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jueves, 12 de junio de 2008
Los niños de zonas rurales, los más afectados
En íntima relación con la pobreza y la economía informal, el trabajo de los niños y niñas en el país donde deberían ser 'los únicos privilegiados' se da en mayor medida en los sectores rurales.
 · La consecuencia más directa y nociva del trabajo infantil sobre sus propios protagonistas, es la deserción o el fracaso escolar. Ausentismos, tardanzas ...
Alto! Al Trabajo Infantil  /Foto www.prensadefrente.org Latinoamérica tiene pendiente la erradicación del trabajo infantil

Irina Santesteban (LA ARENA) / ARGENPRESS
Según la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti) dependiente del Ministerio de Trabajo de la Nación, se considera trabajo infantil a 'toda actividad económica y/o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años, si se trata de trabajo peligroso'.

La cartera laboral considera al trabajo infantil como una de las peores formas de explotación y abuso, porque pone en peligro la salud, seguridad y educación de los más chicos, al mismo tiempo que atenta contra su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social.

La Conaeti fue creada mediante el Decreto 719 de agosto de 2000, y es consecuencia de la aplicación del Convenio Nº 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en nuestro país fue ratificado por la Ley Nº 24.650.

El trabajo infantil está presente en mayor medida en los países pobres, pero también se da en los más desarrollados, y es consecuencia directa de la informalidad y precariedad laboral, con condiciones de trabajo poco seguras, empleo de mano de obra barata y que produce grandes beneficios en relación a los bajos costos de quien invierte. Los 'locos bajitos' son baratos, y a veces, gratis.

Además en la economía informal, hay poca o nula intervención de organismos oficiales de control, por lo que se hace muy difícil cuantificarlo y combatirlo.

Aunque es ponderable que las autoridades nacionales hayan creado instrumentos para luchar contra la explotación de los niños y niñas, la pregunta que debe hacerse es: ¿son efectivas estas herramientas? ¿Existe el trabajo infantil en la Argentina?

Obviamente que sí, y donde son más visibles es en los centros urbanos, lavando parabrisas en las esquinas, lustrando calzado o recolectando basura o cartones en las calles. Además del esfuerzo que significa padecer largas jornadas trabajando o permaneciendo de pie, casi siempre a la intemperie, estas actividades implican grandes riesgos, como el de ser atropellados por los autos en avenidas, o estar expuestos a la violencia de los mayores, o a abusos sexuales.

Pequeños peones rurales

'Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos, que por qué es carne de yugo'. Quizás sin llegar a este extremo que tan crudamente describió Miguel Hernández en su poema 'Niño Yuntero', lo cierto es que en todo el mundo y en nuestro país, la mayoría de los niños y niñas que trabajan, lo hacen en las tareas agrícolas, adonde el trabajo infantil adquiere formas que, por tradición cultural, aparece oculto y resulta muy difícil medirlo para los datos de las estadísticas.

Según la Uatre (Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores), para la familia rural es 'natural' que sus hijos realicen tareas en el campo e incluso consideran que trabajando desde niño se aprenderá mejor la tarea y más preparado se estará para ganarse el sustento.

El sector rural es uno de los caracterizados como invisibles, pues es donde casi no llegan los controles e inspecciones que deberían realizar con frecuencia las autoridades del ministerio de Trabajo.

Además, como la mayoría de los niños menores de 14 años que trabajan, lo hacen junto a sus padres y en actividades estacionarias que requieren un gran esfuerzo, es la propia familia la que necesita de ese trabajo infantil. En cosechas como la de uva, donde la paga se mide por 'tachos', hasta los niños más pequeños trabajan para que el jornal de su padre o madre aumente aunque sea unos centavos.

Por ello el trabajo infantil está íntimamente ligado a la pobreza, la explotación y el abuso que realizan una gran parte de los dueños de los establecimientos rurales, fomentado por la falta de controles o la ineficiencia de éstos por parte de las autoridades laborales ('El trabajo infantil en el sector rural de la Argentina', Uatre).

Hay formas peores

Aunque de por sí el trabajo infantil es reprochable, sobre todo en los menores de 14 años, existen lo que la OIT define como las 'peores formas' del trabajo de niños y niñas.

El Convenio N° 182 de la OIT, que fue aprobado en nuestro país por la ley N° 25.255, menciona a la esclavitud en todas sus formas o prácticas análogas, la venta y tráfico de niños, el trabajo forzoso, la utilización y reclutamiento de niños para la prostitución o la pornografía, para actividades delictivas como el narcotráfico, y aquellas actividades que dañen gravemente la salud, la seguridad o la integridad moral de los niños.

Aunque todas estas formas de trabajo infantil están penalizadas en nuestra legislación, resulta difícil no incluir en la última de las mencionadas (referida al daño grave en la salud, seguridad o moral del niño), cualquier actividad laboral desarrollada por niños o niñas.

La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (Eanna), realizada por el Ministerio de Trabajo y que abarca distintas áreas geográficas del país, reveló para el año 2006 que el 6,5% de los niños de entre 5 y 13 años cumplen alguna tarea, y que de los adolescentes de entre 14 y 17 años, trabaja el 20,1%. Según un relevamiento del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2006, el 53% de los niños que trabaja en las calles consume droga.

Deserción escolar

La consecuencia más directa y nociva del trabajo infantil sobre sus propios protagonistas, es la deserción o el fracaso escolar. Ausentismos, tardanzas, niveles altos de repitencia y, finalmente, el abandono de la escuela, suelen ser el camino que recorren los niños que trabajan, ya sea en la ciudad o en el campo.

Según la Eanna, la jornada de trabajo de niños de entre 9 y 13 años, llega hasta siete horas por día y, en casos extremos, hasta diez horas.

En las actividades agropecuarias se da la mayor sobrecarga horaria y mientras en las zonas urbanas la iniciación laboral se da, en promedio a los nueve años, en el campo baja a los ocho años.

Aunque el lugar de todo niño deberían ser su casa y la escuela, y su actividad principal la de aprender y jugar, no todas las tareas realizadas por los niños deben clasificarse como trabajo infantil que ha de eliminarse.

La actividad de los niños o los adolescentes en trabajos que no atentan contra su salud y su desarrollo personal, ni interfieran con su escolarización, debe ser considerada positiva. Por ejemplo, la ayuda que prestan a sus padres en el hogar, la colaboración en un negocio familiar o las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones para ganar un dinero extra para sus gastos.

El trabajo infantil que debe erradicarse es aquel que priva a los niños del juego, de la educación y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. argenpress
FOTO www.prensadefrente.org

Latinoamérica tiene pendiente la erradicación del trabajo infantil

EFE 12-06-2008
La lucha contra el trabajo infantil es una asignatura pendiente en los países de Latinoamérica, en los que decenas de miles de niños se ven obligados a desempeñar labores incompatibles con su edad, que ponen en riesgo su desarrollo educativo y en muchos casos su salud.

Consciente de la gravedad del problema, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebrará  el 'Día mundial contra el trabajo infantil' con acciones centradas en la educación como 'respuesta acertada' para el fenómeno.

Según la OIT, en el mundo hay aproximadamente 165 millones de niños trabajadores de entre cinco y 14 años de edad, de los que 74 millones están expuestos a trabajos peligrosos, pese a que en muchos países, incluidos los latinoamericanos, los gobiernos han tratado de frenar esta situación.

Brasil es el más afectado por este problema en la región, con cerca de 5,1 millones de menores trabajadores, según cifras del pasado mes de marzo, lo que representa el 11,5% de los niños de esa franja de edad.

Para mitigar el problema, el Gobierno obliga a los padres a inscribir a los hijos en las escuelas como condición para que sus familias puedan recibir los beneficios de programas asistenciales.

De los menores trabajadores, cerca del 41% se ocupa en labores agrarias no remuneradas, fenómeno notorio en otras naciones latinoamericanas.

Es el caso de Colombia donde, según cifras oficiales, de los 2,5 millones de menores que trabajan, el 43% lo hace en el sector agrícola, y el 6,7% de los niños de entre diez y 17 años ejerce alguna ocupación.

El Gobierno lanzó en febrero pasado una estrategia con la que aspira a bajar ese último porcentaje al 5% en 2010, y al 2,5% en 2019.

Argentina, donde el 20,1% de los jóvenes de entre 14 y 17 años trabaja, creó en el año 2000 una Comisión para la Erradicación del Trabajo Infantil, fenómeno visible principalmente en la agricultura, industria, minería, construcción y trabajo doméstico, entre otros.

Según una encuesta de 2006, el 2,8% de los niños de entre 5 y 13 años que trabaja en Argentina no asiste al colegio, cifra que se eleva al 10% en el campo.

Unicef calcula que en México cerca de 3,3 millones de niños trabajan, de los cuales 40.000 desempeñan en la capital funciones prohibidas por la Constitución, una situación que la Secretaría de Trabajo ha intentando remediar con propuestas de sanciones a los responsables.

En Costa Rica, donde según Unicef hay cerca de 100.000 menores trabajadores, se creó el programa 'Avancemos', que consiste en ayudas económicas a familias pobres, con la condición de que sus hijos permanezcan en el sistema educativo.

El problema también es visible en Honduras, donde más de 325.000 niños son explotados laboralmente, según la secretaria de Trabajo, Mayra Mejía.

Muchos de ellos hacen jornadas de hasta 16 horas diarias, sobre todo en el campo, con lo cual se les priva de educación.

Una encuesta del Instituto Nacional de Estadística de Guatemala señala que el 23% de la población de entre 7 y 17 años ejerce alguna actividad económica o deseaba hacerlo, lo que el Gobierno ha intentado combatir, mientras que el de Panamá destinó un millón de dólares para atender a cerca de 2.500 niños trabajadores de las provincias de Panamá y Colón.

Esfuerzos similares hace El Salvador, donde las autoridades han intentado erradicar el trabajo infantil, principalmente de la cosecha de caña de azúcar.

El sector azucarero también emplea mano de obra infantil en Bolivia, donde además es habitual que menores trabajen en la minería y la recolección de castañas, por lo cual el Gobierno puso en marcha el Plan de Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil, para rescatar a unos 600.000 afectados.

Con el programa 'Construyendo Perú', el Gobierno aspira a reducir las tasas de trabajo infantil, mientras que en Uruguay unos 35.000 niños de entre 5 y 17 años ejercen alguna labor económica, pese a que el trabajo de los menores de 15 está prohibido por el Código de la Niñez y de la Adolescencia.

Más grave es la situación en Paraguay donde trabaja cerca de un millón de menores, lo que representa más de la mitad de los niños y adolescentes del país, según la OIT.

Ese fenómeno ejerce un fuerte impacto en la deserción escolar y hace que uno de cada siete niños de entre 5 y 17 años no asista a la escuela.

La mayoría de los menores que trabaja en República Dominicana lo hace en los sectores agrícola, comercial e informal, lo que llevó al Gobierno a lanzar un plan para rescatar a los 'niños de los semáforos', una de las formas de mendicidad más comunes en las ciudades de ese y otros países latinoamericanos.

Chile tiene cerca de 240.000 niños y adolescentes trabajadores, 107.000 de ellos en condiciones consideradas inaceptables.

Al respecto, el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, dijo: 'Que haya un niño que trabaja en condiciones inaceptables es una indignidad, para enfrentarla debemos hacer un esfuerzo como país'.

Venezuela, donde el 7% de los niños de entre 5 y 14 años trabaja, puso en marcha en 2006 un convenio con la OIT sobre erradicación de este problema, mientras que en Ecuador están registrados 662.664 niños trabajadores, según Elva Games secretaria técnica del Comité Nacional de Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil.
Terra Actualidad - EFE



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