Cargadas entre pares, peleas verbales y físicas, y la creciente
certeza de que la escuela es un espacio permeable a la violencia social
hace pie cada vez con más fuerza en los establecimientos
educativos. Frente a ello surgen estrategias en las propias
instituciones donde los alumnos se transforman en protagonistas de
iniciativas para abordar estos conflictos.
Matías Loja 31-05-08 | BUENOS AIRES Argentina(La Capital )
En la Escuela Nº 263 de la localidad de Tortugas, los chicos de séptimo realizan tareas como alumnos mediadores para buscar desde el diálogo una solución a la violencia escolar. Este, como la iniciativa lúdica que desarrollan chicos de la Escuela Nº 6.394 de Rosario (ver infra), son ejemplos de experiencias exitosas donde los propios alumnos buscan bajar los niveles de agresión en las aulas.
Decenas de bicicletas estacionadas en la vereda es la postal con la que se encuentra quien visita en horas de clases la Escuela Nº 263 Domingo Faustino Sarmiento, de Tortugas. Cerca de 250 chicos integran la matrícula de la escuelita de la comuna que limita con la provincia de Córdoba. Difícil parece en una primera impresión vincular la tranquilidad que se respira por las calles del pueblo con ciertos hechos de violencia que impactan en las aulas argentinas. Acontecimientos que semana a semana ganan las tapas de los medios de comunicación.
Sin embargo, son los propios chicos de sexto y séptimo los que dan cuenta de esta situación. “La violencia infantil es un tema que se toca mucho en estos días, y me parece bien que se hable de eso porque si son violentos de chicos, de grandes van a empeorar”, cuenta Santiago Waldispeg, alumno de sexto de la 263. La preocupación sobre la escalada de conflictos en las escuelas llevó a los chicos de los cursos superiores a involucrarse en un proyecto que los tiene como mediadores. Así, son los propios alumnos los que, desde el diálogo, proponen interceder ante las disputas escolares entre sus pares.
“El año pasado notábamos que los chicos corrían y se pegaban mucho. Mayormente en los recreos, pero también en el aula”, describe Mirela Giuliano, de séptimo. Y sobre este tema Santiago agrega: “En todos los recreos surgía un problema, se decían cosas malas del padre, de la madre y a veces hasta de la hermana”.
Comisión en acción. El proyecto de alumnos mediadores nació el año pasado en la clase de formación ética de séptimo grado, a cargo de la docente Marcela Viozzi. “A raíz de hechos que pasaban en nuestro pueblo y trabajando sobre las ONGs y sus propósitos surgió la idea de inventar una organización de este tipo que trate el tema de la violencia”, apunta la maestra. Y a partir de allí se creó una Comisión en Acción, desde donde partió la idea de los alumnos mediadores de Tortugas.
Desde entonces, y una vez en marcha el proyecto, los chicos del último año comenzaron a intervenir en casos concretos de violencia ocurridos en la propia escuela. “Una vez una alumna le contestó mal a una señorita porque pensó que no la quería, que la dejaba de lado. Entonces le preguntamos a la chica qué le había dicho y si estaba arrepentida. Y al final la nena, como la quería mucho a la maestra, le pidió por favor que la perdone. A la seño se le caían las lágrimas y así se solucionó”, ejemplifica Mirela.
Ayrton Ponce y Axel Castro cuentan otro caso de mediación exitosa: “Había un chico que molestaba a sus compañeros y que reaccionaba mal cuando le decían que lo iban a retar. Hasta que se agarró a golpes con otro, pero cuando intervenimos prometió que no lo iba a hacer más y hasta ahora no hubo más problemas”.
Pero al enfrentar la violencia entre pares, los chicos de Tortugas trataron de limar también aquellos roces que se producían de manera verbal o simbólica. “Muchas veces se dicen cosas feas, y hasta si había algún enfermo en la familia también se cargaban con eso”, dice Camila Colombano, compañera de Mirela en varios casos de mediación escolar.
Una y otra vez la escucha y el diálogo son las palabras que utilizan los chicos para contar su estrategia a la hora de resolver los problemas de violencia. Porque como dice Sebastián Lardone, de sexto, el diálogo permite “ganar la confianza de los demás chicos y solucionar los casos sin responder a la violencia”. “Buscamos llegar al origen de porqué se arman los líos y tratamos de solucionar el problema inicial, si fue otro alumno o si empezaron los dos”, agrega Santiago.
El éxito de esta innovadora experiencia de mediación escolar se puede medir también en la respuesta de los demás estudiantes de la escuela de Tortugas. “Intentamos ganarnos el respeto y la confianza y ahora hasta los mismos chicos nos llaman solos para resolver algunos problemas. Se están tomando la costumbre”, señalan entre risas los chicos de la 263.
Con los más chicos. Una serie de juegos pintados en el patio de baldosas fue otra de las estrategias que diseñaron los chicos para reducir los casos de agresión en los recreos. Es que la tarea de mediación alcanza tanto a los de la mañana como a los pequeños alumnos del turno tarde. “El otro día pintamos con los chicos de segundo y un grupo de padres juegos como la rayuela y el ta-te-ti, para que se diviertan sin violencia. Vinimos a jugar a la tarde con los de segundo y ahora los otros nos invitaron a jugar con ellos también”, señalan Mirela y Camila. Un proyecto que, como cuenta Marcela Viozzi, se enlaza con la docente de segundo grado, para que los más chicos aprendan el respeto por las reglas, los turnos y a disfrutar con otros compañeros.
Pero los de séptimo van por más: para la semana próxima tienen previsto arrancar con la FM 263, una radio escolar que dos veces por semana trabajará sobre valores como la tolerancia, la responsabilidad, la comprensión, la solidaridad y el respeto. Aseguran que lo harán a través de entrevistas, investigaciones y entretenimientos.
Además prometen que para fin de año inaugurarán la salita de mediación, “con almohadones y todo, para hacer la mediación en un lugar donde se sientan más cómodos”, cuentan.
El diálogo y la apuesta a estrategias lúdicas se transforman en la escuela de Tortugas en herramientas para lograr que disminuyan los conflictos de violencia. Una apuesta que, de la mano de los pequeños mediadores, busca mejorar la convivencia en las aulas, con chicos que con orgullo cuentan cómo logran superar desde diálogo los “líos” entre sus compañeros.www.lacapital.com.ar
Frente a las condiciones adversas que presenta el entorno, la escuela buscó un intersticio, una grieta por donde filtrar iniciativas que permitan reducir los niveles de violencia y aumentar la atención en clase para lograr un aprendizaje de calidad.
Se trata del proyecto educativo “Al don Pirulero, cada cual atiende su juego”, una propuesta que a partir de estrategias lúdicas intenta disminuir la dispersión en el aula y reducir la agresión entre los propios alumnos.
“El juego es movimiento, es creación, te ayuda a formar valores”, señala Geremía y explica que sobre la base de ese concepto implementaron talleres de esparcimiento en las clases y en los recreos para generar cambios de actitudes en los chicos y lograr, a largo plazo, que los mismos alumnos se conviertan en agentes multiplicadores de esas transformaciones.
Metegoles y cancha de tejos. La puesta en marcha del proyecto en abril de 2007 incluyó un cambio de escenario durante los minutos del recreo. Metegoles, cancha de tejos, el sapo, aros de básquet y juegos de mesa irrumpieron en el patio trasero de la escuela para el divertimento de los chicos.
Al mismo tiempo, las autoridades de la escuela designaron a un grupo de alumnos a los que llamaron “líderes” y les encargaron la tarea de coordinar los espacios de juego y hacer respetar las reglas de convivencia en el horario del recreo. Esa labor se realiza durante todo un año y está a cargo de los estudiantes que cursan el sexto grado.
“Yo creo que se tomó una muy buena decisión al elegir líderes. Son chicos que llegaron a ese puesto por el grado de responsabilidad y compromiso que ponían en las tareas de la escuela. Fue como una distinción para ellos”, recuerda la directora.
Vestidos con pecheras de colores llamativos, ese grupo de quince alumnos tiene la misión de organizar el espacio de los recreos. “Un líder en la escuela tiene que sacar los juegos, cuidarlos, ayudar a los más chiquitos y enseñarles cuáles son las reglas. Después del recreo, juntábamos todas las cosas y las guardábamos en el ropero de la dirección para que nadie se las lleve. Nunca faltó ninguna ficha”, se jacta Vicente al tiempo que asegura que el hecho de que lo hayan designado como líder el año pasado fue un episodio que lo llenó de orgullo.
Ezequiel fue otro de los estudiantes que participó de la primera camada de guías y recuerda: “Al principio fue difícil porque los chicos no nos hacían caso, querían volver a jugar pero no querían hacer la fila. Ahí algunos se descontrolaban y nosotros como líderes lo que hacíamos era dejarlos sin jugar porque se habían portado mal. Ahora están todos más tranquilos”.
La directora considera que con esa calma bajaron los niveles de violencia, se ordenaron los recreos y a su vez, hubo cambios significativos en la producción académica de los chicos. Otras de las ventajas que destacan desde la escuela, es que bajó el nivel de ausentismo. “Ellos no saben qué días les toca jugar, porque no lo hacen todos los cursos simultáneamente. Hay días rotativos, entonces ellos no faltan para no perder su día de juego”, precisa Geremía.
Entusiasmo compartido. El entusiasmo se contagió rápidamente y con el transcurso de los meses los líderes les pidieron permiso a sus papás para ir en contraturno y organizar también los recreos de los grados inferiores.
“Veníamos a la tarde a ayudar a los más chiquitos, porque los juegos son pesados y ellos solos no podían sacarlos. Queríamos que ellos también se divirtieran y aprendieran a jugar”, cuenta Alexis.
Este año, la escuela eligió a un nuevo grupo de guías que tendrán la tarea durante todo el año de preparar los recreos. “A los nuevos líderes les recomendamos que tengan mucha responsabilidad”, remarca Angelo.
Para abordar los problemas de atención dispersa en el aula, el juego también conquistó los salones de la escuela. En los distintos espacios curriculares se implementaron una diversidad de herramientas didácticas y se propició el trabajo en grupo para afianzar los procesos de aprendizaje.
Para la maestra de lengua y literatura de sexto grado, Mariela Donati, “se hizo más fácil trabajar las distintas clases de palabras. Reconocer los sustantivos, antónimos, adjetivos se tornó mucho más didáctico con la aplicación de talleres lúdicos en el salón. Los chicos ampliaron mucho el vocabulario”.
Desde la escuela sostienen que lo lúdico despierta la curiosidad entre los chicos y permite recuperar la atención en clase. “No creemos que esto sea mágico ni que sea la solución a todos los problemas. Lo tomamos como una herramienta que nos puede ayudar a superar conflictos al menos dentro de la escuela”, concluye la directora. LA CAPITAL
Matías Loja 31-05-08 | BUENOS AIRES Argentina(La Capital )
En la Escuela Nº 263 de la localidad de Tortugas, los chicos de séptimo realizan tareas como alumnos mediadores para buscar desde el diálogo una solución a la violencia escolar. Este, como la iniciativa lúdica que desarrollan chicos de la Escuela Nº 6.394 de Rosario (ver infra), son ejemplos de experiencias exitosas donde los propios alumnos buscan bajar los niveles de agresión en las aulas.
Decenas de bicicletas estacionadas en la vereda es la postal con la que se encuentra quien visita en horas de clases la Escuela Nº 263 Domingo Faustino Sarmiento, de Tortugas. Cerca de 250 chicos integran la matrícula de la escuelita de la comuna que limita con la provincia de Córdoba. Difícil parece en una primera impresión vincular la tranquilidad que se respira por las calles del pueblo con ciertos hechos de violencia que impactan en las aulas argentinas. Acontecimientos que semana a semana ganan las tapas de los medios de comunicación.
Sin embargo, son los propios chicos de sexto y séptimo los que dan cuenta de esta situación. “La violencia infantil es un tema que se toca mucho en estos días, y me parece bien que se hable de eso porque si son violentos de chicos, de grandes van a empeorar”, cuenta Santiago Waldispeg, alumno de sexto de la 263. La preocupación sobre la escalada de conflictos en las escuelas llevó a los chicos de los cursos superiores a involucrarse en un proyecto que los tiene como mediadores. Así, son los propios alumnos los que, desde el diálogo, proponen interceder ante las disputas escolares entre sus pares.
“El año pasado notábamos que los chicos corrían y se pegaban mucho. Mayormente en los recreos, pero también en el aula”, describe Mirela Giuliano, de séptimo. Y sobre este tema Santiago agrega: “En todos los recreos surgía un problema, se decían cosas malas del padre, de la madre y a veces hasta de la hermana”.
Comisión en acción. El proyecto de alumnos mediadores nació el año pasado en la clase de formación ética de séptimo grado, a cargo de la docente Marcela Viozzi. “A raíz de hechos que pasaban en nuestro pueblo y trabajando sobre las ONGs y sus propósitos surgió la idea de inventar una organización de este tipo que trate el tema de la violencia”, apunta la maestra. Y a partir de allí se creó una Comisión en Acción, desde donde partió la idea de los alumnos mediadores de Tortugas.
Desde entonces, y una vez en marcha el proyecto, los chicos del último año comenzaron a intervenir en casos concretos de violencia ocurridos en la propia escuela. “Una vez una alumna le contestó mal a una señorita porque pensó que no la quería, que la dejaba de lado. Entonces le preguntamos a la chica qué le había dicho y si estaba arrepentida. Y al final la nena, como la quería mucho a la maestra, le pidió por favor que la perdone. A la seño se le caían las lágrimas y así se solucionó”, ejemplifica Mirela.
Ayrton Ponce y Axel Castro cuentan otro caso de mediación exitosa: “Había un chico que molestaba a sus compañeros y que reaccionaba mal cuando le decían que lo iban a retar. Hasta que se agarró a golpes con otro, pero cuando intervenimos prometió que no lo iba a hacer más y hasta ahora no hubo más problemas”.
Pero al enfrentar la violencia entre pares, los chicos de Tortugas trataron de limar también aquellos roces que se producían de manera verbal o simbólica. “Muchas veces se dicen cosas feas, y hasta si había algún enfermo en la familia también se cargaban con eso”, dice Camila Colombano, compañera de Mirela en varios casos de mediación escolar.
Una y otra vez la escucha y el diálogo son las palabras que utilizan los chicos para contar su estrategia a la hora de resolver los problemas de violencia. Porque como dice Sebastián Lardone, de sexto, el diálogo permite “ganar la confianza de los demás chicos y solucionar los casos sin responder a la violencia”. “Buscamos llegar al origen de porqué se arman los líos y tratamos de solucionar el problema inicial, si fue otro alumno o si empezaron los dos”, agrega Santiago.
El éxito de esta innovadora experiencia de mediación escolar se puede medir también en la respuesta de los demás estudiantes de la escuela de Tortugas. “Intentamos ganarnos el respeto y la confianza y ahora hasta los mismos chicos nos llaman solos para resolver algunos problemas. Se están tomando la costumbre”, señalan entre risas los chicos de la 263.
Con los más chicos. Una serie de juegos pintados en el patio de baldosas fue otra de las estrategias que diseñaron los chicos para reducir los casos de agresión en los recreos. Es que la tarea de mediación alcanza tanto a los de la mañana como a los pequeños alumnos del turno tarde. “El otro día pintamos con los chicos de segundo y un grupo de padres juegos como la rayuela y el ta-te-ti, para que se diviertan sin violencia. Vinimos a jugar a la tarde con los de segundo y ahora los otros nos invitaron a jugar con ellos también”, señalan Mirela y Camila. Un proyecto que, como cuenta Marcela Viozzi, se enlaza con la docente de segundo grado, para que los más chicos aprendan el respeto por las reglas, los turnos y a disfrutar con otros compañeros.
Pero los de séptimo van por más: para la semana próxima tienen previsto arrancar con la FM 263, una radio escolar que dos veces por semana trabajará sobre valores como la tolerancia, la responsabilidad, la comprensión, la solidaridad y el respeto. Aseguran que lo harán a través de entrevistas, investigaciones y entretenimientos.
Además prometen que para fin de año inaugurarán la salita de mediación, “con almohadones y todo, para hacer la mediación en un lugar donde se sientan más cómodos”, cuentan.
El diálogo y la apuesta a estrategias lúdicas se transforman en la escuela de Tortugas en herramientas para lograr que disminuyan los conflictos de violencia. Una apuesta que, de la mano de los pequeños mediadores, busca mejorar la convivencia en las aulas, con chicos que con orgullo cuentan cómo logran superar desde diálogo los “líos” entre sus compañeros.www.lacapital.com.ar
Juegos para afianzar la convivencia y los aprendizajes
“Es violento que un chico tenga que venir a un comedor escolar, son violentas las situaciones que viven con sus familias. Por eso, tratamos de armar en la escuela un mundo diferente al que los chicos viven todos los días en la calle”. La reflexión pertenece a Marisa Geremía, directora desde hace dos años de la Escuela Nº 6.394 Martín J. Thompson. El establecimiento educativo se emplaza en el corazón de la zona oeste, en el barrio Triángulo, donde la situación socioeconómica de los vecinos es preocupante y la vulnerabilidad de los chicos se agudiza y repercute seriamente en los procesos de integración y aprendizaje.Frente a las condiciones adversas que presenta el entorno, la escuela buscó un intersticio, una grieta por donde filtrar iniciativas que permitan reducir los niveles de violencia y aumentar la atención en clase para lograr un aprendizaje de calidad.
Se trata del proyecto educativo “Al don Pirulero, cada cual atiende su juego”, una propuesta que a partir de estrategias lúdicas intenta disminuir la dispersión en el aula y reducir la agresión entre los propios alumnos.
“El juego es movimiento, es creación, te ayuda a formar valores”, señala Geremía y explica que sobre la base de ese concepto implementaron talleres de esparcimiento en las clases y en los recreos para generar cambios de actitudes en los chicos y lograr, a largo plazo, que los mismos alumnos se conviertan en agentes multiplicadores de esas transformaciones.
Metegoles y cancha de tejos. La puesta en marcha del proyecto en abril de 2007 incluyó un cambio de escenario durante los minutos del recreo. Metegoles, cancha de tejos, el sapo, aros de básquet y juegos de mesa irrumpieron en el patio trasero de la escuela para el divertimento de los chicos.
Al mismo tiempo, las autoridades de la escuela designaron a un grupo de alumnos a los que llamaron “líderes” y les encargaron la tarea de coordinar los espacios de juego y hacer respetar las reglas de convivencia en el horario del recreo. Esa labor se realiza durante todo un año y está a cargo de los estudiantes que cursan el sexto grado.
“Yo creo que se tomó una muy buena decisión al elegir líderes. Son chicos que llegaron a ese puesto por el grado de responsabilidad y compromiso que ponían en las tareas de la escuela. Fue como una distinción para ellos”, recuerda la directora.
Vestidos con pecheras de colores llamativos, ese grupo de quince alumnos tiene la misión de organizar el espacio de los recreos. “Un líder en la escuela tiene que sacar los juegos, cuidarlos, ayudar a los más chiquitos y enseñarles cuáles son las reglas. Después del recreo, juntábamos todas las cosas y las guardábamos en el ropero de la dirección para que nadie se las lleve. Nunca faltó ninguna ficha”, se jacta Vicente al tiempo que asegura que el hecho de que lo hayan designado como líder el año pasado fue un episodio que lo llenó de orgullo.
Ezequiel fue otro de los estudiantes que participó de la primera camada de guías y recuerda: “Al principio fue difícil porque los chicos no nos hacían caso, querían volver a jugar pero no querían hacer la fila. Ahí algunos se descontrolaban y nosotros como líderes lo que hacíamos era dejarlos sin jugar porque se habían portado mal. Ahora están todos más tranquilos”.
La directora considera que con esa calma bajaron los niveles de violencia, se ordenaron los recreos y a su vez, hubo cambios significativos en la producción académica de los chicos. Otras de las ventajas que destacan desde la escuela, es que bajó el nivel de ausentismo. “Ellos no saben qué días les toca jugar, porque no lo hacen todos los cursos simultáneamente. Hay días rotativos, entonces ellos no faltan para no perder su día de juego”, precisa Geremía.
Entusiasmo compartido. El entusiasmo se contagió rápidamente y con el transcurso de los meses los líderes les pidieron permiso a sus papás para ir en contraturno y organizar también los recreos de los grados inferiores.
“Veníamos a la tarde a ayudar a los más chiquitos, porque los juegos son pesados y ellos solos no podían sacarlos. Queríamos que ellos también se divirtieran y aprendieran a jugar”, cuenta Alexis.
Este año, la escuela eligió a un nuevo grupo de guías que tendrán la tarea durante todo el año de preparar los recreos. “A los nuevos líderes les recomendamos que tengan mucha responsabilidad”, remarca Angelo.
Para abordar los problemas de atención dispersa en el aula, el juego también conquistó los salones de la escuela. En los distintos espacios curriculares se implementaron una diversidad de herramientas didácticas y se propició el trabajo en grupo para afianzar los procesos de aprendizaje.
Para la maestra de lengua y literatura de sexto grado, Mariela Donati, “se hizo más fácil trabajar las distintas clases de palabras. Reconocer los sustantivos, antónimos, adjetivos se tornó mucho más didáctico con la aplicación de talleres lúdicos en el salón. Los chicos ampliaron mucho el vocabulario”.
Desde la escuela sostienen que lo lúdico despierta la curiosidad entre los chicos y permite recuperar la atención en clase. “No creemos que esto sea mágico ni que sea la solución a todos los problemas. Lo tomamos como una herramienta que nos puede ayudar a superar conflictos al menos dentro de la escuela”, concluye la directora. LA CAPITAL

Peace





