El fenómeno social ha crecido notoriamente, lo preocupante es que toca a menores de edad, quienes se han vuelto más vulnerables debido a excesos en su formación, la exposición a la violencia y la implacable "era digital" que ocasiona que muchos de ellos terminen aislándose.
José Juan reyes 17/05/2008 MÉXICO (El Economista)
Para los padres resulta difícil superar la muerte de sus hijos cuando éstos se ven involucrados en accidentes de tránsito, cuarta causa de muerte en la población joven. Más doloroso es cuando los jóvenes se suicidan; el fenómeno ya alcanzó a la población infantil.
En las zonas urbanas de nuestro país se registra el mayor número de suicidios e intentos de suicidio. Las estadísticas indican que siete de cada 10 ocurren en estas regiones. En los últimos años el fenómeno social ha crecido en promedio 4 por ciento.
No obstante, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) asegura que en algunas entidades federativas, las tasas de suicidio infantil se ha triplicado durante los últimos años. Incluso advierte que frecuentemente el suicidio de niños está relacionado con historias de maltrato.
A lo largo de los años el suicidio ha sido mal visto. A las familias de las víctimas no les permitían enterrar los cuerpos en los cementerios.
La OMS y OPS indica que en Latinoamérica y El Caribe hasta 33% de las personas presentan algún problema de salud mental. En una encuesta de adolescentes escolarizados de nueve países de El Caribe se evidenció que 12% de los encuestados había intentado suicidarse y 50% había tenido síntomas de depresión.
Canadá, Cuba, El Salvador, Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela tienen tasas de suicidio en varones de 15 a 24 años de edad que superan los 10 por cada 100,000 habitantes.
El fenómeno social ha crecido notoriamente, lo preocupante es que toca a menores de edad. Como respuesta a la problemática, se han hecho investigaciones profundas sobre las causas del suicidio. Hasta el momento no existen conclusiones definitivas.
Algunos expertos en la materia, como los adscritos a la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, aseguran que en México han aumentado de manera preocupante los suicidios en niños y adolescentes.
La catedrática Aída Valero Chávez indica que los problemas sentimentales, económicos; depresión, esquizofrenia y trastorno bipolar, están consideradas como las principales causas para atentar contra la vida.
Según el INEGI, en el año 2003 ocurrieron 3,327 suicidios. En promedio, ocurrieron 104 suicidios en cada estado de la República. Estos casos fueron los que se concretaron; por lo que toca a intentos de suicidio, el INEGI reporta 222.
Jalisco es la entidad con mayor número de suicidios, pues ahí se concentra 9.3%; en Veracruz 8.5; Distrito Federal 6.6; Chihuahua 5.4; Guanajuato, Nuevo León y Sonora 5; Yucatán 4.9, y Tabasco 4.5 por ciento. En el caso de Quintana Roo, el fenómeno crece, pues existe una relación entre migración y suicidio.
Hombres, los más propensos
Mujeres y hombres llegan a tener ideas suicidas, pero son estos últimos quienes concretan el acto. Pueden atentar contra su vida desde la infancia, sin embargo, el riesgo aumenta desde que inician la adolescencia.
Para investigadores de la UNAM, el aumento de suicidios en hombres desde la infancia y de mujeres resulta preocupante, por lo que se necesitan políticas educativas y de salud para disminuir el fenómeno.
Se ha logrado identificar que más de 40% de hombres y mujeres que intentaron quitarse la vida, en algún momento reportaron problemas familiares, (esta es la primera causa de suicidio). En segundo lugar están los problemas amorosos y los conflictos entre amigos.
Reportes del INEGI indican que de cada 10 suicidas, seis desempeñaban ocupaciones remuneradas.
El medio más utilizado fue la estrangulación; mediante ella se perpetraron siete de cada 10 actos.
El uso de arma de fuego en vivienda ocupó el segundo lugar, al ser utilizado en 28 de las entidades federativas para llevar a cabo la acción auto destructiva; la excepción se dio en Chiapas, Tabasco, Veracruz y Yucatán, donde el ingerir veneno ocupó el segundo lugar en importancia.
Un suicidio cada 40 segundos
Dado los altos índices de suicidios y escasa información sobre las causas, en varias partes del mundo se han creado redes de suicidólogos, son psicólogos, psiquiatras o terapeutas. Algunos miembros de estas redes (las cuales se pueden contactar a través del Internet) aseguran que cada segundo en algún país del mundo un ser humano trata de suicidarse, y cada 40 segundos alguien cumple su propósito.
Según las experiencias compartidas, en la mayoría de los países europeos el número de suicidios es mayor que el número de muertes por accidentes de tránsito. Las tasas más altas de suicidios se registran en el Báltico, Rusia y Finlandia.
Con la evolución de la tecnología, los expertos aseguran que ésta puede ser utilizada en actos suicidas. Por ejemplo, Internet podría contribuir a prevenir esta causa de muerte; sin embargo, se comprobado que es empleada hasta para realizar pactos suicidas.
Aislamiento e Internet, mala combinación
Los excesos en la formación de niños y adolescentes pueden ser dañinos, al grado de convertirlos en candidatos suicidas; el problema aumenta si existen antecedentes familiares depresivos. La constante exposición a la violencia familiar y externa, así como la dependencia, son factores importantes.
Una de las principales características de quienes atentan contra su vida es el aislamiento, esta conducta aumenta con la exposición al Internet. Según la Organización Mundial de la Salud, los jóvenes depresivos tienden a alejarse, uno de cada cinco lo hace a través de la “red”. El cyber espacio también es utilizado para buscar maneras de terminar con su vida.
En la niñez y adolescencia los lugares preferidos para cometer el atentado es el hogar, la vía pública y escuela. En el caso de los hombres optan por el ahorcamiento; las mujeres el envenenamiento, según los reportes del INEGI.
El suicidio genera muchos cuestionamientos, pues cuando se trata de adultos, los familiares se preguntan cómo es posible que se quitara la vida teniendo familia, esposo o hijos; incluso estos cuestionamiento surgen cuando se trata de una persona con padecimiento de cáncer en etapa terminal, aunque sean los más propensos a suicidarse debido al estado de depresión en el que se encuentran. La incertidumbre aumenta cuando se trata de un adolescente o niño.
En los hospitales del IMSS quienes más recurren a tratamiento son los adultos; sin embargo, cuando los especialistas hacen las valoraciones correspondientes detectan que los primeros intentos de suicidio se registraron en la niñez o adolescencia.
Aunque el suicidio es un problema alarmante (no se cura sólo se controla) 60% de los pacientes que se someten a tratamiento no lo terminan.
Cómo ven el problema los especialistas
Para el presidente de la Asociación en Salud Mental del IMSS, Alejandro Córdova, durante la infancia, la violencia en el entorno del menor (calle o escuela) es un factor importante para crear individuos con tendencias suicidas, más si se repite en el hogar.
El otro extremo es que los padres formen niños y jóvenes dependientes, pues en ellos los conflictos interpersonales o amorosos crean frustraciones que los llevarán a atentar contra su vida.
“Los pre-adolescentes dependientes reaccionan con excesos por frustraciones y esto se debe prever cuando un niño es explosivo o intolerante”.
El especialista en psiquiatría indica que el televisor y los videojuegos tienen un papel importante en la formación del trastorno, pues las series, caricaturas y telenovelas establecen como valor la violencia y ésta será empleada no sólo contra segundas personas, sino contra sí mismo.
Internet y genética, binomio detonante
Según estudios de expertos en psiquiatría, los antecedentes familiares representan un riesgo para las generaciones. En opinión de Alejandro Córdova, quien además es médico especialista en el hospital psiquiátrico Héctor Tovar, si en la familia existen antecedentes de personas depresivas o con ansiedad, el riesgo el mayúsculo.
“Lo que se transmite no es la enfermedad, sino el riesgo. Si algún miembro de primer orden ha tenido algún tipo de trastorno afectivo o bipolar, los niños están en riesgo”.
Cabe mencionar que en la sociedad aumentan los índices de depresión y estrés, según el especialista, diversos estudios han demostrado que a mayor estrés también aumentan los niveles de ansiedad y esto puede orillar al individuo a atentar contra su vida.
Y es que en los adolescentes, de los casos de suicidio estudiados, se detectó que 75% de ellos estaban asociados con trastornos de ansiedad.
Un factor en el que estudiosos han puesto especial atención es el uso de Internet, pues se han encontrado evidencias de que ha sido empleada en la propagación de conductas suicidas entre los jóvenes.
Algunos análisis hechos en la Facultad de Medicina indican que la “red” se ha convertido en una herramienta para incitar a los jóvenes a cometer suicidio.
Esto es más preocupante cuando los menores están expuestos a desintegración familiar, uso de drogas y alcohol.
Con la “red”, los jóvenes se marginan de la comunidad. Prefieren pasar sus días lejos del resto del mundo. Hay casos en los que abandonan escuelas o trabajos para encerrarse a ver televisión o dedicar el tiempo a navegar la red.
El proceso suicida sigue cuatro etapas: ideación suicida, amenazas, intentos y suicidio consumado. Aquí el Internet ha coadyuvado a fomentar cada una de estas etapas, en especial la ideación suicida, puesto que han proliferado portales en la red que son aptos para aspirantes a suicidas, en los que se intercambia información sobre lugares y técnicas para morir en grupo.
Otros portales incluso explican paso a paso cómo cometer un suicidio, desde métodos hasta dosis exactas para hacer que ciertos medicamentos resulten fatales.
Muchos de los jóvenes que visitan estos sitios lo hacen con curiosidad más que con la idea de realizar un acto suicida; sin embargo, cuando se mezclan con las condiciones psicológicas, familiares y emocionales previamente descritas, se vuelven vulnerables.
El especialista del IMSS Alejandro Córdova dijo que la familia debe hacer una autovaloración y saber si los padres son intolerantes o son buenos para establecer vínculos con los hijos. Deben ser cariñosos, pero sin excesos. Esto con la finalidad de promover acercamiento y ayudarlos a madurar.
“Los padres tienen que reconocer los logros de los hijos, pues en ocasiones el niño tiene la sensación de que las cosas que hacen no tienen valor para su entorno y por lo tanto la vida no es valiosa”.
Los cambios en los menores
Algunas características en los menores con riesgo a desarrollar trastornos que han sido detectadas por psiquiatras son: cambio en la apariencia, por ejemplo utilización de colores oscuros no para seguir una moda; descuidan el aseo personal.
Recientemente, el académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, Andrés Alcántara Camacho, dio a conocer un estudio en donde muestra que 40% de los jóvenes pertenecientes a la tribu emos son suicidas en potencia, pues presentan un perfil psicológico depresivo.
Aunque no se tiene un estudio estadístico sobre cuántos emos se suicidan, pues este fenómeno tiene pocos años de aparición, se sabe que buscan la muerte por ello se hacen vulnerables a enfermedades. Incluso optan por cortarse en la cara y brazos, para después cubrirlas con el cabello y adornos.
Lo recomendable es recurrir con un especialista en psicología o psiquiatría, quienes valorarán al menor e identificarán el riesgo suicida, incluso determinarán si el paciente deberá ser internado o puede seguir un tratamiento externo. Regularmente se suministran medicamentos antidepresivos hasta por dos años. EL ECONOMISTA
___
PS
César González Rosado 22 MAY 2008 Mérida, Yucatán.
Como informó el Diario* [infra]: “El niño E.R.L.M., de 12 años, se ahorcó, al parecer debido a que fue expulsado de la escuela de manera presuntamente injusta, luego de que lo involucraron en un accidente en el cual un compañero suyo sufrió la fractura expuesta de un brazo”.
Nada más doloroso para los padres, compañeros, profesores y miembros de una comunidad que el fallecimiento de un niño y mucho más cuando la forma es el suicidio. Sea cual fuere la motivación que tuvo este menor —y otros que por conflictos en las escuelas han tomado tan fatal decisión— y sin pretender el deslinde de responsabilidades, pues a lo que se llega casi siempre son a puras conjeturas, difíciles sino imposibles de comprobar, es necesario que nosotros los profesores revisemos nuestros procedimientos en el manejo de los menores a nuestro cuidado.
Si fue cierta o no la expulsión, justa o injusta, del niño, es necesario saber que el castigo no soluciona nada. Sólo genera agresividad, frustración y otros sentimientos negativos que trastornan la personalidad de quien lo recibe. Es el procedimiento de control más inadecuado para una buena formación de nuestros discípulos. Existen otros procedimientos más eficaces que la Psicología Educativa nos proporciona para la mejor conducción de nuestros educandos.
Recuerdo que —en una escuela preparatoria en la que trabajé— un adolescente se suicidó a causa de unas malas calificaciones, mismas que en realidad y hecha la investigación eran las que correspondían. El joven le reclamó a la maestra y ésta le ofreció una nueva oportunidad para reponer la nota.
En respuesta, el menor amenazó con lanzarse desde el cuarto piso en el que estaban si no le concedían el pase. La maestra y los compañeros que escuchaban sonrieron discretamente, no le creyeron, haciéndole ver que no era para tanto, que mejor sería estudiar de nuevo y presentar otro examen… El muchacho cumplió su palabra, se arrojó sorpresivamente al vacío y acabó con su vida... pero también con la vida de la maestra, pues ella tuvo que ser recluida en una clínica psiquiátrica.
Las investigaciones sobre el caso llegaron a la conclusión de que el joven padecía de ciertos trastornos depresivos y que en otras ocasiones ya había intentado quitarse la vida. También dijeron los psicólogos investigadores que el suicida logró su objetivo: vengarse de la maestra... y vaya que lo logró.
Las causas del suicidio, se ha dicho de manera reiterada, son cuadros depresivos profundos generados por diversas causas —económicas, de salud, sentimentales, frustraciones, etcétera—, que afectan la estructura emocional vulnerable de alguna persona, sea niño, adolescente o adulto.
En el Japón —leímos algunas veces y quizá esto ya esté superado— un sistema rígido educativo ocasionó numerosos casos de suicidio en niños y adolescentes, pero no pensemos que este próspero país tiene la exclusiva. Si revisamos las estadísticas, en México las cifras son alarmantes, y más en Yucatán que casi todas las semanas se reportan casos de todas las edades.
Es, pues, necesario y urgente que los organismos de salud mental redoblen sus esfuerzos y encuentren modos de aliviar la tendencia al suicidio, sobre todo en nuestros centros educativos. Los alumnos en las escuelas son vulnerables. Los profesores también lo son, pues no cuentan con la información y entrenamiento adecuados de prevención, para el manejo de este específico y delicado problema que de pronto les cae encima, que los avasalla, sin que hubieran sabido cómo evitarlo.
YUCATAN
Marcelo Pérez 21 MAY 2008 Mérida, Yucatán.
Rodríguez No sólo cabezas en las escuelas, también los corazones -A.S. Neill Hace unos días la comunidad escolar y la sociedad yucateca se sacudieron al conocer el trágico suceso de un menor de una escuela primaria de Pacabtún, quien se suicidó porque se deprimió luego de ser expulsado del plantel.
Es lamentable y doloroso ver cómo los adolescentes e incluso los menores comienzan a engrosar las estadísticas de los suicidios, ante el estupor de todos. Todos -maestros, padres de familia, organizaciones, ciudadanos y autoridades- contribuimos a que este mal avance, si no hacemos nada.
Este menor jugaba con un compañero de clase, apostó con él, pero el amigo se fracturó el brazo. Ambos fueron llevados ante el director y el presunto -culpable" fue expulsado.
Triste y deprimido llegó a su casa y contó el suceso, no sin antes alegar su inocencia. La madre también lo regañó. Todos lo presionaron, en la escuela y en el hogar. Solo y sintiéndose culpable del accidente y el rechazo, se decidió por la puerta falsa.
En muchas escuelas primarias se usa la expulsión o la suspensión de un menor por una semana o por días, debido a alguna situación de conducta, travesura o inquietud. Así, algunos mentores y directores se van por lo más fácil y hacen a un lado al niño que corrió en los pasillos, a quien dijo una palabra obscena, empujó a un compañero o no quiso obedecer alguna orden dada por el mentor, en lugar de buscar los elementos que propician esa conducta en el niño.
El maestro tiene una delicada responsabilidad en el aula, así como el director en el plantel escolar. Si algún niño cometió alguna travesura o hubo un herido accidental en un juego, hay que buscar qué situaciones se dieron para platicar con los escolares.
En última instancia, si el menor hubiera empujado al pequeño en ese juego y apuesta -lo que supuestamente hicieron-, no es la expulsión el camino a seguir, menos en forma inmediata. ¿Qué motivos hubo para que el niño cometiera tal imprudencia? ¿A qué jugaban? Si hubo conducta agrasiva, ¿qué hay detrás? Es necesario investigar y dialogar. Utilizar, incluso, ese accidente para sensibilizar a los menores. No castigar, agredir y expulsar como si fueran lo niños pequeños delincuentes.
La escuela está para ayudar, para orientar, sensibilizar, motivar y aconsejar, no para castigar y torturar a los niños que tienen problemas de conducta o de aprendizaje. Hay que hablar con ellos, escucharlos y conocer el contexto en que se desenvuelven.
Creo que entre los objetivos de la Secretaría de Educación Pública no está la expulsión ni la suspensión de menores a causa de travesuras, accidentes o acciones que deben y pueden atender los profesores, los directores o las personas especializadas, como el caso de los psicólogos educativos que se encuentran en muchas escuelas primarias.
La escuela es formativa, por tanto, necesita utilizar todas las estrategias que estén a su alcance para orientar, apoyar y ayudar a los pequeños que tengan algún problema conductual o de aprendizajes. Los niños son traviesos por naturaleza, no hay que olvidarlo, no por eso se va a expulsar a todos los pequeños que en algún momento hagan una travesura, no acaten una orden, no hagan sus tareas o se fastidien en el salón de clases.
Maestros, padres de familia y directivos tienen una gran responsabilidad en la educación de las personas. Hay que ir detrás de los problemas que los alumnos tienen para ayudarlos, no cometer injusticias que luego resultan contraproducentes para la formación, educación, integridad o seguridad de los alumnos.
Este lamentable caso debe servir de dura lección para educadores, padres de familia, directores de escuela, supervisores y autoridades educativas. En los pequeños no se puede ir por lo más fácil para lograr que obedezcan o para castigarlos por alguna travesura o berrinche, sea con golpes, amenazas, ofensas o la expulsión; hay que entenderlos, escucharlos, respetarlos, tener paciencia con ellos y ayudarlos en su desarrollo y formación, sobre todo si el suicidio gana terreno entre los menores y adolescentes.-
YUCATAN
José Juan reyes 17/05/2008 MÉXICO (El Economista)
Para los padres resulta difícil superar la muerte de sus hijos cuando éstos se ven involucrados en accidentes de tránsito, cuarta causa de muerte en la población joven. Más doloroso es cuando los jóvenes se suicidan; el fenómeno ya alcanzó a la población infantil.
En las zonas urbanas de nuestro país se registra el mayor número de suicidios e intentos de suicidio. Las estadísticas indican que siete de cada 10 ocurren en estas regiones. En los últimos años el fenómeno social ha crecido en promedio 4 por ciento.
No obstante, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) asegura que en algunas entidades federativas, las tasas de suicidio infantil se ha triplicado durante los últimos años. Incluso advierte que frecuentemente el suicidio de niños está relacionado con historias de maltrato.
A lo largo de los años el suicidio ha sido mal visto. A las familias de las víctimas no les permitían enterrar los cuerpos en los cementerios.
La OMS y OPS indica que en Latinoamérica y El Caribe hasta 33% de las personas presentan algún problema de salud mental. En una encuesta de adolescentes escolarizados de nueve países de El Caribe se evidenció que 12% de los encuestados había intentado suicidarse y 50% había tenido síntomas de depresión.
Canadá, Cuba, El Salvador, Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela tienen tasas de suicidio en varones de 15 a 24 años de edad que superan los 10 por cada 100,000 habitantes.
El fenómeno social ha crecido notoriamente, lo preocupante es que toca a menores de edad. Como respuesta a la problemática, se han hecho investigaciones profundas sobre las causas del suicidio. Hasta el momento no existen conclusiones definitivas.
Algunos expertos en la materia, como los adscritos a la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, aseguran que en México han aumentado de manera preocupante los suicidios en niños y adolescentes.
La catedrática Aída Valero Chávez indica que los problemas sentimentales, económicos; depresión, esquizofrenia y trastorno bipolar, están consideradas como las principales causas para atentar contra la vida.
Según el INEGI, en el año 2003 ocurrieron 3,327 suicidios. En promedio, ocurrieron 104 suicidios en cada estado de la República. Estos casos fueron los que se concretaron; por lo que toca a intentos de suicidio, el INEGI reporta 222.
Jalisco es la entidad con mayor número de suicidios, pues ahí se concentra 9.3%; en Veracruz 8.5; Distrito Federal 6.6; Chihuahua 5.4; Guanajuato, Nuevo León y Sonora 5; Yucatán 4.9, y Tabasco 4.5 por ciento. En el caso de Quintana Roo, el fenómeno crece, pues existe una relación entre migración y suicidio.
Hombres, los más propensos
Mujeres y hombres llegan a tener ideas suicidas, pero son estos últimos quienes concretan el acto. Pueden atentar contra su vida desde la infancia, sin embargo, el riesgo aumenta desde que inician la adolescencia.
Para investigadores de la UNAM, el aumento de suicidios en hombres desde la infancia y de mujeres resulta preocupante, por lo que se necesitan políticas educativas y de salud para disminuir el fenómeno.
Se ha logrado identificar que más de 40% de hombres y mujeres que intentaron quitarse la vida, en algún momento reportaron problemas familiares, (esta es la primera causa de suicidio). En segundo lugar están los problemas amorosos y los conflictos entre amigos.
Reportes del INEGI indican que de cada 10 suicidas, seis desempeñaban ocupaciones remuneradas.
El medio más utilizado fue la estrangulación; mediante ella se perpetraron siete de cada 10 actos.
El uso de arma de fuego en vivienda ocupó el segundo lugar, al ser utilizado en 28 de las entidades federativas para llevar a cabo la acción auto destructiva; la excepción se dio en Chiapas, Tabasco, Veracruz y Yucatán, donde el ingerir veneno ocupó el segundo lugar en importancia.
Un suicidio cada 40 segundos
Dado los altos índices de suicidios y escasa información sobre las causas, en varias partes del mundo se han creado redes de suicidólogos, son psicólogos, psiquiatras o terapeutas. Algunos miembros de estas redes (las cuales se pueden contactar a través del Internet) aseguran que cada segundo en algún país del mundo un ser humano trata de suicidarse, y cada 40 segundos alguien cumple su propósito.
Según las experiencias compartidas, en la mayoría de los países europeos el número de suicidios es mayor que el número de muertes por accidentes de tránsito. Las tasas más altas de suicidios se registran en el Báltico, Rusia y Finlandia.
Con la evolución de la tecnología, los expertos aseguran que ésta puede ser utilizada en actos suicidas. Por ejemplo, Internet podría contribuir a prevenir esta causa de muerte; sin embargo, se comprobado que es empleada hasta para realizar pactos suicidas.
Aislamiento e Internet, mala combinación
Los excesos en la formación de niños y adolescentes pueden ser dañinos, al grado de convertirlos en candidatos suicidas; el problema aumenta si existen antecedentes familiares depresivos. La constante exposición a la violencia familiar y externa, así como la dependencia, son factores importantes.
Una de las principales características de quienes atentan contra su vida es el aislamiento, esta conducta aumenta con la exposición al Internet. Según la Organización Mundial de la Salud, los jóvenes depresivos tienden a alejarse, uno de cada cinco lo hace a través de la “red”. El cyber espacio también es utilizado para buscar maneras de terminar con su vida.
En la niñez y adolescencia los lugares preferidos para cometer el atentado es el hogar, la vía pública y escuela. En el caso de los hombres optan por el ahorcamiento; las mujeres el envenenamiento, según los reportes del INEGI.
El suicidio genera muchos cuestionamientos, pues cuando se trata de adultos, los familiares se preguntan cómo es posible que se quitara la vida teniendo familia, esposo o hijos; incluso estos cuestionamiento surgen cuando se trata de una persona con padecimiento de cáncer en etapa terminal, aunque sean los más propensos a suicidarse debido al estado de depresión en el que se encuentran. La incertidumbre aumenta cuando se trata de un adolescente o niño.
En los hospitales del IMSS quienes más recurren a tratamiento son los adultos; sin embargo, cuando los especialistas hacen las valoraciones correspondientes detectan que los primeros intentos de suicidio se registraron en la niñez o adolescencia.
Aunque el suicidio es un problema alarmante (no se cura sólo se controla) 60% de los pacientes que se someten a tratamiento no lo terminan.
Cómo ven el problema los especialistas
Para el presidente de la Asociación en Salud Mental del IMSS, Alejandro Córdova, durante la infancia, la violencia en el entorno del menor (calle o escuela) es un factor importante para crear individuos con tendencias suicidas, más si se repite en el hogar.
El otro extremo es que los padres formen niños y jóvenes dependientes, pues en ellos los conflictos interpersonales o amorosos crean frustraciones que los llevarán a atentar contra su vida.
“Los pre-adolescentes dependientes reaccionan con excesos por frustraciones y esto se debe prever cuando un niño es explosivo o intolerante”.
El especialista en psiquiatría indica que el televisor y los videojuegos tienen un papel importante en la formación del trastorno, pues las series, caricaturas y telenovelas establecen como valor la violencia y ésta será empleada no sólo contra segundas personas, sino contra sí mismo.
Internet y genética, binomio detonante
Según estudios de expertos en psiquiatría, los antecedentes familiares representan un riesgo para las generaciones. En opinión de Alejandro Córdova, quien además es médico especialista en el hospital psiquiátrico Héctor Tovar, si en la familia existen antecedentes de personas depresivas o con ansiedad, el riesgo el mayúsculo.
“Lo que se transmite no es la enfermedad, sino el riesgo. Si algún miembro de primer orden ha tenido algún tipo de trastorno afectivo o bipolar, los niños están en riesgo”.
Cabe mencionar que en la sociedad aumentan los índices de depresión y estrés, según el especialista, diversos estudios han demostrado que a mayor estrés también aumentan los niveles de ansiedad y esto puede orillar al individuo a atentar contra su vida.
Y es que en los adolescentes, de los casos de suicidio estudiados, se detectó que 75% de ellos estaban asociados con trastornos de ansiedad.
Un factor en el que estudiosos han puesto especial atención es el uso de Internet, pues se han encontrado evidencias de que ha sido empleada en la propagación de conductas suicidas entre los jóvenes.
Algunos análisis hechos en la Facultad de Medicina indican que la “red” se ha convertido en una herramienta para incitar a los jóvenes a cometer suicidio.
Esto es más preocupante cuando los menores están expuestos a desintegración familiar, uso de drogas y alcohol.
Con la “red”, los jóvenes se marginan de la comunidad. Prefieren pasar sus días lejos del resto del mundo. Hay casos en los que abandonan escuelas o trabajos para encerrarse a ver televisión o dedicar el tiempo a navegar la red.
El proceso suicida sigue cuatro etapas: ideación suicida, amenazas, intentos y suicidio consumado. Aquí el Internet ha coadyuvado a fomentar cada una de estas etapas, en especial la ideación suicida, puesto que han proliferado portales en la red que son aptos para aspirantes a suicidas, en los que se intercambia información sobre lugares y técnicas para morir en grupo.
Otros portales incluso explican paso a paso cómo cometer un suicidio, desde métodos hasta dosis exactas para hacer que ciertos medicamentos resulten fatales.
Muchos de los jóvenes que visitan estos sitios lo hacen con curiosidad más que con la idea de realizar un acto suicida; sin embargo, cuando se mezclan con las condiciones psicológicas, familiares y emocionales previamente descritas, se vuelven vulnerables.
El especialista del IMSS Alejandro Córdova dijo que la familia debe hacer una autovaloración y saber si los padres son intolerantes o son buenos para establecer vínculos con los hijos. Deben ser cariñosos, pero sin excesos. Esto con la finalidad de promover acercamiento y ayudarlos a madurar.
“Los padres tienen que reconocer los logros de los hijos, pues en ocasiones el niño tiene la sensación de que las cosas que hacen no tienen valor para su entorno y por lo tanto la vida no es valiosa”.
Los cambios en los menores
Algunas características en los menores con riesgo a desarrollar trastornos que han sido detectadas por psiquiatras son: cambio en la apariencia, por ejemplo utilización de colores oscuros no para seguir una moda; descuidan el aseo personal.
Recientemente, el académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, Andrés Alcántara Camacho, dio a conocer un estudio en donde muestra que 40% de los jóvenes pertenecientes a la tribu emos son suicidas en potencia, pues presentan un perfil psicológico depresivo.
Aunque no se tiene un estudio estadístico sobre cuántos emos se suicidan, pues este fenómeno tiene pocos años de aparición, se sabe que buscan la muerte por ello se hacen vulnerables a enfermedades. Incluso optan por cortarse en la cara y brazos, para después cubrirlas con el cabello y adornos.
Lo recomendable es recurrir con un especialista en psicología o psiquiatría, quienes valorarán al menor e identificarán el riesgo suicida, incluso determinarán si el paciente deberá ser internado o puede seguir un tratamiento externo. Regularmente se suministran medicamentos antidepresivos hasta por dos años. EL ECONOMISTA
___
PS
Mal manejo del profesor
El suicidio de menoresCésar González Rosado 22 MAY 2008 Mérida, Yucatán.
Como informó el Diario* [infra]: “El niño E.R.L.M., de 12 años, se ahorcó, al parecer debido a que fue expulsado de la escuela de manera presuntamente injusta, luego de que lo involucraron en un accidente en el cual un compañero suyo sufrió la fractura expuesta de un brazo”.
Nada más doloroso para los padres, compañeros, profesores y miembros de una comunidad que el fallecimiento de un niño y mucho más cuando la forma es el suicidio. Sea cual fuere la motivación que tuvo este menor —y otros que por conflictos en las escuelas han tomado tan fatal decisión— y sin pretender el deslinde de responsabilidades, pues a lo que se llega casi siempre son a puras conjeturas, difíciles sino imposibles de comprobar, es necesario que nosotros los profesores revisemos nuestros procedimientos en el manejo de los menores a nuestro cuidado.
Si fue cierta o no la expulsión, justa o injusta, del niño, es necesario saber que el castigo no soluciona nada. Sólo genera agresividad, frustración y otros sentimientos negativos que trastornan la personalidad de quien lo recibe. Es el procedimiento de control más inadecuado para una buena formación de nuestros discípulos. Existen otros procedimientos más eficaces que la Psicología Educativa nos proporciona para la mejor conducción de nuestros educandos.
Recuerdo que —en una escuela preparatoria en la que trabajé— un adolescente se suicidó a causa de unas malas calificaciones, mismas que en realidad y hecha la investigación eran las que correspondían. El joven le reclamó a la maestra y ésta le ofreció una nueva oportunidad para reponer la nota.
En respuesta, el menor amenazó con lanzarse desde el cuarto piso en el que estaban si no le concedían el pase. La maestra y los compañeros que escuchaban sonrieron discretamente, no le creyeron, haciéndole ver que no era para tanto, que mejor sería estudiar de nuevo y presentar otro examen… El muchacho cumplió su palabra, se arrojó sorpresivamente al vacío y acabó con su vida... pero también con la vida de la maestra, pues ella tuvo que ser recluida en una clínica psiquiátrica.
Las investigaciones sobre el caso llegaron a la conclusión de que el joven padecía de ciertos trastornos depresivos y que en otras ocasiones ya había intentado quitarse la vida. También dijeron los psicólogos investigadores que el suicida logró su objetivo: vengarse de la maestra... y vaya que lo logró.
Las causas del suicidio, se ha dicho de manera reiterada, son cuadros depresivos profundos generados por diversas causas —económicas, de salud, sentimentales, frustraciones, etcétera—, que afectan la estructura emocional vulnerable de alguna persona, sea niño, adolescente o adulto.
En el Japón —leímos algunas veces y quizá esto ya esté superado— un sistema rígido educativo ocasionó numerosos casos de suicidio en niños y adolescentes, pero no pensemos que este próspero país tiene la exclusiva. Si revisamos las estadísticas, en México las cifras son alarmantes, y más en Yucatán que casi todas las semanas se reportan casos de todas las edades.
Es, pues, necesario y urgente que los organismos de salud mental redoblen sus esfuerzos y encuentren modos de aliviar la tendencia al suicidio, sobre todo en nuestros centros educativos. Los alumnos en las escuelas son vulnerables. Los profesores también lo son, pues no cuentan con la información y entrenamiento adecuados de prevención, para el manejo de este específico y delicado problema que de pronto les cae encima, que los avasalla, sin que hubieran sabido cómo evitarlo.
YUCATAN
Las lecciones de un niño
La escuela es formativaMarcelo Pérez 21 MAY 2008 Mérida, Yucatán.
Rodríguez No sólo cabezas en las escuelas, también los corazones -A.S. Neill Hace unos días la comunidad escolar y la sociedad yucateca se sacudieron al conocer el trágico suceso de un menor de una escuela primaria de Pacabtún, quien se suicidó porque se deprimió luego de ser expulsado del plantel.
Es lamentable y doloroso ver cómo los adolescentes e incluso los menores comienzan a engrosar las estadísticas de los suicidios, ante el estupor de todos. Todos -maestros, padres de familia, organizaciones, ciudadanos y autoridades- contribuimos a que este mal avance, si no hacemos nada.
Este menor jugaba con un compañero de clase, apostó con él, pero el amigo se fracturó el brazo. Ambos fueron llevados ante el director y el presunto -culpable" fue expulsado.
Triste y deprimido llegó a su casa y contó el suceso, no sin antes alegar su inocencia. La madre también lo regañó. Todos lo presionaron, en la escuela y en el hogar. Solo y sintiéndose culpable del accidente y el rechazo, se decidió por la puerta falsa.
En muchas escuelas primarias se usa la expulsión o la suspensión de un menor por una semana o por días, debido a alguna situación de conducta, travesura o inquietud. Así, algunos mentores y directores se van por lo más fácil y hacen a un lado al niño que corrió en los pasillos, a quien dijo una palabra obscena, empujó a un compañero o no quiso obedecer alguna orden dada por el mentor, en lugar de buscar los elementos que propician esa conducta en el niño.
El maestro tiene una delicada responsabilidad en el aula, así como el director en el plantel escolar. Si algún niño cometió alguna travesura o hubo un herido accidental en un juego, hay que buscar qué situaciones se dieron para platicar con los escolares.
En última instancia, si el menor hubiera empujado al pequeño en ese juego y apuesta -lo que supuestamente hicieron-, no es la expulsión el camino a seguir, menos en forma inmediata. ¿Qué motivos hubo para que el niño cometiera tal imprudencia? ¿A qué jugaban? Si hubo conducta agrasiva, ¿qué hay detrás? Es necesario investigar y dialogar. Utilizar, incluso, ese accidente para sensibilizar a los menores. No castigar, agredir y expulsar como si fueran lo niños pequeños delincuentes.
La escuela está para ayudar, para orientar, sensibilizar, motivar y aconsejar, no para castigar y torturar a los niños que tienen problemas de conducta o de aprendizaje. Hay que hablar con ellos, escucharlos y conocer el contexto en que se desenvuelven.
Creo que entre los objetivos de la Secretaría de Educación Pública no está la expulsión ni la suspensión de menores a causa de travesuras, accidentes o acciones que deben y pueden atender los profesores, los directores o las personas especializadas, como el caso de los psicólogos educativos que se encuentran en muchas escuelas primarias.
La escuela es formativa, por tanto, necesita utilizar todas las estrategias que estén a su alcance para orientar, apoyar y ayudar a los pequeños que tengan algún problema conductual o de aprendizajes. Los niños son traviesos por naturaleza, no hay que olvidarlo, no por eso se va a expulsar a todos los pequeños que en algún momento hagan una travesura, no acaten una orden, no hagan sus tareas o se fastidien en el salón de clases.
Maestros, padres de familia y directivos tienen una gran responsabilidad en la educación de las personas. Hay que ir detrás de los problemas que los alumnos tienen para ayudarlos, no cometer injusticias que luego resultan contraproducentes para la formación, educación, integridad o seguridad de los alumnos.
Este lamentable caso debe servir de dura lección para educadores, padres de familia, directores de escuela, supervisores y autoridades educativas. En los pequeños no se puede ir por lo más fácil para lograr que obedezcan o para castigarlos por alguna travesura o berrinche, sea con golpes, amenazas, ofensas o la expulsión; hay que entenderlos, escucharlos, respetarlos, tener paciencia con ellos y ayudarlos en su desarrollo y formación, sobre todo si el suicidio gana terreno entre los menores y adolescentes.-
YUCATAN







