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miércoles, 11 de junio de 2008
Se manifiesta por burlas, intimidación, “matonismo” y agresión física o psicológica, entre estudiantes
No se debe dejar pasar por alto una situación de acoso escolar, advierte la psicóloga especialista en niñez y adolescencia, Roció Solís

NO ES JUEGO. El problema va más allá de un asunto de niñosAngie López Arias 10 JUN 2008 SAN JOSE de Costa Rica (PRENSA LIBRE)
Muchos niños y adolescentes sufren de un problema que ocurre cada vez con más frecuencia en los centros educativos pero que lamentablemente pasa desapercibido por padres y maestros: el acoso escolar o “bullying”.

Esta problemática se manifiesta por burlas, hostigamientos, exclusión social, amenazas, intimidación, “matonismo” y agresiones físicas o psicológicas de un estudiante o varios contra otro u otros y daña severamente la autoestima y la integridad de la víctima quien sufre el temor constante de ser asediado.

El problema va más allá de un asunto de niños pues puede llegar a graves dimensiones si no se pone un alto a la situación, por ello si un estudiante presenta síntomas de acoso escolar es un llamado de alerta que no se puede dejar pasar.

Aunque no existe una estadística que muestre la realidad del acoso, se sabe con certeza que va en aumento, pero lo más preocupante es que las manifestaciones cada vez más violentas por lo que es frecuente que se den agresiones físicas entre los estudiantes.
Grave

La psicóloga escolar especialista en niñez y adolescencia del Ministerio de Educación Pública (MEP), Rocío Solís, comentó que el acoso escolar es todo aquello que involucra violencia contra de un estudiante hacia otro, ya sea por medio de agresiones físicas, verbales e incluso escritas.

“Cuando hay acosos escolar los niños o adolescentes llegan a sus casas con la camisa rota, los cuadernos destrozados y golpeados, por lo general les quitan la merienda o el dinero que llevan y por eso sufren fobias escolares, depresión, trastornos nocturnos y en general sufren mucho”, explicó Solís.

La especialista indicó que muchas víctimas se han sentido tan mal que han dejado la institución porque no pueden continuar soportando el acoso, además entran en un estado total de depresión porque su autoestima ha sido dañada severamente, tanto que algunos pueden atentar contra su propia vida.

“Siempre ha existido el matonismo pero ahora las formas son más violentas porque esta población está bombardeada con situaciones de violencia; muchos reproducen lo que viven en sus hogares y no aprenden a resolver conflictos con otra manera que no sea la violencia y la agresión”, aseveró Solís.
Víctima y victimario

Según la psicóloga, las víctimas presentan ciertas características que las hacen vulnerables a sufrir este tipo de acoso, por ejemplo no puede defenderse solos porque tienen baja autoestima, presentan alguna discapacidad o tienen poca interacción social y suelen ser muy inteligentes, lo que es motivo de envidia.

El “matón” por su parte, tiene un problema serio y de fondo que le lleva a mostrar su fuerza de esa manera y a descargar su furia contra los demás, por ello su problemática social la saca a relucir mediante este tipo de conductas.

“Es un estudiante que siempre está rodeado por otros, es decir, tiene un liderazgo negativo, puede que sea mal estudiante pero sí popular por otras cosas, como que es más grande o más fuerte, y eso hace que se sienta en estado de superioridad y a los otros los ve débiles”, indicó Solís.

Lo importante es detener la situación porque el agresor puede continuar reproduciendo esa conducta hasta llegar a cometer algo mucho más grave mientras que el daño que le genera a la víctima también debe parar ya que las consecuencias podrían ser lamentables.
Daño

El psicólogo de Enfoque a la Familia y especialista en el tema, Mario Machado, manifestó que para los niños y adolescentes es muy importante la aceptación de sus iguales, por eso cuando no ocurre, se sienten muy mal y prefieren dejar la escuela que continuar con esa desagradable experiencia.

“Para ellos el contexto de aceptación es realmente importante, pero cuando por alguna razón hay burlas, exclusión, hostigamiento e intimidación ya no quieren ir a la escuela y por eso tienen que pasarse de centro educativo para no sufrir más este tipo acoso”, expresó Machado.

El especialista considera que el acoso escolar es muy frecuente porque los niños son vulnerables ya que no tienen la madurez suficiente para restarle importancia a ciertas situaciones, claro está, siempre que no corra peligro su integridad física.

Los padres deben dar credibilidad al acoso y nunca desvalorizarlo, poner mucha atención si sus hijos presentan algún signo de acoso escolar y acudir de inmediato a la institución para que las autoridades del centro educativo tomen las medidas adecuadas para detener la problemática.

“Por ninguna razón se debe permitir el hostigamiento entre los estudiantes y por eso nunca hay que desvalorizar lo que dicen los niños o adolescentes. Es necesario hablar con el acosador sobre su problema y brindar protección a la víctima y de ser el caso, cambiarle de institución”, puntualizó Solís. PRENSA LIBRE

MÉXICO

Cuando la violencia llega a la escuela

Sofía Montoya, Martes, 10 de Junio de 2008  MÉXICO (EL PORVENIR)
Los problemas de violencia en la escuela son reflejo de lo que ocurre en el hogar y el entorno social, por lo que su solución requiere la participación conjunta de padres de familia, profesores, alumnos, psicólogos y, si es necesario, autoridades.

La escuela no es una isla ajena al resto del mundo, sino una institución inmersa en una sociedad con la que sostiene una relación de intercambio: influye a la vez que es influida.

Es por eso que al interior de los colegios se conjugan niños con distintas personalidades, hecho benéfico en tanto que se aprende de distintas realidades, pero que también puede originar problemas de comportamiento.

Nos referimos, por ejemplo, a las ocasiones en que conviven niños con carácter violento y otros que son tímidos; el resultado: los primeros aprovechan sus cualidades físicas para intimidar y agredir a los otros.

Empero, este hecho tiene su origen en hogares violentos, por lo que deben considerarse problemas cuya raíz es ajena al colegio, pero que en el futuro serán perjudiciales si no se toman cartas en el asunto.

Hay que considerar primero que reprimir no es la solución, pues un niño agresivo reproduce lo que ha visto o ha sufrido en su hogar, y llega al colegio a descargar lo que está aprendiendo en la familia y en la calle.

De este modo, reprender y castigar es contraproducente porque se genera más violencia y los infantes aumentan su rencor.

¿Qué pasa con los niños que son objeto de agresiones por parte de sus compañeros? Si las dificultades no se atienden, pueden volverse tímidos, desmotivados, tener pesadillas, orinarse en la cama (enuresis) o adquirir carácter agresivo como medio de defensa.

¿Qué se puede hacer? Aquellos padres que reciban quejas porque su hijo es muy agresivo, deben, en primer lugar, ser receptivos ante esta información y luego permanecer al tanto del comportamiento del niño en la escuela, ya que en casa pueden ser tímidos, pero agresivos con sus compañeros.

Si se ha confirmado esta tendencia, se recomienda atención psicológica para los menores y, aunque pueda parecer molesto, para toda la familia, con la finalidad de confirmar el origen del conflicto.

De ser así, se contará con la oportunidad de reestructurar el comportamiento de todos los integrantes del hogar y hacer cambios que les permitan sentirse amados, respetados y escuchados.

Parte de este trabajo consistirá en propiciar momentos de juego, estudio, descanso y convivencia.

Por otra parte, los padres de niños tímidos deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto, sino que es más prudente buscar soluciones pacíficas.

Usar la fuerza no es tener la razón.

También deberán involucrarse más con su hijo tímido y su agresor, para lograr acercamientos más amistosos y hacerles ver que la fuerza es negativa; no debe crearse enemistad con la familia del niño que actúa de manera violenta, porque estaría dándose un ejemplo negativo.

A este respecto, también es recomendable que ambas familias entren en contacto para hallar solución al problema.

La labor de los maestros Los profesores deberán ser muy cuidadosos en lo que respecta a estos problemas, pues pueden ser los primeros en detectar casos de agresión o recibir las quejas de un niño agredido.

Por ello, deben comprender que la escuela es un lugar que obliga a la convivencia de diferentes personalidades, y que los conflictos siempre estarán latentes.

Aunque seguramente la experiencia de los profesores será amplia, podemos recomendarles:

* No castigar, etiquetar, rechazar ni apartar a lo niños conflictivos, ya que estas actitudes, lejos de mejorar el comportamiento, alteran la situación.

Es una forma de violencia psicológica. * Es recomendable conversar con el niño que ocasiona problemas y hacerse su amigo, para que encuentre mejor comunicación y confianza.

* Siempre que detecte cambios de conducta en los alumnos, deberá notificar a los padres, procurando que esta situación sea en privado y no durante las juntas, frente a otros jefes de familia.

Aunque no está en manos de los maestros modificar actitudes que se originan fuera de la escuela, ni podrán convertir al colegio en un "territorio neutral", sí está dentro de sus posibilidades lograr acuerdos de todas las partes implicadas y mejorar los mecanismos reales de participación que fomenten la responsabilidad compartida

Mochila segura Mención aparte merecen los procedimientos extremos que se aplican en algunas escuelas debido a las recientes oleadas de violencia, en que problemas sociales y de grupos organizados amenazan la seguridad de escolares, y que a mediados de este año 2001 generaron dos incidentes graves en la Ciudad de México: el suicidio de un chico de 14 años con un revólver en el salón de clases, y el ataque a tres estudiantes porque no quisieron comprar droga.

De acuerdo con especialistas en Psicología y Pedagogía, los operativos de revisión de mochilas en planteles de primaria y secundaria no son eficaces por sí solos para prevenir violencia y drogadicción, pues siguen metodologías obsoletas que no consideran a los niños y jóvenes como sujetos activos y los hacen sentirse anulados y excluidos.

En contraparte, según estudios de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), los estudiantes reconocen que estos procedimientos son necesarios, pero que sólo serán eficaces si se acuerda con los jóvenes cuáles serán los mecanismos para realizarlos; de no ser así podrían entenderse como acto de exclusión que aumente el deseo de transgredir las reglas.

En conclusión, podemos decir en términos generales que la mejor estrategia ante la violencia escolar es contar con disposición y, ante todo, escuchar y comprender a los pequeños, pues muchas veces los problemas son ignorados por los adultos, inmersos en rutina y trabajo. EL PORVENIR


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