REPORTAJE· Sebastían tiene 12 años y como millones de niños en el mundo debe
trabajar, en algo que también es ilegal en Bogotá: el bicitaxismo
(triciclos para transporte de pasajeros)
César Alfonso Vanegas González 03 de junio de 2008 BOGOTÁ (BOTTUP)
"Es chévere que lo miren a uno con respeto", dice Sebastián Rodríguez mientras camina orgulloso con su ropa nueva que emula a uno de esos cantantes de reggeton, pantalones en los que cabrían tres niños de 12 años como él, y una enorme camiseta roja con mangas amplísimas que dejan ver su pecho de niño. Sus botas deportivas también son nuevas y ese raro olor que despide se entiende como algún nuevo perfume que compró, según dice, en el sitio más bacano del centro de Bogotá, “a las niñas también les gusta que uno huela elegante”.
Van a ser la 9 de la mañana y los oficinistas se encuentran ya en sus cubículos, los dependientes de los almacenes ven sus primeras ganancias y doña Berta mira partir a su hijo por las empinadas calles del barrio, y es que “a una le alegra que ellos ya sean independientes, y hoy en día, si no quieren estudiar, ¿qué podemos hacer?; aquí nos toca sudarla a todos. El único es Camilo (el hermano de Sebastián, de 10 años), que sí le gustó el estudio y hasta le va muy bien, espere que venga y verá cómo tiene el cuaderno, tiene letra de pura señorita, y dibuja bien el pelao… espere y verá” .
Sebastián enciende su reproductor de música sin marca, “es chino” argumenta orgulloso, y acomoda su morral en los hombros de tal forma que pueda mover sus manos como lo hacen sus artistas favoritos mientras cantan y los giros que hace con sus dedos -por lo menos para un ignorante en la materia- son similares a los de éstos. La pendiente lo empuja y sus pasos se tornan forzados y sonoros… Sebastián va inmerso en la banda sonora de su vida…
Luego de unos minutos de camino le hace la parada a un transporte colectivo mientras le enseña al conductor siete de sus dedos: una mano plena y una V de victoria con su otra mano. “Pues hombre, quiere decir que me lleve por setecientos pesos” explica con una mueca que significa “es obvio, ¿no?”. “Es que pagar 1.200 pesos es una maricada, a veces no lo llevan a uno, pero a esta hora estos colectivos van desocupados, ellos pierden”.
Toma asiento orgulloso, se sabe observado y eso le gusta. Comienza a desvanecerse en la silla hasta estar prácticamente acostado y lo que sucede al rededor no parece importarle, sólo de vez en cuando se incorpora violentamente para observar por la ventanilla a algún adolescente con unos tenis de marca y repite para él mismo “qué chimba, qué chimba, uff…”.
Cuando llega a su destino no oprime el timbre, Sebastián chifla y el sonido maltrata el oído, su aparente seguridad molesta. Se baja del vehículo y envalentonado por la curiosidad y las miradas de los demás pasajeros levanta el dedo pulgar de su mano derecha mientras cierra el puño y agradece al chofer por el espejo retrovisor mientras se aleja ajustando el sonido de su aparato de música.
“Quiubo, Salao, cómo le acabó de ir anoche ¿si cogió buseta?” –No guey, me tocó coger dos, me figuró todo el camino de pie, juemadre.
Sebastián revisa que todo esté en orden; llantas duras, cadena templada, carpa en buen estado, frenos… “¡Bien, mi Pacha! Es que sumercé es linda”, y se persigna para iniciar la jornada como “bicitaxista” en las cercanías a la Biblioteca El Tintal, al sur de Bogotá.
Si bien, este tipo de transporte no ha sido reglamentado por la Secretaría de Movilidad ni por el Ministerio de Transporte, se sigue utilizando en lugares de reciente urbanización donde el servicio legal no ha llegado. Sebastián es abordado por una abuela que con dos pequeños paquetes en los que se alcanza a apreciar una rama de cilantro, Sebastián la invita a sentarse, se persigna de nuevo y se aleja lenta y pesadamente calle abajo, en medio del tambaleo torpe de su vehículo.
Sebastián Rodríguez, 12 años, habitante de la Localidad de Suba, es miembro activo de un grupo del que no sabe que hace parte, o más bien, es número, no censado, del 14,5% de niños, niñas y adolescentes que, según el DANE (2001) trabaja en la ciudades de Colombia. También contribuye en los porcentajes de niños entre 5 y 17 años que trabaja y no estudia (5,2%).*
Algo que tampoco sabe, aunque, se diría, lo sospecha, es que en Colombia, luego de la expedición del Código de la Infancia y la Adolescencia, consagrado en la Ley 1098 de 2006, ningún menor de 15 años puede trabajar, aun cuando anteriormente el Código del Menor y la legislación laboral determinaban que los menores de 12 años podían hacerlo en condiciones especiales y con autorización.
En su trabajo, Sebastián es el menor, pero no por muchos años. Yeison Alfredo tiene 14, trabaja menos horas y gana 17 mil pesos la jornada, 2 mil más que Sebastián. ”La gente no se fija en la edad o esas cosas, lo importante es que uno vaya rápido y les haga la charlita”. Y sí, a nadie parece interesarle que el trabajo que debería hacer un adulto lo desempeñe un menor de edad.
Mientras “Salao”, “suda la gota gorda”, la Convención sobre los Derechos de los Niños y el Código de la Niñez y la Adolescencia que habla de protección integral, sujetos de derechos, prevención de amenazas y vulneración, planes, programas, recursos, crecimiento pleno y armonioso, igualdad, dignidad, amonestación para los padres, entre otros muchos términos, reposan justo al lado de él. Quizá jamás entre a la Biblioteca El Tintal, pero quizás sí:
“A mí lo que me gusta es tener la platica para las cosas de uno. Pedir es una mamera. Veterinario sería chévere, con bata y todo…allá en el barrio hay un resto de perritos que están botados y reenfermos. Pola, la perra de nosotros, como que adoptó (se ríe de la palabra que le parece rara) a unos perritos chiquiticos, eran tres, pero se murieron todos”.
“Pues sí, me gustaría ir al colegio, me da es como oso… Sí, yo sé, que toca primero aguantarse el bachiller y todo eso para ir a la universidad y estudiar lo de los animales y esa nota, ¿eso tendrá mucha matemática?”.
Mirando a Sebastián, tan duro a veces, tan adulto y luego tan supremamente niño, afortunadamente, no es difícil imaginarlo lejos de este sitio que no es el suyo, “guerreando”, como él dice, con Baldor y “esos manes que sí saben resto, compartiendo un espacio animado con sus compañeros en un salón de clases, liderando el comercio clandestino de bombombunes y pedaleando hacia la “veteranía”, esa profesión que parece gustarle.
Mirándolo es triste saber que nadie hace nada para animar su variable posición de niño - que va desde querer ser futbolista en febrero a cantante de regueton en abril- pero que por eso mimo, también podría invitársele a disfrutar de un libro o una conversación casual con el maestro del que se acordará toda su vida.
Sebastián, alias Salao, se despide de todos sus compañeros de trabajo, finge ser adulto y rechaza un cigarrillo que le ofrece Dientes, le da una palmada cariñosa a la carpa de su vehículo y atraviesa la Avenida Ciudad de Cali, con un desprecio por la vida que aterroriza a quienes esperan su transporte a este lado de la vía. De lejos levanta la mano y chifla estridentemente señalando a su reemplazo que ahí viene el siguiente pasajero, “¡duerme, marica!” y se sube en un bus en el quizá sólo paga la mitad del pasaje. Y se pierde.
En el nuevo Código se entiende por niños o niñas las personas entre los 0 y los 12 años y por adolescentes las personas entre 12 y 18 años de edad. Este sector humano y social suma entre 16 y 18 millones, dependiendo de las distintas fuentes estadísticas que se consulten (algunas fuentes aseguran que con
Fechas importantes para los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes en Colombia
1979. Promulgación de la Ley 7ª que reorganiza al ICBF y crea el Sistema Nacional de Bienestar Familiar, se le asigna al Instituto el objetivo de brindar protección a la niñez y fortalecer a la familia, para lo cual debe desarrollar acciones preventivas de la desintegración familiar y de protección preventiva y especial para los niños y la familia.
1989. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueban la Convención sobre los Derechos del niño.
1989. Se expide el Código del Menor, Decreto 2737.
1990. El tratado sobre los Derechos de los Niños entre en vigencia en los estados que lo ratificaron.
1991. Colombia ratifica la Convención sobre derechos del Niños de la Asamblea general de las Naciones Unidas1991. La Constituyente incluyó el principio de Protección Integral a la Niñez, desde 2 dimensiones: Garantía de derechos de los niños y Protección en situaciones difíciles. Artículos 13, 44, 45, 50 y 67.
2006. Se expide el Código de la Infancia y la Adolescencia, consagrado en la Ley 1098. Este sustituyó al Código del Menor, salvo en los artículos 320 y 325 (sobre protección contra la pornografía) y en lo relativo al proceso especial de alimentos.stituyen el 41% de la población).
BOTTUP
Dos millones de niños colombianos entre cinco y siete años, el 18 por ciento de la población en ese rango de edad, realizan labores domésticas o en otros sectores económicos, informaron fuentes oficiales.
Datos aportados por la Procuraduría General, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) reflejan un panorama "crítico", a juicio de la emisora radial Caracol.
Los especialistas consideran que la mitad de esos menores labora más de 15 horas semanales en tareas domésticas.
Esta forma de explotación es una de las causas de que el 12 por ciento de los menores colombianos entre cinco y 17 años no asistan a la escuela, señalan las entidades oficiales.
A ello se suma la falta de recursos económicos de muchas familias colombianas para poder educar a sus hijos.
Como paliativo, la Procuraduría anunció que propondrá a los gobiernos de los 32 departamentos del país estrategias para detectar, prevenir y erradicar las peores formas de trabajo infantil y al mismo tiempo proteger al adolescente trabajador. CRONICA D
“¿Por qué pondrá Dios al comienzo lo mejor de toda la vida?” Víctor Hugo
César Alfonso Vanegas González 03 de junio de 2008 BOGOTÁ (BOTTUP)
![]() Sebastián es uno de los muchos niños que trabajan en Colombia |
"Es chévere que lo miren a uno con respeto", dice Sebastián Rodríguez mientras camina orgulloso con su ropa nueva que emula a uno de esos cantantes de reggeton, pantalones en los que cabrían tres niños de 12 años como él, y una enorme camiseta roja con mangas amplísimas que dejan ver su pecho de niño. Sus botas deportivas también son nuevas y ese raro olor que despide se entiende como algún nuevo perfume que compró, según dice, en el sitio más bacano del centro de Bogotá, “a las niñas también les gusta que uno huela elegante”.
Van a ser la 9 de la mañana y los oficinistas se encuentran ya en sus cubículos, los dependientes de los almacenes ven sus primeras ganancias y doña Berta mira partir a su hijo por las empinadas calles del barrio, y es que “a una le alegra que ellos ya sean independientes, y hoy en día, si no quieren estudiar, ¿qué podemos hacer?; aquí nos toca sudarla a todos. El único es Camilo (el hermano de Sebastián, de 10 años), que sí le gustó el estudio y hasta le va muy bien, espere que venga y verá cómo tiene el cuaderno, tiene letra de pura señorita, y dibuja bien el pelao… espere y verá” .
Sebastián enciende su reproductor de música sin marca, “es chino” argumenta orgulloso, y acomoda su morral en los hombros de tal forma que pueda mover sus manos como lo hacen sus artistas favoritos mientras cantan y los giros que hace con sus dedos -por lo menos para un ignorante en la materia- son similares a los de éstos. La pendiente lo empuja y sus pasos se tornan forzados y sonoros… Sebastián va inmerso en la banda sonora de su vida…
| Según una ley de 2006 ningún menor de
15 años puede trabajar en Colombia, aunque se estima que el 14,5% de
los niños y adolescentes no tienen otro remedio que hacerlo Su madre: "A una le alegra que ellos ya sean independientes, y hoy en día, si no quieren estudiar, ¿qué podemos hacer? Aquí nos toca sudarla a todos" |
Luego de unos minutos de camino le hace la parada a un transporte colectivo mientras le enseña al conductor siete de sus dedos: una mano plena y una V de victoria con su otra mano. “Pues hombre, quiere decir que me lleve por setecientos pesos” explica con una mueca que significa “es obvio, ¿no?”. “Es que pagar 1.200 pesos es una maricada, a veces no lo llevan a uno, pero a esta hora estos colectivos van desocupados, ellos pierden”.
Toma asiento orgulloso, se sabe observado y eso le gusta. Comienza a desvanecerse en la silla hasta estar prácticamente acostado y lo que sucede al rededor no parece importarle, sólo de vez en cuando se incorpora violentamente para observar por la ventanilla a algún adolescente con unos tenis de marca y repite para él mismo “qué chimba, qué chimba, uff…”.
Cuando llega a su destino no oprime el timbre, Sebastián chifla y el sonido maltrata el oído, su aparente seguridad molesta. Se baja del vehículo y envalentonado por la curiosidad y las miradas de los demás pasajeros levanta el dedo pulgar de su mano derecha mientras cierra el puño y agradece al chofer por el espejo retrovisor mientras se aleja ajustando el sonido de su aparato de música.
“Quiubo, Salao, cómo le acabó de ir anoche ¿si cogió buseta?” –No guey, me tocó coger dos, me figuró todo el camino de pie, juemadre.
Sebastián revisa que todo esté en orden; llantas duras, cadena templada, carpa en buen estado, frenos… “¡Bien, mi Pacha! Es que sumercé es linda”, y se persigna para iniciar la jornada como “bicitaxista” en las cercanías a la Biblioteca El Tintal, al sur de Bogotá.
Si bien, este tipo de transporte no ha sido reglamentado por la Secretaría de Movilidad ni por el Ministerio de Transporte, se sigue utilizando en lugares de reciente urbanización donde el servicio legal no ha llegado. Sebastián es abordado por una abuela que con dos pequeños paquetes en los que se alcanza a apreciar una rama de cilantro, Sebastián la invita a sentarse, se persigna de nuevo y se aleja lenta y pesadamente calle abajo, en medio del tambaleo torpe de su vehículo.
Sebastián Rodríguez, 12 años, habitante de la Localidad de Suba, es miembro activo de un grupo del que no sabe que hace parte, o más bien, es número, no censado, del 14,5% de niños, niñas y adolescentes que, según el DANE (2001) trabaja en la ciudades de Colombia. También contribuye en los porcentajes de niños entre 5 y 17 años que trabaja y no estudia (5,2%).*
Algo que tampoco sabe, aunque, se diría, lo sospecha, es que en Colombia, luego de la expedición del Código de la Infancia y la Adolescencia, consagrado en la Ley 1098 de 2006, ningún menor de 15 años puede trabajar, aun cuando anteriormente el Código del Menor y la legislación laboral determinaban que los menores de 12 años podían hacerlo en condiciones especiales y con autorización.
En su trabajo, Sebastián es el menor, pero no por muchos años. Yeison Alfredo tiene 14, trabaja menos horas y gana 17 mil pesos la jornada, 2 mil más que Sebastián. ”La gente no se fija en la edad o esas cosas, lo importante es que uno vaya rápido y les haga la charlita”. Y sí, a nadie parece interesarle que el trabajo que debería hacer un adulto lo desempeñe un menor de edad.
Mientras “Salao”, “suda la gota gorda”, la Convención sobre los Derechos de los Niños y el Código de la Niñez y la Adolescencia que habla de protección integral, sujetos de derechos, prevención de amenazas y vulneración, planes, programas, recursos, crecimiento pleno y armonioso, igualdad, dignidad, amonestación para los padres, entre otros muchos términos, reposan justo al lado de él. Quizá jamás entre a la Biblioteca El Tintal, pero quizás sí:
“A mí lo que me gusta es tener la platica para las cosas de uno. Pedir es una mamera. Veterinario sería chévere, con bata y todo…allá en el barrio hay un resto de perritos que están botados y reenfermos. Pola, la perra de nosotros, como que adoptó (se ríe de la palabra que le parece rara) a unos perritos chiquiticos, eran tres, pero se murieron todos”.
“Pues sí, me gustaría ir al colegio, me da es como oso… Sí, yo sé, que toca primero aguantarse el bachiller y todo eso para ir a la universidad y estudiar lo de los animales y esa nota, ¿eso tendrá mucha matemática?”.
Mirando a Sebastián, tan duro a veces, tan adulto y luego tan supremamente niño, afortunadamente, no es difícil imaginarlo lejos de este sitio que no es el suyo, “guerreando”, como él dice, con Baldor y “esos manes que sí saben resto, compartiendo un espacio animado con sus compañeros en un salón de clases, liderando el comercio clandestino de bombombunes y pedaleando hacia la “veteranía”, esa profesión que parece gustarle.
Mirándolo es triste saber que nadie hace nada para animar su variable posición de niño - que va desde querer ser futbolista en febrero a cantante de regueton en abril- pero que por eso mimo, también podría invitársele a disfrutar de un libro o una conversación casual con el maestro del que se acordará toda su vida.
Sebastián, alias Salao, se despide de todos sus compañeros de trabajo, finge ser adulto y rechaza un cigarrillo que le ofrece Dientes, le da una palmada cariñosa a la carpa de su vehículo y atraviesa la Avenida Ciudad de Cali, con un desprecio por la vida que aterroriza a quienes esperan su transporte a este lado de la vía. De lejos levanta la mano y chifla estridentemente señalando a su reemplazo que ahí viene el siguiente pasajero, “¡duerme, marica!” y se sube en un bus en el quizá sólo paga la mitad del pasaje. Y se pierde.
En el nuevo Código se entiende por niños o niñas las personas entre los 0 y los 12 años y por adolescentes las personas entre 12 y 18 años de edad. Este sector humano y social suma entre 16 y 18 millones, dependiendo de las distintas fuentes estadísticas que se consulten (algunas fuentes aseguran que con
Fechas importantes para los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes en Colombia
1979. Promulgación de la Ley 7ª que reorganiza al ICBF y crea el Sistema Nacional de Bienestar Familiar, se le asigna al Instituto el objetivo de brindar protección a la niñez y fortalecer a la familia, para lo cual debe desarrollar acciones preventivas de la desintegración familiar y de protección preventiva y especial para los niños y la familia.
1989. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueban la Convención sobre los Derechos del niño.
1989. Se expide el Código del Menor, Decreto 2737.
1990. El tratado sobre los Derechos de los Niños entre en vigencia en los estados que lo ratificaron.
1991. Colombia ratifica la Convención sobre derechos del Niños de la Asamblea general de las Naciones Unidas1991. La Constituyente incluyó el principio de Protección Integral a la Niñez, desde 2 dimensiones: Garantía de derechos de los niños y Protección en situaciones difíciles. Artículos 13, 44, 45, 50 y 67.
2006. Se expide el Código de la Infancia y la Adolescencia, consagrado en la Ley 1098. Este sustituyó al Código del Menor, salvo en los artículos 320 y 325 (sobre protección contra la pornografía) y en lo relativo al proceso especial de alimentos.stituyen el 41% de la población).
BOTTUP
DOS MILLONES DE NIÑOS COLOMBIANOS EXPLOTADOS LABORALMENTE
Bogotá, 4 de junio 2008 PL (CRONICA D)Dos millones de niños colombianos entre cinco y siete años, el 18 por ciento de la población en ese rango de edad, realizan labores domésticas o en otros sectores económicos, informaron fuentes oficiales.
Datos aportados por la Procuraduría General, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) reflejan un panorama "crítico", a juicio de la emisora radial Caracol.
Los especialistas consideran que la mitad de esos menores labora más de 15 horas semanales en tareas domésticas.
Esta forma de explotación es una de las causas de que el 12 por ciento de los menores colombianos entre cinco y 17 años no asistan a la escuela, señalan las entidades oficiales.
A ello se suma la falta de recursos económicos de muchas familias colombianas para poder educar a sus hijos.
Como paliativo, la Procuraduría anunció que propondrá a los gobiernos de los 32 departamentos del país estrategias para detectar, prevenir y erradicar las peores formas de trabajo infantil y al mismo tiempo proteger al adolescente trabajador. CRONICA D







