ANÁLISIS· LILIANA A. COMITO· Profesora para la Enseñanza Primaria
BUENOS AIRES Argentina 20 MAY 2008 (claramente.com.ar)
Convivir significa “vivir con”, esto implica aprender a vivir con otras personas en un marco de respeto mutuo.
La convivencia se aprende, esto significa reconocer y valorar los derechos y deberes propios como los del otro.
Para lograr una convivencia armónica hay que ser capaz de ponerse en el lugar del otro, respetar las diferencias, resolver pacíficamente los conflictos, respetar los derechos de los demás.
En la convivencia se ponen en juego las habilidades sociales del ser humano. Para comprender y aceptar las reglas que regulan el funcionamiento de un grupo y para poder hacerlo de manera adecuada dentro de él, es necesario estimular desde edades tempranas el contacto social, alentando la expresión de las propias ideas, enseñando la tolerancia y el respeto por las diferencias.
En toda esta formación es importantísimo el rol de padres y educadores acompañando la construcción de estas conductas en el proceso evolutivo del niño y del adolescente.
La violencia es hoy un componente cotidiano en nuestras vidas. Es una manifestación que ocurre en todos los niveles sociales, económicos y culturales. Ésta se ha puesto de manifiesto también en las instituciones.
Por más alto que sean sus muros, la violencia de nuestras calles, de nuestras casas, de nuestros diarios y televisores, termina por traspasar los patios y las salas de clases de nuestros colegios. Esta agresividad latente no es ni nueva, ni aislada, sino que es parte de la estructura de nuestra convivencia social.
Debemos enfrentar una problemática que aumenta día a día. Enfrentarla significa reconocerla, analizarla y actuar sobre ella, ésta es una manera de trabajar en prevención.
El problema debe ser tomado sin dramatismo, pero con firmeza y en toda su magnitud.
Debemos evitar el miedo y la angustia que la violencia produce para no caer en la impotencia y actuar desde una postura reflexiva que nos permita encarar abordajes acordes a su complejidad.
En la escuela, la conducta agresiva parece estar relacionada con las variables afectivas y de relación familiar, como puedan ser el rechazo de los padres, el castigo agresivo y la carencia de identificación con los padres. Algunas víctimas crecen en la convicción de que el empleo de la agresividad es el mejor camino para conseguir lo que quieren. El haber sido víctima en la infancia propicia que de adulto se victimice a otros.
En los procesos de interacción en el aula debemos tener en cuenta los factores motivacionales, el ánimo con que se afronta la tarea y los factores afectivos.
Cuando un individuo se incorpora a un grupo social se dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de agresión entre iguales podría deberse a la desintegración que sufre el niño cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su mundo, el familiar, queda relegado y aparece su deseo de ser y hacer acrecentado por la novedad y el ambiente. Pero su deseo y actividad se encuentran con los de otros y provocan un conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia personal. Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él, o bien se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a aquel o aquellos que lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.
Los docentes deben fomentar el intercambio y debate crítico sobre el tema expuesto. Es muy importante enfatizar en la prevención y detención. La escuela como institución tiene la obligación de formar. Desde sus distintos roles corresponderá poner límites firmes sin caer en el autoritarismo como así también ofrecer la posibilidad de que cada uno conozca y defienda sus derechos y debe ofrecer las alternativas para adquirir una capacidad crítica frente a los mensajes que recibe.
Algunas medidas de prevención para tener en cuenta:
Hablar sobre la violencia, no negar, ayudar a tener una actitud crítica y reflexiva sobre el tema, establecer alianzas con la comunidad, fomentar la participación activa de alumnos y padres, son acciones de prevención.
El docente en su ámbito tiene la posibilidad de detectar y aún de prevenir situaciones de riesgo para la salud de los alumnos, pudiendo relacionarse con el niño y su familia, favoreciendo así una mejor inserción escolar. Pero esto es un compromiso de todos!
By: CLARAMENTE
BUENOS AIRES Argentina 20 MAY 2008 (claramente.com.ar)
Convivir significa “vivir con”, esto implica aprender a vivir con otras personas en un marco de respeto mutuo.
La convivencia se aprende, esto significa reconocer y valorar los derechos y deberes propios como los del otro.
Para lograr una convivencia armónica hay que ser capaz de ponerse en el lugar del otro, respetar las diferencias, resolver pacíficamente los conflictos, respetar los derechos de los demás.
En la convivencia se ponen en juego las habilidades sociales del ser humano. Para comprender y aceptar las reglas que regulan el funcionamiento de un grupo y para poder hacerlo de manera adecuada dentro de él, es necesario estimular desde edades tempranas el contacto social, alentando la expresión de las propias ideas, enseñando la tolerancia y el respeto por las diferencias.
En toda esta formación es importantísimo el rol de padres y educadores acompañando la construcción de estas conductas en el proceso evolutivo del niño y del adolescente.
La violencia es hoy un componente cotidiano en nuestras vidas. Es una manifestación que ocurre en todos los niveles sociales, económicos y culturales. Ésta se ha puesto de manifiesto también en las instituciones.
Por más alto que sean sus muros, la violencia de nuestras calles, de nuestras casas, de nuestros diarios y televisores, termina por traspasar los patios y las salas de clases de nuestros colegios. Esta agresividad latente no es ni nueva, ni aislada, sino que es parte de la estructura de nuestra convivencia social.
Debemos enfrentar una problemática que aumenta día a día. Enfrentarla significa reconocerla, analizarla y actuar sobre ella, ésta es una manera de trabajar en prevención.
El problema debe ser tomado sin dramatismo, pero con firmeza y en toda su magnitud.
Debemos evitar el miedo y la angustia que la violencia produce para no caer en la impotencia y actuar desde una postura reflexiva que nos permita encarar abordajes acordes a su complejidad.
En la escuela, la conducta agresiva parece estar relacionada con las variables afectivas y de relación familiar, como puedan ser el rechazo de los padres, el castigo agresivo y la carencia de identificación con los padres. Algunas víctimas crecen en la convicción de que el empleo de la agresividad es el mejor camino para conseguir lo que quieren. El haber sido víctima en la infancia propicia que de adulto se victimice a otros.
En los procesos de interacción en el aula debemos tener en cuenta los factores motivacionales, el ánimo con que se afronta la tarea y los factores afectivos.
Cuando un individuo se incorpora a un grupo social se dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de agresión entre iguales podría deberse a la desintegración que sufre el niño cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su mundo, el familiar, queda relegado y aparece su deseo de ser y hacer acrecentado por la novedad y el ambiente. Pero su deseo y actividad se encuentran con los de otros y provocan un conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia personal. Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él, o bien se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a aquel o aquellos que lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.
Los docentes deben fomentar el intercambio y debate crítico sobre el tema expuesto. Es muy importante enfatizar en la prevención y detención. La escuela como institución tiene la obligación de formar. Desde sus distintos roles corresponderá poner límites firmes sin caer en el autoritarismo como así también ofrecer la posibilidad de que cada uno conozca y defienda sus derechos y debe ofrecer las alternativas para adquirir una capacidad crítica frente a los mensajes que recibe.
Algunas medidas de prevención para tener en cuenta:
- Arbitrar estrategias para que dentro de cada colegio puedan encontrarse los medios que generen el diálogo entre directores, maestros, estudiantes y padres.
- Debe haber normativas claras dentro de la Institución para generar la adhesión de todos sus miembros.
- El personal debe identificar las áreas de mayor riesgo: recreos, baños, salida de la escuela, etc.
- Se deberá distinguir si la violencia se manifiesta sólo en el ámbito educativo o si proviene de los hogares de los alumnos.
- Se evaluarán en proceso las dificultades, fracasos y aciertos de las medidas implementadas.
Hablar sobre la violencia, no negar, ayudar a tener una actitud crítica y reflexiva sobre el tema, establecer alianzas con la comunidad, fomentar la participación activa de alumnos y padres, son acciones de prevención.
El docente en su ámbito tiene la posibilidad de detectar y aún de prevenir situaciones de riesgo para la salud de los alumnos, pudiendo relacionarse con el niño y su familia, favoreciendo así una mejor inserción escolar. Pero esto es un compromiso de todos!
“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”. Mahatma Gandhi.
By: CLARAMENTE







