El ciclón de Myanmar y el terremoto chino han dejado miles de niños muertos y de huérfanos
En Irrawaddy, Myanmar murieron 134.000 personas, muchas de ellas niños.
M. Á. Sánchez de la Nieta 13 JUN 2008 MADRID (Gaceta)
En las tragedias que estas semanas han sacudido el continente asiático, los niños se han llevado la peor parte. Víctimas y muchos huérfanos en Myanmar. Guarderías convertidas en polvo y hogares sin niños en los aledaños de Sichuan. Familias chinas que, conforme a la imposición oficial, tenían un solo hijo en el que habían puesto toda su ilusión, se encuentran desconsoladas.
Algunas ONG sostienen que cerca del 40% de las víctimas causadas por el tifón Nargis en Myanmar son menores. Como sucedió en el tsunami de 2004, muchos de ellos no pudieron trepar a los árboles ni a los edificios ante las avalanchas de lodo y agua.
Pese a la inicial resistencia de la Junta Militar que gobierna la antigua Birmania, las organizaciones internacionales entraron finalmente en la región para ayudar en la difícil reconstrucción del país. Pocos días después, comienzan a llegar valoraciones de quienes, sobre el terreno, han podido evaluar la tragedia con una cierta objetividad.
Una de las más inquietantes reflexiones es la que hace la ONG Asian Tribal Ministries, que sólo tres semanas después del tifón afirma haber rescatado ya a una docena de huérfanos de las garras de los traficantes de niños. Algunos medios estiman que la tragedia ha dejado al menos 2.000 huérfanos. No han dejado de llorar a sus padres cuando les acosa una nueva amenaza: el secuestro por adultos que, empujados por el hambre y la falta de escrúpulos, los venden a los traficantes por una cantidad irrisoria. En el horizonte, el tenebroso panorama de la prostitución tailandesa.
Además, la responsable de protección infantil de Unicef en Birmania, Anne-Claire Dufay, ha alertado también sobre el riesgo que corren los huérfanos del Nargis. Aunque el organismo de la ONU es partidario de que el Gobierno birmano facilite la acogida temporal de esos niños en familias de su entorno, de momento la Junta piensa más bien en otra solución: construir orfanatos en Labutta y Pyapon, dos de las zonas más afectadas del delta del Irauadi. ¿Diferentes puntos de vista ante un problema? No es sólo eso.
Hace pocos meses, Human Rigths Watch publicaba el inquietante informe Sold to Be Soldiers: The Recruitment and Use of Child Soldiers in Burma, en el que se mostraba cómo, para resolver su crisis de personal militar, el Gobierno birmano estaba alistando de manera forzosa a muchos menores, algunos de ellos de tan sólo 10 años de edad. Con estos datos, no es difícil prever que el alojamiento de los huérfanos del Nargis en orfanatos financiados por la Junta Militar convierta a los niños en fácil presa de un futuro reclutamiento forzoso.
China: dolor e indignación
En China, junto a los ataúdes blancos se echan en falta a los hermanos. Y es que el terremoto unido a la política del hijo único implantada hace décadas por el Gobierno chino ha vaciado de niños los hogares en algunas regiones. Es el caso de Beichuan, en la provincia suroccidental de Sichuan, donde se localizó el epicentro del terremoto. Allí, cerca de un millar de niños y adolescentes perecieron bajo los escombros de escuelas y guarderías. GACETA
En Irrawaddy, Myanmar murieron 134.000 personas, muchas de ellas niños.
En las tragedias que estas semanas han sacudido el continente asiático, los niños se han llevado la peor parte. Víctimas y muchos huérfanos en Myanmar. Guarderías convertidas en polvo y hogares sin niños en los aledaños de Sichuan. Familias chinas que, conforme a la imposición oficial, tenían un solo hijo en el que habían puesto toda su ilusión, se encuentran desconsoladas.
Algunas ONG sostienen que cerca del 40% de las víctimas causadas por el tifón Nargis en Myanmar son menores. Como sucedió en el tsunami de 2004, muchos de ellos no pudieron trepar a los árboles ni a los edificios ante las avalanchas de lodo y agua.
Pese a la inicial resistencia de la Junta Militar que gobierna la antigua Birmania, las organizaciones internacionales entraron finalmente en la región para ayudar en la difícil reconstrucción del país. Pocos días después, comienzan a llegar valoraciones de quienes, sobre el terreno, han podido evaluar la tragedia con una cierta objetividad.
Una de las más inquietantes reflexiones es la que hace la ONG Asian Tribal Ministries, que sólo tres semanas después del tifón afirma haber rescatado ya a una docena de huérfanos de las garras de los traficantes de niños. Algunos medios estiman que la tragedia ha dejado al menos 2.000 huérfanos. No han dejado de llorar a sus padres cuando les acosa una nueva amenaza: el secuestro por adultos que, empujados por el hambre y la falta de escrúpulos, los venden a los traficantes por una cantidad irrisoria. En el horizonte, el tenebroso panorama de la prostitución tailandesa.
Además, la responsable de protección infantil de Unicef en Birmania, Anne-Claire Dufay, ha alertado también sobre el riesgo que corren los huérfanos del Nargis. Aunque el organismo de la ONU es partidario de que el Gobierno birmano facilite la acogida temporal de esos niños en familias de su entorno, de momento la Junta piensa más bien en otra solución: construir orfanatos en Labutta y Pyapon, dos de las zonas más afectadas del delta del Irauadi. ¿Diferentes puntos de vista ante un problema? No es sólo eso.
Hace pocos meses, Human Rigths Watch publicaba el inquietante informe Sold to Be Soldiers: The Recruitment and Use of Child Soldiers in Burma, en el que se mostraba cómo, para resolver su crisis de personal militar, el Gobierno birmano estaba alistando de manera forzosa a muchos menores, algunos de ellos de tan sólo 10 años de edad. Con estos datos, no es difícil prever que el alojamiento de los huérfanos del Nargis en orfanatos financiados por la Junta Militar convierta a los niños en fácil presa de un futuro reclutamiento forzoso.
China: dolor e indignación
En China, junto a los ataúdes blancos se echan en falta a los hermanos. Y es que el terremoto unido a la política del hijo único implantada hace décadas por el Gobierno chino ha vaciado de niños los hogares en algunas regiones. Es el caso de Beichuan, en la provincia suroccidental de Sichuan, donde se localizó el epicentro del terremoto. Allí, cerca de un millar de niños y adolescentes perecieron bajo los escombros de escuelas y guarderías. GACETA







