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jueves, 19 de junio de 2008
Un programa antibullying en el vacío no tiene sentido
Del Rey apuesta por trabajar con los espectadores y por fortalecer las habilidades sociales de las víctimas, para combatir el acoso        
Rosario del Rey / Magisnet                  
Lola Gª AJOFRÍN    18 de junio de 2008  MAGISnet
Se debe actuar contra la violencia en las aulas, pero no se debe pensar que todo sea bullying. Rosario del Rey Alamillo, profesora de la Facultad de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, alerta contra el alarmismo que se está produciendo con el bullying y apuesta por el trabajo con los espectadores y no sólo con agresores y víctimas, para que el acoso desaparezca.

- Los estudios no coinciden en las cifras y mientras unos ven bullying en todas partes, otros aportan cifras mínimas. ¿En todos los casos en - los que existe violencia escolar debemos hablar de bullying?

- El bullying es un tipo de violencia que sucede entre iguales y que es persistente. Un error que soléis cometer los medios de comunicación es asociar la violencia esporádica, como por ejemplo una pelea, con el bullying. El acoso no es un hecho aislado, consiste en hacerle la vida imposible a un niño. Además, cuando el acoso se produce, acosadores y víctimas tienden a aprender su comportamiento y asumir su rol de acosador y acosado, en un esquema de dominio-sumisión.

- ¿Cuáles serían las cifras reales?

- Entre el 5% y el 8% de los estudiantes sufre bullying. Y entre un 2% y un 5% lo que denominaríamos como bullying fuerte. Todos esos estudios que hablan de porcentajes de hasta el 70% son una exageración. De ser así, estaríamos hablando de una epidemia. Yo sacaría a mi hijo del colegio, porque estaría en riesgo de que fuese humillado o pegado, y no es así. No tener conciencia de la situación es tan peligroso como ser alarmista.

- ¿Acosador y acosado tienen unos perfiles concretos o todos podríamos ser uno u otro?

- Cualquiera puede ser víctima en un momento determinado, pero no todos pueden ser acosadores. Evidentemente hay variables personales que te predisponen, un niño con menos amigos tiene más riesgo de convertirse en víctima, pero es la situación la que te condiciona. En el caso de los acosadores es distinto. Junto a las variables personales, influyen las condiciones familiares, como es el ejemplo de padres sobreprotectores o sin una coherencia educativa, de víctimas de violencia doméstica o de niños que han asistido como espectadores de agresiones en el hogar.

- ¿Por qué se produce el bullying ? y ¿por qué se permite que se produzca?

- Existe las dos grandes leyes que hacen que esto se mantenga, que son por un lado la cultura de iguales, es decir, se percibe peor romper la cultura de grupo, ser un chivato, que denunciar; y por otro, los espectadores. De éstos depende la gravedad de los hechos y que la situación se mantenga. El resto de la clase asiste como espectadora porque entre iguales hay una cultura de silencio en la que se entiende que los problemas deben arreglarse dentro. Pero no pasa sólo en las clases, lo mismo ocurre en los trabajos, por ejemplo. Tampoco todos los espectadores son iguales. Están los que no son capaces de verlo, que son muy pocos; los que provocan la situación, aunque no la ejecutan; los que asisten como espectadores porque les gusta ver la agresión... Por eso cuando ves una pelea en la puerta de un colegio, ves a 200 niños.

- ¿Se pueden señalar culpables?

- Si tuviésemos que señalar a un culpable sería a la sociedad. Es un error culpar al agresor, que es lo que se tiende a hacer, porque el discurso de la culpa no nos conduce a nada. Lo que hay que hacer es explorar las causas, lo que le lleva a hacerlo y reeducarlo. Pero en la escuela no sólo nos interesa el vínculo víctima-agresor, sino también el contexto.

- Y en el caso de las víctimas, ¿cuál tendría que ser el papel de padres y profesores?

- Lo primero es ofrecerles apoyo. Las víctimas se sienten culpables y les da vergüenza contar lo que les ha pasado. Hay que explicarles que es algo que les podría pasar a todos y que no son los culpables. Después es necesario un fortalecimiento de las habilidades sociales.

- Y con los que actúan como espectadores, ¿qué tipo de trabajo tendríamos que hacer?

- Ahí estaría el trabajo más importante. Nos estamos equivocando al centrar la atención solo en acosadores y acosados. Mucho está en la dinámica social. Hay que trabajar con los niños, pero no sólo en el colegio, también en casa. Hay que explicarles que este tipo de situaciones no deben tolerarse, aunque él no sea uno de los afectados. El error está en tratar la situación sólo con los implicados. El contexto es fundamental. Es un proceso parecido al que ha ocurrido con el maltrato doméstico o infantil. Un programa antibullying en el vacío no tiene sentido MAGISnet

Trabajar con los espectadores es fundamental para combatir el acoso

Los niños agresivos a los ocho años tienen más posibilidades de ser violentos a los 30        
                   
Lola Gª AJOFRÍN    18 de junio de 2008   MAGISnet
“Libre, oh, libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies” fueron las últimas palabras de Jokin, un niño guipuzcoano de 14 años que prefirió despedirse del mundo a continuar soportando las continuas humillaciones a las que le sometían sus compañeros. “Este hecho marcó un antes y un después en la conciencia social que se tenía ante el acoso escolar en España”, explica Ferrán Barry, presidente de la asociación SOS Bullying donde un equipo de docentes, psicólogos y abogados investiga, hace propuestas y atiende a víctimas de acoso y familiares las 24 horas del día, y siempre de forma anónima.

Pero ni todos los casos son tan sonados, ni todos se atreven a denunciar por vergüenza y porque “los adultos consideran que es un fenómeno natural”, explica Frank J. Barone, profesor adjunto de Educación en la Universidad de Oswego (Nueva York) y experto en prevención de acoso escolar desde su oficina en Nueva York de Stop Bullying. Trabajando con familias preocupadas con el acoso escolar, un informe que acaba de publicar el Instituto Australiano de Estudios Familiares del Gobierno de Australia apuesta “por ayudar a los jóvenes a adquirir buenas habilidades sociales” para que el bullying no llegue a producirse.

William Voors, experto en acoso escolar y autor de varios libros sobre esta materia, denuncia en su artículo “Cómo tratar el acoso escolar en clase” la pasividad de los adultos ante estos comportamientos y recuerda que “160.000 niños americanos no van al colegio cada día para evitar el acoso, la burla y los cotilleos”. La agresión ocurre porque “la burla al alumno solo es gratis”, aclara Javier Martín Babarro, investigador del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid y creador de un novedoso programa informático que permite detectar a las posibles víctimas y verdugos del bullying y tomar medidas a tiempo. “Fomentar las relaciones interpesonales” es fundamental para prevenir el acoso, afirma la investigación australiana.

Además, este informe, elaborado por la Doctora Jodie Lodge, determina que “el acoso provoca a las víctimas ansiedad, disfunciones sociales y depresión” y puede condicionar su comportamiento en las relaciones sociales a lo largo de toda su vida. “Muchas veces las víctimas acaban asumiendo su papel y llegan a creer  que son culpables”, explica Fernán Barry. La investigación también revela que los acosadores tienen más posibilidades de abandonar el colegio temprano y de repetir comportamientos agresivos en sus relaciones adultas. “Varios estudios confirman que la manifestación de comportamientos agresivos y dominantes a los ocho años es un importante vaticinador de criminalidad y violencia  a los 30 años”, explica el informe. Frank J. Barone coincide en señalar a los niños acosadores como posibles delincuentes en un futuro. “Estadísticamente , los que son acosadores de pequeños tienen más posibilidades que otros niños de llegar a ser criminales de adultos”. Además, añade que “el bullying es intergeneracional” y los acosadores tienden a meterse de mayores con sus propios hijos”.

La investigación australiana explica que los agresores suelen proceder de “familias autoritarias e inconstantes” y que existen diferencias de género. “Mientras los niños tienden a acosar de manera directa y psíquica, las niñas lo hacen de forma indirecta y  emocional” y aclara que el efecto del bullying en la salud mental es mayor en el caso de las niñas que de los niños. En las Jornadas sobre Violencia Intrafamiliar, que se celebraron los pasados 29 y 30 de mayo en la Univerisidad de Comillas, Rosario del Rey, profesora de la Universidad de Sevilla, explicó que “entre los implicados existen más chicos que chicas” y “hay más chicas víctimas agredidas que agresoras”, aunque cada vez las diferencias son menores. “Parece ser que la igualdad la vamos obteniendo en todos los niveles”, ironizó.

Pero ni todas las formas de acoso son iguales, ni todo es acoso. El profesor Barone explica que “el acoso es intencionado y prolongado”. “Una persona puede tener un incidente agresivo y esto no ser bullying”, aclara. Para combatirlo, detectar las posibles víctimas a priori, –como hace el programa informático de Martín Babarro–, reconocer el problema y su importancia y fomentar las relaciones intersociales, son clave. MAGISnet
          


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