan los demandantes, el niño dio con la rodilla en el suelo, lo que le provocó una rotura de ligamentos que le ha impedido seguir entrenándose con su equipo de waterpolo. En este caso, la juez dice que no queda acreditado que la caída se produjera a consecuencia de una zancadilla, pero sí que la lesión se produjo dentro del centro escolar.
La sentencia, que obedece a una demanda de responsabilidad civil contra el colegio presentada por los padres del menor el 9 de octubre del 2007, ha sido recurrida por el centro escolar (concertado), porque no reconoce los hechos. También han presentado recurso los demandantes, que reclaman que la escuela se haga cargo de las costas judiciales además de incrementar la cuantía económica de la indemnización hasta los 50.000 euros, por gastos médicos, días de curación y daño moral sufrido por el menor.
Los padres del niño, que está en otro colegio y "es feliz", aseguran que lo único que pretenden con su actuación "es que ningún otro niño vuelva a pasar nada similar" a lo que ha sufrido su hijo". LA VANGUARDIA
HEMEROTECA 09/01/2007
Barcelona. 09/01/2007 (EFE).- (LA VANGUARDIA)
El padre de un niño de 13 años ha sacado a su hijo de la escuela concertada IPSI de Barcelona tras haber denunciado que el menor ha sido objeto en el último año de burlas y agresiones por parte de sus compañeros, una de las cuales le provocó una caída en la que se rompió el ligamento de una rodilla.
La Generalitat, que ha autorizado el cambio de centro, ha comunicado hoy al padre que el menor podrá empezar mañana mismo sus clases en un nuevo colegio, el de Sant Miquel, situado en la calle Rosselló, en el distrito del Eixample, como el IPSI.
El padre, Daniel Pujol, ha explicado que las vejaciones contra su hijo empezaron el curso pasado, cuando el menor llegaba a casa asegurando que un grupo de cinco o seis alumnos de cursos superiores se mofaban de él, le empujaban, le insultaban y le propinaban collejas en la cabeza.
Según el progenitor, hace aproximadamente un año se produjo la primera agresión: varios compañeros de colegio le empujaron contra un banco y le causaron una fisura en el tabique nasal.
En aquella ocasión, los padres no denunciaron judicialmente los hechos, como pidió el centro educativo, ya que éste se comprometió a abrir expedientes disciplinarios a los presuntos agresores y a incrementar la vigilancia entre las horas de clase para evitar nuevos casos como el sucedido.
Sin embargo, el pasado 10 de octubre se produjo una nueva agresión. Esta vez, otro alumno, también de más edad, le puso una zancadilla en una escalera del colegio y el menor cayó de rodillas al suelo, lo que le provocó una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.
Daniel Pujol, que ya ha presentado una denuncia ante la fiscalía de menores, ha asegurado que el centro se ha puesto en esta ocasión de parte del agresor y le ha llegado a decir que denunciando los hechos sólo pretende lograr una compensación económica.
El director del colegio IPSI, Oriol Blanché, ha explicado que el sufrimiento de la familia es "absolutamente comprensible", como también "es lícito" llevar los hechos mediante la vía judicial, aunque ha recordado que hay que respetar la presunción de inocencia del menor afectado.
"Éste es un proceso que requiere voluntad de diálogo por parte de todas las partes para procurar que se arregle por la vía del respeto y el diálogo, y no con amenazas", ha afirmado Blanché. LA VANGUARDIA
El padre de un niño de 13 años, en enero de 2007, sacó a su hijo de la escuela concertada IPSI de Barcelona tras haber denunciado que el menor había sido objeto en el último año [2006] de burlas y agresiones por parte de sus compañeros, una de las cuales le provocó una caída en la que se rompió el ligamento de una rodilla.
Mercè Beltran | Barcelona | 09/05/2008 (LA VANGUARDIA)
El colegio IPSI de Barcelona ha sido condenado a pagar 14.783 por el acoso moral y físico, bullying, que sufrió un alumno, hoy ya en otro centro, durante el curso 2005-2006 y el siguiente. En el desglose del importe a satisfacer por el centro, la juez Montserrat Hernando fija en la sentencia una indemnización de 13.000 euros por el acoso moral y el resto, hasta el total, por las agresiones físicas que sufrió el niño.
La magistrada del juzgado de primera instancia n. º 36 de Barcelona, en su sentencia del pasado 21 de abril, considera probado que el menor sufrió acoso escolar y que "tenía dificultades de relación con algunos de sus compañeros". A consecuencia de ello, "vivió dentro del colegio una serie de situaciones en que era increpado por otros alumnos, e incluso agredido", y se "sintió acosado".
La juez reprocha al centro que, conociendo la situación y la primera agresión, no velara lo suficiente por el bienestar del niño y le creyera cuando el alumno les decía que estaba bien. Al respecto, la magistrada argumenta que la respuesta del alumno se podía deber a "la propia situación de temor, de acoso o abuso que vivía, puesto que los menores que son objeto de este tipo de comportamientos de maltrato pueden dar respuestas de este tipo para evitar males mayores por parte de los abusadores",por lo que concluye que el centro "debió cerciorarse de modo absoluto de que efectivamente se había terminado y no se había reiterado la conducta ilícita de sus compañeros".
El niño tenía 12 años cuando sufrió la primera agresión. En octubre del 2005, según el relato de los hechos, cuatro alumnos empujaron al menor contra un banco, lo que le provocó una fisura en el tabique nasal. El centro resolvió el asunto con la mediación. La segunda agresión fue el 10 de octubre del 2006, cuando a consecuencia de una zancadilla, según relatan los demandantes, el niño dio con la rodilla en el suelo, lo que le provocó una rotura de ligamentos que le ha impedido seguir entrenándose con su equipo de waterpolo. En este caso, la juez dice que no queda acreditado que la caída se produjera a consecuencia de una zancadilla, pero sí que la lesión se produjo dentro del centro escolar.
La sentencia, que obedece a una demanda de responsabilidad civil contra el colegio presentada por los padres del menor el 9 de octubre del 2007, ha sido recurrida por el centro escolar (concertado), porque no reconoce los hechos. También han presentado recurso los demandantes, que reclaman que la escuela se haga cargo de las costas judiciales además de incrementar la cuantía económica de la indemnización hasta los 50.000 euros, por gastos médicos, días de curación y daño moral sufrido por el menor.
Los padres del niño, que está en otro colegio y "es feliz", aseguran que lo único que pretenden con su actuación "es que ningún otro niño vuelva a pasar nada similar" a lo que ha sufrido su hijo". LA VANGUARDIA
HEMEROTECA 09/01/2007
Una familia saca a su hijo de un colegio de Barcelona tras denunciar que sufre 'bullying'
El menor podrá empezar mañana mismo [10/ENE/2007] sus clases en un nuevo colegioBarcelona. 09/01/2007 (EFE).- (LA VANGUARDIA)
El padre de un niño de 13 años ha sacado a su hijo de la escuela concertada IPSI de Barcelona tras haber denunciado que el menor ha sido objeto en el último año de burlas y agresiones por parte de sus compañeros, una de las cuales le provocó una caída en la que se rompió el ligamento de una rodilla.
La Generalitat, que ha autorizado el cambio de centro, ha comunicado hoy al padre que el menor podrá empezar mañana mismo sus clases en un nuevo colegio, el de Sant Miquel, situado en la calle Rosselló, en el distrito del Eixample, como el IPSI.
El padre, Daniel Pujol, ha explicado que las vejaciones contra su hijo empezaron el curso pasado, cuando el menor llegaba a casa asegurando que un grupo de cinco o seis alumnos de cursos superiores se mofaban de él, le empujaban, le insultaban y le propinaban collejas en la cabeza.
Según el progenitor, hace aproximadamente un año se produjo la primera agresión: varios compañeros de colegio le empujaron contra un banco y le causaron una fisura en el tabique nasal.
En aquella ocasión, los padres no denunciaron judicialmente los hechos, como pidió el centro educativo, ya que éste se comprometió a abrir expedientes disciplinarios a los presuntos agresores y a incrementar la vigilancia entre las horas de clase para evitar nuevos casos como el sucedido.
Sin embargo, el pasado 10 de octubre se produjo una nueva agresión. Esta vez, otro alumno, también de más edad, le puso una zancadilla en una escalera del colegio y el menor cayó de rodillas al suelo, lo que le provocó una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.
Daniel Pujol, que ya ha presentado una denuncia ante la fiscalía de menores, ha asegurado que el centro se ha puesto en esta ocasión de parte del agresor y le ha llegado a decir que denunciando los hechos sólo pretende lograr una compensación económica.
El director del colegio IPSI, Oriol Blanché, ha explicado que el sufrimiento de la familia es "absolutamente comprensible", como también "es lícito" llevar los hechos mediante la vía judicial, aunque ha recordado que hay que respetar la presunción de inocencia del menor afectado.
"Éste es un proceso que requiere voluntad de diálogo por parte de todas las partes para procurar que se arregle por la vía del respeto y el diálogo, y no con amenazas", ha afirmado Blanché. LA VANGUARDIA







